Páginas

viernes, 14 de octubre de 2011

Megapoderes


El mundo de hoy funciona bajo el impulso de los megapoderes, entre los cuales la Unión europea es solo un proyecto, Rusia un prudente veterano y Turquía un paciente meritorio que lucha por encontrar su lugar como tapón del Mediterraneo Oriental.
Bajo el liderato informal pero efectivo de los Estados Unidos y del Reino Unido el Megapoder Anglo se extiende sobre las antiguas colonias blancas de Inglaterra: el Canadá, Australia, Nueva Zelanda que forman el núcleo de confianza. A su lado subsiste un aliado por vía de los intereses en juego como es la República Surafricana.

En la rivera opuesta del Pacífico formando ahora el núcleo más cmpo activo de transformación de toda la zona, se sitúa el Megapoder Chino que, abandonado el campo de la subversión, concentra todo su esfuerzo en impulsar su propia expansión comercial y demográfica, batel de doble bancada con le que se abre paso en las aguas que antaño fueron el límite de su secular aislamiento. 

El Megapoder Islámico, en sus inicios un club de beduinos con soberanía –en realidad señores espirituales y temporales de sus respectivos pueblos-, es ahora un conjunto de plutócratas que sacan provecho lo mismo del precio de los hidrocarburos que de la banca, la emigración activa o los préstamos personales y confidenciales a los Jefes de Estado. Su dualidad religiosa y temporal le permite tener actuaciones contradictorias y plantear tanto de forma manifiesta como solapada exigencias para las que no ofrece contrapartida alguna. Al Megapoder Islámico le ha surgido un rival en Al Qaeda que con sus prácticas de terror en realidad solo ha servido para despertar en Occidente a los perros dormidos. 

Con las megapotencias nada valen los sucedáneos. Reduciéndonos adrede a las dimensiones de la Piel de Toro, ni la conocida política de casas regionales subvencionadas en el extranjero, ni la ayuda solapada de los nuevos grupos antigringo de América del Sur pueden sustituir el apoyo de cualquiera o de varios de esos megapoderes, a la hora de emprender, por ejemplo, la tarea de partir a España por las líneas perforadas de las autonomías. Me baso -esto es obvio- en un planteamiento de escala según el cual ni España entera ni cada una de las Expañas por separado están en condiciones de constituirse en fuentes originarias de poder, cuanto más que la Península Ibérica ocupa desde el punto de vista geopolítico un puesto en sí mismo más comprometedor de lo que cabría imaginarse al observar la actitud desprevenida de sus habitantes y la incuria, improvisación y parasitismo de una parte de la partitocracia gobernante.

No hay comentarios: