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jueves, 23 de diciembre de 2010

La Guerra de los Inocentes

Poco caso se le ha hecho al muerto pese a las razones que había para lo contrario. Porque se trata del físico Samuel T. Cohen, inventor de la bomba de neutrones, o bomba N, fallecido en Los Ángeles el 28 de noviembre a los 89 años edad, dos semanas después de haber sido operado de un cáncer de estomago.

El ilustre científico estaba muy orgulloso de su invento, mas no tuvo la satisfacción personal de apreciar los efectos mortíferos de la bomba más allá del ensayo que de ella se hizo en el desierto de Nevada el año de 1963, en tiempos de John F. Kennedy. Y digo eso de la satisfacción sin ningún retintín, porque, empleando los tópicos del siglo XXI, dicha bomba merecería con toda justeza –ya que no con justicia- figurar en un parque temático de las ciencias bajo el rótulo de “el arma más ecológica y sostenible que ha ideado la razón en orden a encontrar aplicación humanístico a la ciencia nuclear”

En la alborada del malabarismo semántico de nuestra época, el propio Cohen entendía que su bomba era la más sana y ceñida a la moral de cuantas existían puesto que, una vez finalizada la guerra en que hubiera sido empleada, el mundo –aunque aliviado de millones de seres humanos- seguiría intacto como si no hubiera pasado nada. Y en una entrevista aparecida en The New York Times, en septiembre de dos mil nueve, calificó a la bomba N como arma inteligente, la única capaz de dar sentido a la guerra nuclear. En ambas ocasiones se refería a que la bomba N, por efecto de las fuertes radiaciones ionizantes que destruyen el sistema nervioso central, mata a todo bicho viviente; pero no incinera ni destroza los cuerpos, y deja poco menos que intactas las edificaciones y, por supuesto, también el mobiliario urbano, los monumentos, las bibliotecas,etc, lo cual, según se mire, es una gran ventaja desde el punto de vista multicultural y del diálogo entre civilizaciones.

Nikita Kruschev –otro que tal- que a raíz de retirar los misiles de Cuba tuvo que soportar la ingrata noticia de que la multitud fidelizada por Castro recorría las calles de La Habana gritando “Nikita mariquita, lo que se da no se quita”, calificó a la bomba de“perfecta arma capitalista” y comparó a los Estados Unidos con un malhechor que mata a un hombre poniendo cuidado de que el traje de la víctima no quede manchado de sangre para poder usarlo sin necesidad de llevarlo a la tintorería; con todo, el ruso ordenó también la fabricación de la bomba de neutrones. Lo dicho aquí parece una inocentada grotesca y “parajódica”; pero no es tal. Como hubieran dicho Cantinflas, Pancho Villa o el emperador Maximiliano I de México: es la puritita verdad.

Garantismo Ingenuo

Bien está el principio según el cual se deben otorgar derechos y garantías que defiendan al ciudadano de posibles arbitrariedades del poder público y de sus agentes. Pero ¿Cuál es el límite de las garantías jurídicas, especialmente las que se refieren al orden penal? ¿Cual es el punto a partir del cual las garantías dejan de ser lo que dicen ser para convertirse en garantismo ingenuo y hasta pernicioso?

Para que redunden en la efectiva tutela del bien común en medio de esta globalización que remueve los posos y bagazos de Europa y del mundo, las garantías jurídicas deben guardar un delicado equilibrio que resulta de la combinación de tres factores: los medios materiales y técnicos de que disponen quienes ejercen las funciones policíaca y judicial; la prudencia cívica, que modera todos los intentos de innovación legislativa de modo que no sea precisamente el ciudadano normal quien termine pagando los platos rotos producidos por el ansia de novedades de los partidos y por su típico mirar a corto plazo; la idea de bien común que conceptúe el castigo impuesto al culpable de un hecho delictivo como un deber de gobierno encaminado a la mejora del castigado y a la protección del orden social y no como una medida vergonzosa que tenga que ser aplicada con artería o, en caso de apuro, valiéndose de manos mercenarias o delincuenciales como en algún momento ha sucedido en esta España de las autonomías.

Si ese equilibrio no se logra, lo normal es que las medidas adoptadas para proteger al ciudadano redunden en un cúmulo de nuevas dificultades y contradicciones que se vienen a añadir a las ya numerosas que, ya de por sí y sin buscarle tres pies al gato, obstaculizan o impiden la aplicación efectiva del sistema jurídico.

Con el equilibrio se evitaría el recurso sistemático a un concepto tan nebuloso como es el de “alarma social” que es una puerta abierta a la arbitrariedad. Se evitaría que la acción popular fuera desvirtuada por el asiduo ejercicio que de ella hacen las instituciones públicas que suplantan así a la sociedad civil. Se evitaría el carácter errático de la tipificación del delito de terrorismo y del de tráfico de drogas en el caso reciente de los atletas sospechosos de dopaje. Se evitaría la reincidencia de malhechores de toda calaña y de toda procedencia en beneficio de cuyas conductas el garantismo ha conseguido cronicidad idéntica a la que los médicos han logrado para algunas graves enfermedades. Pero si hacer crónica una enfermedad mortal es un triunfo para la medicina, el convertir en crónicas las conductas delictivas, ya por impunidad del delito, ya por lenidad de la pena, es simple y llanamente, un fracaso del sistema judicial.


martes, 14 de diciembre de 2010

El Hierrro y la Piedra

No voy a romper una lanza en favor de Chillida-Leku. Y no porque lugar tan ameno y deleitoso no merezca envite semejante, sino porque valedores tiene que lo hagan con más razón que yo; sin contar que a las entidades y personas que llevan el asunto entre manos, se les ha de suponer dotadas de la sensatez y el conocimiento suficientes para evitar un cierre que sería como un poner puertas al campo. Pero tampoco quisiera dejar pasar la ocasión sin rememorar lo que para este viajero ha significado la contemplación de una realidad artística tan recia y tan veraz como es el mundo que en piedra, madera y hierro supo plasmar el escultor Chillida.

Desde el primer momento en que pude conocer su obra –ya que no su persona- he creído sorprender en ella como un arranque incontenible hacia horizontes nuevos que convivía, paradójicamente, con un descomunal tirón hacia el pasado. En la exposición individual (1956) de la Galerie Maeght de París – que, por cierto, depende de una entidad privada y familiar: la Fondation Marguerite et Aimé Maeght- o en la exposición de la Galería Clan, de Madrid (1954) ya se era testigo de una embestida bifronte que transportaba al espectador al umbral de trascendentales e innominadas mitologías. Y ese desatado dinamismo, lejos de denotar dispersión de esfuerzos o revelar la desorientación del timonel que en medio de la tormenta -que gira en el fondo de toda gran inspiración- no sabe adonde ir, se traducía en un decidido afirmar la perennidad de lo artístico y en una inconmovible confianza en la obra bien trabajada.

De las obras de Chillida me impresiona sobre todo su levitar en un presente conseguido con la gravidez ponderal y estante de la piedra y con la gravedad arcaica del mineral de hierro. De la piedra que sale de la tierra ya investida de su propio ser y parecer geológico que la hace apta para recibir el golpe creador; y del hierro que en la mena carece de cuerpo coherente y ha de ser depurado al fuego, surgía la escultura chillidiana en un faenar titánico que solo terminaba cuando la materia incandescente se doblegaba para recibir la forma y el volumen.

Chillida fue un artista fino y un artesano que resucitó y ennobleció las artes de los antiguos forjadores y de los maestros medioevales del cincel, el martillo y la gubia. En el hierro, la piedra o la madera, fue exigente consigo mismo, tenaz en sus propósitos, universal en sus planteamientos, inflexible y acertado en la puesta en sitial de sus impresionantes esculturas que en esta hora de crisis parecen decir: ¡dejadnos aquí, donde estamos! Y creo yo que es un buen consejo el suyo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El Gesto Enaltecido

Gesto es movimiento de las partes móviles del rostro, de la cabeza entera, de las manos o de los hombros y brazos, que expresa o recalca sentimientos o revela estados de ánimo o intenciones. Los gestos acompañan al habla y a veces la sustituyen. Y, aunque hay un repertorio básico de gestos espontáneos, como los que responden a la sorpresa, el susto, la agresividad incontenida, el agrado y el placer, la frecuencia y la fuerza de la expresión gestual difieren muchísimo de individuo a individuo, de grupo a grupo e incluso de raza a raza, ya que no todas éstas dotan a sus miembros de idéntico desarrollo de la musculatura facial. Por esta causa, los amarillos, por ejemplo, resultan inexpresivos en relación con los blancos.

En la frecuencia, énfasis, calidad y tipo del gesto empleado influye la educación, el temperamento y el sexo de cada individuo. Tampoco cabe olvidar el cuadro de hábitos gestuales que se originan en los grupos sociales y nacionales. Los franceses hacen gestos con la cara y los italianos con las manos; en tanto, españoles y expañoles gesticulan especialmente con los músculos de la frente y, -de una forma que los singulariza conjuntamente- con los hombros, los codos y los antebrazos.

También se llama gesto cualesquiera acción premeditada que permite a quien la ejercita recalcar un propósito o una intención que, por inusuales, requieren un refuerzo expresivo que vaya más allá de las palabras desgastadas por la usura, o degeneradas por la mentira y el disimulo. Esta clase de gestos voluntarios y enaltecidos por la sinceridad –gestos de corazón- son los que se precisan si se quiere lograr ese apaciguamiento que, por vía de explicable exageración, se califica anticipadamente de paz.

En una época de soberbia como es la que ahora cursa en el calendario, y en una tierra de desmesurada ufanía en la que tantos han sido muertos por manos y voluntad de sus semejantes, se necesitan más que nunca gestos que se eleven sobre sí mismos sosteniéndose en el espíritu y la verdad, únicos factores capaces de borrar del encerado histórico aquellos momentos en que la parroquia y los parroquianos, por miedo o connivencia, preferían mirar para otro lado. Sin esos gestos no habrá verdadera comunicación. Porque comunicar no es acción que surja en el vacío o que apunte a la nada, sino que se dirige a crear estados de ánimo presentando muestras fiables de buena voluntad. Esas muestras que harán que un mensaje portador de contenidos difíciles quede en disposición de dar su fruto.

martes, 30 de noviembre de 2010

Apuntes al Margen

El desgaste de la familia institucional en beneficio y provecho del Estado no comenzó con las ideologías totalitarias del siglo XX, nacional-socialista y comunista, a las que se suele atribuir la hazaña, sino con la Francia del Antiguo Régimen. Y consistió en reducir la autoridad familiar a una mera potestad atribuyendo el valor moral en exclusiva a las instituciones públicas que aspiraban a suplantar a la familia con el bello pretexto de tutelarla. Así fue que comenzaron a gozar de la consideración de autoridades los que ejercían el poder político y administrativo en calidad de delegados del monarca mientras los padres de familia quedaban reducidos a la tenencia de una mera potestad dentro de los límites del hogar, con proyección leve en lo jurídico y nula en la vida política y social. Esto, en lo concerniente a los estratos bajos de la población. En cuanto a los aristócratas, fue preciso dorarles la píldora con mil privilegios para hacerlos pasar del estado hereditario de nobleza funcional, cargada de deberes y de obligaciones -“noblesse oblige”- a la condición ostentosa y parasitaria de cortesanos en París y de dueños en perpetua ausencia de los dominios territoriales vinculados a sus títulos.

La revolución francesa y sus epígonos percibieron la ventaja que esta situación suponía para rebajar el límite de la edad de emancipación de los varones, que se hizo pasar de los 25 a los 23, de los 23 a los 20 y de estos a los 18 años. Esto explica que ya los ejércitos de la revolución francesa llegaran a contar con cerca de dos millones de reclutas. Mientras que, por ejemplo, el ejército prusiano, sin duda el mejor de la Europa del Antiguo Régimen, sólo mantenía en filas a noventa mil hombres.

