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martes, 25 de abril de 2006

Pollos y Temores

POLLOS.- Adolf Hitler encomendó a Heinrich Himmler la solución de la cuestión judía y la eliminación de la población penal inútil para el trabajo. Y Himmler cumplió el encargo con eficacia que siempre han admirado los planificadores con más sentido pragmático, esos que están dispuestos a aplaudir la solución que sea, venga de donde viniere..

Himmler era de profesión zootécnico, y estaba especializado en la crianza de aves de corral. Si me salen bien las cuentas, aves de corral son las gallinas, los gallos, sus hijos los pollitos; los pavos, las pavas, los pavitos; los patos, las patas, los patitos; las ocas, y las llamadas gallinas de guinea.. Como entonces lo de AVES no se podía confundir por ningún concepto con los trenes de alta velocidad, en mi pueblo hubiesen dicho de Himmler, sin pensárselo dos veces, que era “criador de pollos” y se hubieran quedado tan anchos.

En el cumplimiento de su cometido, el lugarteniente de Hitler no se dejó llevar por sus preferencias personales. Pudo recomendar, por ejemplo, que se hiciesen experimentos de laboratorio para conseguir que algún virus de pollo - o de polla, pues él tampoco hacía discriminación de sexos- atacase también a los seres humanos.

Lejos de eso, desechó por engorroso el amplísimo repertorio de las enfermedades aviares corrientes tales como el “moquillo” de los pollitos, el “culillo” de las gallinas, el “sobaquillo” de pavos y gansos, e incluso la psitacosis de los loros, que son aves de jaula, no de corral.. Como zootécnico, Himmler, conocía los riesgos de fracaso a que se exponía si intentaba llevar a cabo el exterminio humano valiéndose de enfermedades propias de las aves, por muy bípedos que sean los hombres y las aves. Por eso, con toda honradez recomendó el gas zyclon como medio de eliminar a aquellos seres humanos que no eran considerados tolerables ni siquiera en su condición de detenidos.

La decisión de Himmler constituyó un paso de gigante en el arte del exterminio. Si en la época de la Ilustración la guillotina consiguió rebajar por la mecánica y la racionalización los costos del degüello, Himmler, valiéndose de medios químicos elevó la matanza humana en frío a cotas de rendimiento industrial verdaderamente dignos del siglo XX.

TEMORES.- Si con Hitler y con Himmler, nadie tuvo que temer a la peste aviar. En nuestros días, por el contrario, el temor a dicha peste se propaga en un inmenso coro en el cual intervienen todas las voces.

¡Estamos amenazados! Una cepa de virus mutante de rapidísimo efecto puede inundar las vías respiratorias de poblaciones enteras y terminar con la vida de millones de personas, hasta dejar reducido el total de los habitantes del planeta Tierra a “una tercera parte”, por decir un número bonito y que impresiona a la población. El pálido jinete de la peste cabalga de nuevo.

La tal peste, como mero anuncio que es, posee la ventaja publicística de poder estar en todas partes. Es como una pesadilla de agoreros que escudriñan en las sombras. Es la visión tremebunda de pitonisas especializadas en zodiacos funestos. Y por encima de todo esto, parecería una apuesta de especialistas en mercadotecnia que juegan con los signos $ y € que el dios Mercado entiende en lo que valen..

La secuencia seguida en este juego de temores, tiene su interna lógica. Primero se enciende la alarma roja de la muerte de pollo que nos amenaza, que, por decir algo congruente con el mundo aviar, habrá que admitir que no es moco de pavo.

Una vez convencido el ciudadano de a pie de que mañana mismo podrá morir víctima de un mal terrible que ni siquiera existe todavía, se fomentan las reclamaciones populares ante las Administraciones sanitarias y se divulgan por todos los medios encuestas de esas que configuran la respuesta e inducen a contestar en un sentido determinado.

¿Debemos estar precavidos o no ante el inminente peligro de la nueva peste? Rellenar las casillas Si o No. Y, por supuesto, cada uno desde su miedo inducido y su ignorancia explotada, se siente obligado a unirse al coro previsto y contesta:¡Siii!

