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sábado, 5 de noviembre de 2011

La Caja de Té de la Luna de Octubre*

El planisferio cumple la hazaña de reproducir en un plano, la difícil y peculiar forma geoide de la tierra. La esfera que todos conocemos, cumple mejor con su aspecto geográfico, dando de todo un sostén,  una idea del rumbo que se ha de seguir y de la forma que tienen continentes e islas. “La caja de té de la luna de octubre” es sólo una lata cuadrada de las que antes se llamaban “Panekin”, supongo por algún lingüista flamenco. La caja tiene colores rojo, negro, y dorado, típicos de la decoración china. La caja ha conseguido eliminar los polos norte y sur, de modo que representa un mundo sin extremos. A lo largo de ella, en sus cuatro lados, aparecen los continentes y pululan figuras llamativas que representan la cosecha, el transporte y el comercio del té. Ahí están en el oriente extremo las delicadas siluetas degustando las grandes calidades para las ceremonias del té de china y Japón, otro tanto se puede decir en malasia e indochina.

En África profunda  grandes termiteras ilustran la sequedad y la peculiaridad de un clima duro, mientras que hombres semidesnudos,  armados de lanzas,  se dedican a saltar en el mismo sitio sobre sus propios pies. Y negros con calzoncillos rojos como único vestido portan sobre sus cabezas enormes canastos llenos de la cosecha del té. Travancor, Miasa, Mombasa, Kenia en África. Ceilán, una de las islas que aparecen, y otras innombradas nos dan cuenta de los paraísos del té.  En los mares navegan barcos y naves sin rumbo ni concierto, Barcos de vapor, sampanes chinos, jabeques árabes, hermosos clipers siguen veloces sus derroteros.  Por todas partes, peces esquemáticos de identificación imposible y en el Golfo de Ormúz, se instala la corte del rey Neptuno llena de Nereidas y Tritónes. ¿Y qué se supone que guardo en la “caja de té de la  luna de octubre”?  son  apuntes, efemérides, anécdotas relacionadas con el mes de octubre cuando los españoles tenían la valentía de ver su propia historia cara a cara. Ahí están unos apuntes breves acerca de lo que apunta el almirante en su cuaderno de bitácora:  “Vi caer hermosos racimos de estrellas en el mar”, están también algunas alusiones acerca de  “BRAVEHEART”  y sus escoceses en la lucha contra el moro en el altiplano de Málaga donde participó en la cruzada de occidente.  Y también guardo apuntes hechos a toda prisa sobre el desprecio de que fue objeto por su condición de mestizo el poeta peruano José SartasChocano autor del hermoso poema  “Los caballos de los conquistadores”.  Guardo igualmente un desflecado comentario sobre el general masón Trueta que transformó  el ejército campesino de Cristeros en una fuerza militar de primer orden. Y así, un fleco aquí, otro allá, cursan su derrota en la marejada de octubre con la condición de peces ineidentificables, de barcos, que navegan sin otro rumbo que buscar un día una forma escrita que les haga  inteligibles , deseos que se pierden en la ilusión del momento, tras los oropeles que ocultan el verdadero sentido de los propósitos inalcanzados.     
*Con afecto a mis amigos de "Iturralde Degustación"

martes, 25 de octubre de 2011

Nacionalismo Español


¿Se puede comparar el nacionalismo español con los nacionalismos de integración del XIX que lograron la unificación del Reich Alemán (1870) y del Reino de Italia 1871? Estos dos potentes nacionalismos dieron luz a entidades que abarcaban toda una variedad de territorios que antes eran independientes, y cuya presencia unificada rompió el equilibrio que en su propio provecho habían establecido, Gran Bretaña, la Francia de Luís Felipe de Orleáns y la Rusia del Zar. (Congreso de Viena, 1805). Para entonces, el Reino de Portugal, segregado de Galicia y cedido por el Rey de Castilla a su yerno Enrique de Borgoña en 1097 llevaba nada menos que 703 años de existencia y el de España, nacido en 1492 con la toma de Granada, poco más tres siglos de andadura.
El nacionalismo español surge como ideología los años treinta del pasado siglo XX: “Juntas Castellanas de Actuación Hispana,”, “Juntas de Ofensivas Nacional Sindicalista” y “Falange Española” y pronto, sin madurar por separado, se fusionarán. Se definen anticapitalistas y enemigos de la democracia liberal, contrarios a la lucha de clases, corporativistas o sindicalistas. No rechazan la Republica como forma de gobierno. Sin embargo, la dosificación de estos ingredientes no es ni uniforme ni igualmente clara en todos. Por esa misma época se da el pacto llamado Galeuzka, Galicia, Euzkadi y Cataluña, con un planteamiento confederal, que es un verdadero ariete contra la existencia de España
La Guerra Civil trae consigo el parón del la maduración ideológica del nacionalismo español, el exterminio de sus líderes. Paradójicamente, el dominio de Franco agravará las cosas al ritualizar en un grito ¡una, grande, libre! y en un vistoso uniforme todo el posible contenido ideológico. El anecdotario es sangriento: José Antonio con 33 años de edad es fusilado en prisión por sus captores; lo mismo que Ramiro Ledesma Ramos a los 31 sin que hayan tenido oportunidad de intervenir en la guerra. Sólo Onésimo Redondo cae a los 31 dando la cara incautamente en una emboscada. Manuel Hedilla sucesor de José Antonio es condenado a muerte (conmutada por destierro) por un Consejo Militar que acepta todos los cargos en su contra. Le conocí, cuando de vuelta de su destierro canario, desilusionado de toda política, dedicaba todo su esfuerzo a ponerse a bien con Dios; Se había opuesto, desde el primer momento a las represalias en la zona nacional. Era un nacionalismo abocado a servir de bola de de billar para destruir por carambola al carlismo foralista, y se prestaría, como, Movimiento, a todos los mimetismos pragmáticos del Régimen

viernes, 14 de octubre de 2011

El Hombre en la Naturaleza*



El hombre natural, que no ha llegado a percibir el tiempo como Historia, ni culminado el proceso de humanización, encuentra sus puntos de referencia en las regularidades directamente observables: el sol que marca el transcurso del año y la cadena de las estaciones; la luna en la sucesión de sus fases. Y, en conexión con ésta, la berrea, el parto de las hembras y el crecimiento de los rebaños; fenómenos que sumados al desarrollo humano desde la infancia a la senectud revelan el impulso incontenible de la vida bien que acechada continuamente por la muerte. Existen también pulsiones corporales, como la menstruación, que por la sangre derramada avala para las mujeres un prestigio semejante al de los guerreros, cosa que en general parecen ignorar los antropólogos, preocupados por encontrar una homosexualidad primordial que avale al movimiento gay, o por comunicar a los selváticos las posibilidades placenteras de la zona proctológica. Y quedan por último el peristaltismo intestinal y las pulsaciones del corazón que inspiran el salto rítmico de los varones sobre un mismo sitio, el batir del tantán y de todo rataplán que se ajusta al ritmo cardíaco. Chumba cachumba chumba. 

Para el hombre natural el ciclo sueño-vigilia es un todo indiferenciado. Los trasueños o reverías son el aglutinante que trasfunde en un solo amasijo los acontecimientos del mundo real y las figuraciones oníricas. Esto, se puede comprobar por la observación directa y leyendo la literatura misional no catequética, incluída la de Albert Schweitzer. Los misioneros aún no habían claudicado ante el buenismo, esa versión ignorantona y clerical del mito del buen salvaje de Rousseau. ¿No los habeis oído?: “ ¡Ellos me dan espiritualmente mucho más de lo que yo les puedo dar¡” Chumba, cachumba maracumbé, balé chun chun.

Pero reparemos en que una existencia así está vacía de percepciones verdaderamente humanas y carece de límites precisos. Por eso, el hombre natural tiende a hacer rutinas fijas e inamovibles del moldeado de barro, del trenzado de cestos o de nasas, de los tatuajes e incisiones corporales y de los bailes. Estos incluyen movimientos espasmódicos parasexuales aptos para producir paroxismos, colectivos; y sonidos elementales que comunican a los participantes sensaciones de unanimidad y poderío Esas rutinas resultan tanto más prestigiosas cuanto se da por sentado que son inmemoriales. Balín balé, pumba cayá., taca taca taca tacatá, chun chun balé.
* XX reunión del Club de Destin, Florida.

Megapoderes


El mundo de hoy funciona bajo el impulso de los megapoderes, entre los cuales la Unión europea es solo un proyecto, Rusia un prudente veterano y Turquía un paciente meritorio que lucha por encontrar su lugar como tapón del Mediterraneo Oriental.
Bajo el liderato informal pero efectivo de los Estados Unidos y del Reino Unido el Megapoder Anglo se extiende sobre las antiguas colonias blancas de Inglaterra: el Canadá, Australia, Nueva Zelanda que forman el núcleo de confianza. A su lado subsiste un aliado por vía de los intereses en juego como es la República Surafricana.

En la rivera opuesta del Pacífico formando ahora el núcleo más cmpo activo de transformación de toda la zona, se sitúa el Megapoder Chino que, abandonado el campo de la subversión, concentra todo su esfuerzo en impulsar su propia expansión comercial y demográfica, batel de doble bancada con le que se abre paso en las aguas que antaño fueron el límite de su secular aislamiento. 

El Megapoder Islámico, en sus inicios un club de beduinos con soberanía –en realidad señores espirituales y temporales de sus respectivos pueblos-, es ahora un conjunto de plutócratas que sacan provecho lo mismo del precio de los hidrocarburos que de la banca, la emigración activa o los préstamos personales y confidenciales a los Jefes de Estado. Su dualidad religiosa y temporal le permite tener actuaciones contradictorias y plantear tanto de forma manifiesta como solapada exigencias para las que no ofrece contrapartida alguna. Al Megapoder Islámico le ha surgido un rival en Al Qaeda que con sus prácticas de terror en realidad solo ha servido para despertar en Occidente a los perros dormidos. 

Con las megapotencias nada valen los sucedáneos. Reduciéndonos adrede a las dimensiones de la Piel de Toro, ni la conocida política de casas regionales subvencionadas en el extranjero, ni la ayuda solapada de los nuevos grupos antigringo de América del Sur pueden sustituir el apoyo de cualquiera o de varios de esos megapoderes, a la hora de emprender, por ejemplo, la tarea de partir a España por las líneas perforadas de las autonomías. Me baso -esto es obvio- en un planteamiento de escala según el cual ni España entera ni cada una de las Expañas por separado están en condiciones de constituirse en fuentes originarias de poder, cuanto más que la Península Ibérica ocupa desde el punto de vista geopolítico un puesto en sí mismo más comprometedor de lo que cabría imaginarse al observar la actitud desprevenida de sus habitantes y la incuria, improvisación y parasitismo de una parte de la partitocracia gobernante.

Glosa Maleva de la Chicha y el Nabo


La palabra chicha es de impreciso significado. Su sentido más corriente en las Américas, de donde es originaria, es la de bebida hecha de maíz fermentado, salvo en Chile donde llaman así a la sidra de manzana o a una bebida basta hecha con el mosto de la uva. Pero chicha tiene también el significado genérico de carne y gordura. Así, de una persona enjuta de cuerpo se dice que es “de pocas chichas”, lo cual, por asociación que no alcanzo a entender, se dice también de quienes se impacientan con facilidad.