Sería curioso destacar el paralelismo entre este aumento del caudal humano de varones en condiciones legales para ser incorporados forzosamente a filas, el perfeccionamiento de la eficacia mortífera del armamento, la dureza de las campañas planeadas para invadir y ocupar tierras lejanas y la penuria de la vida en el vivac, para contrastar si no se desató en la Historia una primera ola de maltrato -no social, sino gubernativo- que sólo afectó a los varones y que se llevó a cabo al amparo del gran espejismo de enganche de la civilización Occidental: el prestigio de la libertad y de la emancipación individual. El mismo tándem ideológico que sirve hoy para emancipar a las mujeres de toda influencia del varón, y para desprestigiar o “interrumpir” ciertas manifestaciones fisiológicas – catamenia, preñez, maternidad- que la revolución de género considera impedientes para el progreso social y político de las féminas. ¿O no?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Abandonos

La palabra abandono con sus derivados y conexos viene de la voz germánica “bann”, a la cual los godos daban el significado de proscripción, destierro o castigo, situaciones que abarcan todas ellas la idea de exclusión activa, decidida y sin contemplaciones.

En nuestro romance el verbo abandonar es tanto como  suspender una acción, cesar de frecuentar un lugar, dejarse dominar por pasiones o vicios, descuidar los deberes o intereses propios o despreocuparse del propio aseo, compostura y decoro. En contraste con lo que dicta el origen germánico de la palabra, estos significados sugieren la idea de dejación, vencimiento, rendición o flojera; suponen una actitud pasiva.

Y eso fue lo que España demostró cuando entregó la provincia de Sahara y sus habitantes al Sultán de Marruecos sin exigir garantías ni plantear contrapartida alguna. Las consecuencias humanas del abandono del Sahara todavía resuenan como pepitas sueltas dentro de la calabaza hueca que es la política internacional de este Reino de las Diecisiete Repúblicas. Loas repercusiones geopolíticas se verán más tarde.

Pero la historia de España abunda en abandonos menos conocidos. Uno de los tres que me propongo recordar aquí es el de la antigua Capitanía general de Guatemala, que comprendía lo que son hoy Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, además de los territorios de Chiapas y Soconusco. ¡Con lo que se habla de ellos! Aquél  abandono quedó documentado en el Acta de los Nublados, llamada así porque se declara vigente “mientras duren los nublados del día”. Ocurrió en 1821. Años después aún se produjeron en Puerto Trujillo (Honduras) y en Cartago, (Costa Rica)  sendas intentonas para forzar la historia a retornar a su cauce. Agradezco a los mayores de mi familia que osaran conservar, en pliegues de veneración incomprendida, la vieja “bandera del Rey”.

Los otros dos abandonos los sufrió Santo Domingo. Sucedió que los dominicanos derrotaron ellos solos a los ocupantes franceses. La restitución  de la isla a España fue confirmada por el tratado de París de 1814; pero la metrópolis abandonó en 1821. Tras cuarenta años de forzosa independencia bajo la amenaza constante de Haití, Santo Domingo retornó -en 1861 y de su grado-  al seno de España. Un lustro más tarde, Narváez ordenó el abandono definitivo de la isla.

Agua pasada no mueve molino, y tampoco impide interrogar al futuro: ¿Qué molinos están destinados a quedar inmóviles? ¿Ceuta? ¿Melilla? Y ¿qué pasará con Canarias? La dejadez y la ineptitud se dan hoy la mano para incubar los problemas del futuro.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Las Piedras y el Camino

El Camino es el de Santiago el Mayor, el de Jacob apodado Boanerges o “Hijo del Trueno”, que es tanto como llamarse lluvia, figura de la gracia fluida y abundante que del cielo cae como un regalo. Las piedras son esas que, convertidas  en Basílica, han acertado a labrar en Barcelona reuniendo durante un siglo las aportaciones  de los cristianos dispuestos a  hacer realidad el sueño grandioso de Gaudí.

Piedras en vertical y camino horizontal conducen en este caso a lo más Alto. Porque  alturas a lo divino existen, aunque a veces se opte por ignorarlas o no se llegue  siquiera a hacer distinción con ellas. Y es lógico que así sea, porque tales alturas sólo son visibles para quien se atreve a caminar  o para quien se arriesga a construir, que son dos formas de hacer visible la esperanza. Y nuestro siglo anda escaso de esperanza.

¿Y el Camino? No se precisan largas peregrinaciones para dar con Dios, que se hace el encontradizo. En cambio, hay que echarse al camino para librarse de la cadena utilitaria con que están atados nuestros días, para descubrir la faz generosa del propio albedrío y para abrir la cancela a los replanteamientos interiores. Esos que permiten encontrar sentido a todo quehacer y a todo contemplar que vayan surgiendo al paso de la vida.

Tampoco sería preciso edificar templos si se parte de que Dios quiere ser adorado en espíritu y en verdad. Pero los templos son necesarios para los cristianos que han aprendido que para vivir la Unidad a que están llamados tienen que congregarse en el espacio y en el tiempo, referentes primarios de la existencia terrena.

La Basílica de la Sagrada Familia renueva en el siglo XXI  la  tradición de las catedrales de la cristiandad que eran  catequesis sin miedo, sin tacha, sin recortes ni recriminaciones. Y lo hace ajustándose al triple magisterio de la Naturaleza, de las Escrituras y de la Liturgia. Comprendió Gaudí que en la Naturaleza se comunica el Creador a través del velo de lo creado; que en la Escritura Dios invita al hombre a aproximarse; y en la Liturgia se recrea y se recuerda la invitación contenida en la  Escritura e insinuada en la Naturaleza.

¿Y la belleza, trasunto de la Verdad? Gaudí tiende un puente entre  la belleza de las cosas y Dios como la Belleza y la Verdad Suprema. Y al sacar al exterior los bellos retablos, exhibe ante los ojos de la Ciudad  el esplendoroso misterio del Dios revelado.


sábado, 30 de octubre de 2010

La Suerte del Ahorcado

 Si Tareq Aziz –antiguo Vice Primer Ministro Adjunto de Saddan Hussein- muere en la horca, será una arbitrariedad triplemente anunciada. El aviso más reciente lo dio el propio Tareq  cuando dijo que la retirada de las tropas americanas equivaldría a entregar el Irak a una manada de lobos.  Sabía que la manada vendría a por él.

Otra advertencia fueron los preparativos que en las leyes y en el gobierno del Irak ocupado transparentaban la intención americana de ceder a  sus colaboradores nativos la aplicación de las medidas de atrición destinadas a destruir la estructura constitutivamente despótica de la sociedad iraquí como paso previo para su conversión a la democracia. ¡We can do it!

Pero el aviso decisivo consiste en que el actual presidente iraquí, Nuri Al-Maliki, intentó asesinar a Tareq Aziz el año de 1989, y el fracaso le supuso la condena a muerte “in ausentia”. Los rencores se cultivan con encono en esa parte del mundo ¿Y quien es el ingenuo que cree que el tribunal, shií como el mismo Al-Maliki, actuó con independencia al agravar la condena de Tareq? Este ya había sido juzgado en marzo de 2009  y sentenciado a quince años de prisión por colaborar con Saddan Hussein.  Con la nueva sentencia apañada por Maliki, la intangibilidad de la cosa juzgada se ha ido al cuerno. Y que éste sea el de la luna creciente musulmana no resta gravedad al asunto. 

A veces lo anecdótico ilumina el trasfondo de lo acontecido mejor que las grandes parrafadas, por eso pido al lector que tome nota de la longitud de los nombres irakíes. Por ejemplo: el nombre completo del antiguo Jefe de Estado de Iraq, ya debidamente ahorcado era  Saddam Husein Al-Tikriti, en el cual Al-Tikriti es la referencia tribal. Pero ¿en que medida la mentalidad tribal, orgánica y compleja,  es compatible con el sistema democrático que vive de abstracciones? En contraste, Tareq Aziz se llama en realidad  Mikhail Yuhanna. Por conveniencia, Mikhail, un católico de rito caldeo, adoptó el nombre de Tarek, uno de los caudillos musulmanes que invadió la España visigótica. El nombre de Tareq les resultará familiar a vuestras mercedes si recuerdan que al Sur del Reino de las Diecisiete Republicas está un peñón llamado en árabe Gebel-tarek,  o Monte de Tarek, más conocido por Gibraltar. Eso si que es memoria histórica. Hoy, la Europa hipocritona que armó y dio alas a Saddam; y el Vaticano, que no quiere que la jauría se dé por azuzada, procuran, mirando a la galería la primera y con medios discretos el segundo, que a Tareq le sea conmutada la pena de muerte. Ojalá, quiera Alá, que puedan conseguirlo.


lunes, 25 de octubre de 2010

Canción Triste en Zarauz

Son muchos los  que hubieran podido matar a Chaid Aisa, la niña que encontraron muerta en la playa de Zarauz: Abandono, Maltrato,  Despecho,  Miedo, Asco. Quizá sólo les haya faltado tiempo.

Pero Chaid Aisa podría haber muerto cuando iba en busca de aventuras al encuentro del mar. En las mentes infantiles las realidades abrazan a los sueños Tienen las gentes menudas corazones valientes, ánimos intrépidos, confianza sin límites que se confunde con la más pura audacia. Los niños se atreven con todo. ¿Acaso no hubo uno que levantó la piel del mar? Fue en Port Lligat, creo, en mejores horas para Cataluña. Salvador Dalí, al que apodaban Avida Dolar por su interesada visión de las cosas,  supo captar, pese a todo, la maravilla del instante y le sobró tiempo para pintar sus propios bigotes en la cara del niño trazando sobre el lienzo un poema de infancia difícil de igualar. ¿Y el niño aquél que trataba de sumir el mar entero en el hoyo que había hecho en la arena? Lo vio Agustín de Hipona  y sacó de eso una lección cristiana.

¿Que los niños no andan sueltos a la hora que murió Chaid Aisa? Eso va en depende, señores padres, señoras madres, señores del jurado. Seguro que la niña no tenía todavía el espíritu cubierto de sajaduras. Ni el ánimo perforado por los miedos adultos. No  estaba programada  para andar sobre el camino trazado, ni era experta en pintar  rayajos que no rebasaran las cuadrículas del cuaderno, habilidades limitadoras que están incluidas en el programa de condicionamiento post burgués que hoy ostenta el nombre de enseñanza. Tampoco había  sido amaestrada  para ir de paseo cogidita de una cuerda con otros niños mientras sus madres se dedican a cosas más importantes y sus padres cobran el paro si les llega. Y veo emerger de la memoria, un bultito que con una mano sujeta la pequeña pala para remover la arena, y en la otra sostiene por el asa un balde de juguete lleno de agua de mar: yace en el fondo, solitaria, una estrella; y en la superficie el oro del sol se multiplica en olas pequeñas que se arremolinan en el brocal del cubo. Surgida del recuerdo esta imagen puede ser la mía propia o la de cualquiera de  vuestras mercedes.