¿Qué prefiere ud., peste o buena salud? Y cada uno, uniéndose dócilmente a la multitud, contesta en una sola voz:¡Salud!

No importa que la peste sea precisamente aviar y en principio no ataque al hombre. Poco importa que la peste no exista como tal entre seres humanos. Sin esperar a que se encienda la luz roja, se habla de pandemia. Oiga, digo P-a-n-d-e-m-i-a. Y la mente de todos queda convertida en un verdadero pandemonium.

Y de repente ¡Oh prodigios de la ciencia! Como quien no quiere la cosa, se comienza a correr la bola de que un mediocre antiviral comercializado con el nombre de “Tamiflu”, tiene la virtud, digna de Harry Potter y de la Bruja Piruja, de prevenir la peste que no existe todavía; de conjurar los peligros que no se han declarado, de eliminar las amenazas perfectamente imaginarias, de curar el mal que no se ha manifestado aún, de acabar por anticipado con la peste que no termina de llegar.

Tamiflu, es un nombre sugerente compuesto del adjetivo anglo TAME que significa domesticado, amansado, dócil; y del sustantivo FLU, que en inglés americano significa gripe

Igual que el Viagra ha recibido ese nombre para sugerir que puede hacer de cada uno de los millones de prematuros hiposexuales que produce nuestra estresante sociedad, un verdadero Niágara seminal –y para qué tanto, digo yo-; el nombre de Tamiflu, parece dar a entender que la nueva acabadura de laboratorio que lleva este nombre, es una invencible domadora de gripes, de resfriados, de moqueras, y, en fin, mis queridos pacientes, de todos los fantasmas pestilentes que se pueden montar en la indeterminada pero terrorífica nube del virus mutante H5NI en cuyo temor han sido previamente formateadas nuestras mentes a lo largo de meses y meses de martilleo publicitario.

Y va y comienzan a divulgarse cosas, digamos, extrañas. Como que los laboratorios Roche, dueños del Tamiflú, adquirieron la patente de la entidad Gilead Sciencies Inc. uno de cuyos accionistas principales es Donald Rumsfeld, de labores conocidas en la política de los Estados Unidos. Y hasta el último de la cola comienza a comprender entonces que la investigación sobre antivirales es sumamente onerosa; y que quizás no hay otra que sacarle réditos a lo que se tenga y a como dé lugar. Y ¿Hay forma más propicia de resarcir los gastos y ganar todo lo que se pueda, que el difundido temor a una peste futura?¿Qué más democrático que ponerse los gentes en la calle para reclamar a los gobiernos que mantengan existencias de éste o de aquel antiviral que se supone salvará millones de vidas humanas de la peste que no existe? ¡Prevenir antes que curar!

Y así, se tiene a medio mundo asustado, alarmado, amedrentado, sobrecogido, acollonado, acoquinado, arredrado, atemorizado, aculillado, apocado, intimidado pensando en la amenaza de la peste aviar. Esto no será terrorismo pero merecería ser llamado “temorismo” o mercadeo del temor. Un temor que habrá que decir que es sistémico y espontáneo, porque ¿quién puede saber quién lo desencadenó? ¿O sí?

jueves, 20 de abril de 2006

Leyenda Mayor de Don Kijote

PROSAS CHINFÓNICAS

Preguntón.- ¿Se cree vuestra merced que se consigue algo útil con ese ritual de leer El Quijote en público como se hace cada año por estas fechas?

Respondón.- Por supuesto que sí. Sin ir más lejos, en la aventura del rebuzno y del encuentro de Don Quijote con el escuadrón armado de los vecinos de la Reloja que, como se sabe, no la terminó el Hidalgo como él quería y lo tenía pensado, se puede encontrar el fermento de algunas de las posiciones políticamente correctas y de las ideas pluscuanmodernas que están en boga.

Preguntón.-¿Es verdad lo que dice o se lo está inventando vuestra merced?

Respondón.-Por supuesto que es verdad. Lo puede leer cualquiera en el capítulo tal y cual.

Preguntón.- pero yo no recuerdo ese episodio.

Respondón.- Ni falta que hace recordar nada. Sucede que de El Quijote sólo se conocen algunos episodios. Todos saben lo de los Molinos de Viento, últimamente me sospecho que más que todo por aquello de las energías alternativas. Añádase a este los que se refieren al manteo, a los batanes, a Maritornes, al encuentro con los Duques. Apretando mucho y entre eruditos, saldrían a relucir el encuentro con los Cabreros, el episodio de los galeotes, el discurso de las Armas y las Letras y el de la Edad de Oro. Allí se acaba todo. Pero el libro tiene muchos otros episodios no por poco conocidos menos sabrosos

Preguntón.-Doy por bueno lo que vuestra merced afirma. Pero ¿podría poner sobre el tapete algún ejemplo de esos que dice? Me refiero al fermento quijotil del pensamiento político correcto de hoy u de esas ideas pluscuammodernas que decía hace un rato. Preguntón.- Claro que sí.¡Como que las tengo subrayadas! Allí va el primero de esos ejemplos. Cuando Don Quijote exclama: “Yo, señores míos, soy caballero andante, cuyo ejercicio es el de las armas y cuya profesión es la de favorecer a los necesitados ... y acudír a los menesterosos!” ¿quien podrá negar que en esas palabras se descubre la raíz hispana de la actual versión que presenta a las Fuerzas Armadas como entidades de beneficencia en continua rivalidad humanitaria con las ongs que zascandilean por el mundo dedicadas a sus bondades?

Pero ¿acaso no exagera vuestra merced un poco?

No exagero ni poco ni mucho. Además, Don Quijote, aunque busque la camorra, y la camorra le busque a él y siempre le encuentre, pretende siempre contarse entre los amigos de la paz, igual que hay sucede con peleadores y camorristas de las más diversa laya, que siempre dicen andar en busca de la Paz, entiendo que la de su respectiva Paloma.Esta es otra idea pluscuampoderna que tiene su antecedente quijotil-

Preguntón.- Y Don Quijote ¿Es un pacifista?

Respondón.- Don Quijote lo que busca es la justicia, y a causa de ella está pronto a batirse con cualquiera. Es, pues, un justiciero, no un pacifista.

Lo que pasa es que no le gustan los retos y desafíos cuando se hacen sin ton ni son. Tampoco es amigo “de la cólera que sale de madre ni de la lengua que no tiene padre ni freno que la retenga.”

Otro detalle que hace que Don Quijote parezca pacifista es que no cree en la ofensas colectivas, de esas que, se dice, afrentan a todo un reino, a una ciudad entera, o sacan los colores a una provincia, lo cual es importante en el momento de hoy, en el cual con toda facilidad se insultan entre sí las autonomías de un lado y las autonosuyas del otro. Niega Don Quijote que haya que tomar venganza de esas llamadas afrentas colectivas porque no existen y por lo tanto, no hay la menor razón para tomarlas en serio. ¿Puede haber actitud más clara contra la mala costumbre de sociedades como la española de correr la pólvora cada treinta o cuarenta años, que es el plazo que daba don Manuel Azaña para bombardear Barcelona? Pero con todoesto, Don Quijote no es un pacifista.

Preguntón.-¿y qué opina Don Quijote del perdón?

Respondón.-Me temo que en esto Don Quijote no es nada laicista y sostiene una posición completamente de acuerdo a la prédica de la Iglesia que con esto sigue su costumbre de amargar al personal con sus mandamientos y consejos. La venganza es otro de los placeres que la Iglesia prohibe.

Don Quijote cree que se debe seguir la ley de Dios, que manda “que hagamos bien a nuestros enemigos y que amemos a quienes nos aborrecen; mandamiento que, aunque parece algo dificultoso de cumplir, no lo es sino para los que tienen menos de Dios que del mundo y más de carne que de espíritu”.Son palabras textuales.

Hoy estas cosas solo se atreven a decirlas algunos Obispos, y con la boca chiquita porque la cosa se pone torcida ante la opinión publicada que en ocasiones propina leña a la Iglesia para divertir al respetable y ver qué pasa, y en otras la manda callar para no perturbar a la audiencia. Los cristianos tienden, por ley divina y humana, a sosegarse, actitud polémica muy contestada y hasta sospechosa, por diferente de la conocida rabia contenida que es la que se tiene políticamente por correcta.

Preguntón.- yo a mi vez le tengo que contestar a Vuestra Merced con las palabras de Sancho: “El diablo me lleve; si no es Vuestra Merced teólogo de gran teología, sí que lo parece como un huevo, y no de gallina, al otro.”

Respondón. No lo niego, pero tampoco le doy importancia. Recuerde, Maese Preguntón, que, como dice el refrán, “De teólogo, puto y de loco todos tenemos un poco”.

Preguntón.- Ese refrán lo he oído yo de otra forma: “De músico, de poeta y de loco, todos tenemos un poco” ¿No lo tergiversa Vuestra Merced para poder meterse con los teólogos?

Respondón.-Créame, buen hombre, que no. Pero tampoco ha sido un descuido. Ocurre que cito de memoria igual que Santa Teresa, Henry Landrú y el General Franco. Y si esta explicación no le satisface, tómelo como un rebuzno mío. Todo el mundo tiene derecho a echar alguna vez alguno. Ya lo dijo Sancho, “que es pura necedad escandalizarse por oir un rebuzno” También es este un buen consejo para el día de hoy.

Tengamos el rebuzno en paz.

Preguntón.- Que aproveche. Y a más ver.

lunes, 10 de abril de 2006

Acerca del Nacionalismo Español

El nacionalismo español está hoy fragmentado en pequeños partidos de presencia imperceptible en nuestro sistema electoral. A ese nacionalismo parece atribuirse, con cierta ligereza y con sobrentendidos casi siempre peyorativos, el origen mismo de España como entidad política en el concierto de las naciones. Pero en realidad ¿que tiene que ver históricamente ese nacionalismo testimonial con los grandes nacionalismos de integración que tan importante papel desempeñaron a finales del siglo XIX en la formación y consolidación de Estados como el alemán y el italiano, sin duda dos de los principales Estados de la Europa de hoy?
Llamamos grandes nacionalismos de integración a aquellas posiciones ideológicas, culturales o de activismo político que, basándose en la ufanía de lo que se tiene en común y en la exaltación de los orígenes reales o supuestos de los grupos considerados, sirve o pretende servir, de cauce para una identidad colectiva mayor, satisfaciendo tanto la necesidad de afirmación de los individuos del común como la voluntad de poder de la minorías dirigentes.
Pues bien, conviene llamar grandes nacionalismos de integración a estos nacionalismos porque buscaban la unificación de grandes extensiones territoriales habitadas por colectividades humanas identificables en su relativa semejanza; numerosas, pero disgregados políticamente y diferenciados entre sí culturalmente aunque sin llegar a formas contrapuestas. Estas diferencias eran especialmente hondas en Alemania, no solo por las diversas tradiciones políticas, y por variedades idiomáticas y dialectales nada despreciables, sino por la divisiones religiosas entre protestantes y católicos, o, lo que es lo mismo, entre Iglesias Nacionales sujetas a los Estados particulares y la Iglesia Católica o Universal de disciplina apostólico-romana.
En Italia, menos las divisiones religiosas, se daban parecidas diferenciaciones en lo cultural y en lo idiomático, sin contar las divergencias marcadas por la historia entre el Norte, el Sur y el Centro de la península itálica.
Importa destacar que los grandes nacionalismos de integración buscan los trazos comunes; refuerzan, o trenzan cuando es necesario, los ligamentos; calculan el común denominador; descubren las convergencias posibles y las coincidencias fácticas; exploran los vasos comunicantes y los hilos conductores; minimizan las diferencias interpretándolas como complementariedades; elevan el horizonte común a una perspectiva de poderío, solidaridad social, riqueza, fraternidad, prestigio, que serán realidades cuando la unión se logre. Sobre esta base ideológica se unificaron Italia y Alemania,. en 1961-1870 y 1871, respectivamente.
Los grandes nacionalismos de integración necesitan patrones a los cuales ajustarse. Estos patrones deben cumplir con la doble exigencia de ser a la vez ideales y programáticos. Para los alemanes del siglo XIX, el patrón fue el reinado de Carlomagno. Para los italianos, de ese mismo siglo, era el recuerdo de Roma y la gloria artística y cultural del Quattrocento, aunque la floración de éste se hubiese dado en una Italia fraccionada.
