Miguel Chavarría Hernández (1935-2011)

Doctor en Derecho.
Diplomado en Estudios Americanos.
Licenciado en Periodismo. Docencia: Universidad Centroamericana, Managua. Universidad de Deusto, campus de San Sebastián.
Semblanza autobiográfica
Me nacieron mis progenitores en abril de 1935 –y digo esto no por metáfora sino de pura verdad, porque mi padre, médico, asistió a mi madre en el parto-, quince meses antes del estallido de la guerra de España y unos pocos meses después de la terminación de otra guerra civil en Nicaragua, país donde vi la primera luz del día. Pronto aprendí que nacer entre dos guerras no añade a la vida de nadie el menor trazo de originalidad, ni tampoco de especial dramatismo. Siempre hay una guerra antes y otra después. Merced a esta temprana comprensión de que hay guerras para todos los gustos y en todas las épocas, pronto tuve respecto a ellas una actitud displicente y perezosa. La consecuencia es obvia: aunque una al menos ha estado a punto de estallarme encima, he procurado escapar a tiempo de todas las que me ha ofrecido mi particular mercado de la beligerancia pública y privada. Cierto que para conseguirlo he tenido que volver grupas en el momento oportuno. Lo cual vale tanto como variar el rumbo, girar a retaguardia, tomar las de Villadiego o poner los pies en polvorosa. Y que conste que la sabiduría no está en huir sino en hacerlo a tiempo, en anticiparse al estallido, en prever la violencia, en prevenir el golpe, en dar esquinazo a quien tiende la emboscada, en burlar al enemigo, deseoso de convertirse en verdugo y en evitar, en definitiva, una nueva barbaridad al mundo. Combinada esta variación con el sano y conocido principio de verlas venir, dejarlas pasar y si te mean, di que ha llovido, he conseguido una más que discreta tranquilidad de vida. Así que la propia experiencia me obliga a sostener como verdad probada lo que para otros es sólo piadosa opinión o recurso de autoayuda: siempre hay otros lugares y otras tierras donde se puede vivir y pacer a gusto. Y personas nuevas con quienes convivir y compacer cada uno a sus anchas. Aunque añadiría, para ser sincero, que ayuda mucho a eso que el desembarco en la nueva ribera sea, como quien dice, con armas y bagaje y, si es posible, con nodriza como lo hizo Eneas, sin confiar en más Providencia que la Divina y, amigos aparte, sin esperar más auxilio que el de los recursos propios y sin solicitar más refugio que el que brinda el regazo de las propias aficiones.Una de éstas, quizá la más persistente, ha sido para mí la de dar lecciones y recibirlas, claro está en el sentido docente y discente de la expresión, lo cual me ha llevado a vincularme a la vida universitaria, tanto en la tierra natal como en España. Si no de otra cosa, esto es indicio de estar a gusto entre la juventud y de sentirse cómodo en comunión con lo universal. Pese a todo no he caído en la tentación de presumir de otra edad que la que tengo ni he aspirado nunca al título de ciudadano del mundo. Quiero con esto decir que soy hombre no sólo de patria, sino también de matria y, encima, miembro satisfecho de una fratria de consanguíneos y de amigos, que espero que esté todavía abierta a muchos que puedan serlo en el futuro.
Por lo demás, soy deportista menos que mediano, músico pasivo pero entusiasta, lector de buenas lecturas, discreto bebedor, huésped agradecido, anfitrión complaciente, viajero en lo que puedo, conocedor de las armas y al mismo tiempo hombre de paz, acaso porque sé lo que vale un peine, lo que cuesta defender una barbacana y lo que exige sostener un revellín. Puesto a cumplir con el canon de elegir antepasados animales, prefiero al calamar, de la tinta que sea, al simio, venga de donde viniere. Me gustan los caballos y los gatos, los periquitos y los peces de colores. Y no siento ninguna emoción ante nuestros parientes biológicos como la mosca del vinagre, la escherichia coli el macacus rhesus y el mono aullador. Puesto a hablar de polvos, prefiero hacerlo, como Quevedo, del polvo enamorado. Y cuando me entra el cansancio o quiero vacar a gusto, me retiro por unos días, nunca demasiados, a mi vieja casa de Puentealdía.
Bibliografía reciente del autor
:: En voz baja; (Glosa del Padre Nuestro)
Libro-álbum gran formato; ilustraciones de Alfredo Bikondoa; Edición
de lujo propia del autor; San Sebastián, España, 2004.
Precio:300 dólares US.
Hay ejemplares disponibles según pedido.
:: Fábulas, fantasías y maquinaciones; (Relatos)
Ilustraciones de José Luís Alcocer Lillo; Editorial Ars Magna, Madrid, 2002.
Precio 100 dólares US.
Hay ejemplares según pedido.
:: Lo ya visto
Relato
incluído en el primer número de la Colección Mesilla de Noche que
contiene los relatos galardonados en el I Premio Internacional convocado
por Paradores de España S.A. ;Edición, Paradores de España S.A. y el
Ministerio de Comercio, Turismo y de la Pequeña y Mediana Empresa;
Madrid, 1999.
:: Vicente Rodríguez Casado y La Rábida
Ensayo
histórico incluído en el volumen El espíritu de La Rábida. El legado
cultural de Vicente Rodríguez Casado; Unión Editorial; Madrid, 1995.
Hay ejemplares según pedido en la Asociación de La Rábida : Senda del Infante, 22. Complejo Edith Stein, 20035 Madrid (España)
Teresa Chavarría Múgica
www.cronicasdeundia.com
Interiorista, escritora y fotógrafa por vocación, abogada de formación.
He vivido en España, Italia, México y Estados Unidos donde actualmente
resido con mi hija. Escribo como columnista en el periódico el Heraldo
del Estado de México y sobre arte, moda, tendencias e interiorismo en la
revista Nexos de American Airlines.
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