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viernes, 6 de noviembre de 2009

El Muro

Ayer se cumplió el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Más que de una caída se trató de un verdadero derribo ocasionado por una fuerza que adunaba la potencia de la libertad recobrada y el impulso incoercible que la verdad puede adquirir en determinados momentos históricos. Esta combinación fue suficiente para ensanchar las grietas en la mole de opresión de la cual el muro de Berlín era metáfora visible.

Pero hay otra causa que a veces se nos oculta: la Unión Soviética fue incapaz de sostener la carrera armamentística a que había sido retada por los Estados Unidos. Esto nos permite enfocar la caída del muro de Berlín -triunfo de la libertad y exigencia de la verdad- como un movimiento de poder que a su vez ocasionó una nueva disposición de  fuerzas y actitudes políticas en Europa y en el mundo.

En los Estados Unidos la caída del muro de Berlín hizo que confluyeran la nueva posición hegemónica alcanzada por los Estados Unidos y el antiguo ideal norteamericano del  aislacionismo. A su vez, esta mezcla dio lugar a una confusión que explica los errores de Bush: la de que un poder hegemónico puede proceder ventajosamente por su cuenta y riesgo  prescindiendo de alianzas y compromisos. En Europa, en gran parte encaminada ya hacia la Unión, la caída del muro fue el preludio de la reunificación alemana que a su vez reactivaba el ideal unificador de Bismark.

Pero ¿qué significa la reunificación de Alemania dentro del contexto de Europa? Significa, en primer lugar, que el papel de centralidad que Francia desempeñaba pasa ahora al campo alemán, rompiéndose así una consideración geoestratégica vigente   desde la terminación de la II Guerra Mundial. Esto lleva consigo otra consecuencia: la recuperación para Alemania de su particular y tradicional esfera de influencia cultural, comercial y humana sobre los países de la Europa Central y Oriental. El mapa actual de las inversiones alemanas nos confirma que Polonia divorciada de Rusia; la Checoeslovaquia partida en Chequia y Eslovaquia como Hitler quería; la Yugoeslavia dividida como Hitler la dividió, nos dan razón para decir que la historia de hoy está entregando en bandeja a Alemania, lo que el príncipe Bismark ideó como proyección pacífica y Hitler intentaría  más tarde arrebatar por la fuerza.

Es difícil e inútil querer hacer de profeta en materia de desarrollos de poder. Pero cabe hacer una evaluación prospectiva cuyo resumen pueda ser captado por el hombre de la calle, que es lo que se intenta en estas modestas líneas. En la Europa de hoy, Alemania está llamada a adquirir cada vez mayor peso o Europa sencillamente no será.

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