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martes, 15 de marzo de 2011

Memoria Histórica

Repaso una colección de “L¨Illustration, journal hebdomadaire universel” que se edita en París. Corre el año de 1939 .Hay amplios reportajes de actualidad.

En Rouen, se conmemora la muerte en la hoguera de “la Pucelle dÖrleans”. Asisten el gobierno en pleno y el cuerpo diplomático. Hay ofrenda de flores en el lugar del Sena donde fueron arrojados los restos chamuscados de la heroína. Europa duerme reclinada todavía en el cojín de la historia.

El nuevo papa Pío XII, toma posesión solemne de la Basílica de San Juan de Letrán, sede del Obispado de Roma. Resuena impresionante el himno “Ecce Sacerdos Magnus”. En Madrid, los Nacionales festejan su Victoria con un brillante alarde militar. Europa aplaude al triunfador que ha impedido a Moscú establecer una cabeza de puente en el Mediterráneo Occidental. La revista, curiosamente, no destaca la foto de Franco, sino la de Queipo de Llano que aparece junto al Mariscal Petain, el intocable héroe de Verdún. Europa ha puesto, sobre el cojín en que reclina su sueño, los laureles de la Guerra del Catorce envueltos en la funda del miedo a los bolcheviques.

Y va de ferias. El rey Leopoldo III y la reina Astrid inauguran en Lieja la Feria Internacional dedicada –parece un tema de hoy-, a la Tecnología del Agua. Al otro lado del mar, en la Feria Internacional de San Francisco, la gigantesca fachada del Pabellón del Pacífico exhibe en relieve los apellidos de los descubridores y exploradores de aquél océano: Drake, Cortés, Behring, Vizcaíno, Quino y Portolá. Salvo Drake, inglés, y Behring, danés al servicio de Rusia, los demás son españoles. Son descubridores todos los que están, pero no están todos los que son.

Los británicos publican un Libro Blanco sobre Palestina. Favorecen a los árabes obstaculizando el asentamiento de judíos, que quedan acorralados en Europa. Hay disturbios sionistas en Jerusalem, Jaifa y Tel Aviv. Los árabes palestinos, con el poyo de Egipto, Arabia Saudita y el Irak, tampoco se dan por satisfechos. Britannia, que sueña con la paz, reprime las manifestaciones a tiro limpio. Corre el año de 1939 y Europa bosteza pensando que el problema no es suyo.

Mussolini declara que el pacto de amistad entre Italia y Alemania es garantía de paz para el continente y el mundo. Otros políticos hacen lo mismo. Encima de dormir, Europa miente.

Pero a quienes duermen y a los mentirosos se les escapa la realidad. Corre el año de 1939. Pronto estallará la II Guerra mundial y nadie podrá huir de la ira que lo amenaza.

martes, 1 de marzo de 2011

La Gran Algara

Una gran algara agita la rivera africana del Mediterráneo. Y la alusión geográfica no es suficiente. Estamos ante una realidad que representa mucho más de lo que se puede abarcar a primera vista.Y como puede que a causa de la algara se produzca un alud humano hacia Europa, conviene darse por enterado de que ese “mucho más” incluye hábitos sociales y personales, actitudes ante la vida y ante la historia, formas de apreciar el valor de los acontecimientos y de plantearse el ejercicio del poder, la legitimación de la autoridad política y la organización de la sociedad misma. Son diferencias fundamentales que a su vez se ramifican en una inextricable red de divergencias que repercutirán en la convivencia diaria. Recurrir a la igualdad de naturaleza de la especie humana, no deja en este caso zanjada la cuestión, porque son precisamente las diferencias las que dan a cada problema, a cada incógnita y a cada esperanza su perfil propio y sus posibilidades de solución.

