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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Adivina Adivinanza

 Dan pánico. Meten miedo. Causan pavor Por eso se emiten reglamentos que les prohíben entrar en los bares, reforzando con esa formalidad legal el impedimento que ya de por sí suponen los precios prohibitivos. Y se les impide – esgrimiendo cualquier pretexto municipal, vecinal o ciudadano- que encuentren consuelo en el botellón, añadiendo, si es preciso, razones morales que desprecian los mismos que se valen interesadamente de ellas.

Se les dificulta, en beneficio de los especuladores y logristas, la adquisición de cuatro paredes y un techo que podrían ser la sede de un hogar, y se decide aumentar aún más su vulnerabilidad y dependencia ofreciéndoles pisos cuyos alquileres se gestionarán desde instancias oficiales. 

En cambio, se les facilita la entrada en la cochiquera de las simplificaciones que sustituyen a los argumentos, de las mentiras que usurpan el papel de la verdad, de las apariencias que reemplazan a la realidad y de las diversiones que dispersan el ánimo y  embrutecen el entendimiento.

Se les entrega a empresas de subcontratación laboral y se les ofrecen trabajos temporales –es lo que hay, se dice- para ponerlos con facilidad de patitas en la calle. Pero legisladores y gobernantes, de ordinario tan permisivos y garantistas, se vuelven duros y represivos a la hora de impedirles que tomen la calle, de la que, por otra parte, se harían los dueños sin mayor esfuerzo. 

La publicidad comercial, la propaganda política y la acción concertada de medios mediatizados y mediatizadores se ocupan de administrarles anestesia general para  bloquearles el acceso al sentido crítico. Todo para que cada partido, cada facción, cada parzonería territorial consiga mantener la paz de sus respectivas palomas. Esa paz empantanada que permite  imponer las reglas del actuar, reportar las ganancias y repartir los  sillones y los millones.

Meten miedo. Causan pavura. Por eso, se les prohíbe casi todo, menos abortar y llevar encima drogas para su consumo personal, como buscando debilitarles la voluntad y conseguir que no se reproduzca la raza maldita de los que todavía no tienen arrugas en la cara. En tiempos mejores, a la riqueza que tienen los perseguidos se le llamó “divino tesoro” y se suponía que ese tesoro, si se iba, era para no volver. ¿Quiénes serán, serán? Adivina adivinanza.


martes, 29 de diciembre de 2009

Noticias de Belén

En Belén de Judá, el pueblo donde nació Cristo,  casi no quedan cristianos, obligados a emigrar ante la falta de perspectivas vitales y la amenaza de ser barridos de una tierra de nadie delimitada por el  terrorismo de los hijos de Agar y la represión de los hijos de Sara. Pero Belén será, mientras el mundo exista, el lugar donde nació Cristo.

En Belén de Judá, cuna del rey David, donde fue enterrada Raquel, donde ocurrió la historia de fe, lealtad y amor entre Booz y Ruth,  casi no quedan judíos. La hostilidad de fanáticos y exasperados, financiados por los plutócratas de Arabia no los quiere allí. Pero Belén seguirá  siendo, después de diez mil intifadas, Belén de Judá.

Belén se oculta ahora detrás de sendos muros de cemento y de corazones de plomo. Pero eso no impedirá que este año 2009 de la era cristiana, y el 5769 de la creación del mundo según los judíos,  Belén de Judá se haga presente en todo el mundo como un símbolo que se hubiese fragmentado en millares de diminutas versiones de juguete para recordar un nacimiento que es único y una promesa que es única aunque sean dos los Testamentos.  Belenes, llamamos aquí a esas versiones diminutas; en otros lugares reciben el nombre de pesebres o nacimientos o portales de Belén, así, en plural festivo, como cuando nos referimos a un regocijo público y hablamos de los sanfermines, o de las navidades o de  los sanmarciales. 

Belén es el símbolo de la promesa de Dios y el símbolo del misterio del hombre y de la historia; pero los diseñadores de futuros idealizados y los vectores de la opinión prefabricada  aborrecen a Dios, perciben el misterio como una amenaza y no creen en promesas de ninguna clase.

¿Qué alegría, según los supuestos de hoy, puede haber en el nacimiento de un niño semejante a los que desviceramos a diario en los molinos aborteros?  ¿Qué esperanza se puede sostener sobre la frágil base de esa existencia que  terminará perdiendo su lozanía y siendo presa de la muerte, igual que nosotros, igual que sus progenitores? ¿Y de un NiñoDios? ¡No me haga Usted reir! ¿Cómo creer en la inocencia de Dios cuando toda la realidad es cochina, como sucia y opaca es la verdad, como vana es la esperanza ? Por eso la visión de la inocencia no conmueve, ni el encuentro con la verdad ennoblece a nadie, ni el descubrimiento de la belleza deja tras de sí una huella de arrobamiento. Por eso se explota  a los niños, se abusa del inocente, se exalta a las mujeres al tiempo que se las maltrata y se subraya la venalidad  de su sexo en los anuncios a lo cerdazo que publica la prensa burguesa. 

Tengo para mí que fueron hombres de fe los que llamaron mundo al circulo enorme de las cosas y de los seres creados. Tiempo hubo en el cual la palabra mundo decía tanto como elegante, armonioso,  ordenado, limpio. Puede que la impiedad reinante esté trocando el mundo en  inmundo y lleve a la humanidad a revolcarse en la inmundicia. Ciertamente son cosas del pasado, pero si se pierden hoy, mañana lo sentirá la humanidad entera.


lunes, 21 de diciembre de 2009

Paraisos

La humanidad dispone hoy del instrumental suficiente para emprender el tercer intento  de crear el paraíso en la Tierra basándose en supuestos exclusivamente materiales.

Ya lo intentaron antes las dos grandes ideologías políticas de base científica: el Socialismo Real, o Comunismo, que se inspiró en los principios del materialismo para construir una estructura de producción abocada a una sociedad sin clases; y el Nacional Socialismo, o Nazismo, que intentó crear una Superhumanidad combinando la selección reproductiva en la raza blanca -considerada como el más noble producto de la evolución- , con la eliminación de los débiles, degradados o  enfermos.

Ambas ideologías adoptaron actitudes de soberbia imponente en sus manifestaciones de masas, crearon majestuosos rituales cívicos que expresaban la grandeza colectiva, aniquilaron a sus enemigos con la frialdad de ángeles exterminadores, y oscurecieron con sus saludos enhiestos de manos en alto o de puños vengadores no sólo la luminosa nube de la Fe que abominaban, sino el mismo sol de la Razón cuyos rayos decían esgrimir.

De hecho, un sector privilegiado de la Humanidad cuenta hoy con poderes,  instrumentos de control y  medios de persuasión sistémica mucho más eficaces que los que tuvieron en sus momentos de auge el Comunismo y el Nazismo. Igual que éstos,  dicho sector deposita su confianza en la ciencia y la tecnología emancipadas de toda referencia ética, y aprovecha todo tipo de espejismos de enganche para fabricar  vigencias sociales que favorezcan al sistema. Pero lo que verdaderamente  distingue la realidad de hoy es su demostrada capacidad de darle la vuelta completa al mito democrático de la mayoría, hasta trocearlo en un enjambre avispil de minorías reivindicativas, organizadas y subvencionadas donde toda anormalidad, toda estulticia y toda media verdad tiene cabida bajo la forma de derecho inalienable. Esta realidad no puede ser definida como totalitaria pero sí puede ser calificada de totalizante. Con estos instrumentos se podrá o no intentar crear el Paraíso en la Tierra; pero en todo caso se está en capacidad de convertir a la Humanidad en una gran manada de cuadrúpedos satisfechos.

Si esa ocasión llegara, yo exhortaría a mis amigos a que hiciesen lo posible por conservar la postura enhiesta pues, una vez adquirido el hábito de andar a cuatro patas, sobrará quien esté en disposición de saltarles sobre el lomo y de conducirlos adonde no hubieran querido ir. Y no faltarán razones pseudohumanitarias  para cohonestar tan despótica conducta. Ya lo dice aquél refrán, que refleja uno de los altísimos principios de la moral pragmática: “el caballo solo anda en derechura si lo monta quien sabe ponerle la montura”.



miércoles, 16 de diciembre de 2009

Nacionalismos

Los grandes partidos nacionalistas de integración nacieron en Europa a finales del siglo XIX y dieron origen a dos importantes entidades políticas cuya presencia ha sido decisiva en la Historia Universal: el Reich alemán, que nace en 1870, y el Reino de Italia, que surge en 1871.

Estos dos nuevos y grandes Estados, vinieron a alterar el equilibrio europeo que, desde el Congreso de Viena, se había mantenido sobre tres puntos de apoyo: la monarquía inglesa, Francia en República, en Reino o en Imperio y la Rusia de los Zares, tres grandes potencias que ya llevaban varios siglos de existir -cada una con su específica y peculiar forma de  unidad-  mucho antes de que se formaran Italia y Alemania y,  al contrario que estas, nada debían a las ideologías nacionalistas.

Igual que estos tres grandes Estados, el Reino de España, en plena decadencia entonces, era un viejo producto del Antiguo Régimen, y en consecuencia, su particular unidad, por demás atípica, tampoco debía nada al nacionalismo de integración.

Creo yo que este hecho debe ser tomado muy en cuenta al hablar de nacionalismo español en comparación con los nacionalismo periféricos, especialmente con los dos más decididos que son el nacionalismo catalán y el vasco. En efecto, el nacionalismo español nace muy tardíamente, ya cuando los nacionalismos integradores, que habían logrado la unidad de los nuevos Estados de Alemania e Italia, se habían transformado en nacionalismos de expansión estatal.

Refresquemos un poco la memoria. Las “Juntas Castellanas de Actuación Hispánica” y las “Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista” surgen en 1931.  Falange Española, en 1933. Respecto a “Acción Española”, movimiento intelectual que puede sin ambages ser considerado como nacionalismo español, la fecha de su fundación en 1931, resulta tardía, no solo respecto a los nacionalismos integradores europeos de los cuales habían nacido la Alemania unificada de Bismarck y la Italia unificada de los Saboya, sino respecto a la organización de la cual recibió inspiración, Action Française, cuyos orígenes se remontan a la fundación de la revista del mismo nombre en 1908.

Para estas fechas, ya hacía un buen rato que los nacionalismos europeos de sentido integrador, el italiano y el alemán, se habían transformado nada menos que en  nacionalismos de expansión, implementados a través de los Fasci di Combattimento y del Deutsche National Social Arbeitar Partei, o sea el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Quizá en esto haya que encontrar las diferencias radicales entre los nacionalismos españoles o expañoles, y los nacionalismos históricos europeos.  


martes, 1 de diciembre de 2009

Reflexiones Incorrectas

La necesidad de encarnar las enseñanzas de Cristo ha provocado centenares de interrogantes a las que el cristianismo ha tenido que dar respuesta. Muchas de éstas   terminaron por ser incorporadas al acerbo de lo que, por renuncia a referencias más altas que las de los puntos cardinales,  se ha dado en llamar Civilización Occidental. Así  sucede con el principio de la igualdad de naturaleza de todos los hombres.

La idea de la igualdad de naturaleza de los seres humanos como criaturas del Creador presidió la primera expansión europea que fue la llevada a cabo por las  coronas de España y Portugal, consiguiendo restar ferocidad al choque de civilizaciones dispares y al empuje avasallador de los intereses comerciales  a que dio lugar el descubrimiento y exploración del continente americano y favoreciendo el inicio del  mayor proceso de transculturación y de mestización llevado a cabo en tiempos históricos.

El principio de la igualdad de los hombres como hijos de Dios, quedó reflejada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos: “all men are created equal, that they are endowed by their creador whith certain inalienable Rights…” Pero, paradójicamente, vino a quedar en entredicho ante las nuevas propuestas de las ciencias naturales de la Ilustración.

En efecto, en el primer intento taxonómico llevado a cabo por la Ilustración, ni el salvaje -homo ferus- ni el pigmeo -homo nanus- pertenecían a la especie homo sapiens Fueron así excluidos de la condición humana por  salvajes, los indios selváticos y los indios pampeanos de Suramérica,  los Pieles Rojas de Norteamérica y los negros africanos. Igualmente quedaron fuera de la condición humana, por el hecho de ser  enanos, los indios “chiquitos” de Suramérica, los bosquimanos retacos del continente negro y  los pigmeos  del  sureste asiático

Y fue la mentalidad científica Ilustrada, con su corolario de desigualdades innatas, la que presidió la Conquista del Oeste, el sometimiento de Africa, la guerra de exterminio de los “positivistas” mexicanos contra los indios de la pimería y de los gauchos y el gobierno argentino contra los nómadas de las Pampas.

Porque va y resulta que, al contrario de lo que se dice, la ciencia no es por sí misma inocente, ni ha favorecido el comportamiento inocente de los hombres que hicieron de la Razón su guía exclusiva. Pareciera que, para que el hombre racionalista se comporte malévolamente, basta que se le dé una doctrina científica que lo justifique y lo impulse a ello. Ni la ciencia ni el racionalismo están excluídas, per se, de obrar el mal.




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Mendivagancias

La voz alcancía designa a una tinajilla o botija de barro con una ranura en la parte superior por donde se puede ir introduciendo moneditas de modo que, para sacarlas, hay que destruir el recipiente. Para los niños de antes, el romper la alcancía de un porrazo una vez llena era un acto emocionante y deseado. A semejanza de las alcancías, también llamadas “huchas”, algunos individuos poseen la habilidad de obtener sus ingresos moneda a moneda sin otro esfuerzo que vaya más allá de pedir por la boca y extender la mano. Acertará el lector si en esta descripción reconoce a los mendigos.

Todavía en tiempos de la dictadura a los mendigos se les llamaba pordioseros, pues pedían “una limosna, por Dios”. En cambio, los abundantes mendigos de la democracia, disponen de diversidad de motivos laicos para pedir. Al respecto, hay que distinguir en la mendicidad tres grandes segmentos: los mendigos de aquí, los venidos del resto de las Expañas y los procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB).

Entre los mendigos jóvenes de aquí, la razón más aducida es la de tomar el autobús o el topo  para volver a casa. Hay quien pide para un bocata. Incluso hay una mujer que solicita dinero para implantarse un díu. Entre los mendigos de la cantera propia destacan  lastimosamente  ancianos con pensiones bajas y que carecen de familiares que los apoyen. Aunque no sea rentable habría que practicar con estos viejos la “discriminación positiva”, que por ahora se reserva a la mujer, al batúa, a perros y gatos abandonados y al lobby del gay hacer.

Los mendigos que proceden del resto de las Expañas, son hoy un género escaso y temporero representado por gitanas que venden ramitos de romero, leen la buena ventura y no se sienten en su ambiente. En tiempos, los mendigos españoles tuvieron más nutrida representación, y dieron ocasión a Don Sabino Arana para ilustrar la innata generosidad de los vascos étnicos, digo esos tipos de amplia chapela, orejas grandes y falso prognatismo.

Los mendigos procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB) aborrecen el trabajo, mas que todo por motivos de identidad. Así y todo mienten cochinamente aduciendo que son víctimas del paro. Actúan, además, bajo la guía de mafiosos llamados señores naturales, que optimizan los rendimientos, establecen la rotación mendivagante, reparten los puestos, espantan a los pedigüeños que no son de la cuerda, e inician negocietes y trapicheos bien tolerados en la Expaña de las autonosuyas y de las autonomías. ¿O no?



sábado, 14 de noviembre de 2009

Recortes

En esta hora de severos recortes a la investigación se me ocurre recordar que fue Miguel de Unamuno, quien soltó en mala hora aquello de “que inventen ellos”. Esa frase, despectiva e imperiosa, señalaba, más que todo, que aquella España que los de la generación del 98 estaban imaginando debía decidirse más por las cosas del espíritu que por la positividad de las ciencias o la directa practicidad de la tecnología.

Por una razón o por otra, Unamuno casi no gusta a nadie hoy en día. Y yo, por mi parte,  no alcanzo a entender bien la maniquea separación unamuniana entre el espíritu por un lado y las ciencias por otro; pero, la verdad, todo parece indicar que se ha hecho cumplido caso a lo que de negativo tiene la ocurrencia del solitario Rector.

Porque desde los lejanos tiempos del Dr. Huarte de San Juan, del Dr. Hernández, y del Dr. Menardez, hasta los del hodierno siglo XXI, España es un erial científico en el cual sobrenadan personalidades poderosas que enarbolaron como pudieron el torrotito de la investigación. No voy a entretenerme en rememorar, por consabidos, a Santiago Ramón y Cajal, Isaac Peral, Torres Quevedo, Juan de la Cierva, al Dr.Trueta o al Dr Ochoa de Albornoz. Tampoco voy a citar a los que ayer o anteayer, seducidos por ofertas oficiales, osaron retornar del extranjero; ni a los que ahora mismo se enfrentan con los feroces recortes que con la crisis han hecho diana, qué casualidad,  en las rúbricas de investigación más serias.

La cuestión es más grave de lo que parece porque, aún siendo hoy más numerosos los científicos que en otras épocas, ni por su número, ni por su trabajo de laboriosas abejas  alcanzan a colmatar el desnivel que separa a España, p.e., de un país pequeñín como Bélgica.

En resumen, en el jardín de las ciencias experimentales, no abundan  precisamente los claveles españoles y pasa lo mismo con las ufanas gardenias expañolas. Ni tan siquiera los imponentes archivos o las grandes bibliotecas heredadas del pasado disponen de presupuesto, ni de personal en número suficiente, para ser gestionados con la eficacia y el provecho que cabría esperar. De hecho, esa acumulación de tesoros archivísticos y bibliográficos es inoperante en cuanto a servir de cauce profesional a los jóvenes doctorandos e investigadores en humanidades y ciencias sociales que se ven necesitados de emigrar. En el cacareado diálogo de civilizaciones, la civilización ibérica, regida por el cortoplacismo de los políticos, parece enfrascada en asegurar su propio silencio.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El Muro

Ayer se cumplió el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Más que de una caída se trató de un verdadero derribo ocasionado por una fuerza que adunaba la potencia de la libertad recobrada y el impulso incoercible que la verdad puede adquirir en determinados momentos históricos. Esta combinación fue suficiente para ensanchar las grietas en la mole de opresión de la cual el muro de Berlín era metáfora visible.

Pero hay otra causa que a veces se nos oculta: la Unión Soviética fue incapaz de sostener la carrera armamentística a que había sido retada por los Estados Unidos. Esto nos permite enfocar la caída del muro de Berlín -triunfo de la libertad y exigencia de la verdad- como un movimiento de poder que a su vez ocasionó una nueva disposición de  fuerzas y actitudes políticas en Europa y en el mundo.

En los Estados Unidos la caída del muro de Berlín hizo que confluyeran la nueva posición hegemónica alcanzada por los Estados Unidos y el antiguo ideal norteamericano del  aislacionismo. A su vez, esta mezcla dio lugar a una confusión que explica los errores de Bush: la de que un poder hegemónico puede proceder ventajosamente por su cuenta y riesgo  prescindiendo de alianzas y compromisos. En Europa, en gran parte encaminada ya hacia la Unión, la caída del muro fue el preludio de la reunificación alemana que a su vez reactivaba el ideal unificador de Bismark.

Pero ¿qué significa la reunificación de Alemania dentro del contexto de Europa? Significa, en primer lugar, que el papel de centralidad que Francia desempeñaba pasa ahora al campo alemán, rompiéndose así una consideración geoestratégica vigente   desde la terminación de la II Guerra Mundial. Esto lleva consigo otra consecuencia: la recuperación para Alemania de su particular y tradicional esfera de influencia cultural, comercial y humana sobre los países de la Europa Central y Oriental. El mapa actual de las inversiones alemanas nos confirma que Polonia divorciada de Rusia; la Checoeslovaquia partida en Chequia y Eslovaquia como Hitler quería; la Yugoeslavia dividida como Hitler la dividió, nos dan razón para decir que la historia de hoy está entregando en bandeja a Alemania, lo que el príncipe Bismark ideó como proyección pacífica y Hitler intentaría  más tarde arrebatar por la fuerza.

Es difícil e inútil querer hacer de profeta en materia de desarrollos de poder. Pero cabe hacer una evaluación prospectiva cuyo resumen pueda ser captado por el hombre de la calle, que es lo que se intenta en estas modestas líneas. En la Europa de hoy, Alemania está llamada a adquirir cada vez mayor peso o Europa sencillamente no será.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Piratas

Los piratas nunca  han intentado pescar. No les vale la pena la continuidad del esfuerzo. La ingesta de “khat”, que entra en sus costumbres diarias, no sólo les excita la libido sino que les quita las ganas de comer.

Y es la pobreza la que los  empuja a la piratería, según dicen los expertos del  humanismo internacionalista. No comulgo con tamaña simpleza. Los piratas  piratean por la cuenta que les trae. Ya se sabe que  “ni en la tierra ni en el mar hay negocio mas redondo que el robar”. Y más si se dan las siguientes circunstancias. Una: que el instrumental para el delito se haya recibido de regalo, como es el caso. Dos: que las víctimas estén aisladas e indefensas, como es el caso. Tres: que los hechores den por seguro que su acción les va a salir de rositas, como es el caso.

Los piratas –los once que permanecen a bordo, mas el conjunto de los que en tierra “hacen” de autoridades y de mediadores -  dan pena al personal de las oenegés porque algunos no llevan calzoncillos debajo de sus pantalones y se atan con cuerdas las gastadas botas. Pero las armas que portan – herencia soviética de los antiguos Frentes de libración Nacional- son perfectamente adecuadas a sus tropelías. Se trata de armas sencillas, que casi no necesitan mantenimiento; los entendidos dicen que las podría manejar  un chimpancé.

En este ambiente tienen que trapichear los representantes de España para salvar a  los rehenes.¡Muy bueno lo suyo! Lo que descompone el cuadro es que hasta el momento la suerte de los secuestrados depende de los piratas, no de las habladas de la ministra Carma Chacón ni de los apuros del diplomático Sr. Moratinos, el de las dilatadas   argucias. Y ahora los piratas se aprovechan de una ventaja más: la de contar con la simpática figura del “menor” Abdu Willy  (en realidad Addulla Ualí) creada en Madrid por los medios españoles. Pero, amigo: a lo largo de la crisis provocada por el cautiverio del Alakrana han salido de bocas oficiales algunas lindezas: las fuerzas armadas no están autorizadas a defender los barcos directamente: la seguridad, para quien se la pague. Los pescadores, con sus atrevidas singladuras tras los peces, son los que han provocado esta situación. Caer en manos de piratas es un riesgo que han de asumir los pescadores y los armadores. Se conoce –pienso yo- que por encima de todo el gobierno del Reino de las Diecisiete República  se propone garantizar los derechos humanos de los piratas. Pero¿y los pescadores secuestrados?

