La proclamación del propósito político está clara: se trata de garantizar la continuidad ideológica del régimen a través de una persona de toda confianza como Raúl, que goza de arraigo popular, que cuenta con peso propio en el aparato del partido, que tiene poder para resolver con las Fuerzas Armadas las previsibles situaciones de excepción y que, por encima de todo, exhibe una estampa que resulta inseparable de la del Lider Máximo, hecho importantísimo en un régimen embebido de ideología, pero cargado también de personalismo o, si se quiere, y para ser más exactos, de ese fulanismo tan caro a los países de media casta hispánica.
El indicio claro de un hecho adaptativo que afecta a la Revolución Cubana, hay que vincularlo con el párrafo anterior. En efecto, con la designación de Raúl queda patente un rasgo que conecta a la Revolución Cubana con un dato invariante de la íntima constitución de los pueblos hispánicos, basada en el nepotismo y el clientelismo personal o, si se quiere emplear una expresión con antecedentes en Ortega y Gasset y en Unamuno, en el fulanismo más acendrado. El hecho de que se pueda hablar de los Solano López del Paraguay; de los Trujillos de la República Dominicana; del trío Perón, con Juan Domingo, Evita e Isabelita; en Argentina; de los Somoza, de los Chamorros y de los hermanos Ortega en Nicaragua; y ahora de los Castro Ruz en Cuba, abarcando personajes de ambos sexos y repartibles en el más amplio espectro político, demuestra que le revolución, ya sea como ideal, ya como farsa, ya –sobre todo- como desplante, ha encontrado su nicho en la imaginería política de aquél continente. El fenómeno es descorazonador; aquí me limito a dar constancia de su existencia.
Y vamos con la primera pregunta.¿Hasta cuando podrá subsistir incólume el régimen cubano? La respuesta es clara, pero resulta poco satisfactoria: el socialismo cubano estará allí hasta que sus enemigos lo dejen. Y ¿Cuáles son los enemigos del régimen cubano? El más peligroso de todos, el sectarismo, que en el lenguaje de Fidel Castro sirve para designar a lo que en otras latitudes comunistas se llamó disidencia o revisionismo. Los vocablos sectarios y sectarismo fueron primeramente empleado por Fidel en relación con el juicio a Faure Chaumon, ya en los tiempos en los que la Revolución estaba consolidándose en el poder. Desde aquél primer episodio de disidencia, Fidel se ha ocupado de aplastar con el máximo rigor –que comprende el desprestigio, la prisión y la muerte-, todo indicio de samokrítica que contravenga las directrices de la Nomenclatura revolucionaria tal como las define el Comité Central del Partido. “Claro que la revolución-dice Fidel-, no tiene ninguna imperiosa necesidad de eso, porque en realidad no hay que utilizar la fuerza aplanadora de la Revolución para aplastar verdaderas cucarachas. Sería mucho, sería como cazar tomeguines a cañonazos.” En efecto, como acontece en todos los regímenes totalitarios, las medidas preventivas vehiculadas a través del espionaje y el fomento de la delación, bastan y sobran, la mayoría de las veces, para mantener a raya la amenaza de las posibles disidencias. El desprecio hacia los opositores y los disidentes está indicado por el léxico: los tomeguines, son unos pajaritos chiquitillos que viven en los pinares, y las cucarachas, ya las conoce el lector.
¿Y los Estados Unidos? Son, desde luego, los primeros enemigos en el terreno de la dialéctica antiimperialista. Las más frecuentes en el bla-bla de los discursos. Sin embargo, son tan sólo enemigos secundarios en cuanto a los propósitos de derribar directamente al régimen cubano. Un seguro tiene el castrismo que le garantiza hasta cierto punto la subsistencia: la base de Guantánamo. Ésta, juntamente con la base de Palmerola en la República de Honduras, con las estaciones de Puerto Rico, las de la costa americana del Golfo de México, y el sistema de satélites, les basta y sobra a los norteamericanos para controlar el conjunto del Mediterráneo Americano formado por el propio Golfo y el Mar de las Antillas. Sólo una amenaza real sobre Guantánamo obligaría a actuar a los Estados Unidos. Por supuesto que la amenaza puede funcionar como puro pretexto para justificar una intervención en la isla; pero indudablemente los Estados Unidos preferirían otra vía. Este efecto paradójico de la base de Guantánamo, es una muestra paladina del peso del factor geopolítico en países como Cuba, carentes de la escala conveniente para imponer su voz des y su estilo en política internacional
¿Qué posibilidades hay de evolución propiciada desde el poder? Creo sinceramente que sería la única evolución posible. Pero es perfectamente improbable que llegue a producirse.. Varios factores contribuyen a esta situación. El primero de todos son las exigencias de los emigrados a los Estados Unidos, con los cuales hay que contar: quieren una restitutio in integrum de la situación, tanto en leyes como en indemnizaciones. El segundo factor obstaculizador, es la propia endeblez de la oposición en Cuba y la pérdida en el pueblo de los hábitos que puedan ayudar al restablecimiento de la democracia en sus aspectos formales. El tercer factor está constituído por el ambiente mundial propicio a la jurisdicción universal en materia de derechos humanos. Caído el régimen, o en trance de prever su evolución al formalismo democrático, no podrían faltar las demandas y acusaciones de ésta índole hechas desde cualquier país, incluída la confusa España. La sola posibilidad de ser juzgados y seguramente condenados, es suficiente para disuadir a los comunists de hoy que pueden ser los reformistas del mañana. El purismo jurídico que parece perseguir una justicia a la vez perfecta y unilateral es enemigo cierto de la evolución pacífica en Cuba.
Quedan, pues, dos posibilidades: la guerra o la subsistencia del socialismo, bien que en precario. La guerra no parece ser una opción ventajosa para nadie. Los norteamericanos podrían ocupar el territorio cubano en una operación multimodal verdaderamente fulminante. Pero las posibilidades de organizar una violenta guerrilla están en manos de las Fuerzas Armadas cubanas, que seguirían el modelo inventado por Tito que ha servido para los más diversos propósitos políticos en las guerras de la exYugoeslavia. Las acciones encaminadas a la eliminación de la guerrilla, necesariamente sangrientas y crueles, soliviantarían a Latinoamérica y dividirían la opinión norteamericana en un momento en que las amenazas islamistas son algo más que nubarrones para el futuro. Subsistirá pues, el socialismo cubano en su soledad, contando sólo con la especial solidaridad que han manifestado algunos países del entorno, especialmente México. Es muy poco probable que países comunistas como China, Corea del Norte o Vietnam se empeñen más allá de los palabras.¿Y Venezuela? Tendrá que sostener a Cuba como un símbolo del antiimperialismo, pero Chávez no debe cometer el error de confundir los símbolos con esa revolución de desplantes sobre el vacío en que se ha convertido Cuba. También a Venezuela le falta escala para lograr sus objetivos. Y la discutible sombra de Bolívar no es suficiente.