Pero evitemos ser cenizos y supongamos que el dinero saudí, kuwaití y dubaití cumpla su cometido igual que los esfuerzos del Mossad y los Servicios secretos franceses y americanos. Veremos entonces cómo será Egipto el que primero encuentre su camino bajo la guía de sus Fuerzas Armadas y su activa clase media ligada al turismo y al comercio. En su búsqueda de estabilidad contará el país del Nilo con el apoyo declarado de los Estados Unidos y de los Emiratos y con el favor encubierto de Israel. La oposición surgirá, seguramente, del mundo universitario, influído por el radicalismo islamista. En Egipto, sin embargo, no hay razones para descartar un magnicidio que venga a emborronar cuentas que se suponían claras.

En Libia, con el poder en la calle -expresión eufemística para referirse a la anarquía-, los Emires del Golfo y del petróleo, a los cuales molestaba la pintoresca disidencia de Gadaffi, propiciarán la vuelta de la monarquía, que representa la legitimidad islámica ostentada por ellos en la Arabia de la plutocracia petrolera.

La monarquía alauita de Marruecos saldrá de la crisis fortalecida en su posición de primer aliado de los Estados Unidos en el Estrecho de Gibraltar y guardián de la costa Atlántica hasta la frontera con Mauritania. A Argelia se le dejará hacer mientras no ensangriente demasiado las sábanas y Túnez será reconducida a las puertas del paraíso turístico que está llamado a ser de mano de empresarios franceses y alemanes. Y si todos o algunos de esos países, vomitan con más fuerzas a sus poblaciones, el problema en todo caso no será para los países que los vomitan, sino para los que los reciben en sus fronteras.

Víctimas

En una sociedad que rechaza todo mandamiento que no provenga de consenso verdadero o simulado, la aniquilación violenta de vidas humanas, que antes se llamaba asesinato, es perfectamente aceptable siempre que se encuadre en el marco de una estrategia racional de optimización de resultados. Aquí reside el fundamento de todas las acciones concertadas que consideran la supresión de vidas como medio coadyuvante para hacer realidad los dictados de las ideologías o para conseguir propósitos sociales o políticos no asequibles fácilmente por vías menos despiadadas.

Los victimarios se benefician de la fuerza encerrada -como en las espirales de un resorte bajo tensión- en el mecanismo psicológico del “chivo expiatorio”.Aparte de brindar a las conciencias no cultivadas un pretexto para prescindir de todo escrúpulo en la eliminación de sus víctimas, dicho mecanismo encauza hacia un propósito colectivo los flujos de agresividad y resentimiento que dificultarían la convivencia si fueran abandonados a su propia deriva. Y eso conviene a los políticos. Aquí ha de buscarse también la base de la actitud suficiente y altanera que tantos verdugos voluntarios muestran frente a sus víctimas o a los deudos de ellas: simple y llanamente, se consideran autores imprescindibles de un encarnizamiento necesario y provechoso.

A este tipo de violencia se la conoce (René Girard) con el nombre de “violencia fundadora” porque a través de ella se pretende fundar nuevas y prometedoras realidades. El poder de dicha violencia no nace sólo de la destrucción y muerte que siembra con sus acciones, sino de su proclividad para la latencia expectante que la mantiene viva, pero oculta y escondida en tanto que no se descargue la tensión del resorte o muelle del que, por modo de analogía, hemos hablado líneas atrás.

Las ciencias presentan a la “violencia fundadora” como impulso atávico proveniente del cerebro de reptil. Queda así sustraída del campo de la moral –y, por lo tanto, de la voluntad- para ser incluída en los dominios de la etología que la sumerge en la ciénaga de la fatalidad psicobiológica. Esto favorece que los que ofician de sacrificantes o de verdugos -use vuestra merced la expresión que mejor le cuadre- , se perciban a sí mismo como interlocutores necesarios y la sociedad termine entendiéndolos como tales. Pero lo importante aquí no es la interlocución, sino la tensión que permanece enroscada en el resorte como la serpiente sobre el hacha. En cuanto a la responsabilidad de los hechores, seamos crudamente realistas: fuera de las víctimas, nadie la echa en falta, no está de moda. Sólo se trata de optimizar los resultados.