Hay que hacer un último hincapié: los grandes nacionalismos de integración son fundamentalmente constructivos. Tratan de edificar realidades políticas complejas y grandes sobre una realidad cultural poderosa pero disgregada a la cual precisamente los nacionalismos ponen en valor político.
Pero acontece que al lado de estos ejemplos paradigmáticos que son el Estado Alemán y la Italia unificada, surgidos a finales del siglo XIX, otros grandes Estados de Europa han encontrado su unidad en un contexto distinto y no deben su existencia a los grandes nacionalismos de integración. Estos Estados son España, Portugal, Inglaterra y Francia.
De los cuatro, Francia tiene connotaciones específicas porque el concepto de Estado-Nación, que eclosiona con la Revolución Francesa, lo hace actuando en el seno de una realidad previa: la unidad básica cultural y administrativa conseguida ya por la Monarquía del Antiguo Régimen
Pero volvamos al caso de España que es la que de momento nos interesa directamente. Sucede, decíamos, que el Reino de España es un producto del Antiguo Régimen. Nace, de hecho en la época de Carlos I. ¿Nos atrevemos a llamar Reino de España a la España de Fernando e Isabel, unida sólo y todavía por vinculaciones medioevales? En todo caso, conviene recalcar que la España que surge bajo Carolus Caesar, no debe su existencia a ningún partido nacionalista o a ningún movimiento cultural de esa tendencia, sino a decisiones políticas tomadas por quien podía tomarlas en una época en la cual ni el demos ni el sufragio existían en su sentido actual. Los partidos nacionalistas, como los movimientos culturales de esa inspiración, son producto propio de una época, el romanticismo, en la cual el conjunto de la población -y no solo los notables o primates-, comienza a tener importancia política y cuando la instrucción empieza a ser un reto que los Estados asumirán como propio. Recalcando, el empuje a la unidad por demás sui generis que España logra, no procede de ningún partido político ni de ningún movimiento cultural propiamente dicho, aunque la unanimidad de los juristas y demás curiales le sirva ciertamente de sólido soporte teórico. En el nacimiento de España, no hay partidos nacionalistas; y no se trata de decir que estos no acudieron a la cita, sino sencillamente que no pudo haberlos y por eso tampoco pudieron estar presentes.
Reparemos en un hecho: las formaciones que pueden merecer el nombre de nacionalismo español surgen con retraso de siglos respecto a la existencia de España y tardíamente también respecto al calendario europeo de los grandes nacionalismos de integración.
Refresquemos un poco la memoria. Las “Juntas Castellanas de Actuación Hispánica surgen en 1931, las“Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”,también en 1931.Falange Española, en 1933. De sus fundadores, cuya influencia es vital para cualquier organización, todos morirían en el año 1936: uno en combate, los otros dos, pasados por las armas en las cárceles de la república.
Incluso una iniciativa intelectual, la revista “Acción Española”, a mi juicio la de más calidad intelectual en su sector, surge en 1931, nada menos que a ¡23 años, veintitrés! de la fundación de “L ´Action Française”, su modelo.
Para cuando surgieron estas formaciones nacionalista españolas, los grandes nacionalismos de integración, que tan eficazmente habían funcionado en Europa, logrando formar en las últimas décadas del siglo XIX, grandes y potentes estados nacionales como Alemania o como Italia, ya habían sido sustituidas por formaciones muy distintas en su fondo y en su operatividad. Fue el fenómeno de la aparicion de los nacionalismos agresivos o de expansión –el Fascismo y el Nacional Socialismo-, en los cuales, las ideologías de refuerzo e incluso los espejismos de enganche habían tomado importancia singular desplazando a un segundo o tercer término los sentimientos y las actitudes adunantes propios de los nacionalismos de integración. Parafraseando a Ernesto Eco, podríamos decir que de la rosa inicial de los nacionalismos de integración europeos, en las décadas de los veinte y los treinta del siglo XX, cuando nacen los nacionalismos españoles, solo quedaba ya el nombre.
Pero, junto al nombre -y acaso el perfume desvaído de la rosa-, quedan también en el aire algunas preguntas ¿Qué fue, pues, el nacionalismo español?¿Que diferencia y qué semejanzas tiene con los nacionalismos de expansión que fueron sus contemporáneos en Europa?

