El hombre natural, que
no ha llegado a percibir el tiempo como Historia, ni culminado el
proceso de humanización, encuentra sus puntos de referencia en las
regularidades directamente observables: el sol que marca el
transcurso del año y la cadena de las estaciones; la luna en la
sucesión de sus fases. Y, en conexión con ésta, la berrea, el
parto de las hembras y el crecimiento de los rebaños; fenómenos
que sumados al desarrollo humano desde la infancia a la senectud
revelan el impulso incontenible de la vida bien que acechada
continuamente por la muerte. Existen también pulsiones corporales,
como la menstruación, que por la sangre derramada avala para las
mujeres un prestigio semejante al de los guerreros, cosa que en
general parecen ignorar los antropólogos, preocupados por encontrar
una homosexualidad primordial que avale al movimiento gay, o por
comunicar a los selváticos las posibilidades placenteras de la zona
proctológica. Y quedan por último el peristaltismo intestinal y las
pulsaciones del corazón que inspiran el salto rítmico de los
varones sobre un mismo sitio, el batir del tantán y de todo rataplán
que se ajusta al ritmo cardíaco. Chumba cachumba chumba.
Para el hombre natural el
ciclo sueño-vigilia es un todo indiferenciado. Los trasueños o
reverías son el aglutinante que trasfunde en un solo amasijo los
acontecimientos del mundo real y las figuraciones oníricas. Esto,
se puede comprobar por la observación directa y leyendo la
literatura misional no catequética, incluída la de Albert
Schweitzer. Los misioneros aún no habían claudicado ante el
buenismo, esa versión ignorantona y clerical del mito del buen
salvaje de Rousseau. ¿No los habeis oído?: “ ¡Ellos me dan
espiritualmente mucho más de lo que yo les puedo dar¡” Chumba,
cachumba maracumbé, balé chun chun.
Pero reparemos en que una
existencia así está vacía de percepciones verdaderamente humanas y
carece de límites precisos. Por eso, el hombre natural tiende a
hacer rutinas fijas e inamovibles del moldeado de barro, del
trenzado de cestos o de nasas, de los tatuajes e incisiones
corporales y de los bailes. Estos incluyen movimientos espasmódicos
parasexuales aptos para producir paroxismos, colectivos; y sonidos
elementales que comunican a los participantes sensaciones de
unanimidad y poderío Esas rutinas resultan tanto más prestigiosas
cuanto se da por sentado que son inmemoriales. Balín balé, pumba
cayá., taca taca taca tacatá, chun chun balé.
* XX
reunión del Club de Destin, Florida.
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