Benévola.- ¿Que me dice Vuestra Merced del lujo de ornamentos, ceremonias y edificios religiosos, ostensibles en cada Semana Santa? ¿No son una ofensa a los pobres del mundo que cada vez son más numerosos en esta hora de globalización sin medida? ¿No se ha parado a pensar, por ejemplo, en la multitud de pobres africanos que se salvarían del Sida y de adolescentes que se evitarían el aborto con los condones que se podrían adquirir -para el reparto gratuito- si se vendiesen los palacios y basílicas vaticanas y las catedrales, monasterios y ermitas de esta España zaragatera y triste?
Respondón.- Podría preguntar a Ud. si habla como pobre o como aprovechada vendedora de condones. Pero vamos a dejarlo. Así que vayamos por partes. Primero, observe cómo
Segundo, los magníficos edificios que Ud. dice, han sido ya amortizados con creces, pues es sabido que no fueron construidos a lo barato, sino a lo económico. Por no saber distinguir entre lo barato y lo económico se han cometido, y se cometen, muchos disparates en este mundo. De hecho la incapacidad para hacer esta elemental distinción es una de las marcas que delatan, en pueblos, en grupos y en individuos, la predisposición a permanecer pobres. Así que en lugar de ir por allí echando habladas, eche la gorra al aire y grite ¡tres hurras¡ a obispos, abades y abadesas que han hecho las cosas para que duren siglos y no para cubrir las apariencias y que arree el que viene detrás.
Tercero, si esos edificios salieran a subasta, terminarían por ser trasladados pieza a pieza a los lugares de donde procedieran sus compradores. Ya pasó eso con el claustro de San Pedro de Berlanga. Así que es muy posible que todos los edificios en venta fueran a parar al Japón, a los Estados Unidos o a los Emiratos Árabes, también unidos, que son los únicos países donde hay ricos de verdad que al menos podrían siquiera bosquejar el remedo de un precio para bienes que son en realidad invalorables.
Cuarto, para salvar gente del Sida no es necesario ir al África, y no sólo porque es Africa la que viene a nosotros, sino también porque el número de malatos crece en las Expañas a un ritmo brioso, rijoso, quejumbroso y reivindicativo. Cierto que este milagro no debe envanecer a los expañoles ni a las expañolas, porque no lo han logrado por sus solas fuerzas, sino con la colaboración de izas, rabizas y colipoterras de todo pelo, color y tamaño venidas aquí, como quien dice, al olor de la tostada, o bien en respuesta a la benévola convocatoria de la poderosa ONG “Rufianes y Chulos sin Fronteras,” a ejercitar, no importa si por delante o por detrás, sus habilidades venéreas.
En cuanto a evitar la práctica del aborto, ha que reconocer que no ha logrado mucho la condonización ingenua de la enseñanza. En efecto, no es asunto de repartir condones entre los niñatos y niñatas o entre los negros y las negras. Es asunto de que la tarea de ponérselos resulta demasiado abstracta y complicada para los cerebros y otras piezas anatómicas de gente adicta al aquí te pillo aquí te cojo.
Lo que la población escolar necesitaría es instructores con la doble titulación de sexólogos y pedagogos que prestasen a los alumnos ayuda práctica en el aprendizaje del soberano y difícil arte del póntelo, pónselo. Mas que de confiscar los bienes de
Benévola.- Lo de nadar ¿incluye a los tripulantes de las pateras y cayucos?
Respondón.- Lejos de mi tal enormidad. Es bien sabido que en el África, del Sahara para abajo no hay piscinas municipales. Por eso no saben nadar.
Benévola.- ¿Y qué me dice de los capisayos y oropeles con que se reviste el clero los días de gala, como los pasados de Semana Santa?
Respondón.- La vestimenta clerical recoge tradiciones muy antiguas: la tiara de los Faraones de Egipto, la mitra de los seguidores de Mitra, el báculo de David, pastor y rey de Israel, el traje talar de los senadores romanos, la dalmática… Toda una muestra de interculturalidad a la cual se unen hoy las casullas y estolas con bordaditos indígenas del lago de Atitlán, o de las tribus bantúes, o de los tehuelches; y ahora que se sirven a la carta misas criollas, misas rocieras, misas balubas, misas tutsis, misas hutus y misas en bilingüe.
Benévola.- ¿Sabe Vuestra Merced que un filósofo ha comparado la mitra de los obispos con un pirulí?
Respondón.-Celebro que un filósofo que, encima de serlo, sabe cultivar la veta de la ironía como abeja que fabrica la miel y porta el aguijón, haya comparado la mitra con un pirulí, supongo que de los de golosina, porque con los de telecomunicaciones no cuadra la comparación. Pero sepa Ud., doña Benévola, esa misma idea ha divertido a muchísimos niños católicos, como aconteció al que estas líneas escribe cuando era aventajado alumno de Catecismo para
O sea, que Ud. me dirá Buena Señora. Yo no me pondría un capisayo en mi vida, ni me cubriría la cabeza con un pirulí, pero tampoco me abruma que lo hagan otros vengan de donde vinieren. En cambio, me da pavor la mera posibilidad de que los edificios bellos e ilustres erigidos en Europa y en las Américas en tiempos de mayor devoción sean vendidos a quien da más, aunque sea con la benéfica idea de comprar condones para repartirlos gratuitamente entre la lamentable y lamentosa legión de pobres y malatos víctimas de sus propios escarceos venéreos. Sorry, pero es lo que hay, mundo cruel.