El significado rey de la palabra chicha es el de pecho femenino. Esta acepción se origina en la palabra tzitzi, que en nahuatl, o nahoa, la lengua hablada por los aztecas que poblaron México y parte del istmo centroamericano, significa exactamente lo que hemos dicho. En algunos países de esa zona, a la nodriza se la llama chichigua, que es la transliteración castellana de tzitzihuatl, o lo que es lo mismo, “la mujer del pecho.” En castellano peninsular, chichi, derivación popular e infantil de chicha en su acepción de carne y de comida, ha pasado a significar el pubis que las adolescentes y las jóvenes suelen exhibir labro si la edad no les da para más, o afeitadito y tatuado si las primera malicias las impulsan a someterse a una labor de esa clase que disimule la incipiente hipertricia. A esta moda se la designa por la palabra “chichifresh” -mixta de español bozal y de pidgin english- que algunos transforman en “chichiflesh” destacando intencionadamente la alusión carnal. Se trata de una muestra más de la libertad de la mujer.
Con la expresión “ni chicha ni limonada”, que contrapone una bebida sana y popular como es la limonada, con otra desconocida, se designa a personas o cosas que por anodinas no se pueden clasificar con facilidad en categoría alguna. 

En cambio, en la expresión “de chicha y nabo” no se contraponen calidades sino que suman insignificancias. En efecto, si la chicha es para muchos una bebida despreciable o desconocida, el nabo es para todos una vulgar hortaliza de la familia de las crucíferas, sólo que dotada de una forma y firmeza que la hacen propensa al equívoco. Aunque una autoridad como don Francisco de Quevedo habla de batallas nabales asimilando al nabo con la parte más altiva de la recia anatomía masculina, lo “de chicha y nabo” va más bien por la carencia de prestigio culinario de ese humilde producto de la huerta. Se trata de una expresión que goza de un amplísimo campo de aplicación: hay ministros y ministras de chicha y nabo; famas y prestigios de chicha y nabo, sindicatos de chicha y nabo, ongs de chicha y nabo y revolucionarios de chicha y nabo. Etc. Etc.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Atrición


 La atrición como estado de ánimo inhibitorio que se refleja en la conducta de un grupo social o de un colectivo nacional es el efecto de una “operación de poder” que normalmente es llevada a cabo desde las propias instancias del poder. Del poder constituído si éste toma por diana a sus propios ciudadano. O del poder extranjero victorioso, cundo se ejerce sobre los habitantes de un territorio ocupado. Los miembros del grupo o colectivo afectado por la operación de atrición se ven inducido a adoptar esa conducta inhibitoria o resignadaa que puede llegar hasta el despreciarse a sí mismos, tras haber sido puestos en la tesitura de sopesar “velis nolis” las consecuencias desfavorables que les  acarrearía asumir la posición contraria.
Pero la atrición puede también ser ejercida desde las bases sociales. Y en este caso hay que subrayar su capacidad de penetración por ósmosis y su inmunidad ante los cambios sugeridos por el tiempo que pasa y las circunstancias que varían. Tal es el caso del País Vasco desde la  formación del poderoso plexo nacionalista hasta el crítico día de hoy.
La atrición social actúa preventivamente induciendo al silencio las opiniones contrarias, imposibilitando las acciones hostiles y propagando una visión odiosa y simplista que impide  mirar con benevolencia cualquiera de las facetas humanas del adversario. No debe extrañar, pues, que la victimación de individuos incursos en ese cliché socialmente troquelado, aunque haya adoptado claramente la forma de asesinato a mansalva, haya avivado aquí, entre las buenas gentes de la parroquia autóctona, la sospecha: de que “¡algo habrá hecho!”. ETA aparecía así como la justiciera insobornable.
Dado que la atrición de origen social actúa por acostumbramiento, presión, inmersión y roce, es muy difícil identificarla como operación de poder. Los cauces de su actuación aquí enumerados son fenómenos inseparables de la vida cotidiana que se sostiene sobre un entramado de relaciones esenciales, primigenias e ineludibles: la vecindad, el origen local o genealógico, el compañerismo, los intereses materiales… Es precisamente esta cotidianeidad la que permite calificarla de orgánica. No en balde el  País Vasco es el lugar de la ufanía colectiva, de las peñas, de las sociedades, de las cuadrillas que prolongan las amistades primeras y de una lengua singular susceptible de ser usada como escafandra social selectiva e identificatoria si la ocasión se tercia.
En ausencia de ideologías  de refuerzo o de profundo resentimiento, el ejercicio de la atrición social se diluye e incluso llega a desaparecer para ser sustituído por la conversación -ya serena, ya jatorra- a tenor de la  educación, del mundo vivido y del  roce social de  quienes, por derecho no declarado o inclinación, constituyen la parroquia autóctona.
El lado benigno de la atrición de origen social se percibe en la volatilización de los nombres de pila en castellano; y sobre todo, entre la gente sencilla, en la adaptación a la ortografía vascuence de apellidos ibéricos de raigambre no euskérica. Vale por hoy.

Megapoderes


El mundo de hoy funciona bajo el impulso de los megapoderes, entre los cuales la  Unión europea es solo un proyecto, Rusia un prudente veterano y Turquía un paciente meritorio que lucha por encontrar su lugar como tapón del Mediterraneo  Oriental.
Bajo el liderato informal pero efectivo de los Estados Unidos y del Reino Unido el Megapoder Anglo se extiende sobre las antiguas colonias blancas de Inglaterra: el Canadá, Australia, Nueva Zelanda que forman el núcleo de confianza. A su lado subsiste un  aliado por vía de los intereses en juego como es la República Surafricana..
En la rivera opuesta del Pacífico formando ahora el núcleo más cmpo activo de transformación de toda la zona, se sitúa el Megapoder Chino que, abandonado el campo de la subversión, concentra todo su esfuerzo en impulsar su  propia expansión comercial y demográfica, batel de doble bancada con le que se abre paso en las aguas que antaño fueron el límite de su secular aislamiento.
El Megapoder Islámico, en sus inicios un club de beduinos con soberanía –en realidad señores espirituales y temporales de sus respectivos pueblos-, es ahora un conjunto de plutócratas que sacan provecho lo mismo del precio de los hidrocarburos que de la banca, la emigración activa o los préstamos personales y confidenciales a los Jefes de Estado. Su dualidad religiosa y temporal le permite tener actuaciones contradictorias y plantear tanto de forma manifiesta como solapada exigencias para las que no ofrece contrapartida alguna. Al Megapoder Islámico le ha surgido un rival en Al Qaeda que con sus prácticas de terror en realidad solo ha servido para despertar en Occidente a los perros dormidos.
Con las megapotencias nada valen los sucedáneos. Reduciéndonos adrede a las dimensiones de la Piel de Toro, ni la conocida política de casas regionales subvencionadas en el extranjero, ni la ayuda solapada de los nuevos grupos antigringo de América del Sur pueden sustituir el apoyo de cualquiera o de varios de esos megapoderes, a la hora de emprender, por ejemplo, la tarea de partir a España por las líneas perforadas de las  autonomías. Me baso -esto es obvio-  en un planteamiento de escala según el cual ni España entera ni cada una de las Expañas por separado están en condiciones de constituirse en fuentes originarias de poder, cuanto más que la Península Ibérica ocupa desde el punto de vista geopolítico un puesto en sí mismo más comprometedor de lo que cabría imaginarse al observar la actitud desprevenida de sus habitantes y la incuria,  improvisación y parasitismo de una parte de la partitocracia gobernante.

Saturación


La saturación informativa es comprobable incluso en el patear la calle de todos los días. Por supuesto, la saturación de la que hablo no es la que padecen las agencias informativas obligadas a adelgazar el flujo noticioso que ofrecen al lector. No es tampoco el atasco que se produce en los servicios de inteligencia que confían a programas informáticos la labor de interpretar el cúmulo desordenado de datos recogidos y encima han de interrelacionarlos y tomar decisiones consecuentes mientras los expertos matan el tiempo contemplando pornografía o ligando por Internet. Estas distracciones y esos programas hacen muy difícil señalar culpables en el caso de que suene la alarma por alguna equivocación, que las ha habido sonadas Y no hay que insistir que equivocaciones las seguirá habiendo en el ámbito oficial mientras baste echarle la culpa al programa para salir airoso de cualquier atolladero. 

No; de la que yo hablo es de la saturación informativa que se produce en la rodadura cotidiana de la existencia particular, y cuyo agente causal –se dice- son las facilidades que dan los teléfonos móviles, también llamados teléfonos celulares o telefoninos.

Ciertamente, como me ha querido aclarar un amable lector, en el uso de estos medios técnicos hay que contar con la frontera de las edades y por lo tanto no se pueden hacer inferencias generales que abarquen a la población entera. Pero, con todo, la abundancia de información trivial que los telefoninos transmiten da ocasión a que se produzcan entre los usuarios de todas las edades y condiciones verdaderos atascos verbales que hay que suponer también mentales. No digo que el personal sea tonto, pero si que lo parece. Y entre los tontos me incluyo, pues antes de repicar he ido en la procesión.

¿No es  ahora casi normal sostener un diálogo de besugos como el siguiente? : “Estoy bajo los portales de la plaza”. “Yo también; pero no te veo.” “Es que me he retirado un poco para que me oigas porque donde estaba se iba la voz.” Y luego la revelación final:“Ah, ya te veo.” Y qué decir de este otro, quizá más propio de merluzos que se enfrentan a bacalaos: “¿donde estás?” “En el centro.” “¿Qué centro?” “¿Y qué centro iba a ser?” Esto, amigos, es trivialidad combinada con ganas de bronquear

Existe, al lado del gran fenómeno informativo, pseudoinformativo, desinformador y de sinformante, que afecta sobre todo a los medios oficiales, oficiosos y subvencionados, un parloteo vanal de la información que es a lo que me estoy refiriendo ahora. Pero no echemos toda la culpa a la telefonía, ella no es más que un instrumento. Los verdaderos agentes del atasco trivial somos los seres humanos. Cada uno a su manera.

La Historia como Empeño


Hay noticias que vale la pena comentar como quien come un plato frío y con los sabores ya sedimentados. Tal sucede con las pasadas visitas de Obama a Londres y de Isabel II a la República de Irlanda. El Presidente de los Estados Unidos ha sido claro: “Es un error pensar que otras naciones representan el futuro y que la hora de nuestro liderazgo ha pasado”…”La alianza de los Estados Unidos con el Reino Unido continúa siendo indispensable para conseguir un siglo más pacífico, más próspero y más justo”  Estas palabras no son un desahogo retórico ni una baladronada que se suelta para alentar a una parroquia amenazada por el desánimo. Tampoco se trata de un relleno para colmatar el hueco que queda entre parla y parla sobre Afganistán, el mundo árabe o el Oriente Medio. Ya Margaret Thatcher había adelantado hace años que Gran Bretaña y los Estados Unidos forman una misma nación. 

En el mundo de hoy los Estados Unidos no pueden atender al doble papel de rectorado y de gendarmería en el solitario y orgulloso aislamiento que imaginaron los próceres de la independencia,.siguiendo, por cierto, una tradición británica. Hoy, más que nunca, los Estados Unidos necesitan aliados. Y entre estos, los verdaderos colaboradores, los que desde las perspectivas recíprocas del Támesis y del Potomac son merecedores de toda confianza, son los del grupo de países tempranamente silueteado por autores como Alfred Thayer Mahan, Cecil Rhodes, Rudyard Kipling o Winston Churchill. Se trata del núcleo poderoso y estable de países de cultura “anglo”, hermanados no por el transcurso pasivo de la Historia en cuyo arrastre es dable encontrar de todo –tal como sucede con la invertebrada Comunidad  Hispánica- sino de la Historia como campo de atrevida previsión; la Historia como empeño intencional que hay que ir afinando de generación en generación. Estados Unidos y el Reino Unido, Cánada, Australia y Nueva Zelanda forman ese núcleo duro de la colaboración entre los países de crisol anglosajón. El hecho de acudir la reina de Inglaterra a Irlanda en un momento de apuro para el pequeño país es, por encima de las directrices del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario, la señal de que cuando cada uno asume la Historia como propia, en lo que tiene de loable o de censurable, toma cuerpo real la posibilidad de que vayan juntos los fuertes y los débiles, sin detrimento de ninguno. Irlanda no está sola. Historia y propósitos la vinculan con los poderosos de su estirpe y cultura. Sólo los necios luchan solos o buscan el enfrentamiento con los afines.

