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martes, 27 de abril de 2010

La Chica del Panel

Tendida de espaldas contra el suelo de un pajar, entre ensoñada y oferente, con el varón casi encima, la chica fotografiada en el publicitario de Berschka parece ignorar que las caídas de espaldas son las más peligrosas para las damas.

El peligro de estas caídas lo avisan en distintos lugares y como si se hubiesen puesto de acuerdo el maestro Shakespeare, el inspirado Lope y el singular Cervantes.

Pero la chica en posición supina seguro que no ha alcanzado a leer a ninguno de ellos. O no le importa lo que escribieran. Y acaso la palabra damas sólo le sugiera el tablero de un juego de mesa o, por rebote, le traiga a la memoria el rótulo “Señoras” de un urinario público.

La escena se exhibe sobre el panel externo de unos grandes –todo es relativo- almacenes en el pasaje de un centro comercial, y se inspira en el problema que el decir popular dictamina que no tiene enmienda. Está en la argucia del promotor que el mirón se imagine a los amantes cabalgándose e incluso se pueda preguntar si comerán perdices.

El mismo hecho, en el siglo XVI, hubiera dado pié, con intervención de personajes mitológicos, a pintar una batalla de amor en campos de pluma.

En el XVII a la representación de un duelo entre rivales, supongamos que un poeta espadachín y un vizconde insolente y presumido.

Y en el XVIII ¡Ay, fingidos amores pastoriles! – las perlas ruedan por redondas y al despojarse de seda y raso, desnudo en la campiña todo cuerpo bucólico deviene- acaso sirviera de inspiración para tejer un gobelino censurable.

Pero en el canon de hoy, no hay nada que dé ocasión a la censura; ni hay dama, damita o damo que tema a las caídas por muy de espaldas que sean. Tampoco hay varones dispuestos a disputar entre sí lo que dan por deseado, provocado y ofrecido gratis por la hembra.

Así que la joven mujer y el joven varón colgados del panel podrán holgar, singar, retozar, mover el fuelle hasta llegar a sustentar la ilusión de que han alcanzado la inocencia de las bestias.

La nueva senda de retorno al Paraíso tan solo es recorrible a cuatro patas.

(Homenaje y guiño a Luis Felipe Fabre)

martes, 20 de abril de 2010

El Olor de la Sangre

El olor de la sangre, con ser tan universal, tan sólo tiene nombre propio en nahuatl: es el término xicuís, que el uso castellanizado transforma en chicuis o en chicuije. No es la única palabra sanguinosa que esa antigua lengua de Mesoamérica donó al español americano. La viscosidad de la sangre al coagularse tiene también denominación apropiada en la palabra alaste. ¡Sepa Tezcatlipoca como sonaría primitivamente ese vocablo! Los castellanos oyeron “alaste” y así se quedó. Son voces originadas en las incidencias del combate y de los sacrificios humanos.

Los romanos, que algo sabían de sangre pues la derramaban hasta en los juegos circenses, distinguían el fluido corpóreo al que llamaban sanguis, sanguinis, de la sangre vertida que era llamada cruor, cruoris. Algo de esto último expresamos en español al hablar de los deportes crueles o del carácter cruento de este o de aquél atentado o de tal o cual accidente.

De los tiempos de las luchas entre unitarios y federales, los argentinos conservan el recuerdo de “la refalosa” –resbalosa- que en español rioplatense es tanto como llamar resbaladiza a la sangre que empapa baldosas o adoquines.

En español son muy numerosas las modalidades expresivas que emplean la palabra sangre. Al temple de ánimo llamamos “sangre fría” y a lo contrario “sangre caliente”; a enojarse llamamos “hacer mala sangre”; al exceso de pasión lo identificamos porque “hierve la sangre” y todos sabemos el significado de “no llegar la sangre al río”, de “dar la sangre” por una causa, “costar sangre” alguna cosa, quedársele a uno “helada la sangre”, “tener sangre de horchata” y entrar “a sangre y fuego.”Sangre ha tenido también el significado de familia o de linaje: “es de nuestra sangre”; “somos hermanos de sangre”, es de “sangre azul”. También sirve el vocablo para encarecer la fuerza de los vínculos familiares: la “sangre tira mucho”; o para destacar la destreza en un oficio como cuando se dice de alguien que lleva la política o el baile o el cante “en la sangre.”

Para estos últimos casos preferimos hoy a la mención de la sangre la referencia genérica a las ciencias naturales. Así cuando se habla de “padre biológico” y no de padre de sangre; o cuando se dice de Fulano o de Mengana que es un “animal político” o de Zutano que es un animal del escenario. En cuanto a lo de “animal político”, no hay por qué tomarlo a mala parte. Fue Aristóteles, no el Onassis sino el Estagirita, quien dijo aquello de “zoon politikon”. Las bestias propiamente dichas no hacen política ni pueden hacerla. ¿Está claro?

