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lunes, 22 de diciembre de 2003

En Voz Baja

Padre nuestro que estás en el cielo, para ahorrarnos el esfuerzo inútil de adorar a los árboles frondosos, a los ríos caudales, a las fuentes risueñas, a las oscuras cavernas, a los montes altos o a las peñas de formas caprichosas, donde la estirpe de los hombres creyó durante milenios encontrar dioses a su gusto y medida.

Que estás allí para que no te identifiquemos con los leones rampantes, las águilas en vuelo, los osos, los lobos, las panteras y cuantos animales hay feroces y bellos a los que en tiempos antiguos se tomaba por seres divinos y que aún hoy en día reciben homenaje en blasones y en banderas como totems que no han sido derribados.

Que estás en lo Excelso para que no te confundamos con las fuerzas desconocidas de la Naturaleza o con energías sutiles de nuestro propio organismo, ni te tomemos por resultado del progreso inmanente del individuo o de su afirmación psicológica. Y para que no perdamos el tiempo buscándote en los estados de conciencia alterados por las drogas, por rituales mágicos o por invocaciones a oscuras Potestades.

Creador y Padre, que estás en lo Alto para dar consuelo y ánimo a los progenitores agobiados de la Tierra , ante los cuales el hijo es a veces mero producto de la fatalidad biológica que no han podido o no se han atrevido a evitar.

Padre Eterno que estás en el cielo para que no confundamos el amor que a nosotros nos pides a cambio del tuyo, con la sumisión que para sí exigen los jefes ilustres, los insignes caudillos, los héroes gloriosos, los capitanes invictos, los implacables libertadores y los políticos amigos de recolectar votos, aplausos y adhesiones. Y para que nuestro amor a Ti no se quede en el tributo de admiración que para sí solicitan los inventores, los artistas y poetas; o los grandes empresarios, los banqueros y demás próceres del capital y del dinero, expertos en la multiplicación de la riqueza.

Que estás allí, en lo Alto, para que te sepamos distinguir de nuestros propios sueños, anhelos y ambiciones y de la inquietud de nuestra propia psique. Y para que no hagamos recaer sobre la pobre imagen que de Ti nos formamos, y que hacia Ti nos atrae, la sospecha de ser mero producto del delirio de nuestras mentes o de nuestros encubiertos terrores.


Santificado sea tu nombre, en nuestros proyectos y en nuestros actos. Así te lo pedimos para que cuantos te invocamos acertemos a hacer bien la tarea que a cada cual nos has encomendado. Para que nuestros trabajos y empeños sean expresión fiel de docilidad a Tu Gracia. Para que todo cuanto hagamos sea obra buena, obra noble, obra generosa, obra santa, de acuerdo a la genealogía de la que presumimos, porque por eso queremos ser llamados hijos de Dios.

Para que, a través de nuestras acciones y nuestros esfuerzos pueda ser sin reservas bendecido tu nombre. Y para que todos puedan llegar a entender por lo que hacemos, que Tú eres el Amor, la Alegría , y la Luz ; el Camino, la Verdad y la Vida.

Para que los vencidos, los que han renunciado a la lucha y la multitud de los que andan perdidos en los meandros de su propia existencia sepan por nosotros que hay Amor para ellos también.


Venga a nosotros tu Reino
, porque las monarquías y repúblicas, los cantones y etnarquías, las mancomunidades, las uniones, los partidos y movimientos, las federaciones, confederaciones y autonomías, como todos los núcleos en los cuales cristalizan el poder y el orden donde buscan prosperar los grupos humanos, no son capaces de encarnar la plenitud divina del llamamiento cristiano ni alcanzan a librarnos de nuestra ferocidad de depredadores, de nuestra voracidad de omnívoros, de la insaciabilidad de nuestras ambiciones, ni de nuestra capacidad de hacer y de planear el mal, que es el molde donde reciben forma nuestros pecados personales y la matriz donde se conciben las estructuras que perpetúan la iniquidad sobre la Tierra.

Y para que entendamos que tu Reino de Verdad y de Vida, de Santidad y de Gracia, de Amor, de Justicia y de Paz, al que debemos tender con nuestras trabajos y nuestras intenciones es, en definitiva, regalo que recibimos de Ti, y que está muy lejos de ser el merecimiento de nuestras precarias virtudes, la conquista de nuestra desfalleciente combatividad, la creación afortunada de nuestra inteligencia dubitativa o el efecto calculado de nuestros proyectos y afanes.


Hágase tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo
, porque sólo Tú eres el Señor de todo cuanto existe y nosotros somos tan solo administradores, cuando no meros espectadores inconscientes de la obra de tu Amor.

