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lunes, 29 de diciembre de 2008

Signos y los Significados

No andamos escasos de signos, sino ignorantes o extraviados en materia de significados. Un día de estos, el joven mensajero de una transpaquetería que hubo de entregarme un bulto en casa, se presentó ataviado con una chaqueta corta de símil-piel que imitaba en todo -menos en la svástica, que había sido sometida a un cuidadoso maquillaje- a la que llevaban los pilotos de la Luftwaffe en tiempo de Hitler. Le comenté al mozo las características de esa prenda. Asintió el joven, pero por la deriva de la breve conversación comprendí que no tenía la menor idea de lo que llevaba encima. Términos como Segunda Guerra Mundial, Luftwaffe, etc, eran ya menciones que no pertenecían a su mundo conceptual o terminológico. Sucede con frecuencia hoy: los signos que circulan merced a una superabundante oferta comercial, no son identificables para quienes los portan o exhiben, pese a que los mundos que subyacen tras ellos no están propiamente muertos.

Lo que pasa con los signos gráficos o plásticos, pasa también con los signos gestuales. Pensemos en la lluvia de arroz que recibe a los contrayentes a la salida del templo o del juzgado en muchas bodas de ahora. ¿Es que realmente se les desea a los contrayentes una fecundidad semejante a la que sugiere ese cereal que ha servido durante milenios para alimentar las poblaciones de los países del Asia? Claro que no. Tal planteamiento no tendría sentido en el contexto de repulsa a la reproducción que predomina hoy entre los pueblos de raza blanca. Tirar arroz a las parejas que se casan es un signo gestual que los occidentales han recibido de una antigua costumbre china. Costumbre, por otra parte, que ni siquiera es tan antigua y acaso ni siquiera propiamente china, pues surgió en el China Town, de San Francisco de California, y su origen no se remonta más allá de la primera década del siglo XX.

En resumen, que se tiran los puñados de arroz en las ceremonias de boda sin saber muy bien de que va la cosa; porque puede incluso que los contrayentes ni siquiera estén dispuestos a engendrar hijos de su propia sangre, o biológicos, como se dice hoy. El camino mental que por vía de analogía llevaba desde el arroz, cereal que se multiplica por mil, hasta la fecundidad humana, ha desaparecido bajo el torrencial aguacero de un contexto mediático y de un paisaje social y mental muy diferente de aquél en que se originó tal camino. El signo, valga la redundancia, ha perdido su significado.

Pero ¿ha desaparecido de la mente humana el ideal de fecundidad? Ni mucho menos. Mucho más que simples rescoldos parecen quedar de él, porque, miradas las cosas de cerca, una fecundidad vicaria o de sustitución es buscada por la vía de la adopción de un niño -puede que de una chinita precisamente-, e incluso, y merced a las extrañas paridades a que nos quiere acostumbrar la cultura apisonadora de hoy, acogiendo a un perrito u otra mascota abandonada como si de un hijo se tratara. O sea que el anhelo de fecundidad no está propiamente muerto, aunque ahora las cargas físicas y biológicas de la maternidad hayan sido transferidas a las exigencias legales y a las complicaciones burocráticas que toda adopción o todo acogimiento animal lleva consigo.

También las numerosas fiestas de este mes de diciembre guardan signos cuyos significados quedan a veces ocultos por nuevas vigencias. La Navidad se ha convertido para una parte de la menguante población nativa, en la fiesta de invierno, en la temporadilla del esquí y de la nieve. En muchos ambientes la Navidad ha perdido su condición de fiesta familiar. Además, muchas personas y empresas felicitan a su clientela con un ¡felices fiestas! mondo y lirondo, evitando de propósito los términos Navidad y Pascua.

Y tienen toda la razón si quieren ir de laicistas, porque el 25 de diciembre está lleno de connotaciones religiosas, si bien hoy en día sólo las conocen los entendidos o los curiosos que a veces pasan por sabios o al menos por sabihondos. Igual que los dados, que sea cual fuere la cara que muestran siempre dejan ver alguna cifra, la citada fecha de 25 de diciembre guarda un significado religioso sea cual fuere el flanco por donde se la mire.

En efecto, el 25 de diciembre, o lo que es lo mismo, el 25 del mes de Kisleu, es fiesta de la Natividad para los cristianos, y fiesta de la jannukkáh, o Dedicación del Templo, para los judíos. En esa fecha Judas Macabeo, el gran caudillo del culto a Yahvé y de la dignidad del pueblo de Dios, demolió la estatua del rey sirio Antíoco al cual se le había dedicado un altar en el templo de Jerusalén. Terminó así el Macabeo con “la abominación de la desolación establecida en el lugar santo” predicha por los profetas y vaticinada por Jesús para el futuro que él mismo inauguraba.

La acción rectificadora de Judas Macabeo en el templo, fue un recomenzar que prefiguraba la gran reforma que Cristo puso en marcha en cuanto que restauró en el hombre de carne y hueso la gloria de Dios. Presentándose en la persona de un niño indefenso que depende totalmente de lo que otros quieran hacer por él, el niño–mesías de los cristianos, que algún día lo será también Mesías en Gloria para los judíos, refuta la imagen del Dios despiadado, cruel y ajeno a la vida del hombre que en nuestra época, tan gratuitamente confiada a la supuesta inclinación a la bondad de las capacidades y realizaciones humanas, es la visión más generalizada que de Dios se tiene. Desde el nacimiento de Cristo, profanar al hombre es profanar a Dios; y profanar a Dios es abandonar al hombre a su propia deriva destructora. La Navidad es, pues, el signo de la restitución del hombre como templo vivo de ese Dios que ha dispuesto compartir su gloria con los que quieran adorarlo en espíritu y en verdad. La fecha 25 de diciembre es un signo cronológico que hoy está oscurecido por las idolatrías de lo material y de la pura fruición. Pero el ansia de infinito que el ser humano alimenta en su interior no puede, ni de lejos, darse por fenecida.

¿Qué decir de un signo natural, como es el abeto navideño? Como criatura vegetal el árbol carece de la voracidad y de la inquieta movilidad que hacen agresivo al animal. Arraigado en la tierra, elevando en el aire su majestuoso ramaje, alimentándose de las aguas a través de sus raíces propias, con sus maderas que pueden alimentar el fuego que da lumbre y calor, la contemplación del árbol sugiere la confluencia armoniosa y constructiva de los cuatro elementos visibles: tierra, agua, fuego y aire. Dotado de hojas perennes, el abeto es signo natural de la vida que perdura a través de las inclemencias del invierno y de los calores del rudo verano, y por ello, símbolo de la vida más allá de la muerte. De los signos de Navidad, es el más fácil de descifrar. Que los regalos se coloquen al pie del árbol, es una intuición que subraya que el espíritu de entrega, de donación, que es lo que define la Navidad, solo puede darse al amparo de la armonía. Como servidora del dios-mercado la sociedad de hoy, los poderes de hoy, solo entienden del “do ut des” del “doy para que des.” Pero no está muerto el espíritu de entrega, de donación gratuita que es uno de los significados de la Navidad, y uno de los pilares ocultos de la sociedad de los humanos.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Navidad y Escarnio

Voy a dejar a un lado los dorados abalorios, las guirnaldas y luces que la devoción y el lujo han sobreañadido a la Navidad, y me voy a quedar con lo que tiene de escándalo y disparate. “Nosotros anunciamos un Mesías crucificado, para los judíos escándalo, disparate para los gentiles; pero para los que han sido llamados, judíos y griegos, un Mesías que es Fuerza de Dios, Sabiduría de Dios” (1 Cor.1,22-24) lo dijo y lo repitió el apóstol Pablo. El fariseo de Tarso sabía lo que decía: “ judío circuncidado al octavo día, israelita por su estirpe, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos”. Pablo era, además, griego por su cultura; y ostentaba, por nacimiento, la ciudadanía romana.

Pablo quiso aprovechar la existencia de una estatua que los ateniense habían dedicado a un Dios Desconocido para predicar en el Agora el Evangelio del Salvador del Mundo, que también era un desconocido. Pero los pocos que en aquella ocasión le prestaron oídos consideraron tan disparatado todo lo que iba diciendo –redención, juicio, resurrección- que, los más educados, en vez de reírse a carcajadas y mandarle callar como los más desconsiderados entre ellos, prefirieron decirle cortésmente “otro día te escucharemos”, y le dieron la espalda dejándolo solo.

A su manera tenían razón los atenienses. Las divinidades que a ellos les impresionaban eran seres de triunfo y de victoria, superhéroes dotados de los atributos máximos de la belleza humana, del poder humano, de las posibilidades y de las pasiones humanas. No había en el Olimpo ningún dios al que no se le atribuyera poder material y ostensible; ninguno que no fuese el resultado de una abstracción simbólica inspirada en las capacidades de los hombres. Atenea no era sino el símbolo de la sabiduría terrena; Apolo, el del culto al cuerpo humano en su expresión más bella. Definitivamente, Jesús era un disparate para los griegos.

Si esto pasaba con los gentiles, para los judíos, que esperaban la victoria final de su pueblo con el advenimiento de un Mesías Victorioso, Jesús el Salvador, titulado Hijo del Altísimo y nacido de mujer era un escándalo, una piedra de tropiezo plantada en medio del camino de la fe de Moisés. Los judíos pedían señales, y señales claras.

La mujer en la Ley Mosaica era una criatura a la que sus propias funciones fisiológicas hacían incurrir periódicamente en impureza legal. ¿Cómo había el Ungido de salir del vientre de una mujer? Era impensable por indigno. Los Maestros de Israel, a fuerza de ser legalistas, habían terminado por olvidar que la impureza legal era un medio para decir a los hombres nacidos de mujer y a las mujeres mismas, que para acercarse al reino de Dios era preciso decidirse a entrar en los dominios del espíritu superando las condiciones de la naturaleza animal. Igual que el ayuno, que fomentaba el dominio sobre la propia voracidad. Igual que los alimentos prohibidos, que advertían que no todo estaba permitido a la actuación humana en relación a las otras criaturas. Límites y prohibiciones –promulgadas por Dios legislador- señalaban horizontes más altos y ayudaban a conducir a la humanidad, comenzando por los judíos, a un plano consciente, alejándola de los hábitos ferales de la primera caída, de la forma de comportarse propia de lo que ahora se llama a veces la zoohumanidad.

Claro que los Doctores de la Ley de aquella época, conocían las profecías que hablaban del Mesías como perteneciente a la estirpe del rey David. Y también conocían ¿cómo no? Que no hay estirpe sin familia y sin mujeres que den a luz. Mas no queriendo disgustar a Herodes -el rey usurpador- con la mención de la dinastía legítima que él había hecho todos los esfuerzos por exterminar, se conformaron con enseñar discretamente que el Mesías aparecería un día solemne de Pascua en lo alto del templo a la vista de la multitud de fieles de todo el orbe llegados a Jerusalén. Era lo correcto. Un Salvador sin rey ni roque, ni madre que lo parió resultaba perfecto porque se ajustaba a todas las conveniencias y todas las utilidades del momento. Un Mesías que apareciera de repente en lo alto del Templo era lo más cómodo para todos. Más tarde el Maligno se apoyaría en esto para pedir a Jesús que se tirase desde el pináculo del templo (Mat.4.5 ss)

Y ahora, al cabo de los siglos, aquí en la ciudad alegre que tras largo aprendizaje ha llegado a ser desconfiada, en esta Navidad de 2008, antepenúltima de la primera década del Tercer Milenio, en plena crisis, en plena revolución de géneros, en plenos rebotes de terror y de opresión ¿Acaso no sigue Jesús haciendo el ridículo y siendo ocasión de escándalo ante muchos? ¿Qué significa ese muñequito que representa al Niño Dios recién nacido y que nos mira desde su cuna en el pesebre, bajo el árbol de los regalos? El disparate y el escándalo de Jesús el Ungido, es el mismo hoy que ayer. Jesús, el Cristo nunca ha sido amado por las mayorías. Sólo que hoy parece más claro que el desprecio de Dios se traduce en escarnio para la propia humanidad.

Porque escarnio es que la mujer sea adulada como nunca lo ha sido en la publicidad comercial y en la propaganda oficial, y al mismo tiempo sea maltratada en la vida ordinaria, y envilecida como objeto de placer hasta extremos que son difíciles de explicar aunque fáciles de leer incluso en las publicaciones tenidas por decentes. Escarnio es que la población de las naciones más ricas sea diezmada por cirujanos que entran en los vientres femeninos como el hurón entra a matar gazapillos en la madriguera, y al mismo tiempo se proclame la urgencia de las masivas importaciones de trabajadores que han de cubrir los huecos que aquella matanza ha provocado. Escarnio es que los miserables de la Tierra, tengan que pagar a precios exorbitantes el billete que los conduce a la esclavitud y al exilio -y tantas veces a la muerte- mientras las organizaciones internacionales de auxilio y ayuda son el albergue de funcionarios que gozan de sueldos y prebendas dignas de los antiguos maharajaes. Escarnio es que lamentemos que el Africa se consuma en la podredumbre de las peores enfermedades venéreas y aquí se haga publicidad de las prácticas de alto riesgo que las ocasionan confiando en una protección que no es completa. Escarnio es que se proclame el día de la infancia y ésta ande convertida en pieza de caza para el comercio sexual y para el tráfico de órganos. ¿No habría que atreverse a pensar que cuando el hombre expulsa a Dios-Amor de la vida social, financiera y política, entronizando en su lugar sus propias figuraciones, está expulsando también la base más firme de la dignidad humana?

Pero Jesús, ese enorme disparate para los sueños de la razón, ese grande escándalo para la fe sin amor, es al mismo tiempo el único obstáculo ante la deshumanización de la ciencia, la última muralla que se opone a la triunfal dominación del dios mercado, el freno que impide la definitiva consagración del mundo a los dioses del poder multimodal y del odio embravecido. Su poder, nada aparente, es el poder del Amor, lo único que nos sobrevivirá. Justo lo que de la Navidad nadie podrá manipular jamás.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Violencia en tres Trancos

La boca del diputado.- Cualquier cosa puede volverse un esperpento. Incluso la Diada, que fue hecha para rememorar fueros de antaño y reclamar independencias futuras. ¡Qué maldita gracia! El señor Tardà, diputado de Ezquerra Republicana de Cataluña, puesto a usar la lanzadera de los siglos para tomar carrerilla y hablar bien de la soberanía y mal de la Constitución, que es lo suyo -y no hay porque disputarle el gusto- vino, en vez de eso, a caer de espaldas en la Guerra de Sucesión proclamando a voz en cuello la muerte del Borbón. Y como Felipe de Anjou hace ya siglos que feneció, y el rey actual es el único Borbón al que un republicano de tea y navaja como es el señor diputado puede desear la muerte, la intención amenazante resulta, mas que clara, clarísima en todos sus aspectos.

Clarísima, en primera aproximación, porque la amenaza no ha sido proferida en un país del montón que sólo está en la mira del terrorismo islámico, sino en un país muy especial donde la ETA es una empresa terrorista de alto rendimiento, el GRAPO resucita periódicamente para hacer de las suyas y volver de nuevo al escondite, al estilo Guadiana, y TERRA LLIURE dicen que está dormida aunque nadie osaría responder si como ronca duerme. Clarísima, en segundo lugar, porque en el ambiente de este otoño pululan, como caracoles en red, las astutas sugerencias de consejeros, asesores y “sabios”, que mastican a dos carrillos el chicle de la IIIª República, que es mercancía que sólo se puede poner en el mostrador si se elimina la Monarquía.

Pero, como por su parte, el señor Bono ha bonificado la buena intención de Tardà diciendo que las palabras de éste no constituyen una amenaza, habrá que estar objetivamente a lo ocurrido y concluir que al señor diputado de Ezquerra Republicana la boca se le ha quedado en puro esfínter, y en esfínter incontinente, que es tanto como decir que no puede contener sus deyecciones verbales.

El amenazante exabrupto que ha encontrado salida fácil por el hoyo flojo que el señor diputado tiene en la cara, nos obliga a los ingenuos a hacernos la pregunta ¿Qué hace un señor como éste en una cámara de representantes donde no se necesitan deyecciones que se escapan, sino palabras responsables y pensadas que salen, si han de salir, cuando el que las pronuncia las ha pensado bien, y si no sabe pensar, al menos las ha rumiado como la vaca en el establo rumia su bolo alimenticio?

Por otra parte, y sin prejuzgar lo que habrá alcanzado a aprender de Historia el señor Tardà en los años de escolaridad que se le suponen, y como ha sido destacado por alguna inteligente carta a los lectores, la Guerra de Sucesión no se libró entre partidarios de la Monarquía y partidarios de la República porque en aquellos tiempos en Europa todo se dilucidaba entre testas coronadas.

Ante tanto dislate que quiere pasar -y pasa- por opinión política y expresión de libertad ciudadana, habrá que exclamar con Mario Moreno, más conocido por su mote de Cantinflas. “¡Qué falta de ignorancia!” Y tanto peor para el ciudadano si la ignorancia del ignaro de la boca incontinente es de la clase que llaman invencible. Las palabras necias son como cuescos, si en esto se quedan; pero envenenan el aire y aumentan el desafección entre españoles y expañoles.

Grecia.- Mientras en la Piel de Toro se libran esas escaramuzas verbales con palabras de plomo, que ojalá no sean anticipación de nada peor, en Grecia la juventud, armada de adoquines y de cócteles Molotoff, ha ocupado el lugar donde ya estaba desde hace tiempo: en la calle. Y ha comenzado a causar destrozos, que es lo que hace toda multitud cuando carece de programa para actuar.

Sabiendo que la ocasión la pintan calva, los partidos opositores, tan corruptos como el partido que gobierna, han pedido anticipar las elecciones. Gran idea. Pero esa petición, planteada además como exigencia, no es tanto una muestra de arraigo de los hábitos democráticos como una prueba de que los pescadores de río revuelto se dan buena maña para echar el copo antes que el cardumen se disperse. Pero, aparte de los consabidos espejismos de enganche del estilo de “Libertad”,” Democracia” y “oportunidades para todos”, no hay en sus proclamas nada que se parezca a un programa político propiamente dicho. Todo se basa en la improvisación.

Así que en Grecia, a poco que las cosas vayan por su propia deriva, los protagonistas del retablo de la farsa y los ocupantes temporales de la calle, terminarán por introducir al país, a punta de empujones, en el lugar que le corresponde como problema en el seno de los ya problemáticos Balcanes, esa bomba de racimo que la Unión Europea tiene adosada a su costado del Sureste. Y no solo a ese costado. Toda la zona que los geógrafos de los años veinte del siglo pasado llamaban “la cintura de Europa”, las tierras que están entre el Mar Negro y el saco del Mar Báltico que da frente a las costas de Könisberg, hoy Kaliningrado, es una zona conflictiva donde se amontona sin orden ni concierto abundante gravilla de pueblos derrotados, marginales y sin consciencia ni falsa ni verdadera de su papel en la Historia. Allí precisamente está el ensanche de una Europa que la obesidad territorial y la dispersión humana pueden hacer descarrilar.

La Mojonera. Y ya metidos a hablar de dispersión humana, recordemos cómo en La Mojonera, provincia de Almería donde los vecinos se ganan el pan con los cultivos de invernadero, han estallado motines que, por llamarlos de alguna manera, vamos a decir que son de naturaleza intercultural. Negros contra marroquíes, o lo que es lo mismo al parecer, subsaharianos contra magrebíes. Dicho sea de paso, tamaña pseudodelicadeza de léxico que se inclina por los falsos eufemismos, no se corresponde con la realidad brutal que se ventila y que tiene facetas múltiples que hay que examinar de cerca.

A distancia corta se puede observar que la venganza colectiva que los negros se tomaron contra los moros, es un primitivo ajuste de cuentas a lo bruto que ni siquiera llega al nivel de la justicia que alguien se toma por su mano porque ésta, que en América llaman “justicia vaquera” sólo entra en acción cuando, a falta de autoridad pública o por incompetencia de ésta, la soberanía revierte de facto a la persona individual.

Al contrario, la venganza colectiva llevada a cabo en La Mojonera es una práctica bárbara que barre con todos los principios sobre los que se sustenta el Derecho en la civilización Occidental, comenzando por el principio de oficialidad por el cual debe ser el Estado el que a través de sus jueces asuma el ejercicio de la acción penal y siguiendo por el principio de la presunción de inocencia y el principio de individualidad y proporcionalidad de la pena. Allí se ha castigado a todos los moros con que tropezó la turba; fueron incendiados los coches estacionados en el barrio, y se dio candela a viviendas y establecimientos comerciales. Estos sucesos propios de individuos con mentes en las cuales el pensamiento abstracto no ha adquirido densidad, nos están señalando la necesidad de poner límites al sofisma por el cual la simple suma de elementos culturales exóticos enriquece la cultura anfitriona.

Por una feliz casualidad, la palabra mojonera designa al hueco profundo que sirve para encastrar el poste, piedra o señal que sirve de mojón. En lo profundo de cada mojonera se solía poner un puñado de monedas de plata en curso y un montón de carbón. Se hacía esto porque las monedas llevan una fecha de emisión y porque el carbón no se corrompe al contacto con el suelo, ni se disuelve con la humedad. De esta forma, si el mojón o señal se perdía o era arrancado, las monedas de plata y el montón de carbón permitían que la mojonera cuyo es el nombre del pueblo, pudiese ser identificada de nuevo para reponer sobre ella el mojón perdido.

Así como ningún límite o mojón es simplemente una cortapisa o un “prohibido pasar”, sino un punto de referencia que hay que tomar en cuenta, la cultura, también la nuestra, necesita de puntos de referencia para que el contacto con otras culturas simplemente étnicas o declaradamente exóticas, no redunde en empobrecimiento o miseria espiritual y material de todos.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Permanencia tras el Cambio

Aunque mirada con malos ojos e incluso estampillado con frecuencia con el rótulo despectivo de “seguidismo”, la permanencia de los nuevos líderes en los puestos de gobierno después de un cambio importante de régimen, es un fenómeno ordinario en los procesos de poder. Del poder en general y no solamente del poder democrático.

De entrada, lejos de ser por principio un síntoma de corrupción, la permanencia de los mismos personajes en los altos cargos constituye la única respuesta a la extrema escasez de líderes en los regímenes establecidos sobre sociedades deficitarias de personal capacitado para la ocasión concreta. Y este tipo de déficit se puede producir ya de forma temporal por razones transitorias; ya de forma permanente por razones estructurales.

Entrando en el terreno de los ejemplos, y reduciéndonos en esta ocasión a entidades políticas deficitarias por razones meramente transitorias, hemos de fijar la atención en lo que fueron Alemania, Italia y Francia inmediatamente después de la II Guerra Mundial, cuando se trataba de implantar en ellas el régimen democrático. Ninguno de estos tres grandes Estados-Nación de Europa habrían salido adelante si hubieran prescindido de la permanencia de unos cuantos personajes decisivos a partir de aquel momento de cambio forzoso.

Alemania acababa de ser derrotada; el país había sido repartido en jurisdicciones acordadas entre los vencedores; su territorio había sido mutilado, retranqueadas sus fronteras, asoladas sus infraestructuras, destruido su tejido industrial, comercial y financiero, anulado su sistema productivo y diezmada su población por la guerra en los frentes y por los bombardeos masivos. Estaba, además, los ciudadanos germanos sometida a un proceso durísimo de atrición, que afectó lo mismo a los pseudo valores y símbolos del materialismo nacionalsocialista que a los principios y disposiciones colectivas propios de la mejor tradición alemana. Como efecto de esta concienzuda labor de atrición, que se tradujo socialmente en una profunda purga, muchos alemanes fueron situados legalmente en posición de marginalidad social y de ostracismo político y psicológicamente arrinconados en situación de “disponibilidad” mental que es la antesala del sometimiento. Obviamente, sobre ese magma hubiera sido imposible no ya el establecimiento de un régimen democrático, sino todo intento de gobierno que ambicionara a ir más allá de los puros actos de dominación, a no ser por la permanencia del liderazgo político del cambio.

Algo parecido puede decirse respecto a Italia que tras la II Guerra Mundial se encontró sumida en la miseria económica y en la desorganización más completa, con los mecanismos del poder sometidos a desalentador desguace entre las dentelladas del régimen de Badoglio, de los alemanes en retirada, de los fascistas en la recién establecida República Social de Salò en el Norte de Italia, de las tropas angloamericanas en avance desde el Sur, de las guerrillas comunistas que trataban de ganar la partida interior y de los grupos de alzados democristianos que trataban de salvar lo que podían en aquella situación cercana al caos.

Solo la guerra fría, que indujo a dar por buenos a muchos nazis y hacer la vista gorda sobre otros, permitió que Alemania, aunque ocupada por tropas extranjeras, pudiera alimentar la esperanza de llegar a ser de nuevo una entidad política viable como Estado democrático liberal.. Así de claro.

En Italia, además de la influencia recuperada de la Iglesia Católica que se sustentaba en raíces de siglos, reaparecerían, de mano de los norteamericanos y con efectos que aún se notan en la vida política italiana, los rebrotes de la mafia vencida por Mussolini pero puesta de nuevo en pie por los acuerdos del FBI con el gangster italoamericano “Lucky” Luciano. Sin la influencia de la curia romana y sin la entrega de poder a la mafia por parte de los norteamericanos, hubiera sido muy difícil que el tejido de los gobiernos locales y regionales italianos no hubiese caído en manos de las combativas formaciones comunistas. Así de claro.

Por su parte, Francia pasó en un lapso de seis años -los que van de 1939 a 1945- de guerrear contra la Alemania Nazi a convertirse en su aliada tras el armisticio, para mantener después -como la legendaria hacha “Francisca” de los antiguos francos- el doble filo de dictadura pseudocorporativa con el Mariscal Petain y de una “Francia Libre” con el General De Gaulle, y finalmente montarse en el carro de la Victoria aliada con los honores que correspondían a su tercería respecto a los anglosajones. Tales malabarismos no cursaron sin costos. Los izquierdistas sufrieron sangrienta persecución en la Francia de Petain y, a su vez, al final de la guerra, fueron ejecutados oficialmente once mil franceses consideradas colaboracionistas, sin contar los muchos asesinatos perpetrados por “elementos incontrolados”. En la cuenta de las víctimas de estos últimos, un nutrido grupo de trabajadores españoles en la estación de Hendaya. Una “limpia” en toda la regla que tuvo los mismo efectos de una guerra civil sin las destrucciones materiales que ésta hubiera ocasionado. El drástico cambio y la necesidad de los vencedores de establecer un nuevo orden produjo, también en Francia, un cuello de botella en cuanto al personal disponible para los altos cargos, aunque el llamado “chauvinismo” actuó con suficiente eficacia para no descargar la vara en todos los posibles culpables, a fin de no dejar colapsada la Administración del Estado. Así de claro.

Examinando estas condiciones ¿quién habría de extrañarse que durante décadas la vida política alemana fuera dominada por una sola figura señera, la de Conrad Adenauer, como en otros aspectos y más tarde lo fuera Willy Brandt? ¿O que en Italia la política nacional fuera manejada durante un largo período por un grupo reducido de notables como Alcide De Gasperi, biliotecario del Vaticano, o el economista Luigi Einaudi? ¿O que en Francia fuera el General De Gaulle el personaje decisivo durante décadas? Con toda razón podemos preguntarnos: ¿Qué habría pasado sin la permanencia de estos personajes que fueron protagonistas de los cambios radicales experimentados en cada uno de los países antedichos?

Porque, en efecto, es el cambio profundo el que ocasiona la permanencia de los protagonistas del mismo en los primeros puestos de la política. Recordemos que la permanencia de los personajes tras el cambio es un fenómeno de poder.

Esta última aseveración nos permite pensar, como colofón que abrirá paso a un nuevo análisis, en un cambio radical que presenciaron los españoles en tierra propia. Me refiero al paso que llevó desde el régimen de Franco al régimen democrático. Se trata de la llamada “transición pacífica” que ahora parece que se quiere poner, no en tela de juicio solamente, sino a la misma sombra de la horca. ¿Por qué? Detrás de la transición caracterizada como pacífica encontramos una guerra, igual que en Europa tras la II Guerra Mundial. Encontramos también la necesidad de sustituir un régimen autoritario de acentuado personalismo, parcheado de rasgos totalitarios y etiquetado de confesional, por otro de índole y factura democrática. Observamos en la transición española y en sus efectos y repercusiones, algunos rasgos atípicos que la caracterizan como un cambio distinto a los europeos. Hemos de tomar consciencia de esa atipicidad y analizarla. Pero este tema merece atención aparte para utilidad de todos.. Otra vez será.

Prosa Chinfónica de la Preñez Amenazante

Pese al denodado empeño tanto de los gobiernos socialistas como de los populares, en orden a mejorar la situación sanitaria y biológica de la mujer en España, todas las medidas encaminadas a ese fin parecen estar abocadas, hasta este momento, al mayor de los fracasos.

En efecto, hasta ahora la mejora en la alimentación, que abarca a todas las clases sociales, la extensión de los cuidados médicos a toda la población, incluyendo a los segmentos femeninos más deprimidos y proclives a la anorexia, así como la optimización de las condiciones ambientales no han conseguido dotar a la mujer española ni a la expañola de la resistencia biológica necesaria para afrontar los riesgos de la “preñez tradicional”, expresión con la cual se identifica la preñez intrauterina lograda por la rutinaria vía de perfusión seminal del varón a la hembra sin la mediación de ningún laboratorio.

Es fácil comprobar que la obsoleta modalidad de reproducción no asistida, basada en el antiguo método de la cópula hombre-mujer no profiláctica, más conocida modernamente por las siglas HNPHC -del inglés “Heterosexual Non Profilactic Human Copulation”- cae completamente fuera del control de los organismos sanitarios y de las organizaciones no gubernamentales que velan por la salud mental y biológica de la mujer y sigue siendo una de las ocasiones más frecuentes de lo que se podía llamar la “preñez amenazante” a que están expuestas las mujeres en edad fértil tanto en el núcleo antiguo de las Españas como en el dinámico y creciente cortejo de las Expañas contemporáneas.

Evaluada en su doble aspecto de “peligro para la salud física y psíquica de la madre” esta amenaza constituye una de las causas del aborto legal cada vez más frecuentemente aplicados en la práctica, sin que haya el menor indicio de que esta tendencia, sostenida durante varios años, pueda alterarse por una razón distinta que el incremento de la edad del colectivo femenino concomitante al envejecimiento de la población general.

Un estudio reciente de la comisión paritaria formada por la “Asociación Estatal de Empleados y Usuarios de Parques Temáticos de Ciencias” y la “Asociación de Trabajadoras del Sexo Callejero Amigas de la Meteorología”, apunta a la posibilidad científica de que la persistente debilidad psico-biológica de la mujer ibérica ante la preñez sea debida a que el inconsciente colectivo de las féminas no ha conseguido recobrarse de los estragos ocasionados por las maternidades no queridas durante la dictadura franquista y la llamada transición democrática que fue en realidad solapada prolongación de aquella.

Por esta poderosa razón, la “Sociedad pan-Ibérica para el desarrollo de la zuhumanidad”, filial, como se sabe, de la “Global Society for Zoohuman development”, juntamente con el “Universal Serial Fertility Implementers Forum” (USFIF), han recomendado insistentemente a las autoridades españolas y expañolas la proscripción, terminante y de una vez por todas, de la obsoleta práctica sexual que tanto peligro entraña para la mujer. De aquí en adelante, arguyen, no debe haber en nuestra democracia otra fertilidad que la debidamente seriada e implementada por los organismos e instituciones responsables. (Entre paréntesis, queremos hacer constar que la transcripción de zu por zoo, está en el original)

A tan humanitaria iniciativa prohibicionista se han sumado la “Asociación Universal de Nietos y Nietas de los Brigadistas Internacionales en lucha contra el Fascismo” juntamente con su “Sección Junior” formada por los biznietos y biznietas de los brigadistas, la “Hermandad de Banderilleros, Picadores y Toreros Arrepentidos”, la “Asociación de Víctimas del Tabaco”, así como los integrantes de los conocidos grupos musicales “Estamos hasta los mismísimos”, “Tabúes, no” y las conocidas ONGS “Sexos sin fronteras”, “Sexualidad sin límites” y “Sexuality for ever”,

Sin embargo, no se agota en esta faceta la posición prohibicionista. Si se acepta la hipótesis sostenida por un grupo de intelectuales, actores y cineastas progresistas, la aparente debilidad orgánica y psicológica de las mujeres españolas y expañolas no es tal, sino más bien un indicio inequívoco de que los beneficiosos efectos de la revolución de género se están manifestando en España mucho antes de lo que ciertos científicos equivocadamente habían supuesto.

Si esta hipótesis pudiera ser probada, la legislación española habría logrado corregir en un tiempo record una de las más afrentosas desigualdades entre varones y mujeres establecida a lo largo de millones de años por la evolución cara a la reproducción humana. En este sentido, la extrema incapacidad de las españolas y expañolas para sobrellevar la preñez conseguida por medios tradicionales, lejos de constituir una involución psicobiológica, sería muestra inequívoca de que se está produciendo un hecho científico sin precedentes en la larga cadena de la evolución de las especies: sencillamente, el equilibrio psico-biológico de la nueva mujer nacida de la legislación sobre igualdad de géneros rechaza espontánea y radicalmente la situación de preñez cuando esta sobreviene. Esto tiene una importante repercusión social e igualitarista, pues el organismo femenino rechaza así un sistema de reproducción que implica desigualdad e injusticia respecto al varón.

Con todo, para dar una respuesta que sea a la vez sostenible, rigurosa y democrática, la mayoría gubernamental de consuno con la minoría opositora, han decidido convocar una consulta popular en base a estas dos claras preguntas encaminadas a establecer de una vez por todas la verdad científica en tan delicada materia: ¿Está o no Ud. de acuerdo en que el actual rechazo psicobiológico del organismo de la mujer ante la preñez obtenida por perfusión seminal hombre-mujer constituye un verdadero avance que entra de lleno en el terreno científico al reducir a una legislatura el plazo de millones de años que se suponía necesario para la transformación del organismo femenino por la vía evolutiva? Conteste Si ó No. ¿Da o no Ud. su aprobación para que, en el caso de obtenerse el Sí, una comisión consensuada entre todos los partidos políticos busquen a su vez el consenso para prohibir terminantemente y de una vez por todas las mencionadas y obsoletas prácticas sexuales que cursan en menoscabo de la mujer ? Conteste Si ó No.

Si los resultados de la consulta son favorables al Sí, España y la creciente galaxia de las Expañas orbitales, se constituirán en referentes imprescindibles para la comunidad científica mundial.

martes, 25 de noviembre de 2008

Diálogo Chinfónico de las Bendiciones

Ahora que practicamos la interculturalidad y tenemos algún juez con jurisdicción donde no se pone el sol, voy a contarles un suceso lejano, pero muy mentado. Y que conste que lo de mentado no va porque se trate no más de una elaboración mental, sino por ser dicho de la misma manera que se mientan la mamacita las personas desconsideradas: con la puritita boca. Pues les cuento que un día preguntándole un periodista a Antonio Quintanilla, por otro nombre Anthony Quinn, actor de Jolivud, acerca de cuál era el momento más memorable de su infancia, el artista contestó que el día que Pancho Villa le impartió la bendición.

Preguntón.- ¿Pancho Villa dando bendiciones?

Respondón.- No hallo por qué no había de darlas. La madre del chamaco Antonio era una soldadera de Oaxaca –se pronuncia Oajaca-. Las soldaderas eran mujeres que, según los usos de esa época tan poco igualitaria, acompañaban a sus varones en las rodaduras de la campaña, en la alegría del saqueo y en las noches de vivac, pero no en el entrevero y la balacera del combate, que es lo mejor que toda guerra lleva consigo. ¡Híjole¡ eso se guardaba para los varones.

Figúrese cómo se acerca la mujer con el niño y con voz quebrada pide la bendición para su hijo. La solicitante se dirige al caudillo, con el tratamiento de “mi general”; o de “papa”, seguido del nombre de pila del caudillo; o con la palabra “tata”, como dicen los indios, que a veces suena a “taita”, que es lo mismo que padre; o con el título de “doctor”, si por un casual se trata de un civil al que se le suponen letras. A José Somoza se le acercaban llamándole “papa Chepe”; a Pinochet –que, por cierto y sin desdecir, tiene el apellido de una piadosa heroína de Bernanos- le decían “tata”; a Allende le trataban de “doctor”. A Doroteo Arango, lider “maderista” más conocido por Pancho Villa, le llamaban “general”.

El caudillo mira a la suplicante con benevolencia, pero sin que la menor sonrisa altere su compostura. La solemnidad del momento le impide ese desahogo. Interrumpiendo cualquier tarea que haya estado haciendo, el “tata”, el “general”, el “papa” o el “doctor”, toma al niño en sus brazos o se inclina hacia él en caso de que la talla del pequeño no permita alzarlo, y le hace en la frente la señal de la cruz con un trazo vertical y otro horizontal del pulgar y el índice de la mano derecha plegados también en cruz, mientras dice con tono solemne: “Que el Señor me lo haga un santo varón”. Luego el caudillo devuelve el niño a la madre. Esta breve ceremonia resulta impresionante, y más si el caudillo que bendice va montado a caballo. Todo un cuadro de ruda ternura.

Preguntón.- Con aire reivindicador: Y para las niñas ¿no había bendición?

Respondón.- Se suponía que las niñas, como la fruta llamada pitahaya, venían ya benditas desde la sección de embalaje sólo por tener el agujerito. Mas para ilustración de usted, buen hombre, he de decirle que había para casos de emergencia no una, sino dos bendiciones destinadas a las chamaquitas, siempre a cargo de algún personaje con faldas como la abuela, la maestra de la escuelita, la patrona de la hacienda si tenía buen corazón, o un cura, que entonces éstos también se vestían por la cabeza. Una de las bendiciones decía: “Que el Señor me le de un buen marido” y la otra: “Que el Señor y la Guadalupana me la hagan una santa mujer”

Preguntón.-Antes de que seguir, acláreme Vuestra Merced: ¿por que llama “maderista” a Pancho Villa ? ¿Acaso era amigo de los “maderos”, o sea de la policía?

Respondón.- Hay que matizar. Lo de “madero” es forma propia de gachupines para expresar desprecio hacia los agentes del orden. Doroteo Arango, por otro nombre Pancho Villa, era amigo incondicional de la autoridad, sólo que de la suya propia. Fuera de ésta, a lo único que respetaba era al Presidente Madero. Por eso le llamaron “maderista.”

Preguntón.- Tengo una segunda pregunta ¿Pancho Villa, era creyente o no?

Respondón.- Yo creo que sí, pero puede ser que no. Creer no cuesta mucho, es casi tan fácil como pecar. Lo que cuesta de verdad es ser penitente y arrepentirse del mal. Pero en la purititacap.2, versículo 19: “También los demonios creen…”. Así que la cosa va en depende. Solo sé que Pancho llegó a afirmar que Dios es muy bueno y todo lo da sin necesidad de que le pidan nada. En cambio, los males proceden del diablo. Por eso Pancho Villa, que en cuestión de devociones era pragmático, recomendaba imitar a los chinos que creen en Dios pero adoran al diablo -el Dragón- que es el administrador del mal. Si hubiera nacido en nuestra época, a lo mejor Pancho Villa hubiera sido teólogo de alguna de esas teologías que parecen ideadas para echar a pelear a los cristianos y lanzar contra obispos y similares una buena rociada de “fuego amigo.” materia de creer recuerde lo que dice Santiago en su Epístola,

Preguntón.- ¿Sugiere Vuestra Merced que Pancho Villa veneraba al diablo?

Respondón.- Sólo sé de buena tinta que hizo pacto con el Maligno.

Preguntón.- Con la sonrisita de conejo del que no termina de creerse lo que oye: ¡Pacto con el diablo¡ ¿y qué pidió a cambio?

Respondón.- Pidió tener toda su vida mando sobre hombres y buena sombra sobre las mujeres. Lo de sombra ya lo entiende. Ambas peticiones le fueron concedidas. El pacto lo hizo al norte de la población de San Juan del Río, en el Estado de Durango, cerca del rancho Menores de Abajo en una eminencia del terreno conocido por El Cofre debido a su forma, donde era fama que el Maligno iba a recoger las voluntades de los que se le entregaban. Para comparecer ante el demonio eran necesarios varios noes y algunos síes. Los noes: no llevar rosario, ni medallas, ni reliquias ni pensar en Dios. Los síes, maldecir, blasfemar y renegar de la Santísima Trinidad. Pancho Villa dijo a sus allegados que en El Cofre encontró, aparte de muchos enemigos a los que había fusilado bien a gusto, multitud de meretrices que habían contagiado ladillas o purgaciones a sus clientes, curas, obispos, reyes, emperadores, políticos, banqueros e individuos de todas las razas y condiciones que gritaban y reían con locura mientras a él le tomaba el demonio el juramento de servicio.

Se decía de Pancho que era desalmado, inclemente, ambicioso, buen burlador, lujurioso y odiador, que forman el acróstico de la palabra diablo. Pancho podía estar en varios sitios a la vez; en una ocasión, viéndose acorralado, se esfumó en las narices de sus perseguidores; y curó espontáneamente de una gangrena gaseosa, cosas todas de la misma jaez de las que ocurren a algunos santos, pero que en sí mismas no son de confiar porque las puede orquestar también el diablo

Preguntón.- ¿Tuvo Pancho alguna virtud sobresaliente?

Respondón.-En la enumeración de sus virtudes hay que decir que era excelente tirador con pistola y con fusil, que era aficionado a las motocicletas “Indian”, que bailaba muy bien el Baile de las tres Pelonas, que a lomo de caballo era como un centauro, y que disfrutaba tanto jugando a la pelota vasca que en su hacienda El Canutillo se hizo construir un frontón para practicarla.

Preguntón.- ¿Y a qué viene esto de hablar de un bandido social como Villa, con la crisis que tenemos?

Respondón.- Porque cuando veo huacales con huevos me acuerdo de las gallinas.

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Qué será lo que quiere el Negro?

La expectación con que el mundo entero ha seguido la marcha de las recién pasadas elecciones norteamericanas, mostrando por ellas un interés como si de cosa propia se tratase, puede parecer desmesurada. Sin embargo, es la prueba irrefutable de que es real y eficaz la presencia y el peso de los Estados Unidos sobre todos los rincones de la tierra. Nadie mostraría tanto interés si se tratase de un acontecer que no le afecta para nada, o que apenas le roza, o que lo hace sólo en materias de poca importancia.

Porque se da la paradoja de que el poder de los americanos resulta difícil de discernir directamente a través de sus acciones de política internacional, que es precisamente el campo en que más debería brillar su hegemonía. Pero este campo está minado por las críticas que desde todos los ángulos se elevan frente a los Estados Unidos. En cambio, el interés con que el mundo ha seguido la prolongada campaña electoral americana con todos sus vericuetos legales y costumbristas, y su exhibicionismo mediático, ha sido, desde el comienzo al final, una demostración indirecta, pero continua, clara y perfectamente descifrable, de esa hegemonía.