Patrimonio Artístico


El patrimonio artístico tiene algo de sutil y evanescente para el público, que propende a clasificarlo entre las cosas admirables pero al mismo tiempo inútiles. Además, la  abundancia de vestigios histórico-artísticos -peor o mejor conservados- en los más apartados rincones de la península, favorece más el apego a lo local que el aprecio de lo general. Encorsetado en las apreturas de una exaltada ufanía lugareña, cada cual se siente vinculado a lo suyo y alejado, cuando no despreciador, de lo ajeno que, bien examinado, no lo sería tanto. Dentro de este panorama mediocre, solamente roto por los grandes museos, dos noticias destacan por su interés. Por una parte, la inauguración, tras seis años de trabajo, del edifico que en Irún servirá de depósito y de lugar de recuperación, restauración y difusión del patrimonio artístico, arqueológico y etnográfico de Guipúzcoa; y, por otra, la culminación de los estudios para la recuperación de esa maravilla del barroco civil que constituyen los monumentos dañados por el terremoto de la ciudad de Lorca.

Es admirable la prontitud y el orden con que fue socorrida la ciudad murciana pero tan importante como eso es que el estudio y evaluación de los daños sufridos permita hoy acometer las actuaciones encaminadas a la recuperación de su patrimonio artístico,  tarea que es responsabilidad conjunta de la Direccion General de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura, de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y del Ayuntamiento de Lorca.

La crisis económica actual tiende a destacar las necesidades materiales más perentorias en detrimento de otras más sutiles como son las relativas al patrimonio cultural e histórico. Así que el problema real será conseguir los recursos para ese Plan de Recuperación que deberá entrar en vigor el 1 de julio y durará cinco años; como lo será el mantener con dignidad el gran depósito de Irún Con los tiempos que corren estamos tentados de exclamar: “¡Largo me lo fiais !” Pero en todo caso habría que recordar que lo que se invierta en iniciativas como las aquí descritas, no será dinero perdido. Las funciones del patrimonio histórico y cultural no son únicamente identitarias como suelen creer los que se complacen en lamer la sopa de su propio bigote, sino que pueden ser materialmente productivas, generadoras de actividad y fuente de trabajo para nuestros desamparados licenciados. Ejemplos sobran en el mundo; y, en las distancias cortas tenemos a Cintra en Portugal, o Toledo y La Granja, dentro de la  Piel de Toro. 

Las "Manifas"


Pese a lo que su nombre sugiere en español, las manifestaciones no son tan sólo la  expresión de un estado de opinión extendido entre los manifestantes, sino una muestra o un alarde de poder. La distinción es importante y vale la pena insistir en ella

Ciertamente, los manifestantes tienen que estar de acuerdo acerca de determinado punto de opinión o de común interés. Es la presencia de aglutinantes de esa clase lo que distingue a las manifestaciones de los simples motines, y lo que las hace más inquietantes para el poder establecido o para el poder que trata de establecerse, que es el caso de España en estos momentos. Cierto también que se supone que las manifestaciones autorizadas están incluídas dentro del circulo de tiza del derecho de expresión.

Pero nada puede ocultar la realidad que subyace en cualquier manifestación: la desnuda capacidad de adueñarse  temporalmente de la calle rivalizando con el poder establecido o por establecer, ya por la magnitud de la movilización,  ya por la violencia o intensidad de la presencia callejera, ya por la gravedad de las reclamaciones o demandas en las que se apoya, e, incluso, por el eco que acierte a levantar entre los grandes vectores de la opinión publicada. En otras palabras, la manifestación, más allá de lo que dice su nombre castellano que permite describirla como una reunión callejera -acompañada o no de deambulación-  que se hace para declarar, exponer, manifestar o reclamar alguna cosa, es también un aviso con rango de demostración de que esa parcialidad que ocupa la calle en un momento dado y en condiciones señaladas, es también muy capaz, si la ocasión llegare, de desafiar al poder, de tomarlo y, en los casos más benignos, influir en las decisiones gubernativas por vías que no son las ordinarias ni  previstas. No en vano en inglés se llama demostrations a las manifestaciones y demostrators a los que a ellas concurren.

Lo que constituye la fuerza de una manifestación es la posibilidad de que la ocupación simbólica de la vía pública se convierta en algo más decisivo y profundo, muy por encima de lo que está previsto en los permisos y autorizaciones exigidas para su realización. De cierta forma, toda manifestación se puede convertir en una ordalía en que se pone en actividad la fuerza de quienes han sido capaces de movilizar al pópulo: ¡estos son mis poderes!

Todo lo dicho aquí nos plantea tres preguntas: ¿ En qué condiciones es realmente subversiva una manifestación? ¿ En qué momento se convierte en una monserga cívica? ¿ Qué partido se le puede sacar a monsergas de esta clase?

Trabajos Perdidos

El trabajo está vinculado a la persona entera, si bien el lazo que más resalta a primera vista es el que lo relaciona con el sustento. No es por pura casualidad que el habla común sustituya el verbo trabajar por expresiones como “ganarse la vida” o “traer el pan a casa”, trasunto del bíblico mandato “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. El que no trabaja que no coma dijo ese fariseo laborioso que fue San Pablo, alarmado ante la perspectiva de que los cristianos de Jerusalén, propensos a pensar en la caducidad escatológica de las cosas, abandonaran en otras manos el cuidado del mundo. Siglos después, con palabras muy parecidas a las de San Pablo, instaba Nelson Mandela a sus compatriotas negros a ser laboriosos y a superar con el trabajo la tentación de creer que para ser rico o acomodado basta con habitar un país abundante en recursos materiales. 
Recalcar la relación trabajo-sustento es describir a la perfección una parte de lo que acontece, aún a costa de conceptuar el trabajo a la par de esa inclinación poderosa y primaria que es la voracidad. La necesidad de comer es el pretexto universal para justificarlo todo, incluso la explotación y el engaño ¿no nos acordamos ya de aquello de “panem et circenses? La extendida práctica del come y diviértete y del come y calla, sirve hoy  para relegar al olvido aspectos más comprometidos y comprometedores del trabajo.
En la mentalidad al uso se ha perdido ya de vista el calado profundo y total de l trabajo como actividad y como lugar donde cuaja nada menos que la identidad de la persona  en su sentido relacional. Fijémonos, por ejemplo, en lo que cada uno dice de sí mismo para darse a conocer a otros: soy tornero, maestro, abogado o médico; soy pinchadiscos, modelo de alta costura, diseñador, ayudante de cocina, mecánico, soy peluquera, taxista o camionero.  Somos lo que hacemos y es el trabajo lo que nos define.
Fuente de recursos para comer, sí, que ya es mucho; pero también crisol de la propia identidad personal; vínculo con quienes ejercen actividades afines y articulación que nos une el resto de nuestros semejantes,  eso y mucho más es el trabajo. Todo esto se pierde cuando una fábrica, un taller o una tienda se cierran. Que no lo olviden los responsables. ¿Palabras inútiles? ¡Ojo! Las palabras suelen cobrar cara su inutilidad.

miércoles, 15 de junio de 2011

Marktplatz

Al fin nos han dado los alemanes permiso de comer pepinos, esos frutos de la hortaliza cucumis sativus que, si llegan a grandes son llamados cohombros, cuando son pequeños se los llama pepinos, y que, macerados en vinagre o en un adobo de salmuera con especias varias, son conocidos con el cariñoso nombre de pepinillos, en alemán Essiggurken. En español pepino viene de Pepe, diminutivo de José. Y no se extrañe Vuestra Merced de estas derivaciones semánticas, porque de Juan viene juanete, y de Miguel, miquelete.

Los pepinos, por la mano que se les mire, son productos de la huerta muy politizables. Después de la Primera Guerra Mundial, tras el triunfo de los bolcheviques en Rusia, comunistas y sus enemigos escuadristas que se disputaban en Europa el dominio de la calle, dieron por meterles pepinos a los contrarios por la vía que normalmente se usa para descomer. Esto sucedió hasta que algún imaginativo italiano recurrió al conocido enema de aceite de ricino, más fácil de administrar y de efectos más inmediatos y humillantes. Dada la mudanzas de costumbres, lo de los pepinos-supositorios sería considerado hoy delito contra la libertad sexual y lo del ricino quien sabe si hubiera sido recomendado por la Organización Mundial de la Salud como método barato, sostenible y humanitario de sacar las lombrices a los negros del Africa que hoy llaman subsahariana. ¿En España dice? En España, tome nota, todo sería diferente porque ambas prácticas estarían sometidas al Tribunal Constitucional.

Que los países de la Europa de los Seis, que es la verdadera, entre los que se cuenta Alemania, son países que tienen la andorga llena, ha quedado demostrado al poder prescindir de los pepinos de mesa sin que se produzcan hambrunas ni protestas. Aunque, viendo el problema de cerca, el intríngulis de los pepinos no está en que traigan complicaciones al aparato digestivo, sino en el crecimiento de la demanda de estos frutos para la industria de productos cosméticos y dermatológicos destinados a satisfacer las ansias del mujerío que no se cansa nunca de preguntarse cuál es la más guapa del reino. Lo de la Escherichia Coli 0157:H7 es sólo una faceta. La leche de pepinos ha sido empleada siempre para el cuidado de la piel y al día de hoy esa hortaliza de la familia de las cucurbitáceas es muy solicitada por la gran industria de productos de tocador, que quiere precios baratos. Leo y traduzco el poema “Marktplatz”, del laureado poeta florentino Rinaldo Vargas-Bruno: “las gárgolas del cabrón, el cerdo cebado y las quimeras/ vigilan desde lo alto del gótico la virtud de los grandes mercaderes” Europa.

Glosa maleva del Pelotazo

Pelota, como saben Vuestras Mercedes, es un objeto esférico confeccionado con una bola pequeña de madera o de otro material duro que se recubre de borra, lana, o pelote y que, forrado de de cuero o paño, sirve para jugar. Figuradamente se dice que es “un pelota” quien tiene la costumbre de adular, pero esta acepción no viene al caso.

Como no podía ser de otra manera, pelotazo es el golpe dado con una pelota. Por extensión y figuradamente se llama pelotazo a la acción de conseguir pingües ganancias en breve tiempo valiéndose de artimañas disimuladas bajo una tapadera en apariencia legal. El pelotazo se lleva a cabo mediante operaciones complejas que con frecuencia necesitan la connivencia de las autoridades y la ayuda de los medios de comunicación. Las autoridades actúan antes del pelotazo propiciando la ocasión; durante el pelotazo, haciendo la vista gorda y borrando indicios delatores y, después del pelotazo, complicando la búsqueda de pruebas o entregando a la justicia a implicados de poca monta, generalmente subordinados o de los cuales los gerifaltes pueden prescindir sin mayor problema. Los medios de comunicación, por su parte, contribuyen al éxito del pelotazo tendiendo alambradas de silencio, lanzando cortinas de humo informativo para desviar hacia otro lado la atención del pópulo y ofreciendo a los hechores pretextos respetable como es el actuar con fines solidarios, sostenibles o sociales etc, de acuerdo a la mentalidad buenista.