Porque nada es completo ni llega a su perfección sin Ti. Y para que sepamos admitir, sin darnos por agraviados, que nosotros, creados para asemejarnos a Ti y en postura enhiesta que mira hacia lo Alto, en nada quedamos sin la pauta y la regla que tu Amor propone para guiar nuestras voluntades y elevar nuestros afectos: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al próximo como a ti mismo” Y, en consecuencia, para que acertemos a auxiliar, con gesto y corazón de hermanos, a todos los hombres comenzando por los cristianos en persecución, en necesidad o en apuros.


El pan nuestro de cada día dánosle hoy para que, sabiéndonos sustentados por Tu providente bondad, no acumulemos ciegamente el dinero en nuestros bolsas o carteras, en nuestras cuentas o en nuestras cajas fuertes.

Para que no demos a las riquezas empleo excluyente, haciendo aún más difícil el mal comer y el precario vivir del pobre.

Para que, libres por la confianza en Ti, del temor hacia el futuro, no provoquemos la escasez ni elevemos los precios arteramente.

Para que no invirtamos nuestro dinero en empresas perversas, en empeños impíos, en publicaciones mentirosas o salaces, ni transijamos con designios feroces y finalidades sangrientas aunque supongan ventaja material para nosotros.

Para que seamos capaces de rehusar sobornos y cohechos, comisiones y mordidas y logremos expulsar semejantes actuaciones de nuestros tratos y contratos.

Para que pidiéndote a Ti el pan con humildad, recordemos que por nosotros mismos no somos capaces de asegurar nuestros días, cuyo número y término ignoramos.

Para que el temor a los tiempos inciertos no nos lleve a depositar nuestra confianza en la riquezas. Y si estas afluyen a nuestros negocios e inversiones, o a nuestro trabajos y empeños, no pongamos nuestro corazón en ellas.


Perdónanos nuestras deudas y nuestras ofensas, porque estamos continuamente en números rojos en todas las rúbricas de nuestra complicada y opaca contabilidad.

Para que no tomes en cuenta la ofensas que te hacemos con nuestro mirar interesado de mercaderes, con nuestras mentiras y adulaciones de vendedores con prisa, con nuestros hábitos de malos pagadores, con nuestra avidez por las riquezas y nuestra tacañería con las causas nobles que requieren nuestra ayuda.

Perdónanos nuestras deudas porque necesitamos de tus inagotables líneas de crédito para salir a flote de nuestra indigencia espiritual y porque dependemos en todo de tus remesas de gracia inagotable y de las moratorias que sólo Tú puedes declarar.

Y en cambio te ofrecemos, con tu ayuda, ser clementes con nuestros deudores, perdonar a los que nos ofenden, amar a nuestros enemigos, y dar prestado a los que no nos pueden devolver, prolongando, en una cadena interminable, toda la piedad y la generosidad con que Tú nos favoreces. Para abarcar a todo el mundo, como Tú nos pides, en un lazo benigno de fraternidad, comenzando por los que están más próximos a nosotros y a los cuales la rutina de todos los días presenta como los menos necesitados de nuestro perdón, de nuestra comprensión y de nuestro auxilio. Y para que recordando que el Amor que nos pides es devorador como el fuego vivo, no intentemos esconderlo en el rescoldo de los buenos propósitos ni enfriarlo bajo las cenizas de los primeros fracasos.


Danos, Padre, valor frente a las tentaciones, para que nos esforcemos por encontrar en el arca de la Sabiduría respuesta a las ideas que nos confunden y extravían.

Para que no transijamos ante el mal que nos seduce o nos abruma.

Para que no caigamos en los abismos que nos fascinan y no cedamos ante los rijos que nos quieren tiranizar en cuerpo y alma.

Para que no seamos absorbidos por las obsesiones que nos quieren arrastrar a la desesperanza, ni hundidos por el pesimismo que nos induce a sentirnos abandonados a nuestra propia suerte o imposibilitados de conseguir algún día la virtud que anhelamos.

Para que no sucumbamos al orgullo, ese espejo deformante que nos devuelve una imagen que nos simula soberanos sobre el bien y el mal, y nos adula con la falsa corona de dominadores de nuestros hermanos y tiranos de los seres creados.

Para que, vencedores del desaliento, acertemos a cumplir con nuestro quehacer sobre la Tierra y consigamos llegar a la vejez trabajando sin parar bajo el Haz de Tu mirada.

Y para que recordemos que no estamos solos en la lucha que tenemos que librar en el campo que Tu nos has señalado por medio de las causas segundas detrás de las que te ocultas para no segarnos con tu esplendor.


