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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Mendivagancias

La voz alcancía designa a una tinajilla o botija de barro con una ranura en la parte superior por donde se puede ir introduciendo moneditas de modo que, para sacarlas, hay que destruir el recipiente. Para los niños de antes, el romper la alcancía de un porrazo una vez llena era un acto emocionante y deseado. A semejanza de las alcancías, también llamadas “huchas”, algunos individuos poseen la habilidad de obtener sus ingresos moneda a moneda sin otro esfuerzo que vaya más allá de pedir por la boca y extender la mano. Acertará el lector si en esta descripción reconoce a los mendigos.

Todavía en tiempos de la dictadura a los mendigos se les llamaba pordioseros, pues pedían “una limosna, por Dios”. En cambio, los abundantes mendigos de la democracia, disponen de diversidad de motivos laicos para pedir. Al respecto, hay que distinguir en la mendicidad tres grandes segmentos: los mendigos de aquí, los venidos del resto de las Expañas y los procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB).

Entre los mendigos jóvenes de aquí, la razón más aducida es la de tomar el autobús o el topo  para volver a casa. Hay quien pide para un bocata. Incluso hay una mujer que solicita dinero para implantarse un díu. Entre los mendigos de la cantera propia destacan  lastimosamente  ancianos con pensiones bajas y que carecen de familiares que los apoyen. Aunque no sea rentable habría que practicar con estos viejos la “discriminación positiva”, que por ahora se reserva a la mujer, al batúa, a perros y gatos abandonados y al lobby del gay hacer.

Los mendigos que proceden del resto de las Expañas, son hoy un género escaso y temporero representado por gitanas que venden ramitos de romero, leen la buena ventura y no se sienten en su ambiente. En tiempos, los mendigos españoles tuvieron más nutrida representación, y dieron ocasión a Don Sabino Arana para ilustrar la innata generosidad de los vascos étnicos, digo esos tipos de amplia chapela, orejas grandes y falso prognatismo.

Los mendigos procedentes de la Europa de la Ampliación Barata (EAB) aborrecen el trabajo, mas que todo por motivos de identidad. Así y todo mienten cochinamente aduciendo que son víctimas del paro. Actúan, además, bajo la guía de mafiosos llamados señores naturales, que optimizan los rendimientos, establecen la rotación mendivagante, reparten los puestos, espantan a los pedigüeños que no son de la cuerda, e inician negocietes y trapicheos bien tolerados en la Expaña de las autonosuyas y de las autonomías. ¿O no?



sábado, 14 de noviembre de 2009

Recortes

En esta hora de severos recortes a la investigación se me ocurre recordar que fue Miguel de Unamuno, quien soltó en mala hora aquello de “que inventen ellos”. Esa frase, despectiva e imperiosa, señalaba, más que todo, que aquella España que los de la generación del 98 estaban imaginando debía decidirse más por las cosas del espíritu que por la positividad de las ciencias o la directa practicidad de la tecnología.

Por una razón o por otra, Unamuno casi no gusta a nadie hoy en día. Y yo, por mi parte,  no alcanzo a entender bien la maniquea separación unamuniana entre el espíritu por un lado y las ciencias por otro; pero, la verdad, todo parece indicar que se ha hecho cumplido caso a lo que de negativo tiene la ocurrencia del solitario Rector.

Porque desde los lejanos tiempos del Dr. Huarte de San Juan, del Dr. Hernández, y del Dr. Menardez, hasta los del hodierno siglo XXI, España es un erial científico en el cual sobrenadan personalidades poderosas que enarbolaron como pudieron el torrotito de la investigación. No voy a entretenerme en rememorar, por consabidos, a Santiago Ramón y Cajal, Isaac Peral, Torres Quevedo, Juan de la Cierva, al Dr.Trueta o al Dr Ochoa de Albornoz. Tampoco voy a citar a los que ayer o anteayer, seducidos por ofertas oficiales, osaron retornar del extranjero; ni a los que ahora mismo se enfrentan con los feroces recortes que con la crisis han hecho diana, qué casualidad,  en las rúbricas de investigación más serias.

La cuestión es más grave de lo que parece porque, aún siendo hoy más numerosos los científicos que en otras épocas, ni por su número, ni por su trabajo de laboriosas abejas  alcanzan a colmatar el desnivel que separa a España, p.e., de un país pequeñín como Bélgica.

En resumen, en el jardín de las ciencias experimentales, no abundan  precisamente los claveles españoles y pasa lo mismo con las ufanas gardenias expañolas. Ni tan siquiera los imponentes archivos o las grandes bibliotecas heredadas del pasado disponen de presupuesto, ni de personal en número suficiente, para ser gestionados con la eficacia y el provecho que cabría esperar. De hecho, esa acumulación de tesoros archivísticos y bibliográficos es inoperante en cuanto a servir de cauce profesional a los jóvenes doctorandos e investigadores en humanidades y ciencias sociales que se ven necesitados de emigrar. En el cacareado diálogo de civilizaciones, la civilización ibérica, regida por el cortoplacismo de los políticos, parece enfrascada en asegurar su propio silencio.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El Muro

Ayer se cumplió el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Más que de una caída se trató de un verdadero derribo ocasionado por una fuerza que adunaba la potencia de la libertad recobrada y el impulso incoercible que la verdad puede adquirir en determinados momentos históricos. Esta combinación fue suficiente para ensanchar las grietas en la mole de opresión de la cual el muro de Berlín era metáfora visible.