En la cumbre de una enumeración jerárquica está la Cultura del pelotazo, o sea, el conjunto de sobrentendidos y actitudes que dan vigencia social al pelotazo, no ya sólo como medio de enriquecimiento rápido, sino como conducta digna de imitación, fuente de prestigio mundano y motivo para adquirir fama de inteligencia y listeza fuera de lo común. Según los estudios del erudito ceutí Sidi Hamete Ben Ngeli que la considera sólo en sus elementos aislados, los antecedentes de la cultura del pelotazo se remontan a los tiempos de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones. No obstante, de acuerdo a los estudios del mexicano Juan Diego Campalans –nieto, por cierto, del pintor de ese mismo apellido lanzado a la fama por el escritor y crítico Max Aub, del exilio republicano-, tan sólo en el Reino de las Diecisiete Repúblicas ha adquirido el pelotazo la condición de cultura viva. Tan viva y tan propia de vivos y vivales, que la crisis actual, lejos de cortar su crecimiento, ha servido para que tome nuevas y más ingeniosas formas de expresión. Que aproveche.

Cuerpo a Tierra

¡Cuerpo a tierra! ¿Quién dio esa orden tan inoportuna? En último término, claro está, habría que atribuirla al inflexible capitán Newton que no entra en combate, pero abate a quien sea. El caso es que, obediente a la ley de la gravedad, quedé tendido sobre la acera no sin antes haber descrito un amplio círculo hacia atrás tomando como centro de giro un poste metálico que servía de sostén a una señal de tráfico. Tal señal advertía de algo a los automovilistas; pero dejaba in albis al peatón respecto al peligro de unos pernos sujetos al suelo, mudos testigos del robo de alguna pieza de mobiliario urbano que nadie se había tomado el trabajo de reponer.

Tumbado en decúbito supino, mirando hacia arriba, contorneado mi campo visual por un circulo de gigantes preocupados que mostraban su buena disposición para ayudarme, fue como volver a la visión propia de un crío pequeño bajo el cuidado solícito de los mayores. Agradeciendo interiormente aquella buena voluntad, -con el húmero roto no estaba yo en aquel momento para mayores externidades-, y usando mis conocimientos de antiguo integrante de una compañía de la Cruz Roja comprobé rápidamente la localización del daño, hice lo que pude para menguar el dolor controlando la respiración y me levanté del suelo con la ayuda de algunos de los muchos que estaban allí dispuestos a echar una mano. Aparte de la gratitud hacia tantas personas que se desvivieron por un desconocido en apuros, guardo de aquellos momentos un súbito relampagueo de recuerdos: eran las personas a las que tuve que prestar ayuda en circunstancias parecidas. Alli estaban la azafata que resbaló cerca de mi en la cubierta de un barco de pasajeros, la joven disminuida física de dulcísimo expresión que perdió el equilibrio delante de mi en un aparcamiento, la moza que a mi paso por el centro de Córdoba en un agosto de fuego cayó de bruces desmayada junto al semáforo donde yo esperaba el cambio de luces y a la que hube de enjugar la sangre con mi propio pañuelo. Y así, hasta completar la lista. ¡Todas mujeres! Solo más tarde comenzaron a surgir recuerdos de los varones -una verdadera multitud-, a los cuales había auxiliado en un momento de apuro. No fue aquello un juicio, pero sí una revisión completa que me dejó dos cosas en claro. Una, que hasta en los más desinteresados detalles, la medida, y el sueño del varón es la mujer. Dos, que hasta las caídas ordenadas por el inflexible capitán Newton, en cuanto lo colocan a uno en situación de depender de los demás, contribuyen a que cada uno pueda hacer pié en la propia y personal realidad que es siempre mucho más humilde de lo que se tiende a considerar.

La gran Empanada

Hace poco tuve la ocasión de comentar que los tiempos que corren gustan de ir tatuados de impíos. Y no me retracto de haber empleado el verbo tatuar. Porque, igual que los tatuajes cubren la epidermis sin penetrar a los tejidos más profundos, la clamorosa  impiedad actual se muestra cada vez más compatible con una deforme e imprecisa presencia de lo religioso, bien que en su sentido más amplio, grosero y tergiversado. Y no me voy a detener en los esoterismos que se manifiestan en rituales barbáricos y en santerías primitivas. Tampoco me detendré ante el espectáculo variopinto de los conjuros, agüeros y vaticinios, con frecuencia catastróficos, basados en versiones pedestres de la Cábala o en  interpretaciones de las  Escrituras viciadas de ligereza. No creo que valga la pena prestar demasiada atención a ese panaché, macedonia o empanadilla  pseudoespiritual que, a ojos de muchos pasa por ser una muestra admirable de la globalización de la que se espera, -no se sabe muy bien cómo, ni por que razones-  las reformas que el mundo necesita. 

En cambio, me referiré a la paradójica situación que consiste en que la sociedad que se quiere, se presenta y se proclama atea, enemiga de Dios, o al menos ignorante o indiferente respecto a todo lo que tenga que ver con la divinidad, tiene, no obstante, que moverse, como surfista enloquecido que ignora su condición de tal, en el seno de un mar encrespado por corrientes religiosas: la ola inevitable de la Shoah sufrida por el pueblo judío, que suscita respeto cuando no arrepentimiento;  y los golpes de mar variables, amenazantes, caprichosos y envolventes del terrorismo yihadista. Paradójica tarea para una sociedad que, renegando de los ideales y antecedentes propios, quiere labrarse un porvenir sobre la Alianza de Civilizaciones, esa gran empanada mental amasada con el demo-radicalismo de Rodríguez Zapatero, el mal disimulado factor islamizante del turco Recep Erdogan y el oportunismo burocrático de Kofi Annan, inseguro trípode para sostener cualquier trasero y más si se trata del muy frondoso de la Europa de los 27.

Recordemos que Shoah, en hebreo desastre, se simultanea en el lenguaje periodístico con el término griego Holocausto, que es tanto como ofrenda destinada a consumirse por entero en el altar, concepto que se inserta con todo derecho en el ámbito religioso. Recordemos también que el terrorismo islamista, pese a los muchos distingos que se puedan formular es religioso en sus pretextos y en sus aspiraciones, siquiera la idea de un Califato Universal en que converjan el poder temporal y el espiritual sea una aspiración que todavía resulta extraña a las mentalidades excristianas, habituadas a pensar residualmente que hay que dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Pero, si Dios ha muerto ¿A qué manos ha de ir a parar  su herencia? 

El Fuero y el Huevo

Metiendo la husma en el Fuero de San Sebastián, otorgado por Sancho de Navarra, hijo del rey García, se me antoja rastrear algunas diferencias y semejanzas entre el ayer y el ahora. Y ¡miren vuestras mercedes por dónde!, en el arto.7º encuentro un singular mandato: “ni clérigo ni navarro sea poblador en la población si no es con la voluntad del rey y el consejo de todos los vecinos.” ¿No subsiste hoy un reflejo de aquella desconfianza  en el conocido dicho de “navarro, ni de barro”? En cuanto a los clérigos, me parece que hoy son más víctimas de la desconfianza que se tienen entre ellos que no de la que pudieran ser objeto por parte de sus parroquianos y feligreses. 

Claro que no se puede hacer calzar exactamente los significados de una época con los de otra, especialmente en materia de costumbres. Por ejemplo, el artículo 4º del Fuero, en su acápite 1 expresa: “Si alguno de los pobladores hiciere fornicación con alguna mujer con la voluntad de la mujer, no dé caloña a no ser que estuviese casada.” Caloña llamaban entonces a la multa que, en caso de denuncia de la mujer, pagaba el varón al tesoro real. En cuanto al marido, vale suponer que se quedaba cantando la canción del cuco que ha demostrado ser válida para todas las épocas.

En caso de violación, delito que hoy tanto se alega en situaciones diversas y con diferentes propósitos, el Fuero disponía, que el hechor indemnizase a la  mujer, la tomase por esposa o le buscase un marido tal que con él hubiera quedado bien honrada socialmente antes de ser víctima de la fechoría, es decir, sin contar con la depreciación sobevenida. Esto “según dictamen del alcalde y de doce buenos vecinos.” ¿Se imaginan el  compromiso que esto supondría al día de hoy para el señor alcalde y para esos buenos vecinos obligados a dictaminar en materia tan liviana y no obstante tan politizable? Si el violador se negaba a todos los supuestos ofrecidos por la ley; era entregado a los parientes de la mujer para que hicieran con él  lo que mejor les cuadrara.

O sea amigos, que a tales tiempos tales costumbres. En aquél entonces la soberanía individual y la de los cuerpos intermedios como la familia, aún no había claudicado del todo ante los poderosos de la tierra deseosos de cobrar caloñas, y la venganza, ese primer escalón antropológico de la justicia, tenía reservado un hueco en el sistema que hoy la ignora y que en cambio se ha hecho abundoso en portillos, hendijas, trasfondos y atajos que favorecen al delincuente tanto como a los políticos en el poder. Claro que esto obligaría a elegir entre el fuero y el huevo, y a nadie le pagan para hacer tal cosa.

martes, 10 de mayo de 2011

Diálogo en el Infierno

Oiga vuestra merced, Don Diablo, dicen por ahí que el río baja revuelto y que se revolverá aún más. ¿Qué puede pasar?

- No soy ningún profeta; y como diablo manejo información privilegiada que no puedo compartir con nadie. Pero como sé más cosas por viejo que por diablo, si se me consulta en calidad de viejo, puedo dar sin el menor reparo un consejo práctico: prepare vuestra merced las redes o la caña de pescar. No eche en saco roto el viejo refrán “a río revuelto ganancia de pescadores.”

- Pero, ¿cómo ir a echar las redes al Mar Rojo que está infectado de piratas?

-Vayamos por partes. ¿Por qué ese tono despectivo al referirse al Mar Rojo? ¿O es que le quiere echar la culpa a la izquierda? Recuerde la canción aquella: “El mar y el cielo se ven igual de azules y en la distancia parece que se unen…” Así que menos indirectas. Recuérdelo de una vez y para siempre: el mar es siempre azul, como lo fue el franquismo, el falangismo, las Hijas de María y lo es el Cordon Blue. Y según Juan Ramón Jiménez, poeta de Moguer, azul es el color del Innombrable. En cuanto a los piratas, plegue a mi señor Belcebú que encuentren refugio, humanitario por supuesto, en el Reino de las Diecisiete Repúblicas, donde estarán muy a gusto con tantos ejercitantes de esa misma industria. Además, no hay por qué ir de pesca al mar de los piratas. Otros mares hay infectados, bien que de contaminantes químicos; y en el sudeste asiático abundan las piscifactorías donde se cría el panga, pescado que por barato se considera apto para llenar la andorga de los niños en las escuelas públicas. Sin contar con los riquísimos caldos radioactivos de Fukushima que, con tiempo y una caña de pescar, acaso nos sorprendan con una excelente merluza mutante de seis colas, digna rival del pollo seis pechugas de Chernobil o del fabuloso pichón de cuatro patas, que tuve la fortuna de saborear en la ciudad de Kremenschug durante el festín organizado con dinero público por una autonosuya de esas dispuestas a abrir mercados y a ensanchar estómagos valiéndose de esa poderosa ganzúa que es una buena pitanza.

- ¡Pero todos estos productos de la contranaturaleza tienen efectos teratógenos!

-¿Y que le va a vuestra merced en eso? Al cabo, de algo teneis que morir vosotros los seres humanos. Y morir comiendo no es una mala elección, habiendo por ahí tanto muerto de hambre que jamás podrá ser contado entre las ahítas víctimas de las Food Borne Diseases (FBD), que en román paladino vale tanto Enfermedades de Transmisión Alimentaria, (abreviadamente ETA), que suena a otra cosa que también es mortal.