Libranos, en fin, de todo mal en lo físico y lo moral, en lo intelectual y en lo psíquico para que, sirviéndote con un cuerpo sano, entero y bello, con un alma buena, con un ánimo fuerte y generoso, con una mente serena iluminada por la Verdad y un corazón caldeado por el Buen Amor, podamos gozar de Tu visión y de Tu proximidad cuando nos llames del mundo a Tu Presencia. Amen.

Te lo pedimos porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria. Y lo hacemos en el nombre de Cristo porque no nos ha sido dado otro en el que podamos ser salvos.

miércoles, 10 de diciembre de 2003

Los Poderes Audiovisuales

En las sociedad de difícil y compleja vertebración como es la española las emisoras oficiales de televisión desempeñan un papel articulador de primera importancia.

Ellas ejercen el papel de vectores para la formación de núcleos temporales de opinión coincidente que facilitan las labores respectivas del gobierno central y de los gobiernos autonómicos, cada uno en su desempeño.

Ellas son las que más contribuyen a movilizar la opinión clientelar que de otra forma permanecería en la cómoda pasividad adhesiva. Ellas son las que impulsan a juntarse en un apretado haz de simpatía y afirmación vernácula a las fidelidades orgánicas que crecen en torno a los plexos regionales, allí donde estos existen. Ellas son las que mejor saben conjugar una realidad dispar y heteróclita que parece negarse a toda vertebración espontánea.

Ellas, las emisoras públicas son las que, troceando en porciones digeribles la indigesta manzana de la discordia política, prestan un vago parecido agridulce y familiar a las acciones y a las intenciones políticas de este mundo ibérico, a la vez vasto y aldeano. Ellas las que dan marchamo, marbete y label de cosas serias, tremendamente serias, a los planes mal bosquejados o bosquejados a trancas y barrancas, que surgen en nuestro medio.

Ellas son las que dan ocasión a que se produzcan las acciones coherentes necesarias para que el entramado autonómico no quede a las primeras de cambio disgregado por las fuerzas centrífugas.

Ellas son las que refuerzan en los usuarios de cada autonomía la sensación de aislamiento y suficiencia grupales; ellas las que con mejor éxito consiguen la acentuación de los intereses micrográficos en la noticia y en su tratamiento informativo. Ellas son las que renuevan en el usuario la sensación de libertad individual, dándoles la posibilidad de elegir dentro de un conjunto de variedades y amenidades que desempeñan en nuestra época el papel exutorio y catártico de los antiguos juegos circenses, ayudando así a las tareas de gobierno tanto como a las de desgobierno. Ellas son las que abren aliviaderos a las frustraciones, inquietudes y fobias individuales que, si confluyesen en un solo cauce colectivo, pudieran llegar a formar una corriente de fuerza arrolladora.

Para todo eso están las televisiones públicas. Al menos hasta ahora no han demostrado que se desempeñan mejor en cualquier otra cosa. Y está bien que estén para lo que están, pues las circunstancias particulares del Estado de las Autonomías hacen que las instancias oficiales, tanto centrales como periféricas, necesiten de este apoyo sutil y al mismo tiempo poderoso que palía, al menos en parte, las complicaciones propias de una sociedad de problemática identidad y de articulación difícil, encima abocada a navegar de acuerdo a un software cuajado, como es fama, de anfibologías que cada uno se siente inclinado a interpretar a su manera.

Pero la condición de pública no da a ninguna televisión patente para saltarse a la mediática –que es forma más disimulada que a la torera-, las normas que se supone debían regir su actuación. Por ejemplo, me imagino que las televisiones públicas –tanto centrales como periféricas-, debían ser las que más en serio se tomasen aquello de que constituyen un servicio público lo cual es algo distinto de constituir una fuente de servicios para los partidos políticos.

Y para mí hay otra obligación que debían asumir con más claridad tanto las cadenas estatales como las autonómicas: el cumplimiento de la normativa relacionada con el respeto a la infancia y a la juventud, y también, porqué no decirlo, a la dignidad de la mujer cuando va más allá de las proclamas genéricas referentes a la igualdad laboral con el varón y a la necesidad de proteger a los mujeres mal tratadas.

Confiar sin más en las promesas que al respecto hacen los profesionales de la televisión, sabiendo lo poco que pintan en comparación a los políticos que se sirven de ellos, es una de las ingenuidades mayores que puedan producirse.

Igualmente lo es esperar que tal o cual Código Deontológico destinado a regular la actuación de las emisoras, se implante por sí solo y como por arte de Birlibirloque, quiero decir por obra, gracia y cortesía de las propias entidades afectadas. No digo que eso sería como poner de vigilantes jurados del comercio a una banda de ladrones, pues estaría formulando un juicio temerario y un insulto, pero sí sería como emplear de vigilantes del queso a los mismísimos ratones.

Cabría acaso esperar a que todos los padres de familia en un frente solidario respondiesen con energía y dignidad al abuso continuado a que vienen siendo sometidos sus hijos menores por los poderes audiovisuales del Estado o de las Autonomías poco dispuestos a cumplir las normas de protección de la infancia y de la juventud.

Pero ¿No sería ésta otra ingenuidad? Es una triste verdad que los padres y las madres como tales no tienen poder social de ninguna clase, y están perdiendo incluso el de reaccionar en defensa de sus propios hijos. Esto sucede porque, siendo víctimas en un aspecto concreto –se machaca moralmente a sus hijos menores-, no lo son, sin embargo en otros puntos muchos más tangibles y, por consiguiente, difícilmente serían capaces de discernir su propia situación de víctimas en un grado tal que pueda llegar a tener significación política. Y porque, siendo víctimas en materia que no deja por eso de proporcionarles alguna satisfacción –la televisión, sea cual sea su contenido, entretiene a sus hijos- , no están dispuestos a renunciar a la ventajilla que eso supone. Sencillamente han entregado a sus hijos en brazos de la mala niñera o, si quereis, de la “au pair” perversa. Y siguen tan contentos tragándose todo lo que le echan y dejando que lo mismo traguen sus hijos.

-Pero oiga- contesta una conciencia enardecida : ¡ No dice Ud. nada de las televisiones privadas! Cierto, pero las privadas están planteadas como negocio y los negocios, ya se sabe, no obedecen sino a las inquebrantables leyes del mercadeo y de las audiencias. Negocios son negocios, caiga quien caiga. Y claro que caen los euros en caja y las conciencias en la neblina axiológica más completa. Los negocios de la información forman parte del gran retablo de la nueva y falsa sacralidad. Salud.

viernes, 5 de diciembre de 2003

Las Tesis de Assad Baruch

Un extenso y variado mensaje de mi viejo amigo Assad Baruch * me permite hilvanar, en mi convalecencia de enfermedad de etiología desconocida, las ideas que van a continuación.

Le extraña a mi amigo que los españoles expresen una posición sesgada contra Israel y los Estados Unidos, en contraste radical con la postura del actual gobierno Aznar que sigue a pie juntillas las ideas de Kissinger: a USA le basta con la Isla –se supone que Inglaterra-, y una Península en Europa para dominar los problemas de poder en esta parte del mundo.

“Este descalco, aparentemente tan nítido, entre lo que el gobierno hace y la opinión publicada expresa –opina mi amigo Assad Baruch-, no obedece a criterios claros. Mas bien es el producto de una universal confusión en la que unos pretenden decir que ¡no! donde el Partido Popular ha dicho que ¡sí!. Otros han creído encontrar una salida fácil a la necesidad comunista de seguir siendo fiel a sus fantasmas antiamericanos. Para mayor INRI, a los comunistas revenidos se juntan católicos renovados dispuestos a descargar zurriagazos con el doble látigo de la opción por los pobres y la enemistad –supongo espiritual-, contra los Estados Unidos como país que ostenta el sesenta por ciento de la riqueza del mundo. Y hay que contar además con los socialistas que quieren optimizar la expresión de su antiimperialismo residual, y con cierta derecha nostálgica y poco realista que no ha olvidado la derrota militar y política sufrida por España frente a los Estados Unidos en 1898, cuando se perdieron Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas.”

La verdad, pienso, es que hasta aquél momento aciago España se consideraba aliada de Inglaterra. Pero ni siquiera le fue concedido emplear el canal de Suez para abreviar el largo viaje al Lejano Oriente, mientras la flota americana aguardaba refugiada en la base Inglesa de Hong Kong el momento propicio para caer sobre las islas Filipinas. Fue una derrota militar en toda la regla y una humillación diplomática que varó a España durante décadas en el bajío de la inopia en todo cuanto se refiere a relaciones internacionales.