sábado, 1 de abril de 2006

Perdón y Venganza

El perdón está presente de una forma señera en el horizonte cristiano. Y no solo porque el perdón sea mandato del mismo Jesucristo, sino porque éste no impuso límites ni barreras a su práctica. La respuesta a la pregunta ¿Cuántas veces se ha de perdonar? es muy clara:”hasta setenta veces siete”. Con el símbolo del número queda establecido el carácter ilimitado de las posibilidades de perdón.

Y hay que subrayar que perdonar, con ser tan difícil, no se plantea como un buen consejo, como una hermosa posibilidad, como una conducta recomendable y piadosa que sólo algunos selectos pueden llevar a la práctica.

No. El perdón para el cristiano tiene todos los rasgos de lo obligatorio, de lo que corresponde a todos, del más grande al más pequeño. Hay un perdón sacramental y un perdón convivencial y cotidiano. Para éste último, la propia Oración Dominical, texto sencillísimo y claro con el cual Jesús quiso enseñar a orar a sus discípulos, señala el perdonar a los enemigos como paso previo para obtener del Padre el perdón de los pecados personales. A su vez, pedir perdón a los demás por las ofensas inferidas o por el daño infligido, es lo que se debe hacer para que las ofrendas de los discípulos sean aceptadas por el Todopoderoso: “ve a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a presentar tu ofrenda”. Y que conste que aunque sean los cristianos quienes poseen la doctrina y la praxis del perdón, eso de perdonar no es asunto que corresponda exclusivamente a aquellas personas que han asentido en la fe. Hay un perdonar del cual no se libran ni los ateos más redomados: el que consiste en echar un velo piadoso sobre los propios defectos para no terminar odiándose a sí mismo.

A la hora de otorgar el perdón convivencial y cotidiano, el perdón nuestro de cada día, en el horizonte cristiano no entra en consideración si el perdón ha sido previamente solicitado o si el ofensor merece el perdón que se le otorga. Para perdonar no se contempla contrapartida alguna. No se exige ningún requisito. No se fija ningún precio. No se implanta ninguna condición. El perdón ha de darse gratuitamente.

Esto eleva el perdón a la altura de señal distintiva del Cristiano. Como lo es el Amor, como es la Cruz Porque, el perdón corresponde a ese mandato superhumano de amar a los enemigos. Y porque, en cuanto perdonar es un acto difícil -para el que se necesita fortaleza, que es don del Espíritu Santo- el perdón forma parte de la cruz que los seguidores tienen que llevar sobre sus hombros si quieren ir tras las huellas del Maestro. El cristiano puede darse por advertido: “Si vuestra Justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrareis en el Reino de los Cielos.”

El perdón cristiano no puede confundirse con una medida tardoeducativa. No va encaminado a enderezar la conducta del otro, ni asegura su reinserción social, caso de que la ofensa fuese de naturaleza delictiva. El perdón no pretende conmover el corazón del ofensor, ni mira a lograr su rehabilitación moral, aunque ésta eventualmente se logre como sucedió con el escritor Dostoyiewski, perdonado por su mujer cuyo capital dilapidó en la mesa de juego, y ese perdón le hizo reflexionar sobre la vileza de su propia conducta hasta el punto de no volver a jugar el resto de su vida.

El perdón tampoco espera influir sobre el clima de opinión. No se trata de una actuación en el campo de las relaciones públicas, ni de una medida de agitación y propaganda. Para perdonar, basta con una decisión sincera que no precisa exteriorizarse. El perdón no se otorga mirando a la galería. Aquí también muestran su virtud las palabras que recomiendan “que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”; como también aquello de que “el Señor, que mira en lo secreto, te recompensará”

El perdón no es el fruto de una componenda, ni es el resultado de un toma y daca. El perdón es un don gratuito que una persona decide otorgar a otro en el plano de la propia conciencia. Es, valga la redundancia, un per-don. Sabiendo que la partícula per tiene en latín el sentido de completud, de algo hecho a fondo, de lo que es asumido por entero, de lo que se quiere con todas sus consecuencias..El perdón es ante todo un don, un regalo desinteresado, una donación sin contraprestación alguna.

