La voz alcancía designa a una tinajilla o botija de barro con una ranura en la parte superior por donde se puede ir introduciendo moneditas de modo que, para sacarlas, hay que destruir el recipiente. Para los niños de antes, el romper la alcancía de un porrazo una vez llena era un acto emocionante y deseado. A semejanza de las alcancías, también llamadas “huchas”, algunos individuos poseen la habilidad de obtener sus ingresos moneda a moneda sin otro esfuerzo que vaya más allá de pedir por la boca y extender la mano. Acertará el lector si en esta descripción reconoce a los mendigos.
Todavía en tiempos de la dictadura a los mendigos se les llamaba pordioseros, pues pedían “una limosna, por Dios”. En cambio, los abundantes mendigos de la democracia, disponen de diversidad de motivos laicos para pedir. Al respecto, hay que distinguir en la mendicidad tres grandes segmentos: los mendigos de aquí, los venidos del resto de las Expañas y los procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB).
Entre los mendigos jóvenes de aquí, la razón más aducida es la de tomar el autobús o el topo para volver a casa. Hay quien pide para un bocata. Incluso hay una mujer que solicita dinero para implantarse un díu. Entre los mendigos de la cantera propia destacan lastimosamente ancianos con pensiones bajas y que carecen de familiares que los apoyen. Aunque no sea rentable habría que practicar con estos viejos la “discriminación positiva”, que por ahora se reserva a la mujer, al batúa, a perros y gatos abandonados y al lobby del gay hacer.
Los mendigos que proceden del resto de las Expañas, son hoy un género escaso y temporero representado por gitanas que venden ramitos de romero, leen la buena ventura y no se sienten en su ambiente. En tiempos, los mendigos españoles tuvieron más nutrida representación, y dieron ocasión a Don Sabino Arana para ilustrar la innata generosidad de los vascos étnicos, digo esos tipos de amplia chapela, orejas grandes y falso prognatismo.
Los mendigos procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB) aborrecen el trabajo, mas que todo por motivos de identidad. Así y todo mienten cochinamente aduciendo que son víctimas del paro. Actúan, además, bajo la guía de mafiosos llamados señores naturales, que optimizan los rendimientos, establecen la rotación mendivagante, reparten los puestos, espantan a los pedigüeños que no son de la cuerda, e inician negocietes y trapicheos bien tolerados en la Expaña de las autonosuyas y de las autonomías. ¿O no?
Todavía en tiempos de la dictadura a los mendigos se les llamaba pordioseros, pues pedían “una limosna, por Dios”. En cambio, los abundantes mendigos de la democracia, disponen de diversidad de motivos laicos para pedir. Al respecto, hay que distinguir en la mendicidad tres grandes segmentos: los mendigos de aquí, los venidos del resto de las Expañas y los procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB).
Entre los mendigos jóvenes de aquí, la razón más aducida es la de tomar el autobús o el topo para volver a casa. Hay quien pide para un bocata. Incluso hay una mujer que solicita dinero para implantarse un díu. Entre los mendigos de la cantera propia destacan lastimosamente ancianos con pensiones bajas y que carecen de familiares que los apoyen. Aunque no sea rentable habría que practicar con estos viejos la “discriminación positiva”, que por ahora se reserva a la mujer, al batúa, a perros y gatos abandonados y al lobby del gay hacer.
Los mendigos que proceden del resto de las Expañas, son hoy un género escaso y temporero representado por gitanas que venden ramitos de romero, leen la buena ventura y no se sienten en su ambiente. En tiempos, los mendigos españoles tuvieron más nutrida representación, y dieron ocasión a Don Sabino Arana para ilustrar la innata generosidad de los vascos étnicos, digo esos tipos de amplia chapela, orejas grandes y falso prognatismo.
Los mendigos procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB) aborrecen el trabajo, mas que todo por motivos de identidad. Así y todo mienten cochinamente aduciendo que son víctimas del paro. Actúan, además, bajo la guía de mafiosos llamados señores naturales, que optimizan los rendimientos, establecen la rotación mendivagante, reparten los puestos, espantan a los pedigüeños que no son de la cuerda, e inician negocietes y trapicheos bien tolerados en la Expaña de las autonosuyas y de las autonomías. ¿O no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario