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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Adivina Adivinanza

 Dan pánico. Meten miedo. Causan pavor Por eso se emiten reglamentos que les prohíben entrar en los bares, reforzando con esa formalidad legal el impedimento que ya de por sí suponen los precios prohibitivos. Y se les impide – esgrimiendo cualquier pretexto municipal, vecinal o ciudadano- que encuentren consuelo en el botellón, añadiendo, si es preciso, razones morales que desprecian los mismos que se valen interesadamente de ellas.

Se les dificulta, en beneficio de los especuladores y logristas, la adquisición de cuatro paredes y un techo que podrían ser la sede de un hogar, y se decide aumentar aún más su vulnerabilidad y dependencia ofreciéndoles pisos cuyos alquileres se gestionarán desde instancias oficiales. 

En cambio, se les facilita la entrada en la cochiquera de las simplificaciones que sustituyen a los argumentos, de las mentiras que usurpan el papel de la verdad, de las apariencias que reemplazan a la realidad y de las diversiones que dispersan el ánimo y  embrutecen el entendimiento.

Se les entrega a empresas de subcontratación laboral y se les ofrecen trabajos temporales –es lo que hay, se dice- para ponerlos con facilidad de patitas en la calle. Pero legisladores y gobernantes, de ordinario tan permisivos y garantistas, se vuelven duros y represivos a la hora de impedirles que tomen la calle, de la que, por otra parte, se harían los dueños sin mayor esfuerzo. 

La publicidad comercial, la propaganda política y la acción concertada de medios mediatizados y mediatizadores se ocupan de administrarles anestesia general para  bloquearles el acceso al sentido crítico. Todo para que cada partido, cada facción, cada parzonería territorial consiga mantener la paz de sus respectivas palomas. Esa paz empantanada que permite  imponer las reglas del actuar, reportar las ganancias y repartir los  sillones y los millones.

Meten miedo. Causan pavura. Por eso, se les prohíbe casi todo, menos abortar y llevar encima drogas para su consumo personal, como buscando debilitarles la voluntad y conseguir que no se reproduzca la raza maldita de los que todavía no tienen arrugas en la cara. En tiempos mejores, a la riqueza que tienen los perseguidos se le llamó “divino tesoro” y se suponía que ese tesoro, si se iba, era para no volver. ¿Quiénes serán, serán? Adivina adivinanza.


martes, 29 de diciembre de 2009

Noticias de Belén

En Belén de Judá, el pueblo donde nació Cristo,  casi no quedan cristianos, obligados a emigrar ante la falta de perspectivas vitales y la amenaza de ser barridos de una tierra de nadie delimitada por el  terrorismo de los hijos de Agar y la represión de los hijos de Sara. Pero Belén será, mientras el mundo exista, el lugar donde nació Cristo.

En Belén de Judá, cuna del rey David, donde fue enterrada Raquel, donde ocurrió la historia de fe, lealtad y amor entre Booz y Ruth,  casi no quedan judíos. La hostilidad de fanáticos y exasperados, financiados por los plutócratas de Arabia no los quiere allí. Pero Belén seguirá  siendo, después de diez mil intifadas, Belén de Judá.

Belén se oculta ahora detrás de sendos muros de cemento y de corazones de plomo. Pero eso no impedirá que este año 2009 de la era cristiana, y el 5769 de la creación del mundo según los judíos,  Belén de Judá se haga presente en todo el mundo como un símbolo que se hubiese fragmentado en millares de diminutas versiones de juguete para recordar un nacimiento que es único y una promesa que es única aunque sean dos los Testamentos.  Belenes, llamamos aquí a esas versiones diminutas; en otros lugares reciben el nombre de pesebres o nacimientos o portales de Belén, así, en plural festivo, como cuando nos referimos a un regocijo público y hablamos de los sanfermines, o de las navidades o de  los sanmarciales. 

Belén es el símbolo de la promesa de Dios y el símbolo del misterio del hombre y de la historia; pero los diseñadores de futuros idealizados y los vectores de la opinión prefabricada  aborrecen a Dios, perciben el misterio como una amenaza y no creen en promesas de ninguna clase.