Con oído de tísico

Vaya la verdad por delante para que nadie se espante: no tengo otra razón para haber oído lo que a continuación diré, que tener lo que se dice oído de tísico. ¡Pobres tísicos, con las barbaridades que se expone uno a oír si anda con los tímpanos descuidados!

A mi lado pasan una mujer y una niña. Por el aspecto y el acento parecen de aquí y por la forma de conllevarse, madre e hija. Hay que aclarar ambas condiciones pues la gente de aquí, como las madres, son ya mayoría interrumpida. La madre va en silencio; parece triste o aburrida. Pronto entenderé que va abrumada. La niña – de unos seis años- le pregunta si le pasa algo.

La madre, supongo, no quiere cargar sobre su hija la tristeza que lleva encima y lucha por ser sincera. La oigo contestar que la vida, a veces se hace difícil. Lo ha dejado caer con más melancolía que abatimiento. Al oyente le da tiempo a interrogarse acerca de lo que la mujer pueda añorar o acaso no haya tenido nunca ¿Un hogar propio? ¿Un marido? ¿Acaso una mano adulta que comparta a su lado como padre el cargo y la carga de ser madre? ¿Un trabajo estable?

Y la niña, que ahora se ha dado la vuelta hacia la mujer y la ha tomado de la mano, comienza a recitar una lección que parece bien aprendida: “¿Quieres decir que yo soy difícil?” Y ella misma se contesta: “Noo, yo soy vida y no soy difícil” “¿Y ese pajarito?” - dice señalando a un pardillo que salta como una bola de pluma buscando migas- y se contesta también: “Noo, porque es vida y no es difícil” “¿Y Dios, que es la Viida, es difícil? Y se responde retadora: “no lo creo.” Y del Creador retorna la niña a la Naturaleza: y prosigue el interrogatorio: “¿Y esas flores?”…

La niña se ha soltado de nuevo de la mano de su madre. Ambas se alejan de mi ámbito de audición. La niña va ahora dando saltos de esa alegría de descubrir el mundo. Su pequeño mundo. Pronto ambas se perderán de vista entre los viandantes.

Y el oyente se pregunta: ¿habrá quedado consolada la madre, o fortalecida, con las palabras de la niña? Y se sorprende a sí mismo un si-es-no-es conmovido y deseando que sea cual fuere la causa de esa tristeza, de esa bruma de desesperanza que parece envolver a la mujer, alcancen las palabras de la niña a disiparla. Y glosando las palabras de un curilla que fue de aquí, pienso que Dios no obliga, sino que invita, y suavemente nos encamina por medio de otros. Lo dijo en su momento Arismendiarrieta, presbítero. Y lo han dicho muchos que se esforzaron también por ser santos. Y vale, porque si la Semana es Santa, los tiempos van tatuados de impíos.

jueves, 14 de abril de 2011

Supuesto y Acción

Los sucesos aún en curso en el norte de África dan pie para reflexionar acerca del papel de los servicios de inteligencia en el fraguado de ciertos acontecimientos internacionales aparentemente espontáneos. El hecho ya fue puesto de relieve en esta misma sección, adelantándonos así a otros medios que se reducen a corroborar las simplezas interesadas de las grandes agencias. Toca ahora poner la vista en una cuestión que nos toca más de cerca: la colaboración entre las policías francesa y española. Para empezar, recordemos que en las labores de inteligencia está incluída la tarea de prevenir, evaluar y comprobar las sinergias o las convergencias que puedan llegar a producirse cuando varios movimientos terroristas coexisten en un mismo territorio, y las posibles acciones de las naciones vecinas.

La República Francesa que, sin dar tres cuartos al pregonero, supo reducir a la impotencia los movimientos separatistas de Bretaña y de Córcega, vive ahora bajo la amenaza del complejo y ubicuo terrorismo islamista. Tiene, además, cuentas pendientes con el plexo organizativo vasco, que ha ido avanzando poco a poco en el país vecino no sin dar lugar a intervenciones terroristas y de penetración en el territorio que rompen el equilibrio tolerado de hecho por los franceses. Un equilibrio que permitió, mientras así convino, que aquél mantuviera pisos francos, arsenales, armerías y lugares de entrenamiento en territorio galo obedeciendo al sobrentendido de que estaban destinados para actuar exclusivamente en España.

Esa tolerancia es imposible hoy. Contribuyen a esto la tajante posición de USA y el redoblado temor a un sabotaje atómico. Yo quisiera agregar una consideración de matiz en lo referente al movimiento de liberación vasco: La aparente paradoja de que una entidad político-administrativa de la España autonómica, apoye una serie de reivindicaciones sobre territorio galo y presiona sobre instituciones francesas, enarbolando una bandera, la de Euskadi que, pese a todas las habladas, es una de las enseñas representativas, y no la menos destacada, de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.

Cabe, pues, que los servicios franceses de inteligencia, mitrando al futuro en esta hora incierta, hayan sido activados para actuar sobre el supuesto de que esas reivindicaciones son las mismas que España podría asumir frente a Francia si a los tornadizos gobernantes de la piel de toro les diera por ahí. Puede ser y es, según se mire.

martes, 12 de abril de 2011

Crimen y Orden

Todo aquél que no sea un orate o un botarate querría que el orden reinase en el mundo. Pasa, sin embargo, que hoy en día no parece claro cuál sea el sentido de ésta palabra. No soy yo quien se atreva a diagnosticar cómo se ha llegado a esta situación de niebla epistemológica; pero cabe aventurar que haya sido por el camino de internarse en ese otro campo de confusiones en que está sumido el poder tanto en su significado conceptual como en su ejercicio material.

En contraposición a la niebla conceptual en que yace el binomio orden-poder, y siempre en el plano de las apariencias, la relación entre el orden y la justicia es reconocida universalmente. Pero, dado el quebranto que sufren las nociones de bien y de mal, ni siquiera la justicia ofrece ya un brazo seguro en el cual pueda apoyarse el orden.

Menos mal que aún conservamos cierto remanente de percepción intuitiva que viene en apoyo de nuestra orfandad acerca de estas nociones básicas. Analicemos, a éste efecto, por qué resulta conmovedor un suceso sangriento como el recientemente acaecido en algún lugar entre Zarauz y el embalse de Ibai-Eder. La razón no parece estribar simple y llanamente en que se trata de una vida humana. De sobra sabemos que la medida y el aprecio de ésta se ve sometida al rasero del relativismo. Así lo ponen de manifiesto la enorme facilidad para abortar, la práctica apenas encubierta de la eutanasia, la relativa indiferencia que hay respecto a los accidentes de tráfico y de trabajo y el clima de sospecha y desprecio con que unos y otros, a su turno, han sabido rodear a las víctimas del terrorismo. No, si algo nos conmueve del suceso antedicho, es porque alcanzamos a percibir a la víctima como una persona integrada en su sociedad, dedicada a su familia, satisfecha con su entorno y congruente con su identidad; dotada, además, de medios suficientes, todo lo cual pone de manifiesto un existir sin estridencias. En suma, estamos columbrando, aunque sea a través de la tiniebla de un suceso terrible, la vida cotidiana de una persona de orden. Y nos damos, por fin, cuenta de que el orden existe, y que no nace de reglamentaciones ni de decretos; ni está relacionado con la proporción de policías con uniforme o sin él. Que nace a nivel de las personas o no nace en ninguna parte; que surge de lo particular y se ensancha en ondas hasta lo general. Y nos damos cuenta que ese orden es frágil si la justicia y el poder no saben distinguir el bien del mal y las garantías judiciales y policiales, reducidas a ideología garantista, andan por ahí queriendo ignorar a dónde van a parar sus cacareados beneficios. Parece cosa de orates o de botarates. ¿O no?

Palabros

Nuestra época es rica en creaciones léxico culturales. A continuación expongo algunas. Papago: pago hecho con cargo a la cuenta de papá, especialmente si se trata de hipoteca o derecho real que grava un bien inmueble o una embarcación sujetándola al cumplimiento de una obligación o al pago de una deuda.// Hipotecaca, desde el punto de vista del sujeto sobre el cual recae la obligación, dícese despectivamente de la hipoteca urdida de acuerdo a las técnicas de la ingeniería financiera. Antiguamente este tipo de hipoteca hubiera sido incluído entre los contratos leoninos.

Contrato leonino: decíase del que favorece tan solo a una de las partes, que pase lo que pase, se lleva lo que proverbialmente se denomina “la parte del león.” Entre los ultralaicistas y transculturalistas de las Expañas se atribuye su creación al Papa León XIII a quien acusan de proceder por consejo del generalísimo Franco, a instigación de Benito Mussolini y los reyes católicos con el eficaz asesoramiento de Sor Intrépida, que fue ministro de la dictadura. Los historiadores del derecho opinan que el nombre se debe a la costumbre del macho de la especie “Panthera leo” que siempre se lleva la mejor parte de la presa, que son los jarretes, razón por la cual los británicos instauraron la Orden de la Jarretera.

Hipotenusa: lado opuesto al ángulo recto en un triángulo rectángulo// según la última sentencia del Tribunal Constitucional y de acuerdo a los penúltimos planes de estudio que son referente cultural para la Europa de los 27, la palabra hipotenusa puede en examen de lenguas extranjera traducirse legítimamente por la frase: “tengo un caballo en USA”. Da lo mismo que el caballo se transforme en camello.

Marasmo suspensión, paralización, inmovilidad tanto en lo moral como en lo físico// Mamarasmo: suspensión, pasmo o entontecimiento propio de las madres respecto a las gracias, gracietas y gracejadas de sus hijos.// Estado casi comatoso en que caen los lactantes después de mamar de pechos maternos envenenados.//Mamarracho: indica la situación en que queda el lactante que bebe del pecho de madre alcoholizada.

Paparrucha: noticia falsa y desatinada esparcida como verdad entre el vulgo, tal cuando se divulga que los libios luchan por implantar la democracia. Es palabra que carece del correspondiente femenino que sería el neologismo mamarrucha.

Pepena: pena que aqueja a los barones del PP por no pintar nada en la crisis actual. Es voz construida por repetición, como cuando el cantador flamenco dice “ay pepena, penita, pena, pepena , pena de mi corazóon.”

Y hago constar que quedan muchos más palabros como éstos en el cartucho..

viernes, 1 de abril de 2011

Nucleares

En agosto de 1945, la arcaica hazaña de reducir a polvo y cenizas las tolderías, las filas, las mujeres y las crías de los guerreros enemigos, brilló con resplandor de mil soles en el firmamento de las islas japonesas de Honshu y Kyushu. Desde aquel momento, la energía nuclear aparece en la imaginación de las masas como un monstruo de dos cabezas que responde a los nombres de Hiroshima y Nagasaki.

Bien es verdad que el horror pudo adoptar el nombre en español de Álamo Gordo, lugar del desierto de Nuevo México donde se hicieron explosionar las primeras bombas. O quedar identificado como Eniwetok y Bikini, atolones del Pacífico donde se realizaron pruebas que han pasado a la historia prolongada de Caín.

De cierta forma ninguna porción del planeta se ha escapado de la chamusquina atómica experimental. Terminada la Segunda Guerra Mundial, los EE.UU., la Rusia Soviética, el Reino Unido, la República Francesa y la China Comunista se entregaron como potros sin freno a una carrera por experimentar y almacenar bombas nucleares. Las cifras que circulan son dudosas; pero, así y todo, resultan más que suficientes para emponzoñar al mundo. Al club de las potencias atómicas se han unido tardíamente la India, con una única prueba; e Israel, que al menos ha tenido la gentileza de comenzar a apilar sus bombas sin sentirse en la obligación de hacer pruebas de ninguna clase.