Pero volvamos a la tendencia pro-árabe que preocupa a mi amigo Assad Baruch. “De ella, sostiene, no están excluidas las instituciones públicas que como televisión española y las televisiones autonómicas son vectores principales de opinión. En esos canales, se equipara cotidianamente al terrorismo islamita con la resistencia contra los nazis que está en la raíz de la filiación democrática de países tan importantes e influyentes como Francia.. A juzgar por sus pantallas públicas, y en contra de la posición del Gobierno, los españoles de todos los calados e intensidades ya han escogido el bando de los árabes para militar en esta contienda que apenas ha comenzado.“

“Y esto no deja de ser una paradoja, mírese por donde se mire. ¿Cómo puede ser simpatizante de la causa del turbante un conjunto disparejo en todos los sentidos que en lo profundo de su ser popular siga despreciando profundamente a los “moros”? Aunque con diferentes expresiones, esto es verdad desde el Campo de Gibraltar hasta el puente de Santiago, de Irún. En Andalucía, lugar donde han ocurrido los incidentes más graves entre lugareños y neopobladores marroquíes y argelinos, y donde las autoridades no pierden comba cuando toca adular y homenajear por todo lo alto a los jeques del petróleo, sigue teniendo plena vigencia popular la expresión de “me cago en los moros”, lo cual sin duda es muy ofensivo para los aludidos de manera tan asquerosa; pero; bien mirado, tampoco es mucho para lo acostumbrado entre españoles en materia de defecaciones despectivas, porque en el Norte reservan tal lindeza nada menos que al Innombrable y se quedan tan anchos.”

“Los judíos tenemos mejor suerte –sigue diciendo Assad Baruch-. Y no es que la necesitemos. Hay muchos más españoles con cara de hebreos que españoles con cara de moros o árabes, con lo cual podemos pasar mucho más desapercibidos. Y ud. amigo Chavarría, que iba para antropólogo y se quedó en otra cosa que tampoco es manca, me es testigo de que ud. mismo se complace en llamar “pequeños sefarditas” a los españoles con facies hebraica. Sin embargo, hay también muchas personas de religión judía, algunas pertenecen al círculo amistoso de Ud., a las cuales ningún antropólogo podría clasificar como semitas. ¿Y qué decir del nivel de educación y del nivel profesional o económico de los hijos de Abraham de Isaac y de Jacob? La pequeña diáspora de judíos argentinos en España es sencillamente de alta calidad humana y cultural y, encima, emplea, con más gracia, el mismo idioma que los nativos. En conjunto se puede decir que los judíos de sangre o de religión que hay en España son lo suficientemente cultos y ricos como para que no les alcancen los codazos de nadie, y que su número es tan exiguo que resultan indetectables para la clase media que sabe leer que es el medio social en el que se suelen originar los problemas contra los judíos y, en general, los conflictos catalogados como étnicos.”

“Lamento que por motivos de salud se haya frustrado su viaje a Dallas, se lamenta mi amigo. Me consta –dice-, que Steve había organizado todo un festival tex-mex, y que John, agradecido por los pacharanes y Cardenales Mendozas que le envió Ud., había hecho acopio de los mejores tequilas para combinar las mejores “margaritas” y las especialísimas “carlotas” que muchos texanos, amigos como él de las energías limpias, han adoptado como bebida de iniciados.”

“Espero que la dolencia que le ha impedido rendir viaje a Texas no pase de ser un alifafe más entre los muchos que propina el calendario. Confío en que la naturaleza física de ud., propia de la “raza cósmica” que decía aquél, sabrá sobreponerse a todo lo sobreponible en materia de malatías sin tener que recurrir a pócimas y bebedizos, viscosidades inyectables, percolandas de naturaleza química agresiva o acabaduras de laboratorio industrial. Quédese, pues, si puede, con sus bolitas, digo las de la Homeopatía , y con la eterna receta de “agua y ajo”, que es dura, pero nunca ha producido enfermedades yatrogénicas.”

“Me hace gracia y me da tristeza lo que me cuenta de Toledo, ciudad que no visité en mi último viaje a la Península. Me da grima pensar que acaso los responsable traten de dar un aspecto Oriental a las laderas que miran al Tajo sembrando allí magueyes, yucas, chumberas y otras plantas de la altiplanicie mexicana y del desierto de Sonora ¡Qué ignorancia o qué descuido¡ Lo propio serían las rosas, los nardos; los arrayanes; las adelfas, los granados. ¿No podía hacer algo nuestra común amiga la señora de De Laurentis, que es tan experta jardinera como conocedora de la Historia ?” , concluye Baruch.

P.S. En rápida comunicación con la señora De Laurentis, ésta me contesta que de la lista de plantas orientales sugerida por Baruch habría que borrar el nardo, que fue introducido posteriormente en España y no pudo estar presente en la Toledo de las tres culturas ni en ningún lugar de la España Medioeval. Esto se llama hilar fino. Me quedo de piedra. ¿En qué queda “el alma de nardo del árabe español”del bueno de Machado? Tengo que documentarme más..

* Assad Baruch es nombre íntimo que no trasciende al terreno de la identificación social.