¿Como sería posible de lo contrario que durante los últimos meses, la Noticia por excelencia haya sido las elecciones de los Estados Unidos con sus prólogos, sus consecuencias y rebotes? Desde Muhamad El-Gadafi en los arenales de Libia, y Raul Castro en su isla empobrecida, hasta Cháves, que nada en petróleo, o Morales en su altiplano de cocales y llamas, o el ministro Moratinos con sus perplejidades, la interrogación del mundo fue una sola en estos días: ¿Quién me conviene a mí que gane?

¡Pero si desde hace varios meses, pareciera que ante ese planteamiento monotemático escasearan los temas importantes que llevar a la pantalla, al comentario o a la crónica!

Hemos sido testigos de cómo desde el grupo de gobiernos nativistas de la llamada América latina por una parte y, por otra, de algunos países como España, se condenaba sin paliativo alguno el embargo comercial a que los Estados Unidos ha venido sometiendo a la Cuba de los hermanos Castro, esperando que Obama diera una oportunidad a la desventurada isla.

Por todas partes se cuestionaba ¡en nombre de la moral! los motivos que ocasionaron la intervención en Irak, mientras se esperaba de Obama que retirara las tropas.

Se hablaba de los errores de los servicios secretos y del Departamento de Estado, y se esperaba que Obama los corrigiera si llegaba al poder.

Se criticaba la prolongada ocupación del Afganistán. Y se confíaba en que Obama pudiera terminar con ella.

Se ponía en tela de juicio la eficacia de los bombardeos contra las “zonas tribales” pakistaníes, donde se entrenan las huestes de Ben Laden, y sirven de santuario a las bandas de talibanes sueltos que hostilizan las zonas vecinas y se benefician del cultivo de la amapola del opio. Y se esperaba que Obama dejara, también allí, que cada cual fuera a lo suyo.

Se elevaba el coro de las lamentaciones por el costo en vidas humanas de todos estos operativos al mismo tiempo que se tendía a endosarlo sin ningún descuento al empeño de los americanos en ayudar a sus amigos israelíes. Y se confiaba en que Obama se decidiera a cortar la sangría y dejara sin apoyo al pequeño y poderoso Estado del Oriente Próximo.

Una vez hecho el escrutinio de las elecciones y despejada la duda, el fenómeno de la preocupación universal por lo que pase en los Estados Unidos, ha tomado un nuevo cariz: la incógnita por la actitud que el nuevo presidente pueda tomar respecto a cuestiones que afectan a los concretos intereses de cada uno. Ahora todos parecen preguntarse ¿Qué será lo que quiere Obama?.

A mí, esta situación me trae a la memoria el estribillo de una canción caribeña cargada de malicia y dónde una voz femenina pregunta por lo obvio: “Mamá / Yo me meto en la cama/ me pongo la cobija / y el negro me destapa / ¡Ay mamá¡ / ¿Qué será lo que quiere el negro?”

¿Qué será lo que quiere el negro? Se pregunta ahora el mundo entero haciéndose cábalas de las más dispares. Todos parecen entregados a descifrar augurios. Al socaire de la crisis mundial, Rodríguez Zapatero aspira a refundar el capitalismo. Europa con una Alemania cada vez más poderosa que ocupa el centro del tablero, y una Francia que actúa como si ella misma ocupara todavía los escaques centrales, busca todavía el camino de sus propias decisiones. Hay quien piensa en borrones y cuentas nuevas que cambiarán el mapa de la hegemonía mundial. Hay quien se refocila con el pensamiento de un avance de China, la derrota de Israel y el triunfo paralelo del Islam más extremista.

Hay quien piensa en la posibilidad de una “Latinoamérica” bolivariana, socialista y antiimperialista que aspira a sostener su caos con retórica demagógica y limosnas de Venezuela.

Es fácil hacer de augur. Pero se debían plantear las cosas no sobre ideologías sino sobre polígonos de fuerza. Obama no podrá rehuir nunca los frentes que el poder hegemónico ha puesto en manos de los Estados Unidos. En el terreno internacional no puede, ni posiblemente quiera nunca, contentarlos a todos, menos aún a los enemigos, declarados o solapados de los Estados Unidos.

La grandeza de Obama se probará dentro de la Gran Unión Americana, no en los fosos ni en los parapetos externos. Por encima de todo, los Estados Unidos han dado un paso hacia delante en su propio camino. Y lo han hecho dentro de su tradición más generosa y humana. El principio de la igualdad de los hombres ante la ley y como criaturas de Dios pertenece a su tesoro constitucional.

Obama, con ese don de la oportunidad que yo admiro en los hombres públicos como una virtud menor pero atrayente, ha hablado de una anciana de Atlanta, Ann Nixon Cooper, de 106 años de edad, que nació sólo una generación después de la abolición de la esclavitud y que ahora ha votado a favor de un presidente “negro”, en realidad unmulato.

A mi esa vieja me recuerda a otra vieja negra citada por Walt Withman con el nombre ficticio de Etiopía que, siendo el poeta soldado de la Unión en la columna de Sherman, vio llorar al borde del camino mientras vitoreaba a los regimientos y a los estandartes que pasaban al lado de su choza. Fue cuando el ejército de hombres blancos que peleaban por los negros bordeaba los arenales y los pinares de Carolina. Whitman se pregunta “Why rising by the roadside here, do you the colors greet?” “Are the things so strange and Marvelous you see or have seen”. ¿Por qué saludas a la bandera acercándote a la vera del camino? ¿Tan extrañas y prodigiosas han sido las cosas que has visto o las que ves?” Quizás en el resultado de estas elecciones está parte de la respuesta: América, la Gran Unión, ha sabido juntar -por fin- en la cima, sus vigores y sus colores dispersos.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Al Margen de la Consulta

No me meto en el fondo del asunto. Conozco de sobra que con una que otra verdad completa, algunas verdades a medias y muchos mitos, leyendas y falsificaciones -mayormente destinadas a distraer o a enfervorizar a la parroquia- pueden los hombres de acción y los políticos levantar grandes mecanos. Yo me reduzco aquí a dejar consignada una opinión que, como sabéis, ocupa un ámbito en el que caben siempre otras distintas.

Situado, pues, en el terreno de la opinión puedo opinar y opino que la Consulta presenta síntomas muy claros de haber sido planteada sobre el supuesto nada halagüeño de que el público destinatario posee escasa capacidad de pensamiento crítico.

¿Qué a qué Consulta me refiero? A esa a la cual no hay necesidad de ponerle ningún apellido. A a esa de la cual se ha dicho que tiene muchas perspectivas de futuro como si, aparte de la que corresponde a los oficios de pintor y de dibujante, hubiese alguna otra perspectiva que no fuese para el futuro. Se trata de esa Consulta de sobra conocida por estar preñada de dos promesas gordas, que son nada menos que la paz y el derecho a ser independientes si se tercia.

Resolver el futuro con dos preguntas sería una suerte mayúscula. De entrada es una singular ocurrencia. Incluso cabría calificarla de proyecto imaginativo, Pero, fines tan ambiciosos como son los de conseguir la paz y de obtener el reconocimiento de soberanía ¿se conseguirán a partir de un planteamiento que, ingenuamente, se considera astuto sólo porque esta plagado de dobles lecturas y ambigüedades?

Recordemos aquí la primera pregunta de las dos que forman la Consulta. Reza así en castellano “¿Está Usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia, si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?”.

La disyuntiva parece sencilla, sencillísima, pero sólo a condición de que nadie alcance a preguntarse qué necesidad habrá de apoyar “un proceso de final dialogado de la violencia” una vez que ETA hubiera manifestado de forma “inequívoca” y “de una vez y para siempre” su voluntad de poner fin a la violencia.

Sin meterse a mayores disquisiciones ¿No equivale este planteamiento a dejar la iniciativa en manos de ETA? ¿No equivale a reconocer que ésta, aparte de llevarse a muchos prójimos por delante, ha llevado siempre la iniciativa política y la ha de seguir llevando? Flaco favor se hace al nacionalismo al dar pábulo, de forma tan inocentona, a tales equivalencias.

Por otra parte, hay que señalar que la consulta ha sido formulada desde la cumbre del gobierno vasco. Y éste, salvo prueba en contrario, forma parte del régimen de la España de las Autonomías.

Este distingo sólo tendría el menguado valor de un tiquis miquis perogrugrullesco, si no fuera que la consulta ha sido planteada en un contexto publicístico que la presenta como encaminada al logro de un ámbito propio y exclusivo de decisión política, o sea, a la consecución de un ámbito soberano que ya no será el del Estado de las Autonomías.

Creo, y no soy el único, que la Constitución actual es lo suficientemente ambigua para dar lugar a dobles y hasta triples lecturas, entre otras la de convertir el Reino de las Diecisiete Repúblicas en la República de los Diecisiete Reinos. Pero hombre, tampoco hay que esperar que el Estado se suicide martillando el gatillo de sus propias instituciones. Por eso se me ocurre que esta consulta, que se planteó como oficial, y que ahora ha adoptado una andadura simplemente oficiosa, sólo tendría verdadero sentido si se hubiese formulado desde la clandestinidad entera y verdadera, aunque después se quedase en agua de borrajas. Desde esta perspectiva, la primera pregunta de la consulta parece quedar reducida a la condición de bandeja para exhibir ese magnífico espejismo de enganche que, entre gentes ampliamente escarmentadas por la “socialización del sufrimiento”, constituye la sola mención de la paz.

Veamos ahora la segunda pregunta: “¿Está Usted de acuerdo en que los partidos vascos, sin exclusiones, inicien un proceso de negociación para alcanzar un Acuerdo Democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del Pueblo Vasco, y que dicho Acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2010?”

En esta pregunta, los llamados partidos vascos –valdría la pena aclarar cuáles son- parecen tomar el protagonismo en un momento que, por la propia naturaleza de la propuesta que está en juego, tendría que ser llamado sin ambages “período constituyente.” Pero con volantazo tan claramente partitocrático ¿dónde queda el respeto a los órganos tradicionales de representación, dónde las Juntas, dónde el Parlamento Vasco, dónde la Asamblea de municipios? Pareciera que se ha optado por guardar en el desván el concepto de la representación política tal como se entiende en el mundo Occidental y que algunos partitócratas, sin encomendarse a Dios ni al diablo quisieran inaugurar un nuevo modo de entenderla y de practicarla.

¿Tiene remedio todo este pastel de confusiones? Seguro que lo tiene, aunque sea la purga de Benito. En cuanto al futuro, posiblemente bastaría con que algunos políticos recobraran el sentido de las proporciones en grado suficiente como para apreciar la escala en que hoy se mueve el mundo y las dimensiones reales de los problemas no sólo en vista de las propias posibilidades y de la debilidad de España como Estado, sino de la amorfa condición de la Unión Europea como poder político.

La observación adquiere más importancia si se toma en cuenta que el nacionalismo no está constituído solamente por el partido histórico que le sirve de referencia, sino por todo un conjunto de partidos, posturas y tendencias que merece el nombre de “plexo político”. En ese plexo, cabe lo mismo la “gente de orden” de la derecha tradicional y de la derecha laicista, que los socialdemócratas y los progresistas, los maoístas de ayer y los extremistas de hoy, prestos ya a sublimarse en el nihilismo del antisistema revolucionario mundial. Dentro de esa musculatura política, aquellos que mueven las fibras más moderadas tendrían que tomarse muy en serio el trabajo de aclarar que el hecho de conjuntar todas las fuerzas para dar ciertos empujes no significa completa comunidad de fines ni plena coincidencia de medios. ¿Acaso alguien cree en serio que los situados al extremo del plexo tendrán a bien renunciar a la violencia en caso de que se consiguiera el ámbito soberano de decisión que busca el nacionalismo en conjunto?

lunes, 3 de noviembre de 2008

La Nueva Sociedad Panóptica


Un nuevo tipo de sociedad está surgiendo a vista y paciencia de todos. Su perfil ha sido trazado al alimón entre las cautelas que exige la delincuencia que crece en peligrosidad y organización y los medios tecnológicos de vigilancia electrónica que ejercen un control cada vez más eficaz. A esta sociedad le conviene el nombre de “sociedad panóptica”, que resulta insólito en un mundo que presume de libertad: da la casualidad de que esta denominación es de origen penitenciario.

Panópticas fueron llamadas desde principios del siglo XX las modernas cárceles dotadas de puestos de vigilancia desde los cuales se pudieran captar, de un golpe de vista y en cada momento, las actividades y la situación de los reclusos. Desde luego, esto sólo fue posible cuando los gobiernos comenzaron a pensar en la población penal como en un colectivo encuadrable dentro de un “sistema penitenciario”.

Esa expresión nos parece ahora tan connatural a la organización social que somos incapaces de imaginarnos una sociedad que no esté dotada de su correspondiente “sistema penitenciario” Pero no siempre fue así. Desde el siglo XVII hasta bien entrado el siglo XIX , las prisiones eran antiguas fortalezas, a las que la moderna concepción artillera de los “campos de tiro” había ido dejando inútiles desde el punto de vista militar. Dos de estas prisiones han llegado a hacerse famosas en la historia: la Bastilla, de París, y la Torre de Londres. En España, como las necesidades de la guerra marítima contra turcos y berberiscos creaban una demanda constante de remeros forzados, las penas de larga duración se cumplían a bordo de las galeras reales. No pocas condenas se resolvían por vías externas de punición, como el destierro; o como la exposición a la vergüenza pública. Para los menores de edad y las mujeres, la privación de libertad tomaba con frecuencia la forma de internamiento temporal en un convento o en casa de un pariente que se responsabilizase de la suerte y de la conducta del condenado. Nadie pensaba en conservar entre rejas la vida de los culpables de delitos atroces: se les ajusticiaba por medio de la espada, la horca o el garrote, según lo exigiera su condición personal. Por cierto, el garrote, por la procedencia del instrumento de hierro con que se aplicaba, era apodado “collar vizcaino”. En cuanto a los grilletes, que eran llamados “bilbos” en alusión directa al puerto que los comercializaba, no servían para otra cosa que para proceder con seguridad al traslado de los presos por los inseguros caminos de entonces. Las rejas no estaban pensadas para muchos huéspedes de estancia prolongada.

Países hubo, también, en los cuales el confinamiento en tierras de ultramar contribuyó a evitar que las prisiones albergaran huéspedes de larga duración. Inglaterra y Francia tomaron la iniciativa en este sentido, pero no fueron imitadas por ningún otro país. Los lugares de destino fueron Australia o Tasmania, en caso de Inglaterra, y Nueva Caledonia y Cayena –esta durará casi hasta nuestros días- en el caso de la República Francesa.

En contraste con la situación descrita, las cárceles panópticas de finales del siglo XIX y del XX fueron un avance en cuanto que suponían una más completa racionalización de las formas de castigo y represión del delincuente.

También la sociedad panóptica que en estos momentos está creciendo ante nuestros ojos, obedece a causas y motivaciones perfectamente racionales y encaminadas a la represión del delincuente, pero lo hace sometiendo a estrecha vigilancia al conjunto de los ciudadanos libres. Todos nos hemos convertido en sospechosos.

El hecho es que viendo las cosas de cerca, descubrimos una primera razón numérica que justifica el nacimiento de esta nueva sociedad: los delitos son más numerosos y el delincuente es más atrevido; la vía pública se convierte en escenario cotidiano de hechos punibles; el consumo de drogas multiplica los delitos y fabrica nuevos malhechores. Existe una segunda razón, esta vez de naturaleza cualitativa: la delincuencia se organiza y se ramifica; los narcotraficantes actúan como grandes empresarios y están presente en todas partes; la globalización ha traído, además, la universalización de las mafias y de otras sociedades secretas delincuenciales. Se trafica con seres humanos o con sus órganos, con menores, con emigrantes pobres y con travestidos. La explotación de las mujeres de placer, alcanza tal volumen como negocio que de la publicidad que origina se benefician hasta las publicaciones que presumen de decentonas. A gloria huele el dinero aunque salga del estercolero. En tercer lugar, el nuevo terrorismo tiene ambiciones mundiales: los islamistas tratan de establecer un califato universal; los terrorismos locales, indigenistas y de inspiración nacional, subsisten pese a la persecución y tienden lentamente a aliarse con las tendencias antisistema de los distintos países para formar un frente internacionalista. Cierto que se echa en falta esa especie de cursos Erasmus del terrorismo que fueron en su momento las estancias en Checoeslovaquia, en Libia, en Cuba o en Rumanía. Pero surgen activas y numerosas colonias islamistas entre los emigrantes musulmanes fincados en una Europa a la cual las prácticas agenésicas despuebla día a día de habitantes propios.

Cunde el sentimiento de que el enemigo puede estar en cualquier parte. Por doquier, el peligro acecha. La sociedad, el Estado, mi Autonomía y las Autonosuyas tienen que defenderse. El zorro ha entrado en el gallinero. Si hay que estar preparados ¿por qué no intentar controlarlo todo? ¿Cómo despreciar la ocasión de echar el ojo de forma permanente sobre ese enorme escenario delincuencial que son los espacios públicos, las vías de tránsito, los mercados, los locales de diversión y esparcimiento, los aeropuertos, los apeaderos y estaciones del ferrocarril, los lavabos públicos, las paradas de autobuses, los vestuarios, los cines y teatros, los centros de reunión, las habitaciones temáticas de los prostíbulos? ¡La seguridad lo exige! ¡La paz lo demanda!

Entre esas dos preguntas y esta exclamación, se construye la amenazante y al mismo tiempo falsamente tranquilizadora sociedad panóptica.

Falsamente tranquilizadora, porque se dice y se repite que con los visores y vídeos de grabación permanente se trata sólo de controlar a los terroristas y cohibir a los delincuentes; que es la forma de garantizar las libertades ciudadanas, y de asegurar la permanencia de las disposiciones permisivas y garantistas, como si estas no tuvieran que ver nada con el asunto; que se trata, en fin, de un medio tecnológico muy fiable, alejado de interpretaciones subjetivas y de intereses partidistas.

Amenazante, en realidad, porque la sociedad panóptica introduce un nuevo factor atemorizante: el de ser captado por el ojo electrónico que todo lo ve y lo graba todo; porque deja al ciudadano inerme ante medios técnicos que juegan siempre con su efigie y en muchas ocasiones con su intimidad; porque multiplica la posibilidad de fabricar a voluntad pruebas comprometedoras. Y, sobre todo, porque se está construyendo, a vista y paciencia de todos, un eficaz instrumento para futuras y temibles opresiones.

Aunque, claro está, siempre cabrá encontrar consuelo en preguntarse por qué del seno de la postmodernidad, que se complace en la libertad irrestricta, haya de surgir otra que ostenta algunas de las características distintivas del mundo carcelario, como son la vigilancia continua y la sospecha generalizada. Amigos, las calles comienzan a tener un matiz carcelario, y aún no nos damos por enterados.

viernes, 17 de octubre de 2008

La Fuerza del Derecho contra el "Derecho" de la Fuerza

La fuerza no sometida a la ley o ejercida contra la ley es un factor que se agazapa hoy en el fondo de los problemas de la convivencia. Sin salir a la superficie, yace como substrato de todas las paces y de todas las situaciones. Actúa como un factor vergonzante pero dinámico en la organización de los intereses y de la cotidianeidad humana. El evidente retroceso del derecho en tanto que instancia respetada y respetable en sus aplicaciones y consecuencias redunda todavía más en la potenciación de la fuerza como vía de facto en la vida social y política y en el aumento de su disimulado pero efectivo prestigio.

A nadie se le oculta que la fuerza ha sido siempre el último recurso entre pueblos civilizados, incluso en caso de resistencia a la tiranía. En nuestro ciclo cultural, que es el que corresponde al Occidente Europeo, la razón, la moral y el derecho -¿no debíamos decir acaso esa razón que es el derecho?- lucharon por imponerse a la fuerza bruta y lograron dar una coloración distinta a la sociedad y al estado y, en definitiva a la convivencia. Por eso, pese a los olvidos, las negligencias y las claudicaciones, el despotismo nunca llegó a adquirir en nuestro mundo carta de naturaleza como organizador e inspirador total y permanente de la vida social. Esa es la gran diferencia de la cultura de Occidente respecto a las demás culturas del mundo, y aquí reside el pilar más fuerte de su superioridad y lo que hace que, en definitiva, su presencia en la historia haya sido en conjunto beneficiosa para todos.

Ciertamente, ese hábito de ordenar la convivencia de acuerdo a la razón, a la moral y el derecho tuvo sus fallos y no fue siempre ejercido con la misma dedicación y esmero. Tampoco los actores estuvieron siempre de acuerdo acerca del contenido de esas tres instancias que daban a la vida social y política su especial dinamismo. “Errari humani est”, y, tanto como errar, son humanas las vacilaciones de la voluntad y las diversidades de enfoques y pareceres.

Pero aún en los momentos de crisis que marcan puntos de inflexión, como fueron sucesivamente la ruptura de la unidad teológica ocasionada por el protestantismo y la consiguiente aparición de las iglesias nacionales subordinadas al Monarca; como fue así mismo la sustitución del pensamiento teologal por el pensamiento ilustrado que dio lugar al advenimiento del Estado burgués a finales del siglo XVIII; como lo fue también la gran crisis del liberalismo y del humanismo que se produjo en el siglo XX con la explosión de las tensiones del proletariado industrial concomitante a la aparición de los socialismos totalitarios en Rusia y en Alemania, fue posible, digo, la superación de tales situaciones y la renovada continuidad de las instituciones porque por encima de todas las turbulencias destructoras prevaleció un núcleo duro y al parecer inamovible del Derecho Natural que se constituyó en centro vector con vitalidad suficiente para dar sentido, legitimidad y justificación a la constelaciones de intereses sociales que iban surgiendo de las nuevas situaciones.