Por lo que se suele decir, parece que los miembros del club atómico han procurado por todos los medios impedir la entrada de nuevos miembros; actitud que el buenismo al uso traduce por atajar la proliferación nuclear. No obstante, por todo lo que se cuece en el perol, se deduce que han conseguido hacer perfectamente compatible ese deseo con la propia exigencia de mantener y de mejorar el puesto que cada uno ostenta en el corro de los dominadores interesados en perpetuar sobre la tierra el equilibrio del miedo.

Lo curioso del caso es, para mí, que en el ámbito popular, no son las bombas atómicas y otras lindezas semejantes las que causan mayor alarma, sino las centrales nucleares dedicadas a la explotación industrial de la energía, asunto temporalmente necesario y que en la práctica es bastante más controlable que las bombas. Es en los arsenales atómicos donde se está incubando el huevo maligno de un Apocaplisis creado por los hombres, muy diferente de los Apocalipsis salvíficos de San Juan y de los profetas judíos. ¿Qué en qué arsenales digo? Pues en los oficiales y en los clandestinos, que de haberlos haylos. O puede haberlos.

Trabajo-servicio

En nuestro aporreado romance, llamamos trabajo a la actividad que exige esfuerzo corporal y es objeto de una contraprestación económica denominada salario o sueldo. Se considera, pues, trabajo, sólo el esfuerzo productivo que se ejerce por cuenta ajena. El concepto queda así tan recortado y birrioso, que viene muy a cuento observar, con Alvaro D´Ors: que bajo el nombre de trabajo ya no cabe la tarea del poeta o la del carmelita; la de la madre que acuna a su hijo recién nacido, ni la de la muchacha que cuida las vacas de su padre haciendo calceta porque le da la gana. Y, puestos a aventurar opiniones, tampoco caben en ese menguado concepto de trabajo, digo yo, la mujer que enseña a su amiga a resolver el sodoku, ni el abuelo que adiestra a su nieto en el manejo de la caña de pescar.

Pero el trabajo, cualesquiera que sea su objeto y contenido, guarda en la médula una almendra de oro: su condición de servicio, que es precisamente lo que tenemos olvidado y lo que brinda al currante la posibilidad de vivir su actividad como un empeño a favor del prójimo y en provecho de la sociedad en que se inserta. Y esto sitúa al individuo, moralmente en un plano muy superior a toda remuneración y lo hace acreedor al respeto más profundo y veraz. .

En esa condición de servicio se enraíza el carácter creador de la actividad humana. Allí se fundamenta el pundonor profesional. Allí nace el espíritu de sacrificio y de entrega en el desempeño de oficios que así lo piden, como son las profesiones de enfermera, de bombero, de soldado, de maestro y tantas otras. Allí reside la fuerza unitiva y cohesionadora que tiene el trabajo que, de otra forma, sólo da lugar a la explotación del débil y a la lucha de clases.

La postmodernidad ha heredado de la sociedad burguesa la incomprensión y el desprecio hacia la mera idea de servicio. Aquí está una de las grandes carencias de nuestra sociedad. Hoy, nadie quiere servir a otro. Cada cual busca su interés. Ni siquiera los políticos, tan bien remunerados ellos, quieren servir al bien común. Estamos hablando de cosas que marcan la diferencia entre la sociedad de los hombres y la comunidad animal que forman la empeñosa abeja o la incansable hormiga. El trabajo-servicio merece ser más respetado por los poderosos de éste mundo, entre los que incluyo a los líderes sindicales. Si en punto al trabajo falla la justicia, o ésta es sustituida por el cálculo, no tardará en lamentarlo la sociedad entera.

martes, 15 de marzo de 2011

Memoria Histórica

Repaso una colección de “L¨Illustration, journal hebdomadaire universel” que se edita en París. Corre el año de 1939 .Hay amplios reportajes de actualidad.

En Rouen, se conmemora la muerte en la hoguera de “la Pucelle dÖrleans”. Asisten el gobierno en pleno y el cuerpo diplomático. Hay ofrenda de flores en el lugar del Sena donde fueron arrojados los restos chamuscados de la heroína. Europa duerme reclinada todavía en el cojín de la historia.

El nuevo papa Pío XII, toma posesión solemne de la Basílica de San Juan de Letrán, sede del Obispado de Roma. Resuena impresionante el himno “Ecce Sacerdos Magnus”. En Madrid, los Nacionales festejan su Victoria con un brillante alarde militar. Europa aplaude al triunfador que ha impedido a Moscú establecer una cabeza de puente en el Mediterráneo Occidental. La revista, curiosamente, no destaca la foto de Franco, sino la de Queipo de Llano que aparece junto al Mariscal Petain, el intocable héroe de Verdún. Europa ha puesto, sobre el cojín en que reclina su sueño, los laureles de la Guerra del Catorce envueltos en la funda del miedo a los bolcheviques.

Y va de ferias. El rey Leopoldo III y la reina Astrid inauguran en Lieja la Feria Internacional dedicada –parece un tema de hoy-, a la Tecnología del Agua. Al otro lado del mar, en la Feria Internacional de San Francisco, la gigantesca fachada del Pabellón del Pacífico exhibe en relieve los apellidos de los descubridores y exploradores de aquél océano: Drake, Cortés, Behring, Vizcaíno, Quino y Portolá. Salvo Drake, inglés, y Behring, danés al servicio de Rusia, los demás son españoles. Son descubridores todos los que están, pero no están todos los que son.

Los británicos publican un Libro Blanco sobre Palestina. Favorecen a los árabes obstaculizando el asentamiento de judíos, que quedan acorralados en Europa. Hay disturbios sionistas en Jerusalem, Jaifa y Tel Aviv. Los árabes palestinos, con el poyo de Egipto, Arabia Saudita y el Irak, tampoco se dan por satisfechos. Britannia, que sueña con la paz, reprime las manifestaciones a tiro limpio. Corre el año de 1939 y Europa bosteza pensando que el problema no es suyo.

Mussolini declara que el pacto de amistad entre Italia y Alemania es garantía de paz para el continente y el mundo. Otros políticos hacen lo mismo. Encima de dormir, Europa miente.

Pero a quienes duermen y a los mentirosos se les escapa la realidad. Corre el año de 1939. Pronto estallará la II Guerra mundial y nadie podrá huir de la ira que lo amenaza.

martes, 1 de marzo de 2011

La Gran Algara

Una gran algara agita la rivera africana del Mediterráneo. Y la alusión geográfica no es suficiente. Estamos ante una realidad que representa mucho más de lo que se puede abarcar a primera vista.Y como puede que a causa de la algara se produzca un alud humano hacia Europa, conviene darse por enterado de que ese “mucho más” incluye hábitos sociales y personales, actitudes ante la vida y ante la historia, formas de apreciar el valor de los acontecimientos y de plantearse el ejercicio del poder, la legitimación de la autoridad política y la organización de la sociedad misma. Son diferencias fundamentales que a su vez se ramifican en una inextricable red de divergencias que repercutirán en la convivencia diaria. Recurrir a la igualdad de naturaleza de la especie humana, no deja en este caso zanjada la cuestión, porque son precisamente las diferencias las que dan a cada problema, a cada incógnita y a cada esperanza su perfil propio y sus posibilidades de solución.

Pero evitemos ser cenizos y supongamos que el dinero saudí, kuwaití y dubaití cumpla su cometido igual que los esfuerzos del Mossad y los Servicios secretos franceses y americanos. Veremos entonces cómo será Egipto el que primero encuentre su camino bajo la guía de sus Fuerzas Armadas y su activa clase media ligada al turismo y al comercio. En su búsqueda de estabilidad contará el país del Nilo con el apoyo declarado de los Estados Unidos y de los Emiratos y con el favor encubierto de Israel. La oposición surgirá, seguramente, del mundo universitario, influído por el radicalismo islamista. En Egipto, sin embargo, no hay razones para descartar un magnicidio que venga a emborronar cuentas que se suponían claras.

En Libia, con el poder en la calle -expresión eufemística para referirse a la anarquía-, los Emires del Golfo y del petróleo, a los cuales molestaba la pintoresca disidencia de Gadaffi, propiciarán la vuelta de la monarquía, que representa la legitimidad islámica ostentada por ellos en la Arabia de la plutocracia petrolera.

La monarquía alauita de Marruecos saldrá de la crisis fortalecida en su posición de primer aliado de los Estados Unidos en el Estrecho de Gibraltar y guardián de la costa Atlántica hasta la frontera con Mauritania. A Argelia se le dejará hacer mientras no ensangriente demasiado las sábanas y Túnez será reconducida a las puertas del paraíso turístico que está llamado a ser de mano de empresarios franceses y alemanes. Y si todos o algunos de esos países, vomitan con más fuerzas a sus poblaciones, el problema en todo caso no será para los países que los vomitan, sino para los que los reciben en sus fronteras.

Víctimas

En una sociedad que rechaza todo mandamiento que no provenga de consenso verdadero o simulado, la aniquilación violenta de vidas humanas, que antes se llamaba asesinato, es perfectamente aceptable siempre que se encuadre en el marco de una estrategia racional de optimización de resultados. Aquí reside el fundamento de todas las acciones concertadas que consideran la supresión de vidas como medio coadyuvante para hacer realidad los dictados de las ideologías o para conseguir propósitos sociales o políticos no asequibles fácilmente por vías menos despiadadas.

Los victimarios se benefician de la fuerza encerrada -como en las espirales de un resorte bajo tensión- en el mecanismo psicológico del “chivo expiatorio”.Aparte de brindar a las conciencias no cultivadas un pretexto para prescindir de todo escrúpulo en la eliminación de sus víctimas, dicho mecanismo encauza hacia un propósito colectivo los flujos de agresividad y resentimiento que dificultarían la convivencia si fueran abandonados a su propia deriva. Y eso conviene a los políticos. Aquí ha de buscarse también la base de la actitud suficiente y altanera que tantos verdugos voluntarios muestran frente a sus víctimas o a los deudos de ellas: simple y llanamente, se consideran autores imprescindibles de un encarnizamiento necesario y provechoso.

A este tipo de violencia se la conoce (René Girard) con el nombre de “violencia fundadora” porque a través de ella se pretende fundar nuevas y prometedoras realidades. El poder de dicha violencia no nace sólo de la destrucción y muerte que siembra con sus acciones, sino de su proclividad para la latencia expectante que la mantiene viva, pero oculta y escondida en tanto que no se descargue la tensión del resorte o muelle del que, por modo de analogía, hemos hablado líneas atrás.

Las ciencias presentan a la “violencia fundadora” como impulso atávico proveniente del cerebro de reptil. Queda así sustraída del campo de la moral –y, por lo tanto, de la voluntad- para ser incluída en los dominios de la etología que la sumerge en la ciénaga de la fatalidad psicobiológica. Esto favorece que los que ofician de sacrificantes o de verdugos -use vuestra merced la expresión que mejor le cuadre- , se perciban a sí mismo como interlocutores necesarios y la sociedad termine entendiéndolos como tales. Pero lo importante aquí no es la interlocución, sino la tensión que permanece enroscada en el resorte como la serpiente sobre el hacha. En cuanto a la responsabilidad de los hechores, seamos crudamente realistas: fuera de las víctimas, nadie la echa en falta, no está de moda. Sólo se trata de optimizar los resultados.

jueves, 17 de febrero de 2011

Despropósitos

Con esto de los eslóganes y aleluyas hay que andar con mucho cuidado no vaya a ser que se consiga el efecto contrario al que se buscaba y el propósito venga a convertirse en un despropósito. Propósito: objeto, mira o cosa que se pretende conseguir. Despropósito: dicho o hecho fuera de razón, de sentido o de conveniencia respecto a lo que se quiere conseguir.