¿Qué alegría, según los supuestos de hoy, puede haber en el nacimiento de un niño semejante a los que desviceramos a diario en los molinos aborteros?  ¿Qué esperanza se puede sostener sobre la frágil base de esa existencia que  terminará perdiendo su lozanía y siendo presa de la muerte, igual que nosotros, igual que sus progenitores? ¿Y de un NiñoDios? ¡No me haga Usted reir! ¿Cómo creer en la inocencia de Dios cuando toda la realidad es cochina, como sucia y opaca es la verdad, como vana es la esperanza ? Por eso la visión de la inocencia no conmueve, ni el encuentro con la verdad ennoblece a nadie, ni el descubrimiento de la belleza deja tras de sí una huella de arrobamiento. Por eso se explota  a los niños, se abusa del inocente, se exalta a las mujeres al tiempo que se las maltrata y se subraya la venalidad  de su sexo en los anuncios a lo cerdazo que publica la prensa burguesa. 

Tengo para mí que fueron hombres de fe los que llamaron mundo al circulo enorme de las cosas y de los seres creados. Tiempo hubo en el cual la palabra mundo decía tanto como elegante, armonioso,  ordenado, limpio. Puede que la impiedad reinante esté trocando el mundo en  inmundo y lleve a la humanidad a revolcarse en la inmundicia. Ciertamente son cosas del pasado, pero si se pierden hoy, mañana lo sentirá la humanidad entera.


lunes, 21 de diciembre de 2009

Paraisos

La humanidad dispone hoy del instrumental suficiente para emprender el tercer intento  de crear el paraíso en la Tierra basándose en supuestos exclusivamente materiales.

Ya lo intentaron antes las dos grandes ideologías políticas de base científica: el Socialismo Real, o Comunismo, que se inspiró en los principios del materialismo para construir una estructura de producción abocada a una sociedad sin clases; y el Nacional Socialismo, o Nazismo, que intentó crear una Superhumanidad combinando la selección reproductiva en la raza blanca -considerada como el más noble producto de la evolución- , con la eliminación de los débiles, degradados o  enfermos.

Ambas ideologías adoptaron actitudes de soberbia imponente en sus manifestaciones de masas, crearon majestuosos rituales cívicos que expresaban la grandeza colectiva, aniquilaron a sus enemigos con la frialdad de ángeles exterminadores, y oscurecieron con sus saludos enhiestos de manos en alto o de puños vengadores no sólo la luminosa nube de la Fe que abominaban, sino el mismo sol de la Razón cuyos rayos decían esgrimir.

De hecho, un sector privilegiado de la Humanidad cuenta hoy con poderes,  instrumentos de control y  medios de persuasión sistémica mucho más eficaces que los que tuvieron en sus momentos de auge el Comunismo y el Nazismo. Igual que éstos,  dicho sector deposita su confianza en la ciencia y la tecnología emancipadas de toda referencia ética, y aprovecha todo tipo de espejismos de enganche para fabricar  vigencias sociales que favorezcan al sistema. Pero lo que verdaderamente  distingue la realidad de hoy es su demostrada capacidad de darle la vuelta completa al mito democrático de la mayoría, hasta trocearlo en un enjambre avispil de minorías reivindicativas, organizadas y subvencionadas donde toda anormalidad, toda estulticia y toda media verdad tiene cabida bajo la forma de derecho inalienable. Esta realidad no puede ser definida como totalitaria pero sí puede ser calificada de totalizante. Con estos instrumentos se podrá o no intentar crear el Paraíso en la Tierra; pero en todo caso se está en capacidad de convertir a la Humanidad en una gran manada de cuadrúpedos satisfechos.

Si esa ocasión llegara, yo exhortaría a mis amigos a que hiciesen lo posible por conservar la postura enhiesta pues, una vez adquirido el hábito de andar a cuatro patas, sobrará quien esté en disposición de saltarles sobre el lomo y de conducirlos adonde no hubieran querido ir. Y no faltarán razones pseudohumanitarias  para cohonestar tan despótica conducta. Ya lo dice aquél refrán, que refleja uno de los altísimos principios de la moral pragmática: “el caballo solo anda en derechura si lo monta quien sabe ponerle la montura”.



miércoles, 16 de diciembre de 2009

Nacionalismos

Los grandes partidos nacionalistas de integración nacieron en Europa a finales del siglo XIX y dieron origen a dos importantes entidades políticas cuya presencia ha sido decisiva en la Historia Universal: el Reich alemán, que nace en 1870, y el Reino de Italia, que surge en 1871.

Estos dos nuevos y grandes Estados, vinieron a alterar el equilibrio europeo que, desde el Congreso de Viena, se había mantenido sobre tres puntos de apoyo: la monarquía inglesa, Francia en República, en Reino o en Imperio y la Rusia de los Zares, tres grandes potencias que ya llevaban varios siglos de existir -cada una con su específica y peculiar forma de  unidad-  mucho antes de que se formaran Italia y Alemania y,  al contrario que estas, nada debían a las ideologías nacionalistas.