Sabemos que esta supervivencia no se operó sin una lucha ideológica. Los protagonistas de esta lucha en contra de la concepción de los derechos naturales del hombre fueron los positivistas y los historicistas.

Los positivistas consideraban que no hay más derecho que el contenido en las normas emanadas de los órganos legislativos. En otras palabras, para los positivistas, no hay otro Derecho que aquél que está “puesto” en las leyes y es sostenido por el poder público.

Por su parte, los historicistas, consideraban que el Derecho es fabricado por el hombre para una situación histórica dada. Las normas jurídicas son hijas de su tiempo, y están subordinadas a unas circunstancias concretas creadas para un momento dado de la historia.

El positivismo y el historicismo prevalecieron en la práctica y en la doctrina jurídica y política durante buena parte del siglo XIX y primeras décadas del XX. Pero los ultrajes cometidos por los totalitarismos nazi y comunista y las consecuencias trágicas de la segunda Guerra Mundial desencadenada por ellos, hicieron que la humanidad buscara de nuevo la solución del Derecho Natural.

Este hecho se puede apreciar con toda facilidad si se leen los documentos fundacionales de las Naciones Unidas. En ellos se habla por ejemplo, de “la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Teniendo en cuenta que la palabra española “intrínseca” traduce la inglesa “inherent”, que según el Diccionario de Oxford es aquello que existe como parte o cualidad natural y permanente de algo, se puede percibir con toda nitidez la referencia a la doctrina iusnaturalista. En cuanto al término inalienable, es el empleado por los partidarios del Derecho Natural para subrayar el carácter superior de los derechos del hombre, que se fundamentan en la dignidad de la criatura humana. Dignidad que no ha sido otorgada por ningún Estado o asociación de ellos, que no está ligada a ninguna nación ni a ninguna raza, sexo o religión, sino que pertenece a toda criatura humana y que en definitiva se remite, quiérase o no, a la dignidad de los hijos de Dios.

¿Cuál es la situación actual? ¿Qué queda todavía de ese momento de lucidez? ¿Cómo es posible que la fuerza no reglada y ejercida al margen o en contra de la ley vaya cobrando nuevo poder en nuestra sociedad?

Para dar respuesta a estas preguntas habría que analizar más detenidamente cuestiones como la pervivencia actual del despotismo político totalitario, el auge de la delincuencia organizada y la aparición del terrorismo islamista, paralelamente a la decadencia del ideal occidental con la prevalencia del relativismo y la exaltación del más crudo pragmatismo en el mundo de los negocios y de la política, disfrazados eso sí, de mayores márgenes de libertad. Decadencia que se manifiesta también en el ridículo fraccionamiento de los derechos humanos en multitud de derechos casuísticos, verdaderos pseudoderechos que con su vacuidad minan el prestigio de las normas. Mas adelante habrá ocasión para tratar estos asuntos con mayor detenimiento.

jueves, 16 de octubre de 2008

Los Apuros del Derecho

En un artículo anterior me preguntaba que cuál era la situación actual respecto al momento de lucidez que presidió la creación de la Organización de las Naciones Unidas. En el momento en que esa institución tomó forma jurídica las potencias occidentales, alarmadas por el desastre humano que se produjo como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, trataron -con ayuda de ideas inspiradas en el Derecho Natural- de superar los límites del positivismo, que otorgaba al legislador la facultad plena de la creación del derecho sin referencia a ninguna instancia moral superior que definiera su intrínseca justicia; y del historicismo, que daba a las circunstancias temporales la condición de baremo para medir y diagnosticar la justicia de una norma.

Recordemos que positivismo e historicismo fueron las dos escuelas jurídicas que, cada una desde su ángulo propio, permitieron la creación de normas inspiradas en los ideales totalitarios de marxismo-leninismo y del nacional- socialismo. Frente a esta realidad que la Segunda Guerra Mundial revelaría en toda su crudeza, la fracción occidental de los fundadores de la ONU depositaron su confianza en los principios del Derecho Natural con el fin de establecer un foro de justicia, equilibrio y paz que presidiera de allí en adelante las relaciones entre los Estados.

¿Cuál es el estado de la cuestión hoy en día, a los 63 años de terminado el II Conflicto Mundial?

Lo que llama más la atención de la situación actual es que el relativismo moral y el pragmatismo parecen llevar a la humanidad por un camino jurídico parecido a aquél que, en la primera mitad del siglo XX, tuvo finalmente que ser lamentado por todos.

A efectos de situarnos en perspectiva, invito a cada cual a fijar su amable atención sobre determinados aspectos de la actividad internacional que, a mi juicio, revelan una crisis profunda de la juridicidad:

1º) De las guerras internacionales que con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial se han producido, ninguna ha pasado por el trámite jurídico de la previa declaración de hostilidades. La simple mención del abandono de ese requisito suena hoy como una solemne ingenuidad. Los japoneses, con el ataque a Pearl Harbor, tantas veces vituperado como una felonía, sentaron, pues, un magisterio que es seguido hoy en día ampliamente y sin el menor rubor.

2º) Providencias que antes se ponían en práctica para paliar los efectos de la guerra entre la población no combatiente, no tienen ninguna aplicación al día de hoy, por mucha alharaca propagandística que se haga para demostrar lo contrario. Lo mismo sucede con acuerdos posteriores sobre el uso de armamentos crueles.

3º) El aparente rigor en la aplicación de lo legislado por la ONU sobre los crímenes de guerra, queda licuado como un cubito de hielo en una bañera de agua caliente al prevalecer en la realidad una curiosa combinación de hipocresía y de pragmatismo. Así, se tiende a culpabilizar de tales crímenes a los jefes o a las facciones cuya ruina conviene a determinadas potencias, al tiempo que esos mismos hechos pasan desapercibidos cuando son cometidos por quienes pertenecen al propio bando. El conflicto de la exYugoeslavia abunda en ejemplo de esta guisa. De forma preferente se persigue a los servios por tales crímenes, en tanto que se disimulan los crímenes de croatas, bosniacos y albano-kosovares que también participaron en esa modalidad arcaica y terrible de hostilidades que es la guerra intestina, en la cual, enterémonos de una vez, el campo de batalla está en los pasillos de las casas porque fallaron los medios militares para crear verdaderos frentes.

4º) El extremo anterior se completa con la degradación del concepto de genocidio que ha pasado a designar propagandísticamente cualquier matanza real o figurada atribuible a algún personaje que resulte molesto para el sistema. Esta práctica viciada desdibuja el perfil jurídico de tal calificación penal, convirtiéndola en un comodín muy útil para la eliminación, incluso física, del adversario político.

5º) La caída del Muro de Berlín y la transformación de la Unión Soviética en la Rusia actual, no marcó ni de lejos el fin del totalitarismo. No olvidemos que subsiste la China Roja que, si bien se muestra hábil en sacar provecho de las inflorescencias capitalistas a través de los negocios, no ha renunciado en ningún momento al socialismo real. Todo esto sin contar los regímenes de Corea del Norte, el Vietnam unificado, la República de Cuba y esos vocingleros e incoherentes imitadores del fidelismo que son los movimientos bolivarianos, sandinistas, indigenistas o nativistas que crecen en el terreno abonado del desorden, la corrupción y la falta de identidad que aqueja a determinados países de la América de habla española. El totalitarismo es -todavía y para muchos- un ejemplo imitable y atractivo que contribuye al menosprecio del Derecho.

Y pasando del ámbito internacional al del derecho interno de cada país, nos encontramos con que la decadencia del sentido jurídico se manifiesta de muy diversas maneras:

A) Así, tenemos la tendencia a subordinar la justicia a las exigencias del partido que ha resultado mayoritario, ya por los votos, ya por las alianzas que alteran o modulan los resultados de la votación. De esto tenemos muchos y frecuentes ejemplos en la administración de justicia de este Reino de las Diecisiete Repúblicas que planes no del todo ocultos piensan convertir pronto en la República (III )de los Diecisiete Reinos..

B) La seriedad con que se hace pasar como criterio jurídico procedimental un concepto tan delicuescente como es el de la “alarma social” que en sí mismo es un resbaladero hacia la arbitrariedad de los jueces.

C) La decadencia del sentido jurídico se manifiesta también en el ridículo fraccionamiento de los derechos humanos en multitud de derechos casuísticos, verdaderos pseudos derechos que con su vacuidad minan el prestigio de las normas, como el derecho a andar o no andar, desnudito y en bicicleta un adulto, por los bidegorris de San Sebastián. ¡ En ésta y otras babiecadas semejantes ha venido a parar el derecho subjetivo como ámbito de conducta exento¡

D) El establecimiento de medidas preventivas que la ferocidad de las costumbres actuales hacen quizás inevitables, pero que de hecho resucitan el sentido infamante de ciertas normas de antiquísima memoria. Allí la pulserita de los maltratadores. Allí las listas de pederastas o de pornógrafos infantiles. Allí, es el colmo, la publicación en el Boletín Oficial de una autonomía como la de Andalucía, de los nombres de los menores de edad cuyos padres han optado por la objeción de conciencia ante el texto indoctrinador de la Ley de Educación para la Ciudadanía.

E) Y por último, pero no lo menos notable, el traslado al ámbito de nuestras ciudades del principio “pan-óptico” propio de las instalaciones del sistema penitenciario, y que permite hacer la gravación contínua de los actos de los ciudadanos.

Y creo que con esto basta por ahora para apreciar que el problema de los apuros del Derecho no va de rositas.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Rusia, Europa y Estados Unidos

El mundo, considerado como un sistema de poder, se encuentra en plena fase de adaptación hacia un nuevo equilibrio que vendría a sustituir al que existía antes del hundimiento de la Unión Soviética.

Se trata de una adaptación dirigida y encabezada por los Estados Unidos, que además de inconclusa, como sería lo normal dado el escaso tiempo que ha transcurrido desde aquél suceso, se muestra imprecisa en sus planteamientos. Tienden éstos a debilitar aún más a una Europa que, sin embargo, reúne las condiciones apropiadas para ser el amigo crítico que los americanos necesitan. Esta adaptación es, por otra parte, contradictoria en sus realizaciones, pues provoca los conflictos en vez de dar solución a los problemas que los originan; y además, sigue un rumbo errático, pues fomenta con excesiva confianza el progreso de una China Roja que no ha renunciado al comunismo aunque se aproveche de las inflorescencias capitalistas. Por último, aunque no por eso menos importante, la mencionada adaptación se manifiesta excesivamente proclive a encerrarse en el círculo marcado todavía por los hábitos propios del sistema de equilibrio bipolar que se creía superado.

En efecto, los Estados Unidos, abocados por la historia a la hegemonía mundial, buscan de nuevo en Rusia al enemigo figurado para establecer un contraste continuo e irritativo que estimule el enfrentamiento. Así de inseguro y comprometido es hoy el escenario de la globalización.

