Unos rayos de sol atenuados por el gris plomo del cielo entraban por el escaparate. El olor penetrante a papel, polvo y recinto cerrado me transportó en unos segundos al umbral de los recuerdos. Al fondo se oía la voz del librero, clara, sin eco, en medio de un silencio de algún modo sagrado. Con mis manos en los bolsillos, intenté moverme cautelosamente. Temía mojar los libros que se acumulaban a mi alrededor en el suelo formando columnas.
Me había refugiado en aquella librería de viejo huyendo de una de esas tormentas primaverales de Madrid. Mis lentos y calculados pasos se acercaron al fondo de la tienda, donde un cartel anunciaba la sección de filosofía y religión. Un libro pequeñito, como de un palmo de alto, con las cubiertas de piel color burdeos y con un título grabado en dorado, me llamó la atención. Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido”. Lo tomé entre mis manos y acariciándolo abrí la primera página. El corazón me dió un vuelco al ver un ex libris sellado en tinta negra. Abracé el libro y ya en la caja mientras el librero buscaba el precio apuntado cuidadosamente a lápiz en la contraportada, leyó en voz alta la frase que contenía el ex libris: ¨ETIAMSI OMNES, EGO NON¨. Sonriendo conmovida respondí ¨ “AUNQUE TODOS SI, YO NO” este libro era de mi padre” y me perdí bajo las nubes grises de aquella tarde en Madrid, sabiendo que una vez más mi padre me había salido al encuentro.
Tessa Mugica
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