Igual que estos tres grandes Estados, el Reino de España, en plena decadencia entonces, era un viejo producto del Antiguo Régimen, y en consecuencia, su particular unidad, por demás atípica, tampoco debía nada al nacionalismo de integración.

Creo yo que este hecho debe ser tomado muy en cuenta al hablar de nacionalismo español en comparación con los nacionalismo periféricos, especialmente con los dos más decididos que son el nacionalismo catalán y el vasco. En efecto, el nacionalismo español nace muy tardíamente, ya cuando los nacionalismos integradores, que habían logrado la unidad de los nuevos Estados de Alemania e Italia, se habían transformado en nacionalismos de expansión estatal.

Refresquemos un poco la memoria. Las “Juntas Castellanas de Actuación Hispánica” y las “Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista” surgen en 1931.  Falange Española, en 1933. Respecto a “Acción Española”, movimiento intelectual que puede sin ambages ser considerado como nacionalismo español, la fecha de su fundación en 1931, resulta tardía, no solo respecto a los nacionalismos integradores europeos de los cuales habían nacido la Alemania unificada de Bismarck y la Italia unificada de los Saboya, sino respecto a la organización de la cual recibió inspiración, Action Française, cuyos orígenes se remontan a la fundación de la revista del mismo nombre en 1908.

Para estas fechas, ya hacía un buen rato que los nacionalismos europeos de sentido integrador, el italiano y el alemán, se habían transformado nada menos que en  nacionalismos de expansión, implementados a través de los Fasci di Combattimento y del Deutsche National Social Arbeitar Partei, o sea el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Quizá en esto haya que encontrar las diferencias radicales entre los nacionalismos españoles o expañoles, y los nacionalismos históricos europeos.  


martes, 1 de diciembre de 2009

Reflexiones Incorrectas

La necesidad de encarnar las enseñanzas de Cristo ha provocado centenares de interrogantes a las que el cristianismo ha tenido que dar respuesta. Muchas de éstas   terminaron por ser incorporadas al acerbo de lo que, por renuncia a referencias más altas que las de los puntos cardinales,  se ha dado en llamar Civilización Occidental. Así  sucede con el principio de la igualdad de naturaleza de todos los hombres.

La idea de la igualdad de naturaleza de los seres humanos como criaturas del Creador presidió la primera expansión europea que fue la llevada a cabo por las  coronas de España y Portugal, consiguiendo restar ferocidad al choque de civilizaciones dispares y al empuje avasallador de los intereses comerciales  a que dio lugar el descubrimiento y exploración del continente americano y favoreciendo el inicio del  mayor proceso de transculturación y de mestización llevado a cabo en tiempos históricos.

El principio de la igualdad de los hombres como hijos de Dios, quedó reflejada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos: “all men are created equal, that they are endowed by their creador whith certain inalienable Rights…” Pero, paradójicamente, vino a quedar en entredicho ante las nuevas propuestas de las ciencias naturales de la Ilustración.

En efecto, en el primer intento taxonómico llevado a cabo por la Ilustración, ni el salvaje -homo ferus- ni el pigmeo -homo nanus- pertenecían a la especie homo sapiens Fueron así excluidos de la condición humana por  salvajes, los indios selváticos y los indios pampeanos de Suramérica,  los Pieles Rojas de Norteamérica y los negros africanos. Igualmente quedaron fuera de la condición humana, por el hecho de ser  enanos, los indios “chiquitos” de Suramérica, los bosquimanos retacos del continente negro y  los pigmeos  del  sureste asiático

Y fue la mentalidad científica Ilustrada, con su corolario de desigualdades innatas, la que presidió la Conquista del Oeste, el sometimiento de Africa, la guerra de exterminio de los “positivistas” mexicanos contra los indios de la pimería y de los gauchos y el gobierno argentino contra los nómadas de las Pampas.

Porque va y resulta que, al contrario de lo que se dice, la ciencia no es por sí misma inocente, ni ha favorecido el comportamiento inocente de los hombres que hicieron de la Razón su guía exclusiva. Pareciera que, para que el hombre racionalista se comporte malévolamente, basta que se le dé una doctrina científica que lo justifique y lo impulse a ello. Ni la ciencia ni el racionalismo están excluídas, per se, de obrar el mal.