Aceptando como verdad que el propósito de un nuevo orden sea el de mantener la paz y la concordia entre las naciones, nos encontramos con un hecho paradójico: los países occidentales encabezados por Estados Unidos, de hecho han ido creando nuevos puntos de fricción con el país que ya no es la Unión Soviética. Y no me refiero a los sonoros portazos a las propuestas rusas de hacer de la OTAN un instrumento para garantizar la paz en la zona que va desde las costas atlánticas del Viejo Continente hasta las costas del Mar de la China donde las proas rusas surcan el Pacífico. Ni tampoco quiero aludir al escudo antimisiles, que parte de la idea básica de la enemistad y de la mala fe de Rusia. No. Los puntos de fricción a que me refiero tienen la particularidad de situarse sobre el trazado de las fronteras de la nueva Rusia y están relacionados con el cordón de nuevos Estados que parecen haber sido puestos allí con el propósito, inconfesado pero objetivamente manifiesto, de aislar a los rusos del resto del mundo y de desposeerlos de la zona de influencia que por propia gravitación habían creado a través de siglos de acción civilizadora entre los pueblos nómadas, pastoriles y guerreros del Asia Central y del Caucaso.

Dichos Estados son inviables o de sostenibilidad harto difícil, lo cual los convierte en seguras fuentes de conflicto. En mi opinión, son estados inviables a aquellos que ostentan las siguientes características: su soberanía no puede ser sostenida en la práctica si no es por medio de la continua presión diplomática o por la directa ayuda militar que en caso necesario se convierte en intervención; su desarrollo cívico se ve impedido u obstaculizado seriamente por estar su población compuesta por etnias que se aborrecen entre sí desde siempre; su viabilidad material, en último término, depende de una manera connatural de aquél otro Estado del que han sido separados y con el que guardan continuidad geográfica y dependencia topológica. Las características enumeradas corresponden a todos los países que han nacido de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y que hoy cuelgan de los hijares de la nueva Rusia como flecos sueltos de heridas que no han sido suturadas.

Todo este alarde de esfuerzos encaminados a crear nuevos conflictos con el pretexto de evitarlos, va acompañado de otra contradicción consistente en el hecho de que no se ha avanzado nada en la tarea de desactivar los puntos de fricción conocidos ya desde la época anterior, y que ahora no conspiran sólo contra la paz regional, sino –por efecto de contagio inevitable- contra la misma paz mundial.

Tal es el caso de la enemistad de los países musulmanes, involucrados todos –a excepción de Egipto- en la lucha contra Israel, desde el frente propagandístico hasta la beligerancia activa y el terrorismo islamista. Tal es el caso también del viejo polvorín constituido por el inestable Pakistán en perpetuo y solapado conflicto con la India. O la bomba de tiempo que social y políticamente representa Bangladesh, verdadero foso de miseria y desorden. Mientras tanto, las intervenciones humanitarias en Afganistán y en Irak tienden a convertirse en ocupaciones militares crónicas que sin lograr impedir la lucha entre facciones musulmanas tradicionalmente enemigas, provocan la inquina contra los segmentos cristianos de la población de esos países, que se ve obligada a emigrar.

Lógicamente, estos puntos de fricción terminarán por dar su fruto de nuevos estallidos que me guardaría muy mucho de calificar de impredecibles, el último de los cuales se produjo cuando las tropas de la República de Georgia se lanzaron contra Osetia del Sur y Abjazia, rompiendo el “status quo” que amparaba esos territorios cuyos pobladores han querido continuar siendo ciudadanos rusos.

La reacción militar de la nueva Rusia no se hizo esperar. A las armas respondió con las armas. Quizá en situaciones como ésta, en lugar de recurrir a esquemas de la guerra fría, se debía recordar un viejo aforismo de la diplomacia anterior a 1919: “Rusia no es tan fuerte como ella dice, pero nunca es tan débil como se la pueda llegar a suponer”. En todo caso, el antiguo reino de los zares y ex patria del proletariado, además de una potencia con la cual hay que contar para la guerra, para la paz y para la estabilidad en el mundo, es un país rico en experiencia e Historia. ¿Cómo es posible que Europa lo olvide? ¿Acaso la Unión Europea está cegada por el espejismo de la expansión hacia el Este que, haciéndola más grande, la convierte en más vulnerable? ¿Está Europa dispuesta a desechar para siempre el ideal de la “casa común” que un día proclamaron desde ángulos diversos, pero con impulsos convergentes, Mijail Gorbachov y Carol Woytila?

Hay solo un punto que hasta ahora parece firme en medio de tanta confusión: el grupo de poder que forman entre sí los Estados Unidos de América, el Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, todos ellos de cuño cultural y étnico anglosajón .Dichos Estados son los que comparten, por de pronto, el núcleo de la información estratégica que verdaderamente les importa, y son los que garantizan, en el mundo, un seguimiento de las políticas que benefician al conjunto de estos países. Son, para los Estados Unidos, los Aliados de Confianza. España quiso en un momento dado montarse en este carro donde fue bien recibida, mas prontamente apeada de allí por la conciencia mozárabe de un país que en sus entrañas aborrece a los “moros”, pero rechaza compromisos que los enfrenten a ellos. El entonces Presidente Aznar debió conocer con qué bueyes contaba para roturar una nueva política internacional.

viernes, 18 de julio de 2008

Glosa Maleva de los Colores

Rojo.-El color rojo representa el principio masculino. Simboliza el fuego, las pasiones violentas, la furia del combate, la sangre vertida, la alegría de la fiesta y la exaltación de la victoria. Todas cosas muy unidas entre sí.

En las banderas de todas las revoluciones el rojo recuerda que la revolución con sangre entra y con sangre se sostiene; y en las de las naciones, que todo poder con sangre propia y ajena se instala y con sangre propia y ajena se reproduce y medra. Es el color del segundo caballo del Apocalipsis

Negro. Es el símbolo de la muerte, de las tinieblas, del Hades y de la destrucción. Acompañando al rojo, flamea en las banderas del anarquismo, del bolchevismo, del nacional-socialismo y de sus respectivos epígonos, variantes y mixtificaciones.

Pocos saben que la combinación de estos dos colores se originó en las guerras de la independencia suramericana, cuando los ejércitos de criollos, mestizos e indios realistas que combatían contra Bolivar, los empleaban en sus guiones y escarapelas para dar expresión cromática al grito de “Victoria o Muerte” con el cual se enardecían al entrar en combate. ¿Criollos y mestizos en el campo realista? Si, amigos, aquellas no fueron guerras de europeos contra americanos, ni de blancos contra cholos, fueron guerras civiles dentro del imperio que se partía y se repartía entre las oligarquías locales como todavía se sigue partiendo y repartiendo en lo que resta y queda.

Gualda.- El color gualda, o amarillo dorado –la palabra originaria, warda, la trajeron los godos- representa al sol que asciende por la comba del cielo desde el orto hasta el zenit, para extinguirse en arreboles al llegar al ocaso.

El gualda simboliza la expansión triunfal, la vida en lo que tiene de ascenso y caída grandiosas, el crecimiento, la magnificencia, el cambio esplendoroso, el calor y el fuego. Se dice que este color predispone a la concentración mental.

Los chinos, nuevos repobladores de las Expañas, dicen que es el color de la inteligencia y por eso sería el propio de la raza amarilla cuya tez está pigmentada más por la bilirrubina que por la melanina o la hemoglobina.

Verde.- El verde es el color de la vegetación que renace tras lo crudo del invierno y el de la fruta que no ha llegado a sazón. Por eso simboliza al mismo tiempo la inmadurez y la esperanza.

Es también el color propio de la langosta acridia cuando salta por el monte sola. Es sabido que la langosta cuando vuela en grandes mangas para asolar los campos muda su librea del verde al amarillo. Por eso, el primero simboliza el cambio sorpresivo que equivale a la concreción repentina de una amenaza que al principio no se manifestaba como tal.

El verde se emplea en las salas de espera para inducir paciencia a los que aguardan, y en las fábricas para sumergir a los obreros en la resignación productiva que tanto gusta a los empresarios. Es el color del cuarto caballo del Apocalipsis, desde que los traductores, que daban a clorós el significado de pálido, han decidido enterarse que hoy en día existen partidos “verdes”, problemas “verdes” y causas “verdes” que se identifican como características de una época inclinada a la ideología ecologista.

Es, para terminar, el color del Islam. ¿Recuerdan la “marcha verde” y la edición popular de El Corán que, encuadernada en ese color, mandó repartir entre los participantes el Sultán de Marruecos?

Blanco.-El blanco es, ópticamente, la fusión de todos los colores. Ha sido, desde la antigüedad, representación de la inocencia, de la virginidad, de la pureza de intenciones y de la castidad de vida. Es el color del primer caballo del Apocalipsis.

Es, también, símbolo de concordia, de armonía y de paz, de los que buscan la paz de su paloma, de los que están en paz con su paloma y, por supuesto, el color de la paloma de la paz venga de donde viniere, como dicen los que confunden las palomas con los cernícalos.

En tiempos remotos, cuando a los políticos se les exigía más virtudes que simpatía y jeta, quien aspiraba a un cargo tenía incluso que vestir de este color que en latín se dice candidus. Por eso en castellano, que es lengua vieja aunque hay que reconocer que está muy lejos de los ocho mil años reglamentarios en Euskadi, se habla todavía de candidato y de candidatura, arcaísmos incompatibles con la mudanza de las costumbres y de las aspiraciones de los pueblos.

El blanco ha perdido prestigio en la medida en que la virginidad ha dejado de ser integridad socialmente estimada, mas esa pérdida ha sido ampliamente compensada por la popularidad de la candidiasis –por la candidia albicans- que ha advenido en la más benigna expresión de la malatería propia de la actividad sexual multimodal.

Morado. Es el color que anda indeciso entre el rojo y el azul. Es signo de luto. Antes del Concilio Vaticano II, el morado era el color de los paños y telones con que eran cubiertos los altares, las imágenes y retablos durante la Semana Santa, desde el Oficio de Tinieblas hasta la misa de Resurrección. Sigue siendo en la Iglesia el color más usado para ornamentos durante el año litúrgico.

De este color fue el pendón de los Comuneros de Castilla que se revelaron contra Carlos V. Durante la Segunda República, una franja morada sustituyó en la bandera nacional la franja roja superior. Por esta razón en el Reino de las Diecisiete Repúblicas, el morado es color de referencia para los republicanos.

Un poco por manipulación interesada, y otro poco por el peso ingenuo de la etimología popular que identifica a los comuneros de Castilla con los seguidores del marxismo leninismo y aún del maoísmo, el morado se ha constituido también en referencia cromática para los comunistas de hoy.

Expresiones coloquiales como “me puse morado” o “las pasé moradas” no contribuyen nada al prestigio de la izquierda y habrá que desterrarlas cuanto antes del habla de todos los días.