martes, 13 de abril de 2010

La Sutura

En todo devenir humano hay un momento en que se rompe la compostura secuencial de los acontecimientos y desaparece el espejismo de estar inmersos en un proceso previsible que siempre va hacia mejor. La realidad pura y desnuda dicta que todo desarreglo presente ha tenido un comienzo y un crecimiento que es necesario precisar. Así que un día de estos, que estaba releyendo unas poesías bélicas de Léopold Senghor, el poeta de la negritud y de la francofonía, que tanto gustó a los hombres de mi generación, me puse a repasar los acontecimientos en que se había inspirado y me sorprendí preguntándome ¿Cuándo una Historia grande y heroica, prometedora y atrevida como era la de los pueblos europeos comenzó a encanallarse hasta llegar a la apoteosis de la Marketplatz que es el día de hoy? Y pensé que posiblemente eso aconteció en la Primera Guerra Mundial, cuando por primera vez el odio predicado por los grandes nacionalismos se adueñó de los espíritus y consiguió anular operativamente los últimos vestigios de lazos comunes entre naciones hermanas.

Así, el socialismo vio hundirse su sueño de fraternidad obrera al no poder impedir que los proletarios de las diversas naciones se mataran entre sí. Los cristianos presenciaron cómo los mandos políticos y militares, decididos a continuar la matanza, conseguían anular los sentimientos cristianos que inducían a confraternizar con el enemigo en el tiempo de Navidad. La colonización tomó definitivo carácter criminal cuando la Troisiéme Republique reclutó en Argelia, Marruecos y Senegal a miserables indígenas para que vinieran a matar europeos y a caer como insectos en los pudrideros de Bélgica, del Somme, de los Dardanelos y Verdun. Los alemanes, que para hundir a los rusos en el caos, les enviaron al agitador Lenín en un vagón sellado, vieron cómo el estallido social se contagiaba a la propia Alemania donde tuvo que ser detenido por la reacción de los Frei Korps, preludio de lo que sería el dominio nazi. Fue también en la I Guerra cuando los Aliados de la Entente acordaron en secreto rechazar toda propuesta de paz proveniente del Papa o de los países católicos. Acabaron así con Austria- Hungría, pero en cambio dejaron inerme la Europa Oriental ante cualquier acometida desde el Este.

Todo quedó preparado para que los europeos reemprendieran, en la II Guerra Mundial, la tarea de matarse entre sí, añadiendo paradójicamente a la agenda el objetivo de exterminar a los judíos, la minoría más brillante que Europa haya tenido jamás Todavía hoy Europa está tratando de suturar aquellas heridas mientras crecen en su interior minorías islamistas realmente foráneas, pero esta vez en activa beligerancia contra el remanente de las ideas preclaras que hicieron grande a Europa.

martes, 6 de abril de 2010

Basque Country

Ahora que digo Euskadi y no Euzkadi, va y resulta que se dice “Basque Country” Y es que al inglés no hay quien lo detenga. El “English for foreigners” es hoy en día lo que el latín vulgar fue en la baja Edad Media: está presente en todas partes y todos echan mano de él para salir del paso, para ganar prestigio, para parecer más internacionales o para llenar pancartas que nos recuerden –paradójicamente- que la aldea tiene futuro dentro de la globalización.

Hasta los islamistas más beligerantes recurren a la lengua del imperio incluso para decretar la muerte de los Estados Unidos o para propagar en plan de “marketing” que “The Islam is the alternative”.Nada ni nadie se sustrae al encanto de la nueva lengua universal. Lo mismo sucede con la onda expansiva de la cultureta anglo. Los españolitos y los expañolitos de a pié son muy capaces de ignorar quien fue Iñigo Arista, o Diego López de Haro, o Jaime el Conquistador, y de confundir a Ruy Díaz, por otro nombre El Cid, con un jugador brasileño de la NBC, pero con toda certeza sabrán por la película quien fue Pocahontas y celebran como si fueran americanos de serie la fiesta del “jalogüín”.

En el caso de las autonomías españolas más señeras, estamos asistiendo a un intento de cambio de imagen que a su manera justifica de sobra el empleo del inglés, con preferencia, incluso, sobre los idiomas vernáculos que gozan de tanta estima entre nosotros y entre los que no pueden inscribir a sus hijos en los colegios alemanes.

Los catalanes que han logrado la proeza de conseguir que el feroz canto de “Els Segadors” sea considerado un himno pacífico y el coronel Maciá sea venerado como un héroe civil, aspiran a proyectar una imagen de sí mismos que sea supercivilizada y al mismo tiempo fieramente celosa de su independentismo, y para difundirla recurren al inglés: “Catalonia is not Spain”

Los vascos, que tratan de olvidar la telaraña de décadas de terrorismo, reticencias y silencios, quieren mostrar al mundo su faz pacífica y para eso eligen el inglés cerrando con eso filas junto a todos los pueblos de lenguas minorizadas de cualquier rincón de la Europa barata de la ampliación.

Elegir el inglés es una forma de sentirse inevitablemente universales, aunque si se trata de la parroquia de aquí les pudiera haber bastado con el francés para dar con “le basque bondissant” de siempre, tan alejado del vasco bronqueador –me refiero al que gusta de dar lecciones- como del vasco seducido por el mal ejemplo de los “bombers” de Belfast.