Sucede que uno va y dice con toda su buena intención “Ven y cuéntalo..” y como es frase coja, de esas que parecen estar pidiendo a gritos que la completen, sobran malintencionados dispuestos a hacerla caer añadiéndole, a modo de muleta, y para mayor escarnio aquello de “si vives para contarlo.”

O puede pasar que aquél otro, después de exprimirse el magín buscando la manera de estimular la petición de créditos entre los sufridores de la pequeña o mediana empresa -que son los menos enterados de la ingeniería financiera, preocupados como están por la embestida de las grandes superficies por delante y la puya de los bazares chinos por detrás-, apenas ha comenzado a pensar que el remedio está en la frasecita esa que dice “Aprovecha tu banco”, cuando viene un resentido con ansias de desquite o lleno de escepticismo antisistema, y tiene la desfachatez de añadir la malévola coletilla de que te des prisa en hacerlo “antes que tu banco se aproveche de ti”.

Menos mal que nos queda el agudo pensa-miento de los políticos para sumergirnos, como en una piscina climatizada en medio de este crudo invierno mental que están padeciendo tanto españoles como expañoles. Al pensamiento político se deben hallazgos semánticos tan originales como “crecimiento negativo”, cuando hay ausencia de todo crecimiento, “triunfo de todos”, cuando ha triunfado cualquier partido; “expansión” de nuestra economía, cuando lo que hay es deslocalización según el síndrome de China.; o hablar de “refuerzo del Estado de bienestar”, cuando lo que se está haciendo es desfondar al propio Estado. Cierto que son parajodas y simplezas. Pero también en la llamada transición, tantas veces alabada por pacífica –pese a sus noventa muertos- hubo simplezas semejantes como aquellas de “Tarancón al paredón”, o “Felipe, capullo, yo quiero un hijo tuyo” que gritaba el mujerío enfervorizado ante el líder de lo labios mordelones. Capullo: botón de las flores, especialmente de la rosa Hoy el tono no es más discreto: “Que se quite el antifaz, el político mendaz”, o “Al martillo y a la hoz, se le ha pasado el arroz” . En fin.

viernes, 11 de febrero de 2011

Let it Burn

Dejadlo arder, let it burn. Es la frase que indica la decisión que hay que tomar ante un incendio que ha sobrepasado los límites de extensión y de temperatura a partir de los cuales es imposible extinguir el fuego. La expresión se originó en el gran incendio del parque de Yellowstone y ha sido empleada con ocasión de otros incendios gigantescos en Norteamérica y en Australia. Sencillamente se deja a la naturaleza seguir su curso.

Esta decisión, propia de bomberos en apuros, viene como anillo al dedo para describir la actitud que, al menos aparencialmente, toman las potencias ante los graves desórdenes que estallan precisamente en algunos países cuyas circunstancias políticas y sociales son inestables en sumo grado. Sucede que, una vez rota la leve membrana del orden público con la consiguiente interrupción de la rutina de acatamiento gregario que mantiene a todos en su puesto, la situación escapa a toda posibilidad de control por otros medios que no sean la fuerza organizada que representan la policía y el ejército.

Las grandes potencias suelen afrontar las situaciones internacionales difíciles recurriendo ya a la presión diplomática, cuya máxima expresión es el aislamiento como pasó con España en la retirada de embajadores impuesta por la ONU; ya al boycott comercial completo o incompleto y por último, a la intervención militar. Pero la primera medida solo es eficaz en tanto que el país en entredicho cuente con un gobierno responsable que se dé por enterado; la segunda, sólo es factible si la comunidad internacional llega a un acuerdo unánime acerca de los rubros comerciales que pueden ser afectados; en cuanto a la intervención militar, resulta ventajosa mientras la presencia armada no desemboque en la necesidad de ocupar totalmente el territorio. Por eso, lo normal es que se acuda a una presión multimodal o polinérgica en la que se ponen en juego la presión diplomática y la comercial, sustituyendo la presión militar por la acción de los servicios secretos que, a su labor de espionaje normal, deben sumar ahora las acciones de agitación.

El lector debe advertir que lo que ahora está sucediendo en Túnez, Egipto y el Yemen, le está siendo presentado como una exigencia popular a favor de la democracia. Mientras tanto, la consigna occidental paree reducirse al Let it burn, dejarlo arder. Falta que el incendio no se propague a Libia, proveedor de petroleo de Italia; ni a Argelia, que lo es de España y ojalá no llegue a afectar a Marruecos y ponga en un brete a estas Españas tan predispuesta a asumir tormentas ajenas sin tener resueltas las propias.

¡ WALONES FUERA !

En Bélgica es proverbial la dificultad de formar gobierno. Es una situación comprometida si se piensa que Bruselas es la capital de la Unión Europea. ¡Como para servir de ejemplo! Si estuviésemos en lo propio podríamos exclamar aquello de ¡qué país Miquelarena!

El problema se nutre de corrientes favorables a la secesión territorial que brotan de la compleja realidad étnico-lingüística de Bélgica. Posee el país tres idiomas oficiales: el holandés, hablado por el 60 por ciento de la población; el francés por el 40 por ciento; y el alemán, por una cifra que oscila entre el 1 y el 5, bailoteo que permite rebañar unos puntos a uno u otro de los grupos principales según convenga a quien presenta las estadísticas. Por lo demás, como existe el propósito de tintar los bolos de color local, se ha convenido en llamar flamenco al holandés y al francés, valón o walon. Al alemán se le sigue llamando por su nombre. Y ¡Valones fuera! parece ser la consigna de los flamencos.

No es europeamente correcto decirlo, pero los antecedentes identificables de este conflicto se remontan a la II Guerra Mundial, cuando los jóvenes flamencos y los de habla alemana, alentados por el líder filo nazi Jonis Van Severan, se alistaron a millares para luchar en el frente del Este. En correspondencia, los ocupantes favorecieron a las minorías flamencas y alemanas, al punto que el líder valón León Degrelle -antiguo periodista, fundador del partido rexista que se inspiraba inicialmente en la Action Francaise de Charles Maurras- quiso contrarrestar los efectos de aquel agravio comparativo optando por una colaboración cada vez más estrecha de los valones con los ocupantes germanos. Y se llevó la palma, el muy listo. Del fervor que puso hablan sus hazañas al frente de la “28 SS Freiwilingen Grenadier Divition Wallonnien”.

Sería fácil comparar la situación belga con la de España. Pero en Bélgica no se trata de lenguas vernáculas en busca de la hegemonía local, pues las lenguas en pugna corresponden a tres de los países fundadores de la UE. En cambio, tiene profundo interés advertir que, así como la independencia del Kosovo al legitimar la desmembración de Servia favoreció las aspiraciones de los soberanistas españoles más radicales, la propensión de Bélgica a partirse el cuesco alumbrando un Estado Valón y otro Flamenco-Alemán, alertando con ello a Francia (que ve peligrar a la Europa Unida) y a Alemania (que no precisa de artimañas para afirmar su dominio), supone un grave obstáculo para los soberanismos extremos de la vieja Piel de Toro. Aquí, parece haber sonado la hora de tirar balones fuera.

miércoles, 26 de enero de 2011

Cuéntame cómo pasó

España ha alumbrado dos de los más bizarros inventos políticos del siglo XX: la Democracia Orgánica, que duró cuarenta años; y la España de las Autonomías que lleva, y no a lo tonto, treinta y dos años de vigencia. Se trata de construcciones políticas muy diferentes en sus supuestos y en sus planteamientos, pero que tienen tres rasgos en común: el asentarse sobre bases eclécticas, aunque de distinto acarreo; contar con un revestimiento de naturaleza utópica; y adoptar una política excluyente que permite dejar fuera del tiesto a los que –hombres o instituciones- estorban o se muestran inoportunos. Esto es absolutamente necesario para cualquier sistema de gobierno, pero lo que aquí interesa destacar es la originalidad de ambos casos españoles.

Dejando El Estado de las Autonomías para otra ocasión, aprovecho ahora para ocuparme de la Democracia Orgánica en cuya base ecléctica se combinaban aspectos corporativistas provenientes de la doctrina social de la Iglesia con otros del fascismo italiano. El adobo de naturaleza utópica consistía en una visión imperial, extemporánea en el caso de España cuyo imperio había sido borrado de la faz de la tierra por la derrota de 1898 de modo que no quedaron ni las barreduras del panhispanismo que podría haber subsistido entre los hispanoamericanos insatisfechos tras la Independencia del continente que puede cifrarse en 1825, año de la batalla de Ayacucho.

La política excluyente consistió varios puntos, a saber: eliminar radicalmente la lucha de clases mediante la supresión de los instrumentos más eficaces de ésta: los partidos políticos y los sindicatos; poner fuera de juego los separatismos nacionalistas; esquivar los derechos dinásticos de Don Juan de Borbón y Battemberg aceptando no obstante y de forma implícita el vínculo con España de la casa de Borbón; y, por fin y sin que por esto sea lo menos importante, en neutralizar la influencia de la Falange Española y del Carlismo fuerista valiéndose de una original y eficaz combinación del palo y la zanahoria que en parte funcionaban por aparente elevación. El palo: la fusión obligada de ambas formaciones antagónicas en el seno del Movimiento y la condena a muerte, conmutada por destierro, de Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio en la Jefatura de la Falange, y de veinte falangistas más. La zanahoria –por cierto distractiva y envenenada- consistió en la transformación de la Camisa Azul y de la Boina Roja, emblemas de filiación propios de falangistas y de carlistas respectivamente, en piezas ostentosas del atuendo oficial de políticos, de burócratas y de figurantes en el nomenclátor del Régimen.

Este tinglado permitió a Franco fintar y encajar cual boxer afortunado en cuadriláteros dispares: mimesis fascista en plena guerra mundial, protector de los sefarditas frente al nacismo, patriotismo hispano en la ofensiva de la ONU y la retirada de embajadores, amigo lo mismo de la Orden B´nai B`rith que de la Liga Árabe, baluarte anticomunista durante la guerra fría y sostenedor, hasta donde le fue posible, del comercio con la Cuba castrista. Eso mismo le permitió en lo económico, poner en práctica la autarquía, pasar después al plan de estabilización de la mano del Ministro Alberto Ullastres, poner en marcha los planes de desarrollo y llegar al primer acuerdo con Europa. Así pudo incluir en su coreografía al bailarín que más convenía en cada momento, en el exterior: desde Mussolini a Dwigh Eisenhower y DeGaulle, pasando por Perón y Evita; y en el interior, y a tenor de cada momento, acudir según convenía, el nombramiento de ministros filofacistas, anglófilos, o tecnócratas monárquicos y de apertura liberal dispuestos cada uno de ellos a abrir paso a lo que fuera posible.

En este momento en que tanto se valora la permanencia en el poder, si de veras se quisiera reavivar la memoria histórica, debía tomarse más en serio el estudio y la reflexión acerca de la larga vida de la última de las dictaduras españolas del siglo XX…y, sobre todo, del éxito de su transfiguraciones finales que dieron lugar a la admirada transición pacífica y a su epígono, la España de las Autonomías. Opino, no pontifico.

miércoles, 19 de enero de 2011

Veo, Veo

¿Le intriga el futuro? Déjese de adivinos africanos y de santeros caribeños e inclínese vuestra merced sobre esa bola de cristal que es el presente y descubrirá, entre tanta opacidad, algunos indicios que destacan por su persistencia en tirar hacia adelante.

Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita ¿Con qué letrita es?