Pero hay otra causa que a veces se nos oculta: la Unión Soviética fue incapaz de sostener la carrera armamentística a que había sido retada por los Estados Unidos. Esto nos permite enfocar la caída del muro de Berlín -triunfo de la libertad y exigencia de la verdad- como un movimiento de poder que a su vez ocasionó una nueva disposición de  fuerzas y actitudes políticas en Europa y en el mundo.

En los Estados Unidos la caída del muro de Berlín hizo que confluyeran la nueva posición hegemónica alcanzada por los Estados Unidos y el antiguo ideal norteamericano del  aislacionismo. A su vez, esta mezcla dio lugar a una confusión que explica los errores de Bush: la de que un poder hegemónico puede proceder ventajosamente por su cuenta y riesgo  prescindiendo de alianzas y compromisos. En Europa, en gran parte encaminada ya hacia la Unión, la caída del muro fue el preludio de la reunificación alemana que a su vez reactivaba el ideal unificador de Bismark.

Pero ¿qué significa la reunificación de Alemania dentro del contexto de Europa? Significa, en primer lugar, que el papel de centralidad que Francia desempeñaba pasa ahora al campo alemán, rompiéndose así una consideración geoestratégica vigente   desde la terminación de la II Guerra Mundial. Esto lleva consigo otra consecuencia: la recuperación para Alemania de su particular y tradicional esfera de influencia cultural, comercial y humana sobre los países de la Europa Central y Oriental. El mapa actual de las inversiones alemanas nos confirma que Polonia divorciada de Rusia; la Checoeslovaquia partida en Chequia y Eslovaquia como Hitler quería; la Yugoeslavia dividida como Hitler la dividió, nos dan razón para decir que la historia de hoy está entregando en bandeja a Alemania, lo que el príncipe Bismark ideó como proyección pacífica y Hitler intentaría  más tarde arrebatar por la fuerza.

Es difícil e inútil querer hacer de profeta en materia de desarrollos de poder. Pero cabe hacer una evaluación prospectiva cuyo resumen pueda ser captado por el hombre de la calle, que es lo que se intenta en estas modestas líneas. En la Europa de hoy, Alemania está llamada a adquirir cada vez mayor peso o Europa sencillamente no será.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Piratas

Los piratas nunca  han intentado pescar. No les vale la pena la continuidad del esfuerzo. La ingesta de “khat”, que entra en sus costumbres diarias, no sólo les excita la libido sino que les quita las ganas de comer.

Y es la pobreza la que los  empuja a la piratería, según dicen los expertos del  humanismo internacionalista. No comulgo con tamaña simpleza. Los piratas  piratean por la cuenta que les trae. Ya se sabe que  “ni en la tierra ni en el mar hay negocio mas redondo que el robar”. Y más si se dan las siguientes circunstancias. Una: que el instrumental para el delito se haya recibido de regalo, como es el caso. Dos: que las víctimas estén aisladas e indefensas, como es el caso. Tres: que los hechores den por seguro que su acción les va a salir de rositas, como es el caso.

Los piratas –los once que permanecen a bordo, mas el conjunto de los que en tierra “hacen” de autoridades y de mediadores -  dan pena al personal de las oenegés porque algunos no llevan calzoncillos debajo de sus pantalones y se atan con cuerdas las gastadas botas. Pero las armas que portan – herencia soviética de los antiguos Frentes de libración Nacional- son perfectamente adecuadas a sus tropelías. Se trata de armas sencillas, que casi no necesitan mantenimiento; los entendidos dicen que las podría manejar  un chimpancé.

En este ambiente tienen que trapichear los representantes de España para salvar a  los rehenes.¡Muy bueno lo suyo! Lo que descompone el cuadro es que hasta el momento la suerte de los secuestrados depende de los piratas, no de las habladas de la ministra Carma Chacón ni de los apuros del diplomático Sr. Moratinos, el de las dilatadas   argucias. Y ahora los piratas se aprovechan de una ventaja más: la de contar con la simpática figura del “menor” Abdu Willy  (en realidad Addulla Ualí) creada en Madrid por los medios españoles. Pero, amigo: a lo largo de la crisis provocada por el cautiverio del Alakrana han salido de bocas oficiales algunas lindezas: las fuerzas armadas no están autorizadas a defender los barcos directamente: la seguridad, para quien se la pague. Los pescadores, con sus atrevidas singladuras tras los peces, son los que han provocado esta situación. Caer en manos de piratas es un riesgo que han de asumir los pescadores y los armadores. Se conoce –pienso yo- que por encima de todo el gobierno del Reino de las Diecisiete República  se propone garantizar los derechos humanos de los piratas. Pero¿y los pescadores secuestrados?

Un ruego: periodistas, cuando los cautivos sean liberados no les pregunteis si han recibido buen trato. Sería de vuestra parte una muestra gratuita de cinismo y de artería. Un envío: a las mujeres y familiares de los cautivos, mi respeto y mi apoyo. Quiero estar en la misma ribera, en la misma espera y con la misma esperanza que vosotros.