Un ruego: periodistas, cuando los cautivos sean liberados no les pregunteis si han recibido buen trato. Sería de vuestra parte una muestra gratuita de cinismo y de artería. Un envío: a las mujeres y familiares de los cautivos, mi respeto y mi apoyo. Quiero estar en la misma ribera, en la misma espera y con la misma esperanza que vosotros.  

martes, 27 de octubre de 2009

Embustes


Se dice y se repite que no se puede vivir en democracia sin luz y taquígrafos,  elementos que permiten ver las cosas y dejar constancia de lo que ha pasado. Pero como la presencia de la luz y de los taquígrafos puede inducir al ciudadano al peligroso hábito de querer comprobarlo todo, hay muchas ocasiones en que el embuste resulta rigurosamente necesario además de inevitable, para paliar los imprevisibles efectos de querer indagarlo todo.

Invito a los lectores a que se ponga las pilas y comience a hacer el recuento de las mentiras, mentirijilas, disimulos, ocultaciones y sobrentendidos que ha oído en los últimos meses y que son como los hilillos de agua que convergen hasta formar la ciénaga de lo que se puede llamar  el gran embuste nacional. Y que conste que no me meto contra el gobierno como si éste fuese el único factor de todas las mentiras. Voy más bien a las actitudes generales que hacen posible que el embuste exista al por mayor y al detall.

De hecho, la abundancia del género es tal, que apenas hay que añadir algo al muestrario que nos brinda la realidad. No obstante conviene aclarar que embuste no es sencillamente  “engaño o mentira grande o burda” tal como lo define nuestro diccionario, empeñado en limitar el sentido amplio que la palabra tiene. No, amigos. Embuste es el equivalente, mal pronunciado y mal escrito, de la palabra i-m-p-o-s-t-u-r-a, que significa algo mucho peor que una mentira sola.

En efecto, para elaborar una impostura, o sea un embuste en toda la regla,  es preciso emitir un conjunto orquestado de mentiras.

Por su complejidad, el embuste necesita todo un tinglado mediático –tv, prensa, radio- en el que recaen las importantes funciones de repetidor incesante y de glosador interesado. La repetición es necesaria por su eficacia para suplantar a los argumentos. Y la glosa, se hace imprescindible en la construcción del mosaico de falsedades que ha de ofrecerse al ciudadano para que consienta en renunciar a sus propias ideas y se incline a aceptar como verdad lo que los muñidores y beneficiarios del embuste le presenten como versión correcta y definitiva.

Si con estos datos no puede el lector identificar un buen puñado de embustes, le prometo mi ayuda para otra ocasión. Y, si mientras  tanto, el agua le llega al cuello, no piense que el país se hunde, sino está siendo víctima del cambio climático.

jueves, 15 de octubre de 2009

Jesús Nonato


Es uno de esos pequeños museos de presupuesto escaso que recogen los sobrados de siglos de persistente  devoción popular manifestada en centenares de objetos que, en días de mayor fe y de más  gusto por la iconografía, llenaron iglesias y oratorios. Me refiero al Museo Diocesano de San Sebastián.

Y no voy a detenerme en los rasgos que diferencian los museos de imágenes y objetos sacros de  aquellos otros que recogen colecciones de muñecos y objetos curiosos. Solo quiero atraer los ojos de los lectores sobre unas tallas pequeñas y de rústica factura que  muestran a la Vírgen María retadora y ostensiblemente en estado de buena esperanza.

Pero ¿Cómo llamar a estas imágenes tan explícitas? De entre todos los nombres posibles yo me quedaría con el de imágenes “brefodélicas”,  donde el término “brefos” –feto en griego- se combina con “delo” que en esa misma lengua significa mostrar a las claras,  decididamente, sin ambages.

Porque estas imágenes de la Virgen María a las que me refiero, ostentan un rasgo  que las distingue de otras similares: pueden abrirse para mostrar al Niño Jesús nonato, por mejor decir, al Jesús-Feto acogido al seno materno.

¿Qué motivo impulsó al escultor desconocido a labrar estas imágenes que mostraban que Jesús, por hombre verdadero, había pasado también por la situación de feto? ¿Acaso fue una serie de abortos que alarmó al vecindario aldeano? ¿O se quiso atajar un brote de la  herejía que negaba la humanidad de Cristo, como hoy las decisiones ministeriales niegan la humanidad del feto? ¿Hubo acaso algún aborto singular que impresionó particularmente a los lugareños?

Me conmueven estas imágenes donde la Virgen Madre hace ostentación del “ fruto de su vientre”, como expresa el Avemaría siguiendo en esto el uso del derecho romano que equiparaba la mujer al árbol y el “nasciturus” al fruto. El derecho romano procedía por analogías y así se fue ampliando desde el primitivo Derecho quiritario hasta el Derecho universal que llegó a ser en sus días de plenitud. Y hoy, el antiguo símil del árbol que produce dulce fruto nos interpela todavía en estas misteriosas imágenes que se han atrevido a expresar juntamente la emoción sagrada de la Encarnación del Verbo y la genesíaca y triunfal alegría femenina de haber traído un nuevo ser humano al mundo.


sábado, 10 de octubre de 2009

Y del Ciudadano ¿Qué?

La idea de asimilar o integrar a los emigrantes se presenta de ordinario referida a un  marco territorial. Así se dice, p.e., que deben integrarse en España, o en Euskadi, en Barcelona o en Coscurita del Río Tirón. Sin embargo, la asimilación -como proceso y como resultado- sólo puede darse cuando hay interacción  entre grupos humanos. La asimilación de un grupo humano a un territorio más sería aclimatación que otra cosa

Hoy en día, en vez de asimilación se  prefiere emplear la palabra integración, a la que se  asocia con las excelencias de la democracia. Pero si consideramos que integración social equivale a la asimilación y participación de las personas y de los grupos parciales en las tareas, obligaciones y derechos de la sociedad total, comprenderemos la vacuidad de esa distinción, basada, por cierto, en el doble sofisma de que la igualdad de naturaleza entre los seres humanos conlleva la igualdad en todos los órdenes -también en el cultural- y de que la proclamación jurídica de esa pretendida generalización de la igualdad basta para hacerla efectiva.

Pero ningún escamoteo léxico, ni ninguna declaración jurídica formal pueden anular las diferencias de todo tipo que existen entre los grupos humanos y entre los individuos. Igual de inútiles a ese efecto son las simplificaciones, que consisten en clasificar sin más a los recién llegados como fuerza de trabajo para forzar su admisión; o en dramatizar sobre su condición de victimas, de necesitados o de discriminados, para hacerlos objeto de compasión; o en cubrirlos con el impreciso nombre de extranjeros con el fin de mantenerlos aislados.

Son las diferencias reales  las que convierten en necesaria una política de asimilación, y las que al mismo tiempo hacen de ella una tarea difícil. En contraste con el bla bla bla del multiculturalismo  oficial y oficioso, el día a día le está diciendo al ciudadano lo que los políticos se niegan a escuchar: dadas las proporciones del fenómeno, es preciso que la admisión de inmigrantes se atenga a una escala de similitudes, de coincidencias y convergencias. El precio de no hacerlo es crear nuevas fuentes de  desarticulación social.

Ni el Estados de las Autonomias ni las Autonomías del Estado, están llamados a asumir el papel de beneficencia mundial atribuible a las oenegés, y tampoco es su papel el   remedar a la Iglesia en materia de obras de misericordia como es la de dar posada al peregrino. ¿Es mucho pedir esto en momentos de crisis?

viernes, 2 de octubre de 2009

La Alfombra y la Escoba


De ordinario las alfombras sirven para recubrir los suelos. Cuando cuelgan de las paredes, a las alfombras las llamamos tapices; y tapetes a las más pequeñas que sirven para ornamento de veladores, mesillas y muebles semejantes.

Algo tienen que ver estos productos del telar con la ocultación y el disimulo, porque tapiz, por ejemplo, es  palabra emparentada con tapadera, con tapón y con tapar, y también con esa pequeña porción de alimentos sólidos que se ponía a manera de tapa sobre la boca del chato o de la copa para acompañar la  bebida y que, por servirse frecuentemente pinchada en palillos pasó a llamarse pincho o banderilla. Oculta en una alfombra enrollada se presentó Cleopatra a César. Y es fama que las alfombras sirven a las barrenderas poco diligentes  para esconder el polvo que debían barrer.

Según se cuenta en las Las Mil y Una Noches, en tiempos de Harum-al Raschid había en Bagdad alfombras mágicas que servían para volar. Y aún hoy en día, los musulmanes usan las alfombras como reclinatorios para elevar sus preces que, viendo las cosas bien, es una forma de remontar el vuelo.

Las alfombras contribuyen a la comodidad de los hogares y al sosiego de los vecinos convirtiendo el andar en un ejercicio muelle y silencioso. Con todo, pueden constituir un obstáculo para quienes se desplazan con dificultad. Por eso, no hay alfombras extendidas en casa de los viejos, de los cojos y de los parapléjicos.

Moverle la alfombra a uno es ponerlo en condiciones de perder el equilibrio en cualquier materia. Extender ante alguien “la alfombra roja” es recibirlo con todos los honores. Alfombrar la calle de papeles es inundarlas de propaganda volandera. Levantar las alfombras es acción exploradora encaminada a descubrir cosas que estaban destinadas a permanecer ocultas.

A los políticos les da a veces por “barrer bajo las alfombras” dando a entender al pópulo que a golpe de escoba las Expañas se desharán de la inmundicia oculta. Pero es sabido que las escobas, en manos de ciertos políticos, tanto valen para barrer como para echarse a volar, igual que si se tratara de brujas. ¿Y qué pensar de todo esto? Yo pienso que, dados los altísimos principios de la moral dominante que advierte que “donde las dan las toman” y que “de tonto del nabo es exponerse a que le pisen el rabo”  sólo debían atreverse a barrer bajo las alfombras quienes estuvieran verdaderamente limpios de polvo y paja, y eso con grandes precauciones. En cuanto al vuelo en escoba por motivos políticos, sólo cabe  recordar que, mucho más difícil que emprender el vuelo es saber dónde posarse. Digo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Demencial


Hay un grave obstáculo para rendir el acostumbrado culto de hiperdulía al General Bolivar con ocasión de cumplirse el Segundo Centenario de la Independencia de la América Meridional: la imposibilidad de encontrar coherencia en su ideología y en su conducta, pues el proclamado Libertador fue el guía errático, el gran  contradictor de sí mismo, el gran arrepentido o el gran fracasado,  según se miren las cosas.

¿Cómo compatibilizar, p.e., su cacareado humanitarismo con su expeditiva orden de  exterminar a todos los varones mayores de 15 años en la región de Pasto, barbarie a la que hay que añadir la “dispersión” forzosa de las mujeres y de los menores que con aquella medida quedaban desamparados? ¿ O cómo ignorar que fue Bolivar quien firmó el “Decreto de  Guerra a Muerte” que condenaba a peninsulares y canarios – los vascos tampoco se libraron- a ser pasados por las armas ?

Por otro lado ¿no es acaso muestra de su escasa visión como estadista la estúpida admiración que profesaba a Inglaterra como nación benéfica que guiaría ¡desinteresadamente! a la América ex española por la senda inmarcesible del progreso y de la libertad? ¿Y qué decir de la convocatoria bolivariana para reunir en la Panamá   empobrecida por la guerra civil e infectada de malaria y fiebre amarilla, a los plenipotenciarios de las Américas y de las potencias del mundo para formar una Anfictionía o alianza al estilo de la Grecia clásica? ¿O tendremos que preferir al Bolivar admirador de Petión, tirano negro de Haití al que el venezolano tenía por  digno de imitación? ¿Y qué pensar del llamado caudillo de la “unidad continental” que, encima de dividir definitivamente en dos al antiguo y poderoso Virreinato del Perú, se permitió rotular con el nombre de Bolivia –derivado de su propio apellido- al enorme territorio del Alto Perú, objeto de la secesión ?

