Al paso que vamos, las banderas de los países de la Unión Europea pronto tendrán necesidad de una normalización en aras de la multiculturalidad. Porque, si se prescinde de la cruz en las escuelas ¿hay alguna razón para que siga en lo alto de las banderas, como un desafío a nuestros exigentes huéspedes islamistas?
Entre las banderas de la Unión Europea que deben ser “normalizadas”, la primera es la tricrucífera de los británicos. Inmediatamente después estarían las que ostentan la gran cruz de los cruzados: la de Dinamarca, blanca sobre fondo rojo; la de Suecia, amarilla sobre campo azul; la de Finlandia, en azul sobre campo blanco. Otras banderas que deben ser sustituidas por campear en ellas la cruz de manera ostensible son la griega, la maltesa y la eslovaca. Por último están la bandera española y la italiana, cuyas cruces se sitúan respectivamente sobre la corona de la monarquía y sobre la corona mural de la república. Estas cruces podrían ser sustituidas por un neutro pirulí, si las feministas o alguna ministra del cupo no lo rechazan por su significado fálico.
Entre las banderas autonómicas, la primera en ser modificada debía ser la del Principado de Asturias, en la cual ondea solitaria la cruz de la Victoria. A continuación vendría la de Euskadi, que, por persignarse tres veces, no es aceptable. Tampoco lo es la bandera de La Rioja, que los islamistas interpretan como reclamo de la España ebria. Igualmente la bandera de Navarra, que ostenta la cruz sobre la corona real, y las cadenas de Miramamolin con el cabujón verde representando el Islam en medio de la trama catenaria. De las demás, la andaluza y la extremeña son banderas a las que sólo les falta la cimitarra, la gumía y las bellas cursivas coránicas para pasar por árabes. La de Castilla-León tendría que ser expurgada de las figuras de los leones. Las de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares, con lo inocentes que parecen, son las más ofensivas, pues sus colores son los de la Santa Sede Romana, con la cual la corona de Aragón tuvo en la Edad Media vinculación feudal. Sin contar que el escudo de Valencia ostenta la efigie de “lo Rat Penat”, o murciélago, un símbolo heráldico, al fin y al cabo de inspiración cristiana, pues se confunde con “Vespertilio”, héroe legendario del atardecer de los tiempos, conocido también como el “Nuevo David” o el “Encubierto”, personaje mítico de quien se dice que humillará al Islam y exaltará la gloria de Israel, así de clarito, pues con él volverán triunfantes a Jerusalén los descendientes de los habitantes de dicha ciudad que fueron deportados a España por Nabucodonosor. Pero esto último ya no lo dice la leyenda sino el versículo 20 del libro del Profeta Abdías. Léalo ud. mismo, buen lector. Cosas veredes aunque no las creyeres.

Entre las banderas de la Unión Europea que deben ser “normalizadas”, la primera es la tricrucífera de los británicos. Inmediatamente después estarían las que ostentan la gran cruz de los cruzados: la de Dinamarca, blanca sobre fondo rojo; la de Suecia, amarilla sobre campo azul; la de Finlandia, en azul sobre campo blanco. Otras banderas que deben ser sustituidas por campear en ellas la cruz de manera ostensible son la griega, la maltesa y la eslovaca. Por último están la bandera española y la italiana, cuyas cruces se sitúan respectivamente sobre la corona de la monarquía y sobre la corona mural de la república. Estas cruces podrían ser sustituidas por un neutro pirulí, si las feministas o alguna ministra del cupo no lo rechazan por su significado fálico.
Entre las banderas autonómicas, la primera en ser modificada debía ser la del Principado de Asturias, en la cual ondea solitaria la cruz de la Victoria. A continuación vendría la de Euskadi, que, por persignarse tres veces, no es aceptable. Tampoco lo es la bandera de La Rioja, que los islamistas interpretan como reclamo de la España ebria. Igualmente la bandera de Navarra, que ostenta la cruz sobre la corona real, y las cadenas de Miramamolin con el cabujón verde representando el Islam en medio de la trama catenaria. De las demás, la andaluza y la extremeña son banderas a las que sólo les falta la cimitarra, la gumía y las bellas cursivas coránicas para pasar por árabes. La de Castilla-León tendría que ser expurgada de las figuras de los leones. Las de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares, con lo inocentes que parecen, son las más ofensivas, pues sus colores son los de la Santa Sede Romana, con la cual la corona de Aragón tuvo en la Edad Media vinculación feudal. Sin contar que el escudo de Valencia ostenta la efigie de “lo Rat Penat”, o murciélago, un símbolo heráldico, al fin y al cabo de inspiración cristiana, pues se confunde con “Vespertilio”, héroe legendario del atardecer de los tiempos, conocido también como el “Nuevo David” o el “Encubierto”, personaje mítico de quien se dice que humillará al Islam y exaltará la gloria de Israel, así de clarito, pues con él volverán triunfantes a Jerusalén los descendientes de los habitantes de dicha ciudad que fueron deportados a España por Nabucodonosor. Pero esto último ya no lo dice la leyenda sino el versículo 20 del libro del Profeta Abdías. Léalo ud. mismo, buen lector. Cosas veredes aunque no las creyeres.