Con B de bicicleta. Pedalear deslomándose en vehículos de esta clase es lo que hasta hace dos décadas tenían que hacer los chinos de las grandes ciudades; pobres ambos, las ciudades y los chinos. La propaganda presentaba dicho ejercicio como signo e indicio de sujeción y de pobreza nada envidiables. Ahora el futuro apunta a que las mayorías no pudientes de por aquí tengan que ir en bicicleta, igual que los chinos pobres de hace tan solo unas décadas. Bien entendido, por supuesto, que si esto llega a suceder aquí no será por pobres ¡oiga! sino por amor a la ecología y por pura afición al ejercicio físico, aunque las bicicletas lleguen a ser de manufactura china.

Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita ¿Con qué letrita es? Con la P de prohibido.

Cada vez habrá más imposiciones gubernativas que afecten, nimiedad por nimiedad, pijadita por pijadita, al mermado terreno de la autonomía personal. ¿Quién sería capaz de asegurar que está en peligro la libertad de nadie mientras se pueda elegir entre el Madrid y el Barca y de poner o no poner en el balcón la enseña de la Real? Pero, bien entendido que las prohibiciones han sido puestas por sabios y sabias que saben a ciencia cierta lo que conviene o no a los ciudadanos y… ciudadanas

Veo, veo. ¿Qué ves. Una cosita ¿Con qué letrita es?

Con V de vejez. Los bebés escasean entre los indígenas de boina y chalaparta mientras aumenta la proporción de ancianos, de inválidos y eutanasiables en general. Pero, si hemos inventado el Reino de las Diecisiete Repúblicas ¿por qué hemos de colegir que por falta de partos sucumbirá la nación? Bien entendido que aún no hemos aprovechado a fondo el invento del siglo: la nación sin nacimientos ni madres que los parió.

Veo, veo.¿Qué ves? Una cosita. ¿Con que letrita es?

Con la M de mendigo. Cada vez los hay en mayor número. Ahora no son signos de pobreza, abandono o gandulería como sería en una dictadura, sino sutil indicio de la buena salud social de nuestra democracia. Bien entendido que lo de menos es que vengan a pedir, si en el fondo lo que quieren es participar del ambientazo de libertad, tolerancia y productividad que reina en nuestras ciudades grandes y pequeñas y en nuestras afanosas industrialdeas. ¿O no? Y perdonen vuestras mercedes.

miércoles, 12 de enero de 2011

Las Banderas

Puesto a exhibir la realidad y hacer de ella un espectáculo al uso -cutre, por supuesto- voy a contarles que he tomado la costumbre de echar la siesta cubriéndome con una manta india de algodón mas áspera que mullida, que imita, aunque con flecos o barbas en el orillo, la bandera del Estado de Texas: la de la estrella solitaria o “Alone Star””

La única razón para abrigarme con ella, es que me la han regalado. Pero, como soy libre para liarme la manta a la cabeza, la dichosa prenda me induce a pensar en las banderas de otras repúblicas que han sido realidades políticas o han estado a punto de convertirse en tales y que solamente la sensatez de los norteamericanos evitó que perduraran como puntos de discordia, desunión y guerra.

Por ejemplo, la bandera roja con dos cruces, azul y blanca sobrepuestas, que simbolizaba en 1803 la unión de los indios creek y los semínolas en la República de Muscogee. O esa otra bandera en que lucía sobre campo blanco la silueta de un soldado armado de fusil con bayoneta calada, emblema de una proyectada república de los Patriotas de la Florida Occidental, que fracasó porque el presidente Madison le negó su apoyo. O la de cruz verde sobre fondo blanco, propia de los levantiscos que seguían a un aventurero apellidado MacGregor que se hizo fuerte en la diminuta isla Amelia, donde proclamó una República que paradójicamente quería abarcar a la Florida entera.

Otras banderas tuvo Texas antes de la que figura en la manta que cobija mis siestas invernales. Enteramente verde fue la izada en 1812 por la expedición de Bernardo Gutiérrez de Lara. Y aún hubo otra, del año de 1818 que ostentaba siete barras rojas sobre fondo blanco con el cuadrante superior izquierdo en rojo donde campeaba la estrella de cinco puntos. Y, por fin, está la poco conocida “Bonnie Blue Flag” donde lucía también la “Alone Star” y sirvió en la guerra civil de 1861 de emblema de la Confederación hasta que los sublevados enarbolaron la bandera del aspa y las estrellas que finalmente representaría a “Dixie Land” en la guerra contra la Unión Americana.

He soltado todo este rollo porque la experiencia dictamina que la desunión, la discordia y las mismas guerras no se retrasan por banderas. El problema no reside en enarbolar un emblema, sino en evitar que se convierta en objeto de idolatría y en vector del odio. Ojo al trapo, pues. Las banderas, son lo más apto que hay para liárselas a la cabeza.

viernes, 7 de enero de 2011

Sueño de Navidad



Silencio en el mundo. Sueño. Estoy en la casa de la niña de las setenta Barbies y del niño de los cuarenta juegos electrónicos y los treinta vehículos teleguiados. Me invitan a subir a un satélite de juguete. “Pide un deseo, sólo uno”, me dicen. Pero yo formulo un rosario de ellos:

”...Quisiera remontarme a la región cristalina y secreta del espacio, donde los pensamientos y las realidades profundas se hacen visibles. Atrás quedarían el vapor espeso de las ambiciones desmedidas, las montañas donde se apilan los escombros de los proyectos fracasados, el tufo denso del odio, las nubes de mosquitos de la envidia, los aires malsanos de las autoexigencias excesivas, el aroma enervante del narcisismo, para venir a quedar yo solo ante el paisaje de la verdad que resplandece. Lejos, en fin, de los espejismos cambiantes, de las apariencias y los pareceres que mudan.

Y quisiera, sin injusticia, poder juzgar a los demás por lo que acontece dentro de mí mismo. Y anhelaría lo confieso, hallar que todos -sin excepción, como son los “todos” que llegan a serlo por completo- compartiéramos un mismo anhelo de paz.

Y no entendida ésta como simple ausencia de hostilidades, ni como ese lugar común al que recurren los oradores para vituperar los males de la guerra, que se supone su contraria, sino como medio para coincidir en la plenitud de esa superior inocencia que consiste en reconocer los errores con la misma tranquilidad de vida que los aciertos, contemplados los unos y los otros en la unidad que les presta el conocimiento de nuestra propia común indigencia, unificada la totalidad de nuestros actos en la convicción de sabernos seres propensos al fallo, inclinados al extravío, proclives a desviar el timón hacia la rompiente de los escollos, negligentes a la hora de consultar la carta de marear que nos facilitaría el seguimiento de derroteros claros.

Y dentro de ese sentimiento que no tiene otra salida que el abajarnos de los pedestales que nos hemos construido cada uno, brotaría un anchuroso sentimiento de amistad conmiserativa, que es amistad que surge -como el adjetivo indica- de sentirse compañeros de miserias, partícipes de inclinaciones, de debilidades que reconocemos como tales, con entera franqueza, sin paliativos ni máscaras.

Y quizá, dentro de esta macedonia de errores comunes a nuestras vidas, llegaríamos a descubrir, allá en lo hondo de nuestro ser -en lo que llamamos el alma- como una joya antigua encerrada en el baúl guardado en el desván, un sentimiento de nostalgia del Paraíso olvidado o al que nunca nos hemos propuesto regresar.

Puede que nuestro existir llegara a convertirse por esta vía en un inmenso reglaje de presentimientos altos que nos llevarían a la búsqueda esperanzada de una regularidad prudente, sobria, viva y entregada que acaso echamos de menos en nuestras vidas.

Y comprenderíamos también que ese alguien a quien llamamos Dios, porque de alguna manera tenemos que llamarlo y siempre nos quedaremos cortos, no es el Ser exigente que nos rebaja a servidumbre vil y nos quiere sometidos a ciega sumisión, sino Padre Nuestro, común, que mantiene su mesa puesta y nos guarda, para cuando queramos volver a casa, un sitio que sólo puede ser el nuestro; no un dios recurso-de-autoayuda, sino el magnífico administrador de acicates que estimulan, impulsan, sacuden la modorra y lanzan un reto al que hay que responder; no el dios-disminuido que tiene a la razón por enemiga, sino el inteligente moderador que convida a ejercitarla en ese interminable simposio que es la vigilancia y el cultivo de la propia conciencia y en la búsqueda del conocimiento y la sabiduría, que son dones del Espíritu Santo.

Y ojalá también, que el barrunto que nos hizo vislumbrar en un momento dado de nuestras vidas que Dios es bueno, pudiera convertirse en una convicción torrencial capaz de hacernos comprender que es posible hacer el bien mucho más allá de las virtudes simplemente prácticas y convenientes, y que cuando la Escritura se refiere a “servir a Dios en su presencia”, lo que hace es invitarnos a hacer de nuestra actividad una sucesión de actos conscientes, lúcidos, en los cuales vibre pleno el intelecto, plena la decisión de la voluntad, plenos los sentidos, pleno y abierto el corazón, plena la atención a las personas, cosas y acontecimientos que nos rodean, trenzados los elementos de nuestro ser en un haz de determinación que actúe en nosotros con la fuerza creadora de un “fiat, de un “serviam”, de un “hágase” y de un “estoy dispuesto” continuamente renovados.”


Y, desde la altura en la que sueño y donde acaso hayan comenzado a brillar constelaciones nuevas, percibo en esta Navidad que se aproxima, la sacra, vibrante emoción cristiana, crecer -igual que desde hace dos milenios, silente, brillante, misteriosa- en las ciudadelas de corazones encendidos, como un rubí que se forma en las entrañas de la tierra y que eclosiona en impulso de compartir, de perdonar, de confiar, de amar, de crear…y de creer que el Bien existe y es posible darle cumplimiento pese a las violentas tempestades y por encima de los montones de estiércol que se ponen a nuestro alcance al parecer con fines de degustación.

Y veo de repente -desde allá arriba- como si el paisaje perdiera de improviso su lejanía y su profundidad, y ocuparan todo el ámbito de visión los alborotados personajes de una mascarada: la Inquietud, la Agitación y el Apresuramiento inútil; la Ambición compulsiva; el Impulso irresisitible de bailar al son que toquen en cada momento; la Satisfacción que se solaza en el dispendio; el Orgullo que se pavonea en las ventajas de posición y clase; la Ufanía de lo propio y vernáculo que se erige en jactanciosa forma de exclusión.

Y me parece que veo las razones por las cuales, para una parte creciente de los que descreen y para multitud de cristianos en animación suspendida, esta noche sea tan vulgar como la de todos los días; sólo que más ornamentada de oropeles, más cubierta de bisutería, más pretenciosa y más metida en la bulla de siempre. Y termino por comprender, aunque no vaya conmigo, la desgana que les lleva a no celebrar nada, a no alegrarse más, a no seguir mintiendo con el gesto lo que ya no alcanzan a percibir en su interior.

Aterrizo al fin. Bajo del satélite de juguete. La niña de las setenta Barbies, y el niño de los cuarenta juegos electrónicos y los treinta vehículos teledirigidos, nadan en la piscina del enorme pabellón en que se ha convertido ahora la sala. Sobre el agua flotan cuarenta y cuatro mil huecas bolas de Navidad.

Veo descender un ángel. Otros tres aguardan su turno.

El Primer Ángel trae un aviso, y su mensaje es el de la paloma del Arca: “Las aguas no cubren ya la Tierra”.

El Segundo Ángel clama, y su arenga es la del Libro de Josué: “No tengas miedo ni te acobardes, porque el Señor estará contigo donde quiera que vayas”.

El Tercer Ángel advierte, y sus palabras son las de Ezequiel, profeta: “Extraeré vuestro corazón de piedra y os implantaré en su lugar un corazón de carne”

El Cuarto Ángel pide, y su demanda es la mismo del Libro de los Proverbios: “Dame, hijo, tu corazón”.

Y todo volvió al silencio. Al despertar.