La mejor parábola acerca de ese Océano de confusiones y contradicciones que fue Don Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolivar y Palacios,  la escribió hace años el  colombiano Gabriel García Márquez en su obra “El General en su laberinto”. No otra cosa que laberinto fue el mundo de las decisiones y de las ideas de Bolivar, que al final de sus días –paradójicamente acogido en casa de un español-  expresó que había “arado en el mar”. Puede que Bolivar con sus sinuosidades comunique la sensación de valer lo mismo para un roto que para un descosido. Pero es demencial que sobre su contradictorio y sangriento legado se quiera refundar todo un continente. No fue posible ayer. Tampoco lo será ahora, aunque sea el Coronel Cháves quien lo intente.


lunes, 14 de septiembre de 2009

La Mecha Corta

Caso por caso, casi nunca hay nada que añadir o quitar del consabido esquema de los dramas pasionales de hoy: socio de cama  y cobija defraudado porque reclama la coyunda habitual que la otra ya no le quiere dar; o cipote de ocasión que, al verse contrariado en sus rijos, toma venganza de la peor manera posible: quitando la vida a la destinataria e inspiradora de un ramalazo pasional que bien pronto cayó en la turbiedad del crimen.

Es difícil expresarlo; pero llama la atención la inadvertencia con que las víctimas y los hechores corren a sumirse de cabeza en el vórtice del huracán pasional que acarreará, aunque de muy distinta manera, la perdición de ambos. Por lo regular, víctima y victimario parecen  ignorar la violencia que puede llegar a adquirir las propias pasiones una vez desatadas. Y es el suyo un ignorar tan ignorante que hasta podría parecer inocencia si no hubiera tantas razones para comprobar lo contrario.

En efecto, los protagonistas de estos sucesos no son ajenos a la procura de una sexualidad que rehuye todo compromiso moral, social e incluso sentimental, aunque otra cosa quiera dar a entender a veces la cursi expresión “compañeros sentimentales.” Los  anticonceptivos multimodales y la posibilidad real del aborto les animan –sobre todo a los individuos jóvenes- a confiar en que no hay consecuencias que no puedan ser evitadas, ni responsabilidades ante las que no se pueda escurrir el bulto. La permisividad hace que la faceta social y familiar de la barrera del pudor quede anulada de antemano.

Por antigua certidumbre se sabe que los intercambios sexuales planteados a la ligera no escapan a la tiranía de las hormonas y al imperativo de la voluntad de dominación. Pero sucede que en estos lances ellos y ellas eligen hoy comportarse de una forma  “naïf”, como queriendo ignorar que están jugando con sus tendencias ferales. Cada cual y cada cuala quieren mostrarse ingenuos mimetizando una candidez que no resulta creíble en vidas que, por todos los indicios, habían decidido explorar a todo riesgo lo que da de sí el placer inmediato.

Han creído que era compatible con la pasión venérea la despreocupación de una falsa inocencia que, por desgracia, sólo se transformó para ellos en algo más genuino cuando, al lado de los “eurekas” del placer que buscaban,  toparon  brutalmente con el dolor y con el horror que acudieron sin ser llamados. Habían elegido la mecha corta. Y jugaban con explosivos.




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Conmemoracion

La conmemoración del comienzo de la II Guerra Mundial está dando lugar abundantes escaramuzas verbales. Pese a los años transcurridos, las heridas parecen seguir  en carne viva. Tal actitud no debe atribuirse sin más a la pervivencia de resentimientos históricos, sino a la solapada vigencia de dos principios íntimamente relacionados entre sí: primero, la necesidad de zonas de influencia o áreas  territoriales vinculadas a la seguridad militar y a la expansión comercial de los Estados; segundo, la posesión de un espacio vital que acoja a la población excedente. En 1939, Inglaterra aliviaba su potente demografía volcando ciudadanos en sus prósperas colonias blancas; Francia, los volcaba sobre Argelia; y Rusia les daba salida en la inmensidad de sus territorios que se extendían –y se extienden- más allá de los Urales hasta el Mar del Japón. En cambio, Alemania, que había sido despojada de sus colonias ultramarinas y de gran parte de sus territorios del Este, carecía de ese espacio vital.

Hoy en día, lo del espacio vital ha sido solucionado en falso con el aborto, que hace disminuir drásticamente la propia demografía y obliga a nutrirse de la ajena creando graves problemas para el futuro. En cuanto a las zonas de influencia nacionales, dicen que superadas por la globalización, se han visto en realidad complicadas por la caída de la Unión Soviética y la subsiguiente reunificación alemana que ha empujado hacia el Este las posiciones de la OTAN en detrimento de la zona de influencia rusa y, de paso, ha otorgado a Alemania la centralidad geopolítica que a Francia correspondía cuando el ámbito considerado era sólo el de Europa Occidental. Y es que la Historia parece empeñada en ofrecer a Alemania lo que Hitler quiso arrebatar por la fuerza, en tanto que a Rusia le corresponde darse cuenta que, pese a todo, es el único de los antiguos imperios territoriales que no ha sucumbido ante el superpoder anglosajón.

Quizá estas breves reflexiones ayuden a explicar las diferentes actitudes de la Sra. Merkel y del señor Putin como representantes en Varsovia de los dos países que hace setenta años se pusieron de acuerdo para invadir Polonia. Angela Merkel con su serenidad parecía proclamar: “no preciso estar a la defensiva porque allí donde quiera sentarme estará la presidencia”. Putin, en cambio, jugaba el embite de una Rusia que se siente acosada pero que no es tan débil como suponen sus rivales y, además, está convencida de que éstos pronto necesitarán de ella.


martes, 18 de agosto de 2009

Claves

Una forma de interpretar ordenadamente lo que pasa en el Irak, es dejar de pensar en clave “pesadilla musulmana” y tomarlo como un fenómeno sociológico excepcional, sí, pero susceptible de manifestarse en cualquier país sujeto a las mismas circunstancias.
La difusión de noticias seleccionadas, crea una barrera tan eficaz contra la verdad como la misma censura. Este hecho, más el espejismo musulmán antedicho, hacen que el lector se considere bien informado acerca de sucesos que, en realidad, sólo percibe a través de la bruma de la desinformación. Superando la bruma, lo que ahora acontece en Iraq es sencillamente expresión de una Guerra Civil Residual Inducida.
Inducida, porque es producto de una intervención externa de destrucción de poder al cual no se ha querido, o no se ha sabido, encontrar sustituto. Residual, porque al destapar la olla, la ebullición ha hecho que se revuelvan los sobrados del poder anteriormente establecido (partido Baas) con la basura social que escapa del fondo removido (delincuencia organizada) y con las nuevas aechaduras que se cuelan por las fracturas étnicas (kurdos) y religiosas (chiitas y sunnitas).
Europa ha vivido situaciones parecidas. El ejemplo más claro lo brinda la Italia de la II post Guerra Mundial. Desde 1943 hasta 1948, hubo en aquel país una verdadera Guerra Civil Residual en la que los restos sueltos del Fascio libraron una feroz guerra irregular contra los partisanos comunistas y de otra procedencia que aspiraban a sustituir a aquellos en el poder. En Italia hubo, como en el Iraq de hoy, triunfales afloraciones de la delincuencia común: la mafia cubrió, en concierto con los aliados invasores, los puestos de la administración local y regional, y el estraperlo y la prostitución tuvieron en el Tombolo, campamento cercano a Pisa y a Livorno, su gran centro comercial alimentado por los suministros del ejército americano. El factor religioso fue decisivo, ya que para contrarrestar a los comunistas fue necesario que Roma apelara a la conciencia de los católicos. Las fracturas étnicas se manifestaron en el exterminio de italianos latinos a manos de italoeslavos izquierdistas en la Venecia Julia. Las fracturas regionales desembocaron en el independentismo siciliano puesto sobre las armas. Y es que resulta verdad aquello de que “cuando el cielo cae, se han de romper las ollas”. En este caso el cielo es el poder… las ollas las ponen las circunstancias.

martes, 11 de agosto de 2009

Bang

El terrorismo es una actividad homicida que disturba la conciencia de algunos. Y digo de algunos y no de muchos, porque la experiencia aconseja no hacerse ilusiones en materia que exige cierta exquisitez, cuanto más que el terrorismo es considerado hoy como un pragmático modus operandi cuyo calado moral ha de medirse de acuerdo a la oportunidad política o al consenso social. Tiene miga el asunto, porque el terrorista, erigido en juez, fiscal, verdugo e incluso en difamador de sus víctimas, reclama para sí la licencia de catalogar la vida y el sufrimiento de otros seres humanos, según el provecho que con eso pueda obtener para avanzar hacia sus objetivos.El acostumbramiento de los ciudadanos a ver aplicar esa catalogación, corrompe las conciencias y a la vez provoca hipócritas distorsiones en el modo de convivir y de expresarse. El efecto será tanto más profundo cuanto más prolongada haya sido la práctica terrorista y cuanto más dinámico sea, en el seno de la sociedad, el segmento de población congruente con el terrorismo. Y que conste que evito hablar de cifras y de calificar de tontos o de listos a los miembros de tal segmento, porque quiero recalcar que lo que tiene importancia es el dinamismo del grupo y no el número ni las capacidades intelectivas de sus miembros.Pero se nos dice y se nos repite, que el terrorismo no conduce a nada porque quienes lo practican serían un reducidísimo grupo de descerebrados, o acaso de animales de bellota dotados de una ferocidad incoercible que nada tiene que ver con los vascos, esas gentes sencillas que danzan al pie del Pirineo al son del chistu y del tamboril. Se trata de argucias inevitables y quizá necesarias para el poder establecido cuando ha renunciado a sustentarse sobre principios morales y, que, al no contar con argumentación de más fuste, se ve precisado a sacralizar a su manera la configuración jurídico-formal del orden establecido o a dibujar coros de ángeles sobre las ufanías locales. De allí también que se otorgue a la opinión publicada la función de Tribunal de Corroboración que consiga hacer pasar por verdades, coletillas ingenuas como esa de que el terrorismo no conduce a nada. Pues miren vuestras mercedes, a Menahen Beguin, a Yaser Arafat, a John Hume y a David Trimble los condujo, de bomba en bomba, al Premio Nobel de la Paz, sin contar con las metas intermedias. Son las “parajodas” de la cultura de la muerte. En esa estamos ¿O no? ¡Bang!www.maquinaciones.info

sábado, 1 de agosto de 2009

Hazaña Bibliográfica

Tiene padre y tiene madre. Pero no tiene padrinos, ni morbo que la haga atractiva. No será, pues, la noticia del  verano. Dejada a la deriva de las exigencias publicísticas, pasaría perfectamente desapercibida. Con todo, siempre que se tenga del lector una idea que vaya más allá del reconocimiento de su condición de persona acosada por las prisas, vale la pena destacar una noticia como ésta. Porque resulta que el Ministerio de Cultura ha digitalizado para incluir en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico  Nacional, más de 60.000 páginas correspondientes a 157  títulos de la dispersa Biblioteca de Ultramar. Justamente la porción de aquellos fondos que desde 1941 quedaron depositados en el museo de América. Los cambios de ubicación de los libros de esta biblioteca, un pequeño galimatías que ahorraré al lector, podrían ser la representación del carácter errático, pulsatil, olvidadizo y pobretón de la política cultural española que maneja verdaderos tesoros con presupuestos que a veces no envidiaría el ayuntamiento de un poblacho en  fiestas.

La historia de estos fondos biliográficos comienza en 1887, cuando la Administración se propuso reunir  con ocasión de la Exposición General de las Islas Filipinas elementos de estudio para el fomento de las colonias, que en aquél momento, además de las ya mencionadas Filipinas, eran Cuba, Puerto Rico, las Islas Marianas y Palaos, las Carolinas, Guam y la isla de la Mona. Todo un mundo insular que pronto cambiaría de manos. En lo que se refiere al Océano Pacífico, parte de las Marianas, Palaos y las Carolinas fueron vendidas al Imperio Alemán. El resto quedó como botín de guerra  para los Estados Unidos. Las Filipinas, ganarían su independencia después de la II Guerra mundial. Las Islas Marianas del Norte, con capital en Saipán, constituyen  la “Commonwealt of the Northern Mariana Islands”, vinculada a los Estados Unidos como Estado Libre Asociado, situación envidiada, mudando lo mudable, por algunos soberanistas de Euzkadi. Ese es hoy el mundo insular explorado por Magallanes, Elcano, Legazpi y Urdaneta.

Pasados los años, vino el Reino de las Diecisiete Repúblicas a quedar en posesión del tesoro bibliográfico surgido casi en la proximidad de ese crepúsculo que fue para la España de fines del siglo XIX la guerra contra los Estados Unidos. En buena hora se ha sabido dar ¡por fin1 a una parte de estos libros la  valoración y el trato informático debidos. Tres hurras para el Ministerio  que ha cumplido tal hazaña.

jueves, 23 de julio de 2009

La Gran Cuestión

El futuro de la democracia es la cuestión que se plantea detrás de los sobresaltos actuales. ¿Cuál es hoy en día su posición en el mundo? ¿Qué superioridad enarbola para ser propuesta como modelo universal? No, desde luego, la superioridad demográfica ni la territorial. ¿Acaso le queda la superioridad tecnotrónica y militar, o la superioridad intelectual y moral?

Cayó la  Unión Soviética, pero el poder totalitario de China ha logrado consolidarse y, sumado a los residuos del comunismo que quedan en Corea, en Indochina y el Caribe, el comunismo no puede darse por desaparecido, pues gobierna casi una tercera parte de la población del mundo.

El despotismo teocrático, adulcorado en ocasiones, domina en Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Marruecos y  el Sultanato de Omán. El despotismo pseudo socialista y republicano domina en algunos países que han intentado una  reforma a su manera: Argelia, Egipto, Islas Comores, Líbano, la Jamahiriya Árabe Popular y Socialista de Libia, Mauritania, Sudán, Túnez, Yemen y Yibuti. A los países enumerados hay que agregar el  proclamado Dawlat Filastin, llamado Estado de Palestina, juguete  de poderosos grupos terroristas. Por lo demás, el terror islamista lucha por crear un Califato Universal, ambición que inevitablemente choca con el tipo de gobierno mundial al que aspiran  las democracias occidentales.  ¿Y quién se atreverá a decir que el Afganistán ocupado y el Irak, liberado no se sabe bien de qué, gozan de regímenes democráticos? Tampoco Indonesia, Pakistan, Bangladesh e Irán se acercan ni remotamente al cliché político occidental. Igual sucede con la India, gobernada por oligarquías eficaces, y con el  África negra, gobernada por oligarquías voraces e ineptas.

A todo esto hay que añadir que en los propios países occidentales el crimen organizado ha conseguido permeabilizar a su influencia estratos sociales como la abogacía, la judicatura, la policía y la banca, cuya corrupción contribuye a deteriorar las vísceras mismas del sistema.

¿Qué le queda entonces a la democracia? Algo muy visible y material: su aplastante poder militar y tecnotrónico que, por otra parte, nadie quita que pueda ser superado. De reserva intelectual y moral sólo le quedan el laicismo radical y el nihilismo ético, en el fondo, puras negaciones, incapaces de defender a la democracia de los cambios dislocantes que ellas mismas provocan.

jueves, 2 de julio de 2009

Palmerola

El presidente de Honduras, se ha metido en honduras, y ha terminado por salir centrifugado, teniendo que refugiarse en Nicaragua. Experto en centrifugaciones, el presidente Zelaya comenzó por rebasar los límites del centro derecha liberal con que ganó las elecciones de noviembre de 2005 para internarse, pasito a pasito, en el terreno del izquierdismo chavista. Como Cháves o como Evo Morales, Zelaya se contempla a sí mismo como un tribuno del pueblo y, como tal, tiene sus propios planes, que han sido elaborados olvidando que los tratados internacionales obligan y más si la otra parte es una potencia mundial.

Y el tratado que obliga, cómo no, fue suscrito con USA,  aunque en este caso todo se concentra en un lugarejo llamado Palmerola, en el centro de Honduras. Alli se ubican la Base Aérea de Soto Cano, la Escuela de Pilotos y el Museo del Aire de la Fuerza Aérea Hondureña. Allí reside también el Cuartel General de la Joint Task Force-Bravo, en español “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo”, integrada en el Comando Sur de los Estados Unidos que hace la centinela y guardia del inestable istmo centroamericano que tanta importancia tiene para el comercio transoceánico.  

Secundando las intenciones de Cháves, Zelaya ha intentado anular la capacidad militar de la base, ya tratando de convertirla en aeropuerto de carga, ya tentando a los militares con los gajes surgidos de las contratas de obras públicas para la reconversión de las terminales, ya comprando voluntades con dinero proporcionado por el Gobierno de Cháves. Y por último, tratando de forzar un período constituyente a partir –agárrense al asiento- de una “consulta informal” que será realizada por el Instituto Nacional de Estadística de Honduras, de espaldas a la Cámara y a las decisiones de la Corte Suprema de Justicia. Así se decidiría el futuro del país incluyendo su alineamiento con el grupo ALBA -Alternativa Bolivariana para las Américas-, encabezada por Cháves.

Técnicamente, la destitución de Zelaya es una movida a la centroamericana en la cual, al golpe de Estado ideológico que el Presidente tenía preparado, se le adelantó otro urdido en los Estados Mayores basándose en la Constitución vigente. Un verdadero lío. Teniendo en cuenta que la otra Task Force de la zona, la que tiene sede en Guantánamo, está ahora bajo el ataque humanitarista: ¿Cuál será la actitud de Obama ante los sucesos de Honduras? Apuesto un euro a que no se correrán riesgos con Palmerola.

miércoles, 24 de junio de 2009

Muros

Israel tiene ahora tres muros: el Muro de las Lamentaciones y otros dos muros que lamentan todos. Uno en Gaza, otro en Cisjordania.

El Muro de las Lamentaciones es en realidad parte del terraplén que sostiene la explanada del templo. Es más bien una pared que eleva que un muro que separa.

De los otros dos, el de Gaza trata de impedir los continuos ataques de los extremistas palestinos que desde el año 2001 han lanzado 9.000 misiles. El de Cisjordania, cuando se termine, será una valla de 500 kilómetros puesta allí para que se tenga mientras cobran los palestinos a quienes se trata de impedir el paso.

Muros como esos dos no están hechos solamente de bloques de concreto. Hay algo más que los mantiene enhiestos contra el gusto de todos, incluidos sus constructores. Es el miedo y la desconfianza que hunden sus raíces en los enfrentamientos armados, en las paces traicionadas, en el Derecho burlado, en el terrorismo que apoyan algunos de los vecinos árabes, en el ataque, el contraataque y la represalia que impiden la solución del problema.

Los muros son muy eficaces para encerrar, separar, aislar, arrinconar y excluir; pero tienen el inconveniente de ser irritantes para la opinión pública y, más irritantes aún, para los que tienen que quedarse literalmente intramuros. Resulta trágico ese ejercicio de encerramiento y acoso cuando el mundo se abre más y más al comercio, al turismo, a los contactos culturales, a la movilidad de las personas y de los bienes, y donde todos parecen buscar múltiples asientos aunque no tengan más que un par de posaderas.

Haciendo referencia a esos muros Benedicto XVI ha dicho en Israel palabras claras y valientes: “a pesar de que los muros se pueden construir fácilmente, todos sabemos que no duran para siempre. También se pueden abatir. Sin embargo, antes que nada es necesario remover los muros que construimos alrededor de nuestros corazones, las barreras que levantamos contra nuestro prójimo”

Concluyó su intervención haciendo un llamamiento a la oración, a la apertura y a la generosidad para poner fin al odio y la exclusión.

Los que mirando al cielo se cachondean preguntando ¿hay alguien allí arriba? se ríen un montón de ese planteamiento ¿Pero, no se reían hace ya algún tiempo cuando el Papa de entonces y algunas mujeres piadosas hablaban de la conversión de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas y de la caída del Muro de Berlín? Digo.


El Precio de la Vida

El precio de la vida humana está por los suelos, pero todos están de acuerdo en que por si misma vale una barbaridad. Lo del valor se explica porque la vida es el primer don que el hombre recibe y porque, además, hace de válvula de admisión de otros muchos que se le otorgan por el mero hecho de existir.

Dichos dones, que son numerosísimos, el sentir popular los resume en unos pocos: “beber buen vino, yantar de lo fino y folgar sin mohina”.Otro refrán, “antes morir que perder la vida”, subraya la importancia que tienen respecto a la vida los dones que la amenizan.

En cambio, el día a día subraya la realidad contraria: “en guerras, hambrunas, pestes y aborciones, gastan las vidas las naciones”, o, lo que es lo mismo, “la vida humana se cotiza a la baja y con acelerada tendencia a la rebaja.”

Las leyes y la bioquímica se dan la mano para que la vida humana en su orto, o comienzo, sea lo más fácil de suprimir, ya con píldoras, ya interrumpiendo el embarazo de acuerdo a la teoría científica española de que el feto no es un cuerpo sino una onda susceptible de interrupción como la corriente eléctrica.

Y de hecho, la vida de esos seres pequeñitos que han aterrizado en el saco ventral de sus fallidas madres, tienen en nuestros días menor protección legal que los bichitos llamados poliquetos, por mal nombre gusanas, y a los cuales los científicos denominan Spirographis Spallanzani y otras lindezas por el estilo.

Los expertos oficiales encuentran grandes ventajas en los recortes que sobran de las maternidades frustradas: abultan menos que las ratas de experimentación, su empleo no provoca las iras de los ecologistas, son una rica reserva de productos comercializables con uso en la cosmética y en la medicina Los políticos ven la ventaja electoral que supone satisfacer el anhelo de las mujeres en su lucha milenaria contra el bombo no querido. Los psicólogos, españoles por supuesto, valoran como muy positiva la corriente de equilibrio emocional que experimentan las mujeres liberadas artificialmente de su gravidez. Los pedagogos progresistas, el proceso de madurez mental y social que el aborto produce en las adolescentes. Los machistas incorregibles, aprecian el estímulo que supone para ellos el poder almidonarle los archivos a cualquier voluntaria pudiendo eliminar las consecuencias si las hubiere. Solo los nazis y los obispos protestan. Los unos porque se destina a la trituradora millares de seres eutróficos sin tener la menor consideración con los de raza blanca. Los otros, por razones ético-religiosas de las cuales nadie hace mayor caso. Cosas.