Lleguen adonde llegaren los resultados de la pesquisa policial y el informe del médico forense. Voceen lo que fuere las instituciones públicas que se arrogan lindamente el papel del pópulo en el ejercicio de la  “acción popular”. Una certidumbre hay: Chaid Aisa murió de incivilización contemporánea: padre sin trabajo, madre ausente,  ambos paupérrimos e ignorantes, intentando sin medios y sin puntos de referencia  por reunir la arena que se les escapa por el harnero de sus existencias desestructuradas. Ocurrió el jueves 8 de octubre en la playa de Zarauz. Pudo ser en cualquier otro sitio.

viernes, 8 de octubre de 2010

Purificación de la Memoria

Una faceta negativa de la sociedad de la información es la facilidad que ofrece para instrumentalizar la verdad. Quienes se prestan a este engaño lo hacen bajo el influjo de muy variados impulsos no necesariamente innobles; aunque de hecho, cuando  actúan lubricados por el favor político, gozan  de una patente de corso para actuar como acusadores y jueces de los tiempos pasados y erigirse en pretendidos rectificadores del curso de la historia. Porque no se trata ya de dar a comprender las cosas en toda su grave profundidad dentro de un marco que se ajuste lo humanamente posible a la verdad de los hechos, sino de conseguir que las cosas calcen en el molde ideológico previsto. Y para ello basta meter la hurga en las consecuencias funestas del pasado mirando solamente las que pueda atribuirse al adversario. Lo que resulta de esto no deja de ser memoria histórica, pero es memoria histórica contaminada con arreglo a la cual no es dable rectificar los errores del pasado que es lo que en el fondo valdría la pena.

Para cortar el paso a malentendidos, es preciso recordar que, la tergiversación no es invento nuevo como puede comprobar quien recuerde la historia de España desde 1923, con el papel promotor de la burguesía catalana en el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera. O desde 1931, hasta 1936, período rico en sucesos con el inicio de la persecución de la Iglesia, la matanza de los desesperados campesinos de Casas Viejas  y con el General Franco llamado para salvar a la República ante la insurrección de Asturias. Y conste que no me olvido de la llamada Transición Pacífica que tuvo como saldo casi un centenar de muertos que en el libro de la contabilidad política cuentan lo que pelillos en la mar. Lo aconsejable es dejar de tomar en serio la babiecada de que basta con cambiar el signo para que las palabras huecas y las simplificaciones de hoy valgan más que las del pasado en orden a travestir la mentira para hacerla pasar como verdad.

La facilidad con que desde el poder se pueden manejar, sin alarma para el ciudadano, los instrumentos de suasión psicológica destinados a paralizar la crítica, y la tendencia de los medios informativos a actuar de factores corroborantes de las tesis del poder, contribuyen a asegurar el éxito de cualquier fraude oficial y a poner barreras a la  deseada purificación de la memoria. No obstante, esta purificación, que consiste en identificar los individuos, los pueblos, los grupos sociales y los partidos políticos, los errores y los horrores cometidos formando parte de la entera colectividad, sigue siendo la vía única para liberarse de antiguos odios que impiden ¡todavía hoy!  aspirar a la lealtad recíproca. Difícil tarea ¿no?  Mas no imposible.

sábado, 2 de octubre de 2010

¿Corregir, qué?

Cirugía plástica, correción bioquímica o cosmética de mínimos defectos que muchas veces no son tales. Ya lo he comentado otras veces: es  cómo si de lo más profundo de la condición femenina saliera un toque de rebato ante la decadencia que amenaza a la mujer como a todos los organismos vivos. Pero ese estremecimiento, que se refleja de forma tan manifiesta en el mercado de la cirugía y de los tratamientos estéticos  no se puede interpretar simplistamente como una adhesión exagerada y borreguil a un canon de belleza más que nunca cambiante y caprichoso. Tampoco se puede identificar como una reacción ante los accidentes en el trabajo, en el hogar y en la carretera, con su secuela de lesiones e incapacidades.

Cabría pensar en la lenta erosión de la esperanza como actitud vital. Pero este soterrado achaque que en romance llamamos desesperanza y en lenguaje de médicos diselpidia,  se cierne como una amenaza tanto sobre los varones como sobre las féminas.

Habrá pues que indagar más profundamente en que meandros de sus propios espíritus deambulan las mujeres que con tanta facilidad someten su físico a correcciones tantas veces injustificadas. La “Barbie Justiciera” parece darnos una pista al afirmar –aunque en otro contexto- que las mujeres de ahora se han hecho adictas a …“Querer ser queridas, apreciadas, estimadas, admiradas […] simplemente no nos quieren como somos, no nos aprecian, no nos estiman como nos gustaría, no nos admiran como deberían, y todo eso mata” ¿Pero no sería esto  un reconocimiento espontáneo de que la mujer de hoy está rozando el mismo ridículo donde solía situarla la literatura antifemenina de todos los tiempos -que de haberla hayla- y cuya máxima representación en castellano es el libro titulado “El Corbacho”? Porque ridículo es ese ahínco en corregir el propio cuerpo por temor a no ser querida precisamente en la época de la máxima exaltación de la autoestima femenina.

Me cuento entre los que sospechan que esta tendencia de la mujer de hoy a rectificar su físico tiene mucho que ver con la aberrante perspectiva que, partiendo de cierta concepción puramente tecnológica de la medicina, comienza por contemplar el período catamenial y la preñez –las dos manifestaciones fisiológicas más claras de la potencia femenina-  como entidades nosológicas, como enfermedades, es decir, como no-firmezas, como in-firmidades que hay que corregir o curar a toda costa.

Partiendo de allí, va de suyo que la mujer entera tiene que ser sometida…digamos… a una enmienda  a la totalidad. ¡Pues vaya ocurrencia infeliz!                  

lunes, 27 de septiembre de 2010

Glosas Malevas

El nogal es árbol perteneciente al género juglans. Su fruto es una drupa ovoide cubierta por una corteza correosa de color verde con puntas negruzcas que, al madurar, se desprende espontáneamente dejando al descubierto la nuez, porción dura, pardusca y rugosa dividida en dos casquetes simétricos que encierran una semilla comestible. El nogal es rentable a los veinte años de plantado, pero puede dar frutos hasta los setenta, con lo cual, los que se dedican a tirar piedras para que las nueces caigan y otros las recojan, cuentan con tiempo suficiente para afinar la puntería.

El cocotero es planta de la familia de las palmíferas. Su tronco es glabro y alcanza hasta  hasta 25 metros de altura. El fruto del cocotero, aunque no mete susto a nadie, recibe el nombre de coco. Bajo la corteza del coco se alberga una capa de fibras ásperas y cortas que rodean  la parte germinativa del fruto que consiste en un cuesco hueco de cáscara muy dura y lleno de una leche de cuya frescura y buen paladar  puede dar fe el autor de estas líneas que en tiempos de más sosegado empeño tenía la costumbre de beberla con pajilla, adornado el coco con la roja flor del hibisco. La nuez de coco tiene la particularidad de presentar en la parte más cercana al pedúnculo tres señales dispuestas en triángulo que indican la zona blanda y facilitan así el acceso directo a la bebida. Al  cocotero le aprovecha el agua salada, y el coco –que flota como una boya-  hace grandes travesías oceánicas sin otro recurso de navegación que dejarse  arrastrar por la corriente. El coco, que se queda allí donde la marea lo arroja, es símbolo de los “sin papeles” estado carencial que los moralistas de hoy aprecian más que a las antiguas virtudes. En contraste con las nueces, para alcanzar los cocos hay que subirse al cocotero; con tirar piedras no basta. Un “Coconuts Acclimatization  Basque Center” seguro que daría con el modo de remediar este problema.. 

El faisán es ave de corto vuelo y gran dimorfismo sexual. El macho tiene los tarsos armados de espolones, se distingue por su plumaje brillante, vistosa cola y ojos rodeados de carúnculos rojos o azules. En cambio, la  faisana carece de espolones y luce  colores más oscuros. Es el faisán animal que anda en cantares: ”el faisan y la faisana se fueros a confesar, y como no encontraron fraile, se pusieron a bailar”. Se dice que fueron los argonautas los que trajeron de la Cólquida los primeros faisanes. Una leyenda añade que Polifalses, señalado cazador, los descubrió en los sotos del río Phase de donde se deriva el nombre de faisán. Enamorado de los colores de estas aves, Polifalses ordenaba a sus ojeadores hacer ruido para dar tiempo a que las aves se pusieran a buen recaudo. Parecen cosas de hoy, pero es pura coincidencia.

viernes, 17 de septiembre de 2010

P+P+I

P+P+I, propaganda, publicidad e información, son, como todos sabemos, los puntales de la comunicación. Propaganda, que hoy es instrumento por excelencia de las ideologías políticas, es palabra de origen eclesiástico –primero fue la “Propaganda Fide”- y viene del latin “propago” que es tanto como mugrón, brote o sarmiento de las vides. Jesús personalizó: “yo soy la vid, vosotros los sarmientos”.Un propago o sarmiento humano necesita cuidados especiales y, tratándose de transmitirle los contenidos de la  fe, debe hacerse a través de un mensaje  cierto y claro, completo y verdadero. Esto lo tienen parcialmente olvidado los clérigos y pasan de ello los políticos.

Publicidad es término de uso comercial que nace a comienzos del siglo XX para designar la acción y el efecto de dar a conocer a los potenciales clientes las cualidades de un artículo. Deriva del latín “publicare”, que era tanto como que la autoridad pública confiscara un bien de propiedad privada.

Información viene del verbo informar, con el significado de dar  forma a alguna cosa. En el ámbito judicial  se denominó información al escrito dirigido al juez por el abogado que, precisamente por eso, era llamado “letrado informante.” La palabra  abarca hoy la situación técnica y social que pone al alcance de quien quiera bajarlos de la red los datos de las más diferentes disciplinas: por eso se habla de la sociedad de la información.

La propaganda y la publicidad deben contener datos  de naturaleza informativa. El que actualmente se tienda a escurrir el bulto ante esa exigencia, no quita importancia al hecho de que la piedra de contraste de la publicidad y la propaganda siga siendo la capacidad de transmitir datos ciertos y comprobables.

Viendo lo que hay, es difícil encontrar publicidades más completas que la del automóvil y la de la prostitución. La del motor destaca por su lujo y por su rigor al exponer las condiciones técnicas, consumo, mantenimiento y  prestaciones según la gama, modelo y marca de los vehículos. La de la prostitución, se distingue por su cutrez  y por el prolijo recuento de las características anatómicas y fisiológicas de las chicas y chicos que actúan de deshumanizados fajineros del sexo venal. En este mercado hay muchos puntos de comprometedora opacidad. Dos a destacar: el taimado disimulo de la edad de las más jóvenes entre las prostituídas, y la descarada divulgación de prácticas reñidas con las más elementales normas de higiene. Se conoce que minoría de edad y sanidad en materia venérea son “tabúes” que oficialmente se consideran superados.¡Ahí es nada!

martes, 7 de septiembre de 2010

¿Banalidades?

Las últimas camisetas del verano se confunden con las primeras de este despistado otoño.“Follow me”, se lee en la pechera de una chica. Y esa leyenda, propia de vehículo-guía en las pistas de aterrizaje, se transforma visualmente, por arte de habilidoso  trampantojo y traducida al español, en lo que vuestras mercedes se imaginan y yo no digo. Por todos lados hay camisetas que dicen “I love New York”, con el corazoncito en medio, Habrá que suponer que muchos de quienes las visten son viajeros en realidad viajados. Pero ¡quién sabe!

A su manera estas camisetas son pancartas que proclaman la presencia dominante de lo anglo. Algunas exhiben el escudo, el nombre y el lema de Universidades de los Estados Unidos. Otras juguetean con el doble sentido: “You can catch me”, tú puedes cogerme, indica la camiseta que cubre hasta la mitad de la barriguita de una moza.  “No problem”, afirma la rotulación optimista en la pechera de un muchacho. Algunas leyendas derivan en algo parecido a la obstinación, como éstas que alcanzo a leer en la camiseta de una frondosa señora: “Smoking is not allowed anywhere else”, “Smoking is allowed in any part of this building”.Y las hay que parecen paráfrasis shakespireanas  que se complacen en enlazar la realidad y los sueños: “Follow the real line to the dreams”

“In Dog we trust”, reza la leyenda en el torso de un hombretón de aire orondo y satisfecho. La frase se puede interpretar como la afirmación de alguien que ama a los perros y desconfía de los seres humanos o como una toma de postura ante la existencia de Dios. Esto último lo abona el hecho de ser la leyenda un calco del lema impreso en los dólares: “In God we trust”, en Dios confiamos. Y aquí hay más miga de lo que parece a simple vista porque, sin abandonar el filón de la lengua inglesa -que para eso es la lengua del imperio-, quiero recordar que fueron monjes ingleses de la Edad Media quienes recomendaron precaución frente al soberbio anhelo de querer desentrañar en la oración el significado de la palabra Dios. Dicho anhelo puede erigirse en obstáculo que separe de su objetivo a quienes  buscan el amor de unidad con el Altísimo. Así, para dar el esquinazo a la imaginación desbocada y no fomentar la  concupiscencia del saber, la palabra “God” fue transformada en “Dog” su reverso fonético, y éste acabó  significando “perro” por efecto de la deriva semántica que tiende a igualar aquello que es considerado aparte por su grandeza o inconmensurabilidad, con  aquello que no hay más remedio que apartar por su condición sucia o contaminante. Las personas hablan a través de sus camisetas, y no siempre se reducen a banalidades. Digo.

martes, 31 de agosto de 2010

¿Libertad de Elección?

Una de las ficciones políticas que más empuje tiene a la hora de movilizar a las multitudes, es la llamada libertad de elección. Pero, tal libertad está tejida de una materia ilusoria: detrás de ella no se encuentra la anchurosa plaza que su ambicioso enunciado promete, sino  un reducido número de palcos ocupados por los oligarcas de los partidos que en nuestro medio son conocidos con el nombre de los barones.

Son los barones de cada partido, los que toman las decisiones que a las bases corresponderían. Claro que al ciudadano corriente siempre le queda el recurso de administrarse esa pildorita adormecedora disponible sin receta, y que induce a dar por bien hecho todo lo que los barones decidan. Desde antiguo a esa pildorita, común en nuestros pagos, se la llamó devotio iberica.

Para mantener viva esa particular devoción, existen tres medios de probada eficacia: el primero de todos  es la propaganda institucional, que permite ensalzar a un partido valiéndose de los dineros públicos; el segundo es la vehiculación de la propaganda a través de los medios de comunicación oficiosos que son aquellos que, en agradecimiento de los favores recibidos, defienden la línea de un partido determinado; y, tercero, el empleo a fondo de los medios que podemos calificar de mantenidos, cuyo “status” no precisa de mayores explicaciones. Este sistema trimembre, ligado a los usuarios del poder, se basta y sobra para mantener al ciudadano dentro del corralillo electoral que le corresponda.

En cuanto a las críticas, que siempre surgen, se suelen soslayar hablando mal de los ricos, como si los barones de los partidos no fueran ricos o no mostrasen inclinación a serlo en un tiempo record.  Muy socorrido es también el recurso de soplar sobre la brasa de las ufanías locales, regionales o forales con el propósito de enconar la  discordia identitaria. Por último hay que citar la táctica llamada de la “ pared de  rebote” que consiste en airear a los cuatro vientos la  corrupción del adversario, queriendo dar a entender que, como  todos han hozado en el mismo fiemo, al ciudadano de a pie no le queda otra salida que dar con su voto un espaldarazo a la costra de corrupción.

El marco de esta escena de la inexistente libertad de elección, lo ofrece la propia ley de partidos. Lo demás lo pone el sostenido esmero en mantener un seto de espinosos  ardides encaminados a impedir que el ciudadano se acerque a sus propios pensamientos y llegue a  tomar decisiones con independencia de lo que la propaganda dicta y la rutina le sugiere.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Solidaridad

Si algo bueno puede salir de esta crisis que estamos pasando, es la convicción práctica de que todos navegamos en el mismo barco y que, de la suerte que éste corra, ya por el buen efecto de repentina bonanza, ya por la nefasta combinación de tempestad y naufragio, no puede quedar libre nadie. Y da lo mismo que se trate de pasajeros de lujo, de tripulantes que se afanan en los oficios o de  ratas que hurgan en la sentina. Las pruebas de esta anchurosa afirmación están a la vista en el diario acontecer. Invito al lector a que por su cuenta las discierna, no sin advertirle que muchos pormenores quedarán ocultos por el haz de sombría sospecha que sobre las instituciones públicas arrojan los manejos de los politicastros y locuelas que monitorizan la situación a su manera.

Pero no seamos cenizos y volvamos a insistir: navegamos en el mismo barco; y hay que añadir que con la esperanza de topar con la baliza que  nos indique la bocana que da  acceso al puerto de la solidaridad en el cual, se supone, deben caber tanto los que mandan, disponen y gobiernan como los que por imposición del guión tienen que someterse a aquellos ya en el centro, ya en la periferia.

Y lo digo porque, en este Reino de las Diecisiete Repúblicas, la crisis económica coincide con un momento de pronunciado declive de la conciencia común. Esto, unido a la acentuación artificiosa de los particularismos regionales y al exigente planteamiento de las excepcionalidades culturales, puede desembocar en fractura social y en parcelación territorial. Y esa fragmentación ha de tener un precio que al final considerarán excesivo los mismos feriantes que han instalado el tenderete del desguace. Hay resultados, como éste, que se consiguen sin ser deseados; y de esta posibilidad no está a salvo ninguna sociedad, y menos una tan descuidada consigo misma como es la española. Tampoco habría que olvidar - pese a las razones que cada uno pueda aportar en satisfacción de su propia ufanía- que los expañoles del futuro serían molestamente parecidos a los españoles de ahora, sólo que mucho más baratos y más vulnerables.

Tengo para mí que una de las urgencias de este momento es no dejar a un lado la solidaridad, hermana menor del amor y tan desconocida como éste. Suena a cursi pero, de cierta forma, la solidaridad es la dosis de amor que mejor encaja en la vida pública. Y si es así, habrá que pensar en el retorno de algunas nociones hoy caídas en desuso  como es la de bien común, merecedora de ocupar el puesto rector de la razón práctica en la política y de servir de estrella orientadora de quienes, por encima de las denominaciones de los partidos, aspiren a merecer el nombre de políticos.


martes, 17 de agosto de 2010

Ciudad

Esta ciudad con sus aceras y calles casi cubiertas de señales indicadoras  de destinos y desvíos; de rótulos viarios y de advertencias varias dirigidas a conductores y a peatones; de obstáculos que impiden el paso y de pivotes que encauzan el tránsito, no logra -¡mire por donde-, parecer todo lo ordenada que cabría esperar de tan ambicioso despliegue.

Es una ciudad que quiere recobrar su antigua fama de ser lugar seguro. Con este fin está sometida a la vigilancia de mil y uno visores electrónicos y de ojos  humanos en espera y rececho de lo que pueda pasar. Aquellos funcionando con el automatismo propio de su condición electrónica y actuando éstos con la falsa confianza que caracteriza a los que se ven obligados a fisgar a escondidas. Tales medios debían resultar tranquilizadores. No obstante, ni atinan en  cohibir a los bellacos – que tampoco son tantos, vive Dios- ni a comunicar confianza al ciudadano que más bien termina sintiéndose objeto de continua sospecha.

Todo contribuye a la singularidad de la ciudad en que vivimos: el mar la hizo bella y la Historia  la quiso llamativa y pintoresca; visitantes a millares la vuelven apretujada e incómoda; sus habitantes se dan buena maña para comunicarle un talante a la vez acogedor e indiferente; mientras que sus ediles la han dotado de abundosas reglamentaciones como en un intento de democratizar las ocasiones de contravención y multa.  Y, no obstante, hay que reconocer que las sanciones que recaen no son tan temibles por su frecuencia ni tan abrumadoras por su número como lo serían si los encargados de aplicarlas se tomasen la cuestión a pecho. Así que el hombre de a pie, tanto como el que va en automóvil,  en moto o en bicicleta siempre encuentra razones para poner en práctica aquél refrán  que dice“ en la infracción, decisión.”

Pero mirando más al fondo de las cosas, la ciudad deja traslucir un mensaje que es  cumplida metáfora de la existencia humana en general. Porque, igual que el viandante y el conductor de coche, bicicleta o moto, para llegar a su destino tienen que circular entre  un florido pensíl   de rótulos e indicaciones no del todo claras, el hombre de hoy  tiene que cumplir con las obligaciones que le imponen su propia vida y sus propias circunstancias, y al mismo tiempo acatar prohibiciones triviales, atenerse a advertencias   bizarras, aceptar objetivos desmesurados, tomar en serio planificaciones perniquebradas por falta de fondos y  aplaudir las directrices galácticas que le llueven a través de las ocurrencias de los dirigentes. Lo dicho.


martes, 10 de agosto de 2010

6 T 6

Seis toros, seis. Una fiesta que convierte la tarde en otra cosa.Una fiesta de tronío, palabra que lo mismo podría venir de trueno que de trono.

Agustín Lara, el compositor mexicano autor de Granada y del Schotís Madrid, eligió el trueno cuando expresó que no cambiaba por un trono su barrera de sol. Así lo dijo en un pasodoble que dedicó a Silverio Pérez al que en su tierra llamaban Diamante del Redondel. Y pasando del cante a los poderosos de la tierra, recuerdo a medias que un Virrey de  México famoso por su aversión a los toros, llegó a anular por decreto las que se habían celebrado en la capital aprovechando su ausencia. Y que a Franco, don Francisco, le gustaban la caza y la pesca y las películas de la precoz artista Marisol; pero no la fiesta de los toros. Sólo su propósito de no meterse en política indujo al Caudillo a resignarse a ser un  antitaurino silente. Porque amigos,  ser taurino o antitaurino es una de las posibilidades más serias que se ofrecen lo mismo al español que al iberoamericano que no ha incurrido en “latinaje”y,  a juzgar por lo que acontece ahora en Cataluña, también a los expañoles.

Y aún habrá que añadir a los portugueses. Oliveira Salazar aborrecía los toros; pero como no quería torear en exceso a sus compatriotas, dejó que tuvieran la fiesta en paz.. En cambio fomentó el fado que sí le gustaba, y nunca ocultó su entusiasmo por la genial Amalia Rodríguez. Y ya que hablamos de Portugal, el marqués de Pombal que en el país hermano pasa por ser una figura histórica antitaurina, reguló las corridas prohibiendo la muerte del toro. Pero no lo hizo por compasión al astado, como creen algunos,  sino por evitar el riesgo que  entrar a matar suponía para los jóvenes de la aristocracia portuguesa, únicos autorizados en aquél entonces, S.XVIII, para ser toreros y que competían entre sí hasta la muerte con tal de ser los más distinguidos por su valor en el ruedo. 

En las Españas, donde se cultivan más las ideologías que las ideas, se cree que el toreo, los toros y los taurómacos son de derechas. ¿Pretenden ignorar que García Lorca, Bergamín y Picasso fueron grandes aficionados no solo a la fiesta sino a la cultura de los toros? Y no apuro la suerte trayendo a colación otros nombres de la misma colada porque este amable rincón no da para más.

Sólo me queda lugar para preguntarme si la furia española de los catalanes antitaurinos arremeterá también contra la feria taurina de Céret, en la Cataluña francesa. He dicho y punto.Y como ronco duermo.


miércoles, 4 de agosto de 2010

¿Guerra?

La tirantez prebélica entre Venezuela y Colombia, cuya solución busca infructuosamente la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión de Naciones Suramericanas, es un asunto grave al cual debe prestarse la debida atención. 

