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martes, 2 de febrero de 2010

Haití más allá de la Pobreza

La Historia de Haití se asemeja a la caída en cadena de las fichas del Dominó: los independentistas exterminaron a blancos y mulatos; el exterminio de estos causó el abandono de la infraestructura viarias,  de regadíos y pequeños embalses; este abandono llevó a la desaparición del cultivo de la caña y a la paralización de los  trapiches azucareros, y el hundimiento de la producción agroindustrial arruinó la economía. Para colmo, a la desaparición de los latifundios productivos siguió la generalización de minifundios mal cultivados que fueron la base de una agricultura de mera subsistencia. El lector puede encontrar en nuestros días un ejemplo parecido al del Haití en lo que está ocurriendo en la otrora próspera Rhodesia convertida, tras la exclusión de los blancos, en un Zimbawe miserable.

Por otra parte, la vida independiente de Haití, con multitud de presidentes que no sabían distinguir la O por lo redondo –uno de ellos, Dessalines, se proclamó emperador y otro, Petión, se hizo coronar Rey- se tradujo en continuas agresiones contra el vecino e inerme Santo Domingo. Las guerras raciales y la destrucción de riqueza  obligaron a dicho país a volver de nuevo bajo la tutela de España -1861 a 1865- sin que se lograra pacificar la isla.

La pobreza extrema de Haití y la imprevisión de los propios dominicanos dio lugar en el siglo XX a una potente inmigración haitiana en tierras de la Republica de Santo Domingo. El Generalísimo Trujillo decretó la expulsión masiva de los ilegales y como aún esta fuera insuficiente pese a las prórrogas, en 1937 optó por la aniquilación de quienes se negaran a  abandonar el territorio. Se ignora el número exacto de los que resultaron muertos, pero es más que probable que ande más cerca de los treinta mil que arrojan los cálculos incriminatorios que de los tres mil que ofrecen las cuentas de los que quieren restar importancia a la matanza. Esta, por otra parte, quedó bien disimulada   bajo el  burocrático nombre de “operación de fijación de fronteras”.

El reciente terremoto en Puerto Príncipe ha puesto de relieve que la situación de Haití  no es debida solamente a la pobreza, sino a la carencia más atroz de estructuración social y de referencias culturales. Esto es lo que hay y esto es precisamente lo que no se dice. Pero sin ello es imposible entender lo que ocurre en aquél país. Con la reconstrucción no basta. Sería necesario un protectorado. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?


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