Inteligencia Crítica

Muchas veces se ha dicho que la electrónica crea hoy las condiciones para que el poder ejerza un óptimo control sobre la población entera. Y uno puede sentirse tentado a pensar que los proyectos totalitarios del siglo XX –siempre presentes en el horizonte ideológico- tuvieron como principal defecto, no el horror de sus seductoras utopías, sino el error de anticiparse varias décadas a los instrumentos que hubieran facilitado su realización.

Socialismo Soviético y Nacional Socialismo se valieron no sólo de la fuerza, sino de la propaganda radiofónica, de las consignas en la prensa y en la industria editorial, de la denuncia “ciudadana” y de la posibilidad de intervenir los teléfonos. Con eso les bastó para montar a lo grande sus regímenes totalitarios. ¿Qué no hubiesen podido hacer si hubieran dispuesto de los medios actuales para monitorizar la opinión, para televigilar a las personas y para inducir comportamientos y opiniones colectivas? Es esta una pregunta que nunca podrá ser respondida más que con suposiciones que, siempre resultan temibles.

¿Es del todo válido un punto de vista así? Cierto que hoy existen medios de impresionante eficacia para inducir en el ciudadano comportamientos sumisos y sobre todo, para derivar sus rebeldías hacia objetivos inocuos. Pero también es cierto que el mismo sistema paninformático proporciona los elementos que pueden servir para que las minorías críticas vigilen al poder establecido y vayan calladamente sentando, si quisieran, las bases de una nueva potestad social que subvierta los poderes vigentes.

No es un asunto de habilísimos “jackers”. Es cuestión de aprovechar la información indiciadora, de contrastarla y de saber discernir lo que está puesto allí sólo para despistar. No hay nada que con la metodología, las personas y la organización adecuadas no pueda ser rastreado, identificado y perfilado. El exceso de confianza de los gobernantes en los sistemas matemáticos deja ¡es increíble! multitud de cuestiones graves al alcance de quien pueda averiguarlas. Dentro de la sociedad de la información-desinformación flotan ya los gérmenes de la sociedad de los grupos de inteligencia crítica.. Todo parece estar al alcance de los que se esfuercen en esto. Y quizá dicha posibilidad es una garantía contra los neototalitarismos que ahora, más que nunca, estarían en condiciones de lograr la anuencia y al aplauso de todos.

martes, 23 de junio de 2009

Poder y Familia

El poder, base de la soberanía,  es un fenómeno universal en el tiempo y en el espacio. Cruza transversalmente todas las instituciones, comenzando por la familia hasta llegar a las organizaciones políticas territoriales que en un momento de la Historia reclamaron para sí la exclusiva de la soberanía: la monarquía, el Imperio, el Estado, los partidos políticos.

Antes que los Imperios, antes que los Estados, antes que la Naciones, fue la familia. La familia fue incluso antes que las Monarquías,  porque éstas se fundamenta sobre el principio dinástico que no es ni más ni menos que un sistema de prevalencia familiar.

El uso útil que cada familia dio al territorio sobre el cual vivía, constituyó la expresión  primera de la ocupación territorial que mucho más tarde iba a figurar como uno de los atributos de la soberanía política.   Además de todo lo dicho, la familia es el gozne que articula la relación entre la vida social propiamente dicha –la que traspasa los límites del grupo familiar- y la que puede desarrollar el individuo considerado aisladamente.

Por todas estas razones, los poderes secundarios, inorgánicos y más complejos que se fueron formando a lo largo del tiempo, incluidos los partidos políticos, se han alimentado de esa fuente de poder primigenio que es la familia, a la cual se ha llegado a  considerar como rival que ha de ser abatido. Así se explican las luchas de banderías   que traslucían la pugna de familias poderosas que rivalizaban entre sí en los momentos oscuros de la formación de Europa.. Así se explica también que las monarquías nacionales, una vez implantadas, hayan procurado el desguace de la institución familiar, ya reduciendo a la condición de cortesanas o áulicas a las familias de la nobleza territorial, ya recortando las posibilidades de las entidades territoriales menores –vecindarios, ayuntamientos, ciudades con voto- que por estar más orgánicamente pegadas a la tierra y a las familias se beneficiaban del apoyo y de la cohesión que brinda la proximidad parental. Ya, en fin, llevando a cabo una paciente labor de demolición consistente en disminuir la potestad de los progenitores valiéndose para esto de un ariete  sumamente eficaz: la rebaja de los límites de la mayoría de edad de los varones que pasó de los veinticinco a los veintitrés años, de los  veintitrés a los veintiuno y de los veintiuno a los dieciocho. Pensad en esta táctica “liberadora” cuando a propósito del proclamado derecho al aborto de las menores de dieciséis años se comienza a vaciar de contenido la mayoría de edad legal para las mujeres que, como la de los hombres, la Constitución  establece a los dieciocho años. El cebo en el anzuelo será en todo caso la Libertad. ¿Alguien se acuerda de la dama revolucionaria que dijo aquello de Libertad, Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre?

jueves, 14 de mayo de 2009

Gracias a la Crisis

A la crisis global hay que agradecerle el que haya servido para restaurar el valor de las gentes en las distancias cortas: del prójimo, ese colectivo que tenemos al lado aunque no necesariamente esté de nuestro lado.

Porque, a la hora de la verdad, resulta que no es lo mismo que una mercancía se produzca en un razonable “aquí”, que en cualquier extremo del mundo. Ni tampoco es igual que aquellos a los cuales la crisis va arrojando a la cuneta caigan precisamente a nuestro lado, o lo hagan sobre horizontes lejanos y ajenos que ya tienen sus propios responsables.

La crisis nos ha recordado también que los bancos, y ya no digamos las cajas, están llamadas a cumplir su cometido en función del bien social y no sólo con miras al provecho capitalista. La crisis hace resaltar la verdad: todos navegamos en el mismo barco.

Pero sería ingenuo creerse aquello de que todos sufren la crisis por igual. La sociedad interclasista ha alterado el sistema de clases, pero no sin incluir en el nuevo diseño diferencias que pueden en ocasiones llegar a ser muy acentuadas. La crisis nos hace el grandísimo favor de poner este extremo en evidencia.

Nuestra sociedad ha fomentado en los individuos el mal hábito de rehuir las propias responsabilidades para atribuirlas a la Administración Pública, derivando todo el poder ciudadano a los políticos, que lo usufructúan por medio de los votos y de las promesas halagüeñas. A la crisis debemos la fácil comprobación de que la mentira no consigue engañar a todos.

También se ha fomentado un sistema legal permisivo que suelta al chorizo, ignora al reincidente, y permite al poderoso y al desalmado capaz de amedrantamiento y de soborno esquivar las consecuencias de sus actos punibles. En cambio presume de jurisdicciones “donde no se pone sol” para que jueces estrella juzguen delitos que en realidad se escapan a su conocimiento y competencia. A la crisis, debemos que los ciudadanos hayan comenzado a percibir que hacer justicia es algo más que montar espectáculos circenses.

A la crisis debemos, en fin, el ponernos sobre aviso de que aún se está a tiempo de evitar el peor de los errores como sería dejar morir, por desgaste y abandono, lo que todavía queda del sentido de equidad social, base a su vez de la solidaridad activa y de la cohesión ciudadana por encima de partidos políticos y de partidas contables.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Los Bollos de Obama


Logre o no el presidente Obama el éxito en la gestión de la crisis internacional a la que su país se enfrenta como potencia rectora en lo político y en lo económico, al final, la importancia de su mandato sólo se medirá por el feliz remate de una tarea de régimen interno: completar la integración social y humana de leucodermos y melanodermos en la sociedad norteamericana.

No será tarea fácil ni breve. Quienes no hayan vivido en países plurirraciales no tendrán nunca noción cabal de los recelos que se plantean entre iguales jurídicos a los cuales el color, la morfología corporal y en parte las costumbres proclaman diferentes. La raza constituye un uniforme del cual no se puede prescindir.

La sociedad “negra” americana es hoy un conglomerado donde se manifiestan todas las clases sociales. Pero hasta ahora, la separación, inexistente en las leyes, ha dominado sin decretos en los hábitos generales de convivencia. Cada uno, negro o blanco, ha estado acostumbrado a buscar su propio ambiente, a acomodarse con los suyos, sobre todo en materia de ocio y diversiones. Pero la subida de Obama al sillón presidencial –que allí es símbolo de meta final y perfecta– ha provocado una reacción que para muchos resulta extraña: los negros burgueses buscan ahora la compañía de sus iguales sociales. Negros ricos y educados, con blancos ricos y educados. La transversalidad social muestra amagos de querer funcionar a plenitud. Los restaurantes caros y los “malls” lujosos, hasta hace nada cotos no definidos de los blancos, son hoy frecuentados también por la población negra de equivalente categoría o posición social.

Este hecho, que incluso la prensa sensacionalista vive con pudor que hay que suponer hijo de la prudencia, es asequible a la observación inteligente que no dejará, por cierto, de consignar también un fenómeno paralelo: desde el triunfo de Obama, la venta de armas entre los blancos ha crecido en una medida comparable al “subidón” armamentístico que se produjo  como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas. Entonces compraban armas por si acaso había que defender el patio frente a “muslims” agresivos, ahora lo hacen por si acaso el bullir de los “negros” en los nuevos ambientes donde quieren empezar a sentirse cómodos, obedece a una conspiración de los agitadores “niggers”. Nadie lo declara así, pero muchos lo piensan. A la igualdad lograda le falta todavía naturalidad cotidiana. Conseguir ésta es cuestión de tiempo, si, pero también de corazones. ¿Está el horno listo para  cocer esos bollos?



sábado, 2 de mayo de 2009

Fundamentalistas

Fundamento, como dice el sentido común, es aquello que sirve de base, inicio, cimiento o sostén de una estructura material, de una construcción  ideológica, de una constelación argumental, de un sistema de conocimiento o de una visión trascendental.

Partiendo de aquí es fácil colegir el significado de otros términos derivados de  aquella  misma palabra clave.

Así,  fundamental será todo lo atinente a esa base, a esos cimientos que hemos convenido en llamar fundamentos.

Como cabría propiamente calificar de fundamentalismo a toda tendencia, movimiento o partido que se apoya principalmente, como no podría ser menos, en  los principios que sirven de base, cimiento o sostén a los contenidos que esa tendencia, movimiento o partido trata de apoyar o defender.

Continuando en esta línea, fundamentalista sería, con toda lógica, la persona que no ahorra esfuerzos en profundizar hasta dar con las bases en que se sostiene la causa que defiende, la ideología a la que se adhiere o el credo que suscribe..

O sea, que, en definitiva, fundamentalista sería el que se toma las cosas en serio.

¿Pero, es realmente así como se entiende la palabra?

Hay razones más que suficientes para hacerse esa pregunta. Porque resulta que si se examina con la debida atención el lenguaje de todos los días –y no cabe distinción entre la palabra escrita y la hablada- se podrá comprobar que se llama fundamentalistas  a aquellos movimientos, tendencias o personas a las que el oficioso calificador  considera sospechosos de confundir lo que es fundamental con lo que es puramente secundario o adventicio.

Así, se adjudica la calificación de fundamentalismo islámico por razón de la obligatoriedad del velo, y no por la implantación del califato universal que es el fundamento de la cuestión.

Como se adjudica la calificación de fundamentalismo católico escudándose en un supuesto derecho de la mujer a deshacerse del hijo y no por razón de la defensa de los vástagos humanos que es la cuestión de fondo, quiero decir de fundamento.