Perdonar contradice la tendencia natural a la venganza que anida en el corazón del hombre. Reparemos en un hecho: las películas y series de vengadores o “justicieros” tienen el éxito asegurado en todas las latitudes del globo. En muchos de los países de nuestra estirpe, el espíritu de venganza contra las guerrillas de los frentes de liberación, fomentó la creación de bandos particulares que terminaron siendo llamados “formaciones paramilitares”, aunque tenían mucho más que ver con la gran propiedad que con los militares. Aquellas mesnadas irregulares ejercían la venganza inmisericorde. Sus hazañas eran el trabajo sucio e inevitable, aplaudido por muchos demócratas de toda la vida. Ese es el lenguaje natural del hombre para la resolución de los conflictos sangrientos: la fuerza es vencida por otra fuerza. En países con Estados nacionales tan solo aparenciales, al no haber fuerza legal suficiente para reprimir el mal, o carecer de políticos capaces de asumir papeles impopulares, la gente se conforma fácilmente con la fuerza bruta. No nos engañemos, la sangre no asusta a nadie mientras no se llega a dar un resbalón en sus rojas viscosidades.

El ansia de desquite está marcado a fuego en la caída naturaleza humana. Las crónicas de sucesos están llenas de historias de venganza. La Historia grande también. Y las redacciones. Y los despachos de Gobierno.Y los estudios de televisión. La venganza es lo que primero apetece ante cualquier agravio, por mínimo que sea. En la vida privada, el espíritu de venganza, en su versión más mezquina, es el contrapunto de la vida de muchos hogares que sólo lo son de nombre, y de situaciones que ni siquiera han pretendido pasar por hogareñas. La venganza es una pasión primaria ante la cual el hombre, en lo que tiene de animal racional, no se encuentra con muchas ganas de defenderse Y digo lo de animal racional porque la venganza se presenta fácilmente como el medio para restituir el orden que la razón anhela.

Por eso, el perdón aparece ante nuestros ojos como una perla rara. Como un tesoro tan rico que se antoja increíble. Por eso hablar de perdón suena, de primas a primeras, como una cosa de otro mundo. O acaso como un truco adormecedor. O como una mentira interesada. Si todo lo que aquí se ha dicho acerca del perdón le parece a alguien ridículo o utópico, lo más probable es que ponga en duda el valor moral del perdón y, llegado el caso, es más que probable que no estaría dispuesto a otorgarlo.. Que nadie se asuste ni se ofenda; estamos hablando de moral, pero también de algo que supera a lo simplemente humano. Y la venganza es lo humano.

Por eso dice mucho a favor de un estamento, de un pueblo o de un grupo atacado reiteradamente a lo largo de años, el hecho de que ante ofensas palpables, ante muertes y extorsiones contínuas, haya confiado, para zanjar las cuentas, en la acción legal de las fuerzas públicas y de la justicia. Confiar en la justicia legal no es el perdón, pero ha sido el medio de que una beligerancia sangrienta no se haya convertido en guerra de verdad, que la generación actual sólo ha visto en películas. El perdón es actitud congruente con el sentido radical de las vidas humanas. El fiarse de las instituciones es congruente con los principios de la civilización tan difícilmente elaborados y tan precariamente asimilados. Vale la pena pensar un poco en esto para no avanzar a ciegas.

No hubiera mencionado la venganza si no favoreciera, por contraste, lo que he dicho del perdón. Porque, en definitiva, el perdón no anula la venganza sólo la deja en manos de Dios, que al contrario que el hombre, es Justicia y es Misericordia. Lo dice la escritura:”La venganza es de Dios” Y perdonad lectores, porque estoy escribiendo de cosas que es difícil entender y ver.