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lunes, 22 de febrero de 2010

¡Cruces Fuera!

Al paso que vamos, las banderas de los países de la Unión Europea pronto tendrán necesidad de una normalización  en aras de la multiculturalidad. Porque, si se prescinde de la cruz  en las escuelas ¿hay alguna razón para que siga en lo alto de las banderas, como un desafío a nuestros exigentes huéspedes islamistas?

Entre las banderas de la Unión Europea que deben ser “normalizadas”, la primera es la tricrucífera de los británicos. Inmediatamente después estarían las que ostentan la gran cruz de los cruzados: la de Dinamarca, blanca sobre fondo rojo; la de Suecia, amarilla sobre campo azul; la de Finlandia, en azul sobre campo blanco. Otras banderas que deben ser sustituidas  por campear en ellas la cruz de manera ostensible son la griega, la maltesa y la eslovaca. Por último están la bandera española y la  italiana, cuyas cruces se sitúan respectivamente sobre la corona de la monarquía y sobre la corona mural de la república. Estas cruces podrían ser sustituidas por un neutro pirulí, si las feministas o alguna ministra del cupo no lo rechazan por su significado fálico.

Entre las banderas autonómicas, la primera en ser modificada debía ser la del Principado de Asturias, en la cual ondea solitaria la cruz de la Victoria. A continuación vendría la  de Euskadi, que, por persignarse tres veces, no es aceptable. Tampoco lo es la bandera de La Rioja, que los islamistas  interpretan como reclamo de la España ebria. Igualmente la bandera de Navarra, que ostenta la cruz sobre la corona real, y las cadenas de Miramamolin con el cabujón verde representando el Islam en medio de la trama catenaria. De las demás, la andaluza y la extremeña son banderas a las que sólo les falta la cimitarra, la gumía y las bellas cursivas coránicas para pasar por árabes. La de Castilla-León tendría que ser expurgada de las figuras de los leones. Las de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares, con lo inocentes que parecen, son las más ofensivas, pues sus colores son los de la Santa Sede Romana, con la cual la corona de Aragón tuvo en la Edad Media vinculación feudal. Sin contar que el escudo de Valencia ostenta la efigie de “lo Rat Penat”, o murciélago, un símbolo heráldico, al fin y al cabo de inspiración cristiana, pues se confunde con  “Vespertilio”, héroe legendario del atardecer de los tiempos, conocido también como el “Nuevo David” o el “Encubierto”,  personaje mítico de quien se dice que humillará al Islam y exaltará la gloria de Israel, así de clarito, pues con él volverán triunfantes a Jerusalén los descendientes de los habitantes de dicha ciudad que fueron deportados a España por Nabucodonosor. Pero esto último ya no lo dice la leyenda sino el versículo 20 del libro del Profeta  Abdías. Léalo ud. mismo, buen lector. Cosas veredes aunque no las creyeres.


martes, 2 de febrero de 2010

Haití más allá de la Pobreza

La Historia de Haití se asemeja a la caída en cadena de las fichas del Dominó: los independentistas exterminaron a blancos y mulatos; el exterminio de estos causó el abandono de la infraestructura viarias,  de regadíos y pequeños embalses; este abandono llevó a la desaparición del cultivo de la caña y a la paralización de los  trapiches azucareros, y el hundimiento de la producción agroindustrial arruinó la economía. Para colmo, a la desaparición de los latifundios productivos siguió la generalización de minifundios mal cultivados que fueron la base de una agricultura de mera subsistencia. El lector puede encontrar en nuestros días un ejemplo parecido al del Haití en lo que está ocurriendo en la otrora próspera Rhodesia convertida, tras la exclusión de los blancos, en un Zimbawe miserable.

Por otra parte, la vida independiente de Haití, con multitud de presidentes que no sabían distinguir la O por lo redondo –uno de ellos, Dessalines, se proclamó emperador y otro, Petión, se hizo coronar Rey- se tradujo en continuas agresiones contra el vecino e inerme Santo Domingo. Las guerras raciales y la destrucción de riqueza  obligaron a dicho país a volver de nuevo bajo la tutela de España -1861 a 1865- sin que se lograra pacificar la isla.

La pobreza extrema de Haití y la imprevisión de los propios dominicanos dio lugar en el siglo XX a una potente inmigración haitiana en tierras de la Republica de Santo Domingo. El Generalísimo Trujillo decretó la expulsión masiva de los ilegales y como aún esta fuera insuficiente pese a las prórrogas, en 1937 optó por la aniquilación de quienes se negaran a  abandonar el territorio. Se ignora el número exacto de los que resultaron muertos, pero es más que probable que ande más cerca de los treinta mil que arrojan los cálculos incriminatorios que de los tres mil que ofrecen las cuentas de los que quieren restar importancia a la matanza. Esta, por otra parte, quedó bien disimulada   bajo el  burocrático nombre de “operación de fijación de fronteras”.

El reciente terremoto en Puerto Príncipe ha puesto de relieve que la situación de Haití  no es debida solamente a la pobreza, sino a la carencia más atroz de estructuración social y de referencias culturales. Esto es lo que hay y esto es precisamente lo que no se dice. Pero sin ello es imposible entender lo que ocurre en aquél país. Con la reconstrucción no basta. Sería necesario un protectorado. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?