Las posibilidades reales de que la guerra se produzca son grandes por una razón muy sencilla: está en manos de Cháves el provocarla. De hecho, ya lo está haciendo con su mal disimulado apoyo a las dos principales fuerzas subversivas que actúan en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Frente de Liberación Nacional (FLN).Existe, además, otro indicio: las fuerzas norteamericanas del Comando Sur han desembarcado “para maniobras” en Panamá. Se trata, por supuesto, de una medida de precaución.

La comparación de fuerzas y de equipo favorece a Colombia: sus fuerzas armadas  son más poderosas, más  disciplinadas y tienen experiencia de combate. Pero su armamento –comprado en USA o proporcionado por este país- no está totalmente libre para uso guerrero, pues sólo puede ser empleado en la lucha contra la subversión interna que en Colombia está  vinculada inequívocamente al narcotráfico.  

Las fuerzas venezolanas carecen de experiencia bélica y parte de su armamento está sometido a las mismas restricciones que el de los colombianos; pero una cuarta parte del mismo, la más moderna,  ha sido comprado en el mercado libre. No obstante Venezuela carece de la tecnología apropiada para su  mantenimiento y es más que dudoso que se la pueda proporcionar Irán, que ha servido de intermediario en las adquisiciones.

En caso de guerra Cháves aprovecharía la pervivencia de un falso litigio con Colombia  para encender la demagogia patriotera. Se trata de la zona marítima aneja a los islotes inhabitables de Los Monjes que Cháves, en su delirio, considera como un verdadero archipiélago. La razón de esta exagerada calificación estriba en que es una zona petrolera que Venezuela quiere arrebatar a Colombia. Hay también un litigio pendiente contra la República Cooperativa de Guayana, estado nominal que los ingleses sostienen en América del Sur. Ya en 2007, un destacamento venezolano penetró en territorio de la Guayana Esequiva, y voló  dos dragas que habían recibido autorización de los ingleses para trabajar en ríos  que Venezuela considera como propios.

La pelota está en el aire. Brasil puede jugar un papel decisivo para una solución pacífica. Cháves tiene el propósito de desestabilizar la zona para minar el poder de los Estados Unidos. Otra cosa es que pueda llegar a hacerlo.


lunes, 26 de julio de 2010

Los Trabajos y los Días

El trabajo es lo que une al hombre a sus semejantes, a la sociedad y al mundo. Es este un lugar común que no está de moda considerar.

El trabajo suele tener para la mayoría de los hombres desarrollos orbitales, como de cuerpos que giran en torno a centros distintos.

Pero son los días los que hacen que esas órbitas lleguen a intensificar su frecuencia, de tal manera que en el ánimo de los que se someten a su giro acabe predominando la percepción del encuentro sobre el distanciamiento a que las órbitas en su regularidad obligan. De esta forma las ambiciones pueden llegar a confluir, los planes y proyectos a coordinarse  y los sueños, que nacen dispersos, a convertirse en uno solo.

Sin embargo, es el transcurso de los días lo único capaz de decidir que la actividad laboral se pueda extender a terrenos ya no directamente utilitarios; lo que hace posible que la confluencia -o el contraste- de  ambiciones se remanse en playas menos batidas por el oleaje que las de la ribera laboral o la empresarial; lo que propicia que la coordinación de planes y proyectos llegue a trocarse en un compartir ajeno a ellos; y lo que permite, en definitiva, que esa  relación utilitaria que es el trabajo, termine desembocando en amistad.

Una mínima experiencia enseña a discernir amistades diferentes: aquellas, entrañables, que se originaron en la infancia o en la juventud primera; aquellas, intensas y activas,  que provienen de los años de estudios, de milicia o de aventuras; aquellas, en fin, que han tenido su comienzo y ocasión primera en el trabajo, pero que al paso de los días, han ido poco a poco madurando, como vino que se añeja con las levaduras del conocimiento mutuo que ahorra desconfiadas indagaciones. Y que también maduran con el aroma del mutuo aprecio reforzado por la coincidencia de gustos.

Hablo ahora de una de esas amistades surgidas como por sedimentación a través de  convergencias laborales, de proximidad de amigos-puente, de inesperadas cercanías vitales, de comunidad de intereses culturales, del cultivo de coincidencias humanas  y del sereno, y no por eso menos humorístico,  análisis de los propios contrastes. Hablo, en fin, de un amigo periodista, de un erudito, y de un atrevido emprendedor, de un grande hombre y de un gran amigo, cuyos sufrimientos  de los últimos meses -sobrellevados con la sencillez de quien no  se  ha propuesto servir de ejemplo-, fueron como una invitación constante a volver la cara hacia el  foco de la claridad -y la caridad-  primera.

** in memoriam  Nicolás de Laurentis.

sábado, 17 de julio de 2010

Money... Money

El dinero es la gran preocupación y ocupación de los banqueros, de los ingenieros financieros, de los políticos adheridos al SIDN, de las organizaciones no gubernamentales que viven de las subvenciones del gobierno;  de los amigos del prójimo desaproximado, expertos en hacer maravillas, dicen, con un euro, sólo que en tierras lejanas.

Pero no sólo de ellos, el dinero es también el gran tema de los mendigos, esas huchas humanas que ejemplifican el decir popular que recomienda cuidar el céntimo, ya que los millones se cuidan solos. Para cada uno de estos respetables estamentos, el dinero desempeña funciones enriquecedoras, consoladoras o requiescentes, según se mire. Pero aparte de todo eso, el dinero, más que nunca, aporta  seguridad. ¿Y eso cómo se come?

No se cómo se come, pero sí se que la cosa comenzó en el momento en que fueron  privatizados los servicios de seguridad. El pago, abreviando trámites, se puede hacer directamente a quienes te amenazan; o, si se opta por la tremenda, contratando guardaespaldas o entrando en contacto con la mafia de Marsella y ahorita nomás con la colombiana que hila muy fino el huevo para el cabello de ángel.  Ciertos estamentos obtienen el servicio a cuenta del Estado o de sus sucedáneos autonómicos. A las organizaciones dedicadas a captar fondos del gobierno, los protege el tabú del buenismo que se ha creado en torno a ellas.

En cuanto a los mendigos, todo va según su procedencia. Aquellos que han sido admitidos por nuestros diligentes servicios de frontera porque provienen del espacio  Schengen, están protegidos por el tratado del mismo nombre que, al parecer los hace invulnerables ante la ley. Los demás, aunque escudados tras la actitud paternal y apostólica que adopta nuestro Estado laicista, quedan totalmente desprotegidos ante los ocasionales desmanes de una población ansiosa de diversión y jaleo. Es comprensible que haya algunos chicos que encuentren divertido acercarse a los mendigos para meterles un buen susto e incluso hay quienes les han dado candela  o los han enviado a mejor vida  a patada limpia como si de un balón se tratase. Es un nuevo género de diversión que españoles y expañoles  deben aceptar de buen grado; al fin y al cabo sólo se trata de un pequeño tributo que se debe pagar a cambio de los innumerables  beneficios que nuestra sociedad obtiene de la multiculturalidad contemporánea.

Queda una pregunta en el aire que debo aclarar: las siglas SIDN, citadas al comienzo, corresponden al conocido Sistema Integrado de Despojo Nacional.

sábado, 3 de julio de 2010

Es lo que hay

La “Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la interrupción voluntaria del Embarazo” del 3 de marzo de 2010, que entró en vigor el 5 de julio de  2010 es un hito en la programación del gobierno para transformar a España de modo que no la pueda reconocer “ni la madre que la parió”, como se dijo desde un principio, aunque mal resulte hacer alusiones retrospectivas a maternidades cuando se trata precisamente de evitarlas. De hecho, el aborto, en su amplia gama clínica y farmacéutica, constituye la cabeza de la tenaza que ahoga la demografía biológica de España.

Y hablo de  demografía biológica, aún a riesgo de parecer redundante, para referirme a la que podría tener su origen en la esquilmada población propia, en contraste con esa otra  demografía considerada desde el punto de vista puramente contabilizador y estadístico cuyos desequilibrios se verán compensados, según los planificadores, por una inmigración repobladora que, pese a su carácter masivo y a su anárquica regulación contribuirá a colmatar los huecos humanos  que de otra manera pondrían en peligro la pervivencia del sistema de pensiones y, en general, los llamados gastos sociales..

Alcanzada la meta del “derecho a abortar” que diezma las filas de los españolitos y expañolitos no nacidos aún,  la más elemental lógica avisa que el próximo hito ha de ser el establecimiento de la muerte dulce o eutanasia activa. Empujan hacia ésta una serie de pseudos- razones, elevadas al rango de humanitarias, por supuesto. Y se puede hacer este vaticinio porque es un hecho conocido desde antiguo que las relaciones sociales se terminan organizando de acuerdo  a los planteamientos prejurídicos en que se inspira la legislación, produciéndose, en el caso del Reino de las Diecisiete Repúblicas un alineamiento colectivo que se ajusta a los antivalores oficiales.

De hecho, para sacar adelante esta Ley, el gobierno ha preferido ignorar el rechazo de varios puntos formulado por el Consejo de Estado, y no ha valorado en su significación la abstención del Consejo General del Poder Judicial. Tampoco ha tenido en cuenta el Código Penal ni el Arto 15 de la Constitución actual.

No es hora de lamentarse, aunque razones habría, y más de una, si se buscaran. Aquí solo me remito a finalizar recordando que la Ley de marras ha obtenido su aprobación por un sistema que reduce la legitimación a sus términos puramente procedimentales basado en mayorías camerales partitocráticas. Es lo que hay. Saque cada uno sus consecuencias a la hora de pensar y de hacer.

jueves, 24 de junio de 2010

Aborto

La falta de asideros éticos y de rigor intelectual,  hacen caer en el ridículo a los primates y… primatas que adolecen de aquellos.

Lejos de emplear  el término primate en su acepción de mamífero de superior organización, dotado de manos rematadas por cinco dedos, con el pulgar oponible a los demás, he preferido aquí la  acepción primera que el diccionario de la RAE atribuye a la palabra primate cuando la hace equivalente a personaje distinguido, conspicuo, notable, elevado. Y quiero dejar claro que es mía y sólo mía la responsabilidad de haber extendido esta  acepción, por demás honrosa, a quienes –ellos y ellas- habiendo accedido a altos cargos políticos mediante la suprema instancia del nombramiento a dedo, han adquirido cierta superioridad o ventaja respecto a los demás de su especie que -todo hay que aclararlo-, es la humana, ya que la noción de ciudadanía, que sería la apropiado en este caso, ha terminado diluyéndose en un mar de necedades.

Esto viene a cuento porque hoy no me deja de rondar en la sesera una afirmación  digna de perpetua memoria histórica: la respuesta de la Sra. Ministra para la Igualdad que afirmó que el nasciturus, el feto o brefo que descansa el pobre en la bolsa reproductora de una hembra humana, “es un ser vivo, claro, pero no podemos hablar de ser humano, porque no tiene base científica alguna”. Impresionante dislate que no añade nada admirable al “currículum vitae” de “la primera ministra nacida en democracia”, según palabras del presidente Rodríguez Zapatero, pero que encaja perfectamente en el pensamiento débil que muchos camuflan últimamente bajo el trabajado nombre de políticos. Así que ya lo saben vuestras mercedes: si quieren ir con el pelotón, tienen  que corear que no hay base científica para considerar humano el feto destinado al aborto dentro del plazo de las 13 semanas. Una afirmación tranquilizadora que sin duda agradecen las españolas, las expañolas y las numerosas cayuqueras que han desembarcado preñadas en nuestras costas para forzar la humanitaria compasión del país de acogida y después escoger la opción abortista, también por motivos humanitarios. Que la calidad humana solo se niega a los fetos destinados al cubo de los desperdicios clínicos.

 Llegado el momento de Ruegos y  Preguntas, seguro que más de un lector se planteará porqué éste maquinante emplea la expresión saco ventral para al receptáculo reproductor de la mujer. Pero ¿quien es el guapo que dice matriz, palabra que deriva directamente de mater, matris? Sería como mentar la cuerda en casa de ahorcado.


lunes, 21 de junio de 2010

Trabajo

Los seres humanos fuimos puestos en el mundo para trabajar bien que unos lo hagan con cabeza, corazón y manos y otros con los pies. Hay también otras diferencias: el trabajo primitivo es un quehacer de contenido poco diferenciado, simple prolongación o reflejo de una jerarquía primaria que se deriva de las condiciones naturales: varón o hembra, niño, joven, adulto o anciano.

En cambio, el trabajo en cuanto fuente casi inagotable de actividad organizada y multifacético,  aptapara que en ella se encaucen, complementen y enlacen todas las capacidades que puedan manifestarse en los individuos y en el grupo; el trabajo cohesionador como se conoce hoy en día en ciertas partes de Europa, de América y Asia, es propiamente una cuestión de los pueblos que hasta hace poco se reconocían sin rubor como civilizados.Y esto es así en la medida que  el trabajo es producto de mejoras acumuladas ya por la necesidad de crear nuevas actividades, ya por el perfeccionamiento de la organización y de los métodos, ya por la invención de  instrumentos más adecuados, el  hallazgo de nuevas materias primas y el mejor aprovechamiento de las ya conocidas.

Me permito subrayar lo dicho acerca de las mejoras acumuladas porque desde esa perspectiva integradora quedan difuminadas las diferencias entre innovación y conservación. Y habría que señalar otra ventaja añadida a esa visión integradora: la de anular el maniqueísmo político que se complace en ver polos contrapuestos donde sólo hay complementariedades.

Si se sobrevuela por encima del pensamiento frívolo y las apreciaciones ideologizadas, situar a conservadores por un lado y a progresistas por otro es una solemne memez o una singular bellaquería.  Porque quien no acumula, no prospera; como tampoco prospera quien es incapaz de innovación y cambio. Es esta una verdad que vale lo mismo para pueblos que para familias e individuos. Es una verdad vital el aserto evangélico “quien no recoge desparrama”.

Quedan por enumerar dos formas de avance, inhumanas, tenidas no obstante por “correctas”: el auge económico basado en el empeoramiento de las condiciones de trabajo; y el encubrimiento de la rapacidad financiera y de la ineptitud de los gobernantes tras las bambalinas de las subvenciones. La primera conduce a la esclavitud. El segundo a una nueva proletarización. Ni la una ni la otra se dignifican por que la propaganda así lo diga, ni se palían con demagogia e importación de saldos  humanos más baratos. Al tiempo la realidad destilará su amargo zumo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Urbanidad

¿Empujones, malos modos, insultos? ¿Desprecio de reglamentos, anarquía peatonal, bípedos embicicletados con cierta propensión a circular cómo y dónde les da la gana? Igual que necesita urbanizaciones, urbanismo y mobiliario urbano, la ciudad, la urbe, necesita que quienes la visitan y quienes habitan en ella, tengan  un comportamiento adecuado. Aún siendo de grandísima utilidad, no todo debe quedar reducido a la“educación viaria”, aunque ya sería mucho si ésta se consiguiera.

Porque la ciudad no sólo está constituida por  el entramado de sus calles, plazas, avenidas y estacionamientos. Más allá de esos espacios supeditados a las exigencias del tránsito y acomodación de los vehículos, están los parques, jardines, paseos y calles peatonales donde la convivencia está reclamando más vivamente sus fueros, igual que en las tiendas, mercados y centros comerciales.

La ciudad acoge a un enjambre humano. Enjambre es una colonia de abejas organizadas para volar juntas a un nuevo asentamiento. Aplicado el término a los seres humanos, rebasa los límites de los insectos de un único propósito para pasar a designar al conjunto de individuos de todas las edades, de todas las condiciones y de todas las profesiones, que están en la calle con propósitos muy diversos; pero que, en conjunto y sin distinción, gustan de ver y dejarse ver, de hablar y -a veces- de escuchar; operaciones éstas que necesitan orden para no transformarse en guirigay. Y como las ordenanzas y reglamentos tan sólo resuelven una parte de la cuestión del orden, el resto, que es mucho más de lo que parece a simple vista, lo debían de solucionar las normas de urbanidad; reglas no promulgadas, pero con vigencia social, capaces de dar fluidez al  comportamiento relacional entre los seres humanos. Es decir, entre seres que, aún siendo más o menos devotos creyentes de la evolución, hubieran decidido no portarse como los simios, no echarse a los dictados de los instintos, no supeditarse ciegamente a las reacciones inducidas por las hormonas propias o ajenas; y que, en definitiva, hubieran optado por mostrar en sí mismas y por esperar de sus semejantes la conducta enaltecida que es más propia de la especie humana. Aquí es donde debía entrar en acción la urbanidad, por otro nombre comedimiento, mesura, atención y buenos modales, que tanta falta hacen en nuestra convivencia de aquí y de ahora. La urbanidad es trasunto del respeto a los demás y de la capacidad de percibir las situaciones. Sin urbanidad, la urbe se hace inhóspita. Sin despreciar el equipamiento, la  medida de la ciudad debía volver a ser el hombre.    

viernes, 4 de junio de 2010

Beligerancias

El incidente que enfrentó en aguas cercanas a Israel a unidades de las fuerzas armadas israelíes y activistas que tripulaban una flotilla cargada con provisiones y material no bélico para auxiliar a los palestinos de Gaza, pone de manifiesto las conexiones que hay entre guerra y sus disimuladas hermanas las beligerancias.

Toda guerra es una actuación interactiva, continuada, temporal planificada y recíproca de aplicación extrema de la violencia entre grupos sociales o países en situación de  enemistad. Toda guerra  busca el sometimiento del enemigo por medio de la destrucción, la muerte y el estrago. La ciencia y la tecnología, han dotado a la guerra  del carácter total que la teoría le otorgaba desde antiguo. Y los intentos de la Iglesia Católica y del Derecho Internacional para limitar los daños no han conseguido desterrar el viejo principio de que en materia de guerra los errores ocasionados por la bondad son justamente los peores.  

Las beligerancias se mueven, como las guerras, en el  plano de la hostilidad, pero se diferencian de éstas en que anteponen a la violencia una escenografía dramática capaz de suscitar muy variadas adhesiones. Para ello se emplean agentes  identificables como pacíficos y se enarbolan motivaciones correctas que permitan hostigar al adversario desde un flanco propagandístico y espectacular. En las beligerancias lo más importante es la  repercusión mediática que están destinada a provocar. El hecho de que no importen ni poco ni mucho las víctimas que eventualmente puedan producirse en tal empeño, descalifica ante el observador avisado la pretensión humanitaria de dichas actuaciones.

La expedición de la llamada “flotilla de la libertad” es un episodio de beligerancia  contra Israel, paradójico porque ha sido aparejado en una Turquía carente de libertades. Con esta operación, el malabarista Erdogan ha conseguido -en un momento en que Europa pasa por una situación de grave debilidad-  los objetivos siguientes:  acercarse a la Liga Arabe, al tiempo que se reconcilia con el islamismo radical cada vez más poderoso en el territorio de la antigua Sublime Puerta; poner en entredicho a Egipto, partidario de la paz con Israel y, finalmente, entorpecer las gestiones del Vaticano para auxiliar a los palestinos cristianos, obligados a emigrar por la presión de los islamistas y la desconfianza israelí. Turquía, aspirante a miembro de la Unión Europea es, con la España de la zapatiesta, una de las impulsoras del diálogo de civilizaciones. ¿No es todo esto una contradicción sarracena? Un tema digno de volver sobre él.

jueves, 27 de mayo de 2010

¡Media Vuelta!

Ayer se llamó llamó Bush. Anteayer, Clinton. Ahora se llama Obama. Todos actuan en nombre del Tío Sam.

Obama telefonea, y es como si el Tio Sam señalara con el dedo índice de su mano derecha al interlocutor y le dijera con voz perentoria: ¡ el Tío Sam te necesita !.

La verdad, poco importa que Obama haya telefoneado al presidente Zapatero o no. Lo importante es que éste ha resuelto plegarse a las directrices que le llevarán a tomar decisiones que ponen en entredicho sus propias promesas. Porque soy de los que creen que, bien examinadas las cosas, cuando Rodríguez Zapatero hablaba de bonanza económica y se despeñaba en afirmaciones optimistas ante la crisis, no quería reducirse a predicar para el coro ni ganar la copa mundial en el empleo de clichés oportunistas que encantaban a la galería, sino que se proponía de veras formular promesas serias en las cuales él mismo era el primero en creer. Todo es posible en macroeconomía y también en la micro desde el momento en que los gurús y los llamados magos o ingenieros financieros hacen competencia a los expertos responsables.

Es dato conocido que el Estado de las Autonomías necesita crédito por valor de 76. 8oo millones, Euro más, Euro menos. Y ha de conseguir 25.000 millones para el mes de julio si se quiere evitar un verano caliente desde el punto de vista social. Y menos mal que las masas están atadas y bien atadas tanto con el cordaje de los sindicatos subvencionados como por el pegamento de la propaganda llamada institucional que prefabrica en los medios las respuestas a las interrogaciones que inevitablemente surgen entre criaturas racionales.

Al Tio Sam no le faltan para hablar razones contantes y sonantes, porque la Reserva Federal de los Estados Unidos ha comprado deuda española en los momentos en que se hacía más manifiesta el “carácter tóxico” de las finanzas de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.

Pero una cosa es –ha de pensar Rodríguez Zapatero al justificar su media vuelta- mantener en la inopia al pópulo en el interior y otra muy distinta ir a la bancarrota del Estado con la sonrisa puesta y el optimismo encajado pese a estar poniendo en peligro al Euro que es el único instrumento seguro con que cuenta ese Gran Mercado que es la Unión Europea.

La Paz y el Palo

Nos damos la paz, deseamos la paz, buscamos la paz de la paloma, cada uno de la suya. Y dado que con esto es imposible satisfacer a todos, terminamos buscamos la paz de cualquier paloma. La que sea. La que más vuele o la primera que se pose Es la señal y marca de este tiempo confuso en el que vivimos o… dormimos. Porque, si lo mismo da arre que so y guau que miau ¿para qué habíamos de estar en vigilia y dispuestos a hacer distingos? Basta con adoptar la postura del indiferente que pasa olímpicamente de las cosas o cultivar la desconfianza que es la versión medrosa de la indiferencia.

En Suramérica, donde con frecuencia los proyectos de mejora se liquidan hurtándose cada uno al esfuerzo colectivo, suelen decir que “Manolo y el Cid son hermanos, aunque de diferentes padres” frase que a su manera es como una constatación de fraternidades proclamadas pero no vividas. Más arriba, istmeños y mexicanos ahondan aún más en la desconfianza cuando afirman que “aunque sean hechos del mismo barro, no es lo mismo bacín que jarro”. Se conoce que andan escarmentados por los palos que han recibido de extraños y por los que ellos mismos se propinan periódicamente haciendo realidad aquél cantar que dice: “Esa miseria revieja /no se remedia jamás/ todo el que viene detrás/como la encuentra la deja.”