Pero esa actitud equívoca de los calificadores omniscientes ¿contribuye a clarificar el horizonte mental de la colectividad, o forma parte de lo que se llama la ceremonia de la confusión?

Esta impresión de desvío semántico, perceptible en el habla individual, es fácilmente confirmada  también en el uso antojadizo que del término fundamentalista hacen los medios de comunicación de masas, tanto orales, como escritos o audiovisuales, tanto en algunos medios privados como en todos los financiados con dineros públicos.

Pero si el calificativo de fundamentalistas se aplica de una forma errática y antojadiza. ¿Quien podría entonces ser tomado realmente en serio?



lunes, 20 de abril de 2009

¡QUÉ PASADA!

Apenas apagados los ecos de las marchas que acompañan a los pasos de Semana Santa por las calles de tantos pueblos y ciudades, y el rebufo reactivo que entre los partidarios del aborto ha ocasionado la presencia entre los cofrades de algunas insignias y pancartas a favor de los fetitos muertos, me dispongo a recoger un conjunto de observaciones que me ha sugerido esta celebración católica, que tan distante se muestra de las iconoclastias de moda y, sobre todo, tan desacompasada está del ritmo loco de los tiempos que cursan.

Esto es precisamente lo que choca con los usos de hoy: el ritmo de la Semana Santa es lento, moroso; se deleita en contener los minutos, en retenerlos en una especie de invisible red que consigue enlentecer la inevitable fuga del tiempo. Los hilos de esta red, no por figurados son menos eficaces para atrapar, como en magnífica tela de araña, los sentidos de los participantes y de los meros espectadores de las procesiones.

El color es lo primero que llama la atención en cualquiera de ellas, no importa que sea en Sevilla o en la austera Córdoba, en Málaga frívola o en Valladolid solemne, en   Zamora, en Zaragoza, en Segura o en Olot. En cada una de ellas existe, en su medida y expresión, un  cromatismo especial cuyas características es posible captar sin ninguna dificultad  por la simple mirada. Y esa mirada, si es de admiración siempre será ingenua, y por eso mismo se salvará  de ser una mirada simple.

Y al lado del color, el aroma de las flores, el humo del incienso, el dejo olfativo de las ceras ardientes en la humedad de la madrugada. Y la coloratura musical que el oído percibe como en la hondura de un ambiente batido por sucesivas oleadas de generosidad sonora.

En las procesiones, el ritmo, que es musical tanto como es cósmico y biológico, y que palpita en nuestro organismo a través de los latidos del corazón, de los movimientos peristálticos y de los ritmos circadianos,  se hace presente en el  acompasado avanzar de la muchedumbre, en el desplazamiento de los pasos que  ilustran cada momento de la pasión de Cristo, en la sucesión de los altos o paradas destinados al descanso de los cargadores, en la sugerente sucesión de música y silencios, en los cánticos, en las ovaciones que provoca una maniobra hábil de los costaleros al salvar un paso difícil del trayecto o en la aclamación que suscita la visión esplendente de un escorzo bello de la imagen que avanza como bendiciendo a la multitud.

Los pasos procesionales son verdaderas ilustraciones escultóricas,  descripciones silentes; representaciones estáticas – mas no por eso inmóviles- de un teatro callejero que cautiva al espectador y suscita en él las emociones más elevadas.

La palabra paso es rica en polisemias que se acomodan al sentido de la Semana Santa. Si se opone a recio, sirve para designar lo que es hecho con delicadeza y cuidado Y mucha delicadeza, primor y cuidado hay en los pasos de Semana Santa.

Cuando se refiere a la parla, paso equivale a hablar quedo, a expresarse en voz baja. Y los pasos de Semana Santa hablan un idioma íntimo que todos perciben como una proclamación de la belleza, pero que solo los creyentes y devotos llegan a descifrar en su significado plenario y hondo.

En la Edad Media, paso era una unidad de longitud que equivalía a tres pies, que no eran los que a algunos buscan al gato, sino los que indicaban la medida extrema de lo que podía ser traspasado por armas como las saetas, las jabalinas y las lanzas, llamadas por eso, “armas pasadoras.” Y la Semana Santa rememora a Cristo dispuesto, como trofeo de caza en el madero, para ser traspasado con clavos y horadado en el pecho por un golpe de lanza.

Aún dan  más de sí los pasos de Semana Santa, porque el objeto de dicha celebración es llegar, paso a paso, a través de la Pasión y Muerte de Cristo, a lo que es el fundamento de la Fe y de la Esperanza cristianas: la Pascua de Resurrección. Y Pascua en nuestro romance viene de la palabra hebrea pasch, que es tanto como tránsito, pasada o paso, refiriéndose al del angel exterminador que dio muerte en una noche a los primogénitos de los egipcios,  tal como se cuenta en el Libro del Exodo. La Pascua cristiana se refiere al paso o pasada del Verbo encarnado   trayendo consigo no el exterminio de nadie, sino la remisión de los pecados y la redención del universo entero.

La memoria colectiva, que es el residuo de lo que queda en el pópulo después de haber olvidado lo principal, rinde homenaje a ese acontecimiento con la exclamación castellana ¡Qué pasada!, que se emplea cuando se quiere encarecer el efecto sorprendente o la inesperada consecuencia de un acto o de un acontecimiento cualquiera.

No se si a Vuestra Merced también, pero a mi me es imposible detenerme sólo en considerar las procesiones de Semana Santa como desfiles de muñecos suntuosamente engalanados. O como rebuscadas manifestaciones de credulidad que, en estos tiempos supuestamente tan racionales, debían ocultarse en los templos como algo vergonzoso. O como extemporáneas imitaciones de los desfiles del Ku Klux Klan, como si las caperuzas de Dixie Land fuesen más antiguas que las carozas de los penitentes. O como una atracción callejera para guiris respecto a la cual el Obispo y los cofrades debían estar al servicio del Patronato de Turismo de cada localidad.

Para mí la Semana Santa es, además y sobre todo, un acto de culto -la Iglesia lo define como sacramental- una síntesis  de fe, de sensibilidad popular, de belleza que cristaliza en la historia como un llamamiento a la verdad y al bien. ¡Qué pasada! ¡Amigos, qué pasada!




martes, 3 de marzo de 2009

Glosa Maleva del Día después

El día de después de las elecciones, sea cual sea el radio de acción de las mismas, y sean cuales fueren los resultados obtenidos, pertenece a ese mundo difuso y confuso de la cronología indeterminada. Tanto, por lo menos,  como el “érase una vez” de los cuentos infantiles o el infaltable “once upon a time” de las narraciones tradicionales inglesas.

En ese día, como por arte de Birlibirloque el paciente lector vuela de una nube a otra bajo el impulso soberano de los media.

¿Le interesa saber qué nubes son esas? Pues sepa que la primera, la de partida,  está formada por el vaporoso y ambiguo mundo de los programas políticos mal delineados o arteramente definidos que sirven de burdo cañamazo para hilvanar las campañas. La segunda nube, la de llegada, tiene propiedades luminiscentes y representa la hinchazón de unos resultados que fueren cuales fueren debe suponerse que redundarán en bien de todos sólo por el hecho de que pueden ser objeto de cómputo. Tenga en cuenta vuestra merced, y no se trata de ningún retruécano,  que el sencillo hecho de poder contar los objetos, o los votos, impresiona mucho y extiende entre la multitud un sentimiento momentáneo de solidaridad que compensa de los momentos de desunión o de discordia que por lo regular presiden las campañas electorales.

Y dejo constancia de que si he empleado líneas arriba la expresión “paciente lector” esquivando el uso de la palabra ciudadano que a priori  parece más apropiada, es por una razón muy sencilla: mientras al lector se le puede suponer en todo caso la virtud de la paciencia, sea para leer el texto hasta el final, sea para entender lo leído,  al ciudadano en cuanto que votante se le tiene que suponer dotado de toda una batería de disposiciones diferentes.

Y aquí van algunos ejemplos de lo que, según y cómo, se puede suponer en el haber del  ciudadano en trance y ocasión de votar: convicción, si el sujeto va por la vía del convencimiento;  resignación si es de los que se consideran obligados a votar aunque sea tapándose las narices; devoción, si es devoto, o sea si se adhiere a principios, obedece a motivaciones, persigue objetivos que incitan al fervor emocional, o simple y llanamente es fiel seguidor de un determinado personaje, como con harta frecuencia pasa entre los pueblos ibéricos.

Y al llegar a este punto, el factor temporal y nebuloso de la cronología indeterminada que es propia del día después de las elecciones, confluye no pocas veces con lo espacial o territorial que, en contraste, resulta concreto en grado sumo. Porque acontece que la ubicación en la tierra que pisa suele ser la mayor fuente de orgullo y ufanía para el personal poco viajado. Hay que incluir en este apartado a los viajeros aparenciales que son aquellos  capaces de pasearse por el mundo entero con el mismo talante interior con que lo haría una maleta.  Y es que, aunque sea incorrecto manifestarlo descaradamente, es fácil comprobar que la conciencia de pertenecer a un territorio dado puede tanto en el hombre como puede en el perro el instinto territorial, aunque habría que  reconocer al animal una ventaja operativa que el hombre todavía no ha logrado: la capacidad de  marcar su territorio con la propia meada.

El día después de las elecciones tiene algo de sabath, de descanso después de la tarea de decidir sobre quién ha de gobernar velando por los intereses mancomunados, decisión que es fuerte cosa se la mire por donde se la mirare.

Cierto que ese sabath se puede convertir en pandemonium en las ocasiones en que el cambio que las tensiones sociales la hora de la verdad reclaman, viene a resultar mucho mayor o de más compromiso que los cambios que la propaganda, pegando –eso sí- la gran ladrada,  proclama de mentirijillas.

Pero si todo ocurre según rutina, tras el día de después, vendrán los cien días de amnistía que, según se dice, la opinión publicada decreta para dejar hacer a los gobernantes sin que tengan que padecer el asedio constante de la crítica o de los sucedáneos malignos  de la misma.

Y después de esos cien días, amigos, sino al diluvio, estaremos de vuelta al mismo temporal al que estamos acostumbrados.

 O sea que podemos augurar sin ser adivinos que habrá rabia que se despache a su gusto y habrá víctimas pocas o muchas según quieran o les salga a los victimarios.

Que habrá también, en respuesta, mucha rabia contenida, que es entre todas las rabias, la más finolis, la más comportada y por supuesto, constitucional a la vez que estatutaria. Que seguirán ejerciendo su jurisdicción universal los jueces españoles en cuyas competencias no se pone el sol, mientras la justicia de puertas adentro sufre retrasos que son inconcebibles en toda república o reino bien ordenados.

Que el sistema panóptico que nos vigila a todos, seguirá implementando su dominio visual con instrumentos cada vez más perfectos, como en preparación de un futuro Estado policíaco donde no habrá libertad que valga.

Que seguirán su tarea desplobadora los originales inventores de la nación sin nacimientos y continuaran su anónima tarea de repoblación sustitutoria los beneficiarios de las importaciones baratas.

¿Qué en qué estoy pensando?

Por supuesto, en las musarañas. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.



sábado, 7 de febrero de 2009

Libertad Negada

La existencia humana a nivel personal aparece tan condicionada por factores antecedentes, tan encajonado su desarrollo por elementos que el individuo se encuentra ya hechos de antemano, que puede llegar a parecer también que todo en ella es producto de un mecanismo ciego que funciona sin que se pueda hacer nada para regular su marcha. La existencia individual aparece entonces como prefijada  en sus trazos por un destino inexorable, o como el resultado de factores tan diversos e intrincados que se antojan indescifrables Así que cualquier parada, salto, frenazo o acelerón que en ella se opere parecen también ajenos a la voluntad de quien tenga que sufrirlos o experimentarlos.

Pierde el hombre así, fácilmente, la percepción de la propia libertad. Y al perder esta terminará perdiendo también  el sentido de la propia responsabilidad. Parece lógico que así sea, porque si alguien considera que no es libre de actuar de una manera o de otra, tampoco se sentirá  responsable del rumbo que toma con sus decisiones. Es un hecho que la libertad negada o desconocida desemboca en la negación y el desconocimiento de la propia responsabilidad y forma en torno al individuo un curioso campo de ausencias donde tampoco es posible determinar con claridad la relación  que existe entre el hombre como agente y sus propias actuaciones.

En otras palabras, la negación fáctica de la libertad y de la responsabilidad lleva al sujeto a considerase ajeno a lo que hace, alejándolo de las circunstancias a las cuales más estrechamente está ligado. Esto, desde luego, tiene sus consecuencias; y graves, porque la persona que se ha vuelto insensible a sus atributos de libertad y responsabilidad, ya no está tampoco en condiciones de poder reconocer plenamente, ni siquiera en sí mismo, su condición de persona ni a valorar su dignidad de tal.

También se ve modificada su capacidad de actuar porque, al divorciarse de su entorno más propio que es precisamente el que está configurado por las consecuencias de sus propias acciones, no le queda otro camino que amoldar su existencia a un mundo que se le ha hecho ajeno y donde el único papel que puede desempeñar es el de paciente. No entendiendo ya esta palabra en sentido ascético, como atinente a alguien que ha logrado conquistar para sí el buen hábito de la paciencia; ni en sentido asistencial, como referida a quien recibe, ha recibido o está en lista de espera para un tratamiento médico; sino comprendiéndola en su tercera acepción que alude a quien tiene que someterse forzosamente a algo que no quería. Así que nuestro paciente ya no tiene que ver, pues, nada con la paciencia, sino con el padecimiento, en cuanto tiene que padecer o sufrir, como si fueran impuestos desde el exterior, los resultados de las acciones propias que ha comenzado por percibir falsamente como ajenas a su voluntad y extrañas a su actuación.

Claro que la situación de ser mero aguantador pasivo le está vedado al hombre, que por su propia naturaleza está abocado a decidir, a actuar, a constituirse en agente de su propia vida, no de una manera absoluta, pero sí relativa, claro está.

Por consiguiente, la conciencia de ser padeciente en el sentido que aquí venimos diciendo es radicalmente falsa, aunque no por eso deja de conducir a resultados importantes. Porque una vez que se ha asumido esa posición, -por muy falsas que sean sus bases, como hemos visto-, la forma de actuar más congruente que respecto a ella puede tomar el individuo no es la resignación ante algo que fuera realmente inevitable, sino el victimismo  gratuito que, si se mira con la profundidad debida, no es solamente una renuncia al ejercicio de la  condición humana libre, inteligente y hacedora, sino al mismo tiempo una forma disimulada de autodestrucción que tiene, cuando se generaliza, repercusiones antisociales.

¿Acaso no lo es el considerar la vida como una emboscada en la que se ha tenido la mala suerte de caer? ¿Acaso no lo es también el juzgar el rosario de acontecimientos vitales que jalonan toda existencia humana como una fatalidad de carácter impositivo? ¿Acaso no lo es el pesimismo difuso y la desconfianza que esta situación termina por engendrar?

Todo esto suele culminar en la formación de un fantasma: el de la culpabilidad genérica pues,  al no reconocer el sujeto la responsabilidad que le corresponde en la construcción de su acontecer vital, termina su frustración por ser proyectada ya sobre personas singulares que hacen de cabeza de turco, ya sobre grupos y clases sociales enteras que se convierten en inculpados, ya sobre regiones geográficas a las que corresponde la calificación predeterminada de despreciables, y muy frecuentemente sobre las instituciones públicas a las cuales ridículamente se les “exige” solución para los más dispares y peregrinos problemas como si fueran deidades omnipotentes de un olimpo administrativo. La situación se exacerba en sociedades como la nuestra presididas por una inflación de los derechos subjetivos en detrimento de los deberes.

El ir por la vida de víctimas  ofrece un grave inconveniente: el auxilio para remediar esa situación, se supone que ha de venir siempre desde fuera de uno mismo. Pero esto ¿No es acaso la base del sometimiento más completo?


lunes, 2 de febrero de 2009

Europa: Sirenas de Alerta


En lo que va desde fines del siglo XX al día de hoy Europa, entendida como la porción del viejo continente euroasiático situada al Oeste de los montes Urales, ha visto crecer el número de sus Estados con Eslovenia, Croacia, Servia y Montenegro, Macedonia y el Kosovo, resultado de la desmembración de la antigua Yugoeslavia; con Chequia y Eslovaquia, producto de la partición de Checoeslovaquia; con Lituania, Estonia y Letonia, Ucrania, Moldavia y Georgia, desgajadas de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo mismo que Armenia, país de los Urales meridionales ya a caballo entre Europa y Asia

La parcelación ha dado papel decisivo y central a Alemania, ha acentuado el carácter conflictivo de la zona balcánica y ha creado nuevas zonas de tensión continua en los Urales y el Mar Negro, de modo que tampoco se puede descartar del todo la próxima independencia de la Osetia del Sur y de la Abjacia en la actual República de Georgia, ni la del Transniester o Transnistria en la nueva república de Moldavia.Se podría decir que a Europa le crecen los enanos, pues todos estos países lo son de una forma u otra.

Aunque la novedad de la situación y la opacidad informativa hacen que el fenómeno político de la parcelación territorial parezca como extraño y ajeno, una rápida mirada al mapa y el propio desarrollo de los acontecimientos invita, por lo menos, a pensar un poco acerca de los elementos que presiden la constitución de nuevos Estados. En un mundo en que todo se cuestiona y confunde, y en el cual ha surgido la necesidad de un nuevo y malsonante verbo –desambiguar- y de un nuevo y malsonante sustantivo –desambiguamiento- nuestro Reino de las Diecisiete Repúblicas es un ejemplo paladino de ambigüedad, comenzando por la misma Constitución de 1978, en la que caben todos los sentidos. Es hora, pues, de recordar esos elementos que, dejando aparte la población y el territorio que se han de tomar como ya conocidos, quedan reducidos a factores más sutiles de discernir y precisar como son el Poder, la Política y el Derecho.

Poder, Política y Derecho en el sentido coordinado que aquí queremos destacar como conducentes a la estructuración del Estado – de cualquier Estado- son términos convergentes.

Poder es sencillamente la capacidad de modificar la realidad colectiva o de mantenerla en su forma actual mediante la posibilidad siempre presente de hacer uso de la fuerza como ultima ratio. En este su papel de abrazadera el Poder no es –en contra de lo que sostienen las ideologías libertarias- un mal que el Estado extiende sobre la sociedad sino un elemento constitutivo de ésta. En las sociedades organizadas desempeña el Poder el doble papel de conservador de lo establecido cuando hay estabilidad, y de continuador a través de nuevas andaduras cuando sobrevienen tiempos de cambios y mudanzas.

Derecho es el conjunto de normas jurídicas mediante las cuales rigen su vida en común las agrupaciones humanas. Consiste básicamente en la regulación coercitiva de los aspectos sociales más relevantes para la convivencia. El Derecho está intrínsecamente vinculado con la moral. Del respeto que esta vinculación ha suscitado a través de los siglos, se nutre el halo venerable que rodea todavía a la expresión Estado de Derecho. Pero desde el momento en que la normatividad jurídica se ha desvinculado de todo principio moral, dicha expresión ha perdido su sentido específico. Sucede que al generar cada Estado su propio Derecho de acuerdo a la ideología de la que se sustenta, el contenido moral de la norma jurídica pierde importancia ante la pura eficacia.

Política es el conjunto de principios y de prácticas encaminadas a conseguir la cooperación de los individuos y de los diferentes grupos sociales para conseguir –seguir conjuntamente- y lograr en lo posible objetivos comunes evitando que el dinamismo intrínseco a la vida de relación se disperse en empeños estériles o se quede atascado en conflictos de mera contraposición.

Poder, Política y Derecho fueron concebidos para ejercitar la funcionalidad continua y perdurable que a las instituciones se atribuye; pero, de los tres, tan sólo el Poder es válido para subsistir en condiciones de excepción. Entendemos por condiciones de excepción aquellas que se imponen cuando las circunstancias dificultan o imposibilitan que el Derecho y la Política puedan ejercer su papel coordinado.

Esa posibilidad de actuar que tiene el Poder –es guardián de las armas- aun en los momentos y circunstancias en que han fracasado el Derecho y la Política, constituye el núcleo inicial de la soberanía como fenómeno comunal, la cual es perfectamente discernible de la soberanía individual que corresponde a cada ser humano y que todavía aflora de forma raquítica en el derecho a la defensa propia; y de la soberanía de atribución personal, que era la que un día ostentaron los antiguos reyes absolutos y los modernos autócratas ideológicos del siglo XX .

La fuerza es la expresión más visible del Poder cuando este actúa en condiciones de excepción, por eso es fácil confundir la una con el otro. No obstante, el Poder que ahora nos ocupa, al estar orientado hacia fines institucionales no puede en realidad ser identificado con la desnuda fuerza, aunque ésta pueda en un momento dado, convertirse de hecho en su instrumento.

El Poder, en su elemental y básico desempeño de abrazadera social, precede al Derecho y a la Política. Es, además, condición permanente para la existencia de ambos y garantía para la reciprocidad de sus respectivos juegos, como sistema normativo el uno y como praxis de convivencia la otra.

El Derecho, como conjunto de normas que persiguen el arraigo y el crecimiento de un orden justo, es superior a la Política, que cae bajo la regulación jurídica, y al Poder, en cuanto que éste se debe someter en su ejercicio ordinario a las limitaciones que el Derecho le marca. En las situaciones extraordinarias el Poder crea al Derecho, aunque muchas veces no se trate propiamente de una creación, sino de una reanimación.

Todo lo que hasta aquí se ha dicho es la expresión esquemática de una realidad que ostenta toda la complejidad de lo humano. Por eso, este esquema tiene que ser completado con la consideración de otras tres facetas. Una de ellas, es la que corresponde a la tensión del ánimo colectivo. La otra, la que se origina en la calidad del liderazgo. La tercera, muy propia de nuestra época, es la que se deriva de la ideología directora.

Con todos estos elementos el lector puede sentirse animado a ir componiendo su propio análisis con las teselas de la información fragmentaria que llega a sus manos, hasta convertir el montón informe de piezas informativas, en un rompecabezas digno de ser descifrado por cívicos entendimientos. A hacer este esfuerzo nos empuja la situación de hoy, con Europa convertida en factoría improvisadora de nuevos Estados y en recalificadora ¿a favor de quién? de la gravilla de pueblos que habitan en sus confines y en sus puntos de mayor fricción.

No faltan tampoco sirenas de alerta. Unas suenan desde el Este, como los actuales conflictos de Rusia con Georgia y Ucrania, otras ululan cercanas como la radicalización de los nacionalismos hispanos, la satisfecha errabundia del Estado de las Autonomías y los propósitos de tensar el arco o cargar la escopeta que parecen animar a los políticos del momento. Aspiramos a que, por lo menos, cada uno pueda calcular lo que arriesga en el embite. No vaya a ser.