Ayer se llamó llamó Bush. Anteayer, Clinton. Ahora se llama Obama. Todos actuan en nombre del Tío Sam.
Obama telefonea, y es como si el Tio Sam señalara con el dedo índice de su mano derecha al interlocutor y le dijera con voz perentoria: ¡ el Tío Sam te necesita !.
La verdad, poco importa que Obama haya telefoneado al presidente Zapatero o no. Lo importante es que éste ha resuelto plegarse a las directrices que le llevarán a tomar decisiones que ponen en entredicho sus propias promesas. Porque soy de los que creen que, bien examinadas las cosas, cuando Rodríguez Zapatero hablaba de bonanza económica y se despeñaba en afirmaciones optimistas ante la crisis, no quería reducirse a predicar para el coro ni ganar la copa mundial en el empleo de clichés oportunistas que encantaban a la galería, sino que se proponía de veras formular promesas serias en las cuales él mismo era el primero en creer. Todo es posible en macroeconomía y también en la micro desde el momento en que los gurús y los llamados magos o ingenieros financieros hacen competencia a los expertos responsables.
Es dato conocido que el Estado de las Autonomías necesita crédito por valor de 76. 8oo millones, Euro más, Euro menos. Y ha de conseguir 25.000 millones para el mes de julio si se quiere evitar un verano caliente desde el punto de vista social. Y menos mal que las masas están atadas y bien atadas tanto con el cordaje de los sindicatos subvencionados como por el pegamento de la propaganda llamada institucional que prefabrica en los medios las respuestas a las interrogaciones que inevitablemente surgen entre criaturas racionales.
Al Tio Sam no le faltan para hablar razones contantes y sonantes, porque la Reserva Federal de los Estados Unidos ha comprado deuda española en los momentos en que se hacía más manifiesta el “carácter tóxico” de las finanzas de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.
Pero una cosa es –ha de pensar Rodríguez Zapatero al justificar su media vuelta- mantener en la inopia al pópulo en el interior y otra muy distinta ir a la bancarrota del Estado con la sonrisa puesta y el optimismo encajado pese a estar poniendo en peligro al Euro que es el único instrumento seguro con que cuenta ese Gran Mercado que es la Unión Europea.
Obama telefonea, y es como si el Tio Sam señalara con el dedo índice de su mano derecha al interlocutor y le dijera con voz perentoria: ¡ el Tío Sam te necesita !.
La verdad, poco importa que Obama haya telefoneado al presidente Zapatero o no. Lo importante es que éste ha resuelto plegarse a las directrices que le llevarán a tomar decisiones que ponen en entredicho sus propias promesas. Porque soy de los que creen que, bien examinadas las cosas, cuando Rodríguez Zapatero hablaba de bonanza económica y se despeñaba en afirmaciones optimistas ante la crisis, no quería reducirse a predicar para el coro ni ganar la copa mundial en el empleo de clichés oportunistas que encantaban a la galería, sino que se proponía de veras formular promesas serias en las cuales él mismo era el primero en creer. Todo es posible en macroeconomía y también en la micro desde el momento en que los gurús y los llamados magos o ingenieros financieros hacen competencia a los expertos responsables.
Es dato conocido que el Estado de las Autonomías necesita crédito por valor de 76. 8oo millones, Euro más, Euro menos. Y ha de conseguir 25.000 millones para el mes de julio si se quiere evitar un verano caliente desde el punto de vista social. Y menos mal que las masas están atadas y bien atadas tanto con el cordaje de los sindicatos subvencionados como por el pegamento de la propaganda llamada institucional que prefabrica en los medios las respuestas a las interrogaciones que inevitablemente surgen entre criaturas racionales.
Al Tio Sam no le faltan para hablar razones contantes y sonantes, porque la Reserva Federal de los Estados Unidos ha comprado deuda española en los momentos en que se hacía más manifiesta el “carácter tóxico” de las finanzas de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.
Pero una cosa es –ha de pensar Rodríguez Zapatero al justificar su media vuelta- mantener en la inopia al pópulo en el interior y otra muy distinta ir a la bancarrota del Estado con la sonrisa puesta y el optimismo encajado pese a estar poniendo en peligro al Euro que es el único instrumento seguro con que cuenta ese Gran Mercado que es la Unión Europea.