Si se pasa a plazas y gentes más conocidas y cercanas, los navarros, que tan sonados palos han repartido en la historia militando siempre en el bando vencedor, desde los Banu Casu hasta el 18 de Julio del Treinta y Seis, tienen en la frase ¡Lástima palo! todo un tratado de pensamiento palítico, ya que no político. Tal exclamación no es lamento por el palo que haya podido recibir quien así manifiesta su pesar, sino por aquel palo que no se ha sabido descargar a tiempo y en los lomos debidos, doble condición para que todo vuelva a quedar en paz. Y quizá no anden tan descaminados nuestros vecinos porque, rastreando en la deriva de los significados y hechas las consultas pertinentes, resulta que la palabra palo viene a estar emparentada con la palabra paz y con la palabra pacto a través del latín pactum y palum y de la común raíz indoeuropea pak, pag, voz onomatopéyica que imita el ruido seco del mazo al fijar a golpes una estaca en el suelo, y que tiene el significado de fijar. Y todo viene a cuento porque, siendo en puridad el pacífico oficio de escritor equivalente al arte de fijar sobre una página los pensamientos para evitar que el viento se los lleve, hemos de concluir que ni siquiera al escribir, o al leer, resulta conveniente ignorar que el prefijo pak, pag, emparenta la página con la paz deseada y con el palo asestado a tiempo. ¡Mira por dónde!

lunes, 17 de mayo de 2010

Espíritu Cívico

Cuando se habla de ciudadanía o de ciudadano antes se piensa en una determinada interpretación del texto constitucional que en el bien de la Ciudad, fuente de toda ciudadanía. Y que conste que al decir Ciudad no me detengo en aquello que la deja en mero asentamiento de población, porque la Ciudad es también mercado y foro; templo y feria; punto de encuentros casuales y de reuniones buscadas; lugar para hacer negocios o para dispersarse en ocios; y así hasta abarcar todas las manifestaciones de la vida colectiva organizada, y en especial la Política cuyo nombre deriva de la palabra “polis” que en griego dice tanto como ciudad.

Así entendido, el término Ciudad representa a la sociedad entera Por eso, el llamado “espíritu ciudadano” no debe reducirse al manojo de secuencias ideológicas propias de las formas meramente partidistas de interpretar la Constitución; como tampoco debiera confundirse con actitudes inducidas por la sedicente propaganda institucional.

Espíritu ciudadano es el conjunto de ideas y sentimientos que dan sentido convivencial a las actuaciones comunes convirtiendo a los ciudadanos en conciudadanos. Ésto sólo se logra cuando nosotros y nuestros semejantes -a falta de igualdades que natura no da ni la sociedad reparte- somos equiparados por la ley en términos de ciudadanía. Y hay que advertir que, si bien la de ciudadanía es calificación jurídica abierta a todos, no debe ser confundida con la condición humana como sucede con harta frecuencia. La ciudadanía no es la humanidad entera, sino una específica porción de la humanidad constituída en núcleo de atribución de concretos derechos y obligaciones bajo la responsabilidad del Estado, el cual ha de proceder con orden, concierto, justicia y mesura si quiere evitar incurrir en la corrupción y en la arbitrariedad.

Hay muchas formas de corromper al espíritu cívico. Aquí sólo quiero aludir a una: el fomento de las denuncias desde las instancias del poder. Está ocurriendo ahora a propósito del terrorismo –cuya definición ha sido dotada de un alto coeficiente de elasticidad- y en torno al nublado de los impuestos, que conserva integra su capacidad de oscurecerse cuando llega a las cumbres. La delación inducida ha demostrado tremenda eficacia en regímenes totalitarios. Lo que pasa es que cuando la ocasión y la extensión de las denuncias son definidas con criterio utilitario y momentáneo por los mismos que ostentan el poder, quedan éstos abocados a caer en la arbitrariedad del “estira y encoje” por mucho que se definan como garantistas. Puestos a hozar en este terreno, un garantismo así sólo garantiza el advenimiento de la democracia totalizante.

viernes, 7 de mayo de 2010

Ibai

El paseante, agradecido al sol de la mañana, se sienta en un banco de la calle peatonal. Distraído en sus pensamientos ha entornado los ojos. Alrededor revolotea, huella en el aire, el rumor del mercado. Lo despabila una vocecita de gnomo que dice a su lado: ¡Aquí esta mi coche! Abre los ojos y puede comprobar que no es un gnomo el que habla, sino un niñito de unos tres años, cenceño, ajustado de carnes, sin mofletes superfluos. El niño está frente al paseante y le mira ¿con descaro infantil? No, con decisión. Es todo un hombrecillo.

El paseante, avezado al trato con nietos y sobrinitos, piensa que este niño, a tan corta edad ya ha alcanzado el nivel de firmeza que todo ser humano debe adquirir para diferenciarse de los limacos o de los chimpancés tanto como de las fieras: la firmeza y limpieza de la mirada, que delata la capacidad humana de agresión, que aunque otra cosa parezca, se indentifica con la capacidad de arrimarse a los problemas grandes o pequeños con ánimo de resolverlos. El niño dirige al paseante una mirada segura y con trasfondo de propósitos que pronto van a ser revelados. El niñito ha repetido ¡aquí está mi coche! al tiempo que deja su juguete sobre el banco, al alcance de las manos del paseante. El paseante ha aceptado el trueque temporal que el niño le propone: disfrutará un momento del cochecito del niño y el niño, en cambio, podrá tener en sus manos ese palo tan útil y tan extraño, una de esas muletas que llaman -no se sabe muy bien por qué- bastón canadiense.

El niño toma la muleta, la manipula; no la enarbola, no la agita, no hace aspavientos con ella. Sencillamente la examina, la palpa, intenta su manejo, y al hacerlo, mide sus propias fuerzas. Al rato, justamente el necesario, el niñito devuelve la muleta y recobra su coche. Su padre que, hablando por su móvil ha vigilado discretamente la escena, se acerca amable. El paseante inquiere por el nombre del pequeño. Se llama Ibai.

Mientras padre e hijo se alejan, el paseante desea ardientemente que el niño no llegue a perder nunca esa actitud prudente y decidida que a su corta edad lo ha hecho capaz de llegar sin cortedades a un pacto con un desconocido y de respetar lo pactado. Le admira al paseante comprobar cómo el niño ha sabido poner en juego y sin recurrir a melindres, toda una cadena de decisiones, de razonamientos y valoraciones de la situación. Y piensa que en esta mañana de primavera, además del sol ha de agradecer el regalo de este encuentro fugaz. ¡Adios Ibai! que la vida te haga todo un varón, como has comenzado.

domingo, 2 de mayo de 2010

Baskenmütze

Para los nazis, el folklore vasco mostraba afinidades con la simbología nórdica –el laburu era casi una equivalencia de la runa “sonnenrad”- pero los vascos étnicos eran considerados simple remanente de una estirpe preindoeropea y por lo tanto ajena a la arianización unificadora que para la desgarrada Europa aspiraban a establecer, tras las huellas de la Sociedad Thule, los ideólogos del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes.

Paradójicamente, la boina de los vascos llegaría a formar parte del uniforme de las tropas germanas en el período que va desde el año de 1938 al de 1940. Y conste que sobre la veracidad del hecho no cabe la menor duda porque la prenda en cuestión era llamada oficialmente “baskenmütze” que en romance es tanto como decir “gorra vasca” o sea, hablando claro y pronto, boina o chapela. Tocados con ella los hombres de un batallón de reconocimiento de la SS-Verfügungsdivision montaron guardia sobre la línea férrea en la entrevista que Franco y Hitler sostuvieron en Hendaya.

La pronta exclusión de la boina vasca del atuendo de las tropas alemanas fue justificada por los mandos militares germanos en razón de considerarla antiestética y de no ofrecer ventajas prácticas en el combate. De la practicidad bélica de la boina dan testimonio la multitud de combatientes que en las guerras carlistas y en la del 36 pelearon y murieron con la boina puesta. En cuanto a la alegación de que resultaba antiestética, tengo para mí que se basaba en el dato bizarro de que, carentes los alemanes de tradición en el uso de esa prenda, dispusieron reglamentariamente que debía usarse encajándola sobre un casco protector interno. Esto hacía que quienes la portaban parecieran ridículamente cabezones. Estime el lector lo mala impresión que este hecho podía causar en ese tiempo de cultivo ideológico de las mitologías, cuando ser cabezón evocaba a los enanos infrahumanos que en la operística de Wagner – implementada por los nazis como instrumento de propaganda cultural- representaban a las oscuras fuerzas inferiores en contraste con los poderes luminosos del Wallhalla de los arios. Tres décadas más adelante, en la cabeza de “el Ché” Guevara, la boina se convertiría en el símbolo más popular del castro-comunismo y algunos años más tarde del castro-sandinismo, llegando a formar parte de la vestimenta de los clérigos de la teología de la liberación.

Sucede que hasta en prendas tan sencillas, como es el caso de la boina, la realidad se presenta como un verdadero entrevero cuando se entra en el terreno de los símbolos.

martes, 27 de abril de 2010

La Chica del Panel

Tendida de espaldas contra el suelo de un pajar, entre ensoñada y oferente, con el varón casi encima, la chica fotografiada en el publicitario de Berschka parece ignorar que las caídas de espaldas son las más peligrosas para las damas.

El peligro de estas caídas lo avisan en distintos lugares y como si se hubiesen puesto de acuerdo el maestro Shakespeare, el inspirado Lope y el singular Cervantes.

Pero la chica en posición supina seguro que no ha alcanzado a leer a ninguno de ellos. O no le importa lo que escribieran. Y acaso la palabra damas sólo le sugiera el tablero de un juego de mesa o, por rebote, le traiga a la memoria el rótulo “Señoras” de un urinario público.

La escena se exhibe sobre el panel externo de unos grandes –todo es relativo- almacenes en el pasaje de un centro comercial, y se inspira en el problema que el decir popular dictamina que no tiene enmienda. Está en la argucia del promotor que el mirón se imagine a los amantes cabalgándose e incluso se pueda preguntar si comerán perdices.

El mismo hecho, en el siglo XVI, hubiera dado pié, con intervención de personajes mitológicos, a pintar una batalla de amor en campos de pluma.

En el XVII a la representación de un duelo entre rivales, supongamos que un poeta espadachín y un vizconde insolente y presumido.

Y en el XVIII ¡Ay, fingidos amores pastoriles! – las perlas ruedan por redondas y al despojarse de seda y raso, desnudo en la campiña todo cuerpo bucólico deviene- acaso sirviera de inspiración para tejer un gobelino censurable.

Pero en el canon de hoy, no hay nada que dé ocasión a la censura; ni hay dama, damita o damo que tema a las caídas por muy de espaldas que sean. Tampoco hay varones dispuestos a disputar entre sí lo que dan por deseado, provocado y ofrecido gratis por la hembra.

Así que la joven mujer y el joven varón colgados del panel podrán holgar, singar, retozar, mover el fuelle hasta llegar a sustentar la ilusión de que han alcanzado la inocencia de las bestias.

La nueva senda de retorno al Paraíso tan solo es recorrible a cuatro patas.

(Homenaje y guiño a Luis Felipe Fabre)

martes, 20 de abril de 2010

El Olor de la Sangre

El olor de la sangre, con ser tan universal, tan sólo tiene nombre propio en nahuatl: es el término xicuís, que el uso castellanizado transforma en chicuis o en chicuije. No es la única palabra sanguinosa que esa antigua lengua de Mesoamérica donó al español americano. La viscosidad de la sangre al coagularse tiene también denominación apropiada en la palabra alaste. ¡Sepa Tezcatlipoca como sonaría primitivamente ese vocablo! Los castellanos oyeron “alaste” y así se quedó. Son voces originadas en las incidencias del combate y de los sacrificios humanos.

Los romanos, que algo sabían de sangre pues la derramaban hasta en los juegos circenses, distinguían el fluido corpóreo al que llamaban sanguis, sanguinis, de la sangre vertida que era llamada cruor, cruoris. Algo de esto último expresamos en español al hablar de los deportes crueles o del carácter cruento de este o de aquél atentado o de tal o cual accidente.

De los tiempos de las luchas entre unitarios y federales, los argentinos conservan el recuerdo de “la refalosa” –resbalosa- que en español rioplatense es tanto como llamar resbaladiza a la sangre que empapa baldosas o adoquines.

En español son muy numerosas las modalidades expresivas que emplean la palabra sangre. Al temple de ánimo llamamos “sangre fría” y a lo contrario “sangre caliente”; a enojarse llamamos “hacer mala sangre”; al exceso de pasión lo identificamos porque “hierve la sangre” y todos sabemos el significado de “no llegar la sangre al río”, de “dar la sangre” por una causa, “costar sangre” alguna cosa, quedársele a uno “helada la sangre”, “tener sangre de horchata” y entrar “a sangre y fuego.”Sangre ha tenido también el significado de familia o de linaje: “es de nuestra sangre”; “somos hermanos de sangre”, es de “sangre azul”. También sirve el vocablo para encarecer la fuerza de los vínculos familiares: la “sangre tira mucho”; o para destacar la destreza en un oficio como cuando se dice de alguien que lleva la política o el baile o el cante “en la sangre.”

Para estos últimos casos preferimos hoy a la mención de la sangre la referencia genérica a las ciencias naturales. Así cuando se habla de “padre biológico” y no de padre de sangre; o cuando se dice de Fulano o de Mengana que es un “animal político” o de Zutano que es un animal del escenario. En cuanto a lo de “animal político”, no hay por qué tomarlo a mala parte. Fue Aristóteles, no el Onassis sino el Estagirita, quien dijo aquello de “zoon politikon”. Las bestias propiamente dichas no hacen política ni pueden hacerla. ¿Está claro?

martes, 13 de abril de 2010

La Sutura

En todo devenir humano hay un momento en que se rompe la compostura secuencial de los acontecimientos y desaparece el espejismo de estar inmersos en un proceso previsible que siempre va hacia mejor. La realidad pura y desnuda dicta que todo desarreglo presente ha tenido un comienzo y un crecimiento que es necesario precisar. Así que un día de estos, que estaba releyendo unas poesías bélicas de Léopold Senghor, el poeta de la negritud y de la francofonía, que tanto gustó a los hombres de mi generación, me puse a repasar los acontecimientos en que se había inspirado y me sorprendí preguntándome ¿Cuándo una Historia grande y heroica, prometedora y atrevida como era la de los pueblos europeos comenzó a encanallarse hasta llegar a la apoteosis de la Marketplatz que es el día de hoy? Y pensé que posiblemente eso aconteció en la Primera Guerra Mundial, cuando por primera vez el odio predicado por los grandes nacionalismos se adueñó de los espíritus y consiguió anular operativamente los últimos vestigios de lazos comunes entre naciones hermanas.

Así, el socialismo vio hundirse su sueño de fraternidad obrera al no poder impedir que los proletarios de las diversas naciones se mataran entre sí. Los cristianos presenciaron cómo los mandos políticos y militares, decididos a continuar la matanza, conseguían anular los sentimientos cristianos que inducían a confraternizar con el enemigo en el tiempo de Navidad. La colonización tomó definitivo carácter criminal cuando la Troisiéme Republique reclutó en Argelia, Marruecos y Senegal a miserables indígenas para que vinieran a matar europeos y a caer como insectos en los pudrideros de Bélgica, del Somme, de los Dardanelos y Verdun. Los alemanes, que para hundir a los rusos en el caos, les enviaron al agitador Lenín en un vagón sellado, vieron cómo el estallido social se contagiaba a la propia Alemania donde tuvo que ser detenido por la reacción de los Frei Korps, preludio de lo que sería el dominio nazi. Fue también en la I Guerra cuando los Aliados de la Entente acordaron en secreto rechazar toda propuesta de paz proveniente del Papa o de los países católicos. Acabaron así con Austria- Hungría, pero en cambio dejaron inerme la Europa Oriental ante cualquier acometida desde el Este.

Todo quedó preparado para que los europeos reemprendieran, en la II Guerra Mundial, la tarea de matarse entre sí, añadiendo paradójicamente a la agenda el objetivo de exterminar a los judíos, la minoría más brillante que Europa haya tenido jamás Todavía hoy Europa está tratando de suturar aquellas heridas mientras crecen en su interior minorías islamistas realmente foráneas, pero esta vez en activa beligerancia contra el remanente de las ideas preclaras que hicieron grande a Europa.

martes, 6 de abril de 2010

Basque Country

Ahora que digo Euskadi y no Euzkadi, va y resulta que se dice “Basque Country” Y es que al inglés no hay quien lo detenga. El “English for foreigners” es hoy en día lo que el latín vulgar fue en la baja Edad Media: está presente en todas partes y todos echan mano de él para salir del paso, para ganar prestigio, para parecer más internacionales o para llenar pancartas que nos recuerden –paradójicamente- que la aldea tiene futuro dentro de la globalización.

Hasta los islamistas más beligerantes recurren a la lengua del imperio incluso para decretar la muerte de los Estados Unidos o para propagar en plan de “marketing” que “The Islam is the alternative”.Nada ni nadie se sustrae al encanto de la nueva lengua universal. Lo mismo sucede con la onda expansiva de la cultureta anglo. Los españolitos y los expañolitos de a pié son muy capaces de ignorar quien fue Iñigo Arista, o Diego López de Haro, o Jaime el Conquistador, y de confundir a Ruy Díaz, por otro nombre El Cid, con un jugador brasileño de la NBC, pero con toda certeza sabrán por la película quien fue Pocahontas y celebran como si fueran americanos de serie la fiesta del “jalogüín”.

En el caso de las autonomías españolas más señeras, estamos asistiendo a un intento de cambio de imagen que a su manera justifica de sobra el empleo del inglés, con preferencia, incluso, sobre los idiomas vernáculos que gozan de tanta estima entre nosotros y entre los que no pueden inscribir a sus hijos en los colegios alemanes.

Los catalanes que han logrado la proeza de conseguir que el feroz canto de “Els Segadors” sea considerado un himno pacífico y el coronel Maciá sea venerado como un héroe civil, aspiran a proyectar una imagen de sí mismos que sea supercivilizada y al mismo tiempo fieramente celosa de su independentismo, y para difundirla recurren al inglés: “Catalonia is not Spain”

Los vascos, que tratan de olvidar la telaraña de décadas de terrorismo, reticencias y silencios, quieren mostrar al mundo su faz pacífica y para eso eligen el inglés cerrando con eso filas junto a todos los pueblos de lenguas minorizadas de cualquier rincón de la Europa barata de la ampliación.

Elegir el inglés es una forma de sentirse inevitablemente universales, aunque si se trata de la parroquia de aquí les pudiera haber bastado con el francés para dar con “le basque bondissant” de siempre, tan alejado del vasco bronqueador –me refiero al que gusta de dar lecciones- como del vasco seducido por el mal ejemplo de los “bombers” de Belfast.

martes, 30 de marzo de 2010

Un Nuevo Arte

En esta hora de prueba y de disensiones a que está sometida la Iglesia se da la paradoja de que artistas de todo el mundo se alinean en una dirección que puede llamarse religiosa aunque guarda distancias respecto de todo lo que ayer mismo se ha entendido como tal. El único vínculo de unión entre estos nuevos artistas es la capacidad de percibir el misterio que palpita en el mero hecho de existir como individuos racionales y libres llamados a comulgar con sus semejantes, a convivir con las demás criaturas de la naturaleza, y a ser partícipes de las creaciones vicariantes nacidas del ingenio humano. Estos artistas se sienten llamados a desentrañar un destino que se les plantea como una interrogación y en última  término como un misterio de amor. Estamos aquí ante un verdadero carisma en el cual la religión no actúa como confesión y praxis, sino en su calidad de hipervínculo que convierte al artista en mediador  entre la multiforme y a veces no presentida belleza de lo cotidiano, al tiempo que hace de la obra de arte un medio para comunicar la belleza que se ofrece como un bien y una verdad que en conjunto evocan la presencia de Dios. Dentro de esta línea  que dibuja un contorno mas no señala un límite, está la instalación audiovisual que desde el 22 de marzo y bajo el título The Friar´s Doodle presenta la artista británica Tácita Dean en la Abadía de Santo Domingo de Silos, y donde se recoge  una singular muestra las inscripciones y graffiti que generaciones de visitantes han ido gravando en torno a la columnata del Claustro. “Se trata –son palabras de María Jesús Burgueño- de un archivo que constituye  una analogía visual de ensoñaciones, cavilaciones y vuelos de la imaginación que, aún fijado en el pasado  resulta (…)cercano a nuestra vida cotidiana, a las incursiones especulativas que vagan más allá del tiempo …”

En una línea semejante aunque con realizaciones muy diferentes se encuentra el artista mexicano Juan Carlos del Valle cuya  obra destila la fuerza y expresividad de los grandes pintores de esa nación. Del Valle, con sus “intervenciones pictóricas” basadas en la representación de los alimentos industrializados de hoy, irrumpe en el espacio y el tiempo religioso con una obra donde la estética constituye un elemento central de la vivencia de lo sagrado. Su exposición itinerante ha sido ya contemplada en la Capilla del antiguo Colegio de las Vizcaínas, en la Parroquia de San Miguel Arcángel, en Tacubaya y en la del Señor de la Resurrección, en el Bosque de la Lomas, de la capital mexicana. Pronto estará en Berlín y en París. Sirva la proximidad de la Semana Santa para propagar el paradójico empuje de un arte joven que vuelve a estar centrado en las grandes preocupaciones a las cuales ni las ideologías políticas ni las ciencias son capaces de contestar.


lunes, 22 de marzo de 2010

24-F

La prensa saludó con júbilo aquél momento de unidad en que parecieron converger los propósitos y las ilusiones más dispares. Hombres y mujeres provenientes de todos los rincones de las ideologías; salidos de los armarios de todas las opciones y preferencias sexuales; emergidos de los baúles de doble fondo de las sociedades de honor y juramento. ¡Todos coincidieron aquél día en un instante mágico de verdadera e inesperada fraternidad !

Allí estaban los partidarios del orden, que abrigaban el temor de que los pobres llegaran a ser muy numerosos y pudiesen desafiar al poder establecido. Allí los partidarios de una humanidad saludable que sólo será posible con  la eliminación “ab orto” de los enfermos, de los deformes, de los minusválidos y de los inútiles. Allí los economistas  previsores que querían evitar a las arcas del Estado la avalancha de hijos sin padre y a cargo de los presupuestos públicos provocada por la liviandad de la juventud inexperta y chochiloca. Allí los ultraístas de la igualdad, deseosos de avanzar un paso más en la destrucción de la familia en la que identificaban la fuente arcaica y nefasta de las  desigualdades  humanas. Allí los farmarredentores, que trafican con la salud de los cuerpos y con los cuerpos sin salud.

Allí también los expartidarios de Dios y las antiguas leyes que ahora parecen andar con prisas para  independizarse de sí mismos alimentando el sueño prodigioso de una nación sin nacimientos y de una nacionalidad sin responsabilidades paternas.

Allí los partidarios de sustituir a la población de aquí con nuevos pobladores de allén acaso más ignorantes, pero con la indudable ventaja de resultar más baratos y ser menos  exigentes que los provenientes del choco o del odiado entorno ibérico. Allí los revolucionarios que esperaban beneficiarse de la presencia de los nuevos pobladores para reventar el sistema mediante la acción callejera desbordada, o a través de  la cosecha del voto de los descontentos y desinformados que son los que deciden a la hora de las tornas en todas las democracias problemáticas.

En aquél momento apoteósico, las diferencias entre todos ellos se difuminaron  Un estremecimiento de hermandad recorrió los escaños de los triunfadores. Sus ocupantes, responsables de aquella victoria se fundieron en apretado abrazo. Un aura de amistad, contento y solidaridad envolvió a todos. ¡Se había aprobado la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo!