Repaso una colección de “L¨Illustration, journal hebdomadaire universel” que se edita en París. Corre el año de 1939 .Hay amplios reportajes de actualidad.
En Rouen, se conmemora la muerte en la hoguera de “la Pucelle dÖrleans”. Asisten el gobierno en pleno y el cuerpo diplomático. Hay ofrenda de flores en el lugar del Sena donde fueron arrojados los restos chamuscados de la heroína. Europa duerme reclinada todavía en el cojín de la historia.
El nuevo papa Pío XII, toma posesión solemne de la Basílica de San Juan de Letrán, sede del Obispado de Roma. Resuena impresionante el himno “Ecce Sacerdos Magnus”. En Madrid, los Nacionales festejan su Victoria con un brillante alarde militar. Europa aplaude al triunfador que ha impedido a Moscú establecer una cabeza de puente en el Mediterráneo Occidental. La revista, curiosamente, no destaca la foto de Franco, sino la de Queipo de Llano que aparece junto al Mariscal Petain, el intocable héroe de Verdún. Europa ha puesto, sobre el cojín en que reclina su sueño, los laureles de la Guerra del Catorce envueltos en la funda del miedo a los bolcheviques.
Y va de ferias. El rey Leopoldo III y la reina Astrid inauguran en Lieja la Feria Internacional dedicada –parece un tema de hoy-, a la Tecnología del Agua. Al otro lado del mar, en la Feria Internacional de San Francisco, la gigantesca fachada del Pabellón del Pacífico exhibe en relieve los apellidos de los descubridores y exploradores de aquél océano: Drake, Cortés, Behring, Vizcaíno, Quino y Portolá. Salvo Drake, inglés, y Behring, danés al servicio de Rusia, los demás son españoles. Son descubridores todos los que están, pero no están todos los que son.
Los británicos publican un Libro Blanco sobre Palestina. Favorecen a los árabes obstaculizando el asentamiento de judíos, que quedan acorralados en Europa. Hay disturbios sionistas en Jerusalem, Jaifa y Tel Aviv. Los árabes palestinos, con el poyo de Egipto, Arabia Saudita y el Irak, tampoco se dan por satisfechos. Britannia, que sueña con la paz, reprime las manifestaciones a tiro limpio. Corre el año de 1939 y Europa bosteza pensando que el problema no es suyo.
Mussolini declara que el pacto de amistad entre Italia y Alemania es garantía de paz para el continente y el mundo. Otros políticos hacen lo mismo. Encima de dormir, Europa miente.
Pero a quienes duermen y a los mentirosos se les escapa la realidad. Corre el año de 1939. Pronto estallará la II Guerra mundial y nadie podrá huir de la ira que lo amenaza.
En Rouen, se conmemora la muerte en la hoguera de “la Pucelle dÖrleans”. Asisten el gobierno en pleno y el cuerpo diplomático. Hay ofrenda de flores en el lugar del Sena donde fueron arrojados los restos chamuscados de la heroína. Europa duerme reclinada todavía en el cojín de la historia.
El nuevo papa Pío XII, toma posesión solemne de la Basílica de San Juan de Letrán, sede del Obispado de Roma. Resuena impresionante el himno “Ecce Sacerdos Magnus”. En Madrid, los Nacionales festejan su Victoria con un brillante alarde militar. Europa aplaude al triunfador que ha impedido a Moscú establecer una cabeza de puente en el Mediterráneo Occidental. La revista, curiosamente, no destaca la foto de Franco, sino la de Queipo de Llano que aparece junto al Mariscal Petain, el intocable héroe de Verdún. Europa ha puesto, sobre el cojín en que reclina su sueño, los laureles de la Guerra del Catorce envueltos en la funda del miedo a los bolcheviques.
Y va de ferias. El rey Leopoldo III y la reina Astrid inauguran en Lieja la Feria Internacional dedicada –parece un tema de hoy-, a la Tecnología del Agua. Al otro lado del mar, en la Feria Internacional de San Francisco, la gigantesca fachada del Pabellón del Pacífico exhibe en relieve los apellidos de los descubridores y exploradores de aquél océano: Drake, Cortés, Behring, Vizcaíno, Quino y Portolá. Salvo Drake, inglés, y Behring, danés al servicio de Rusia, los demás son españoles. Son descubridores todos los que están, pero no están todos los que son.
Los británicos publican un Libro Blanco sobre Palestina. Favorecen a los árabes obstaculizando el asentamiento de judíos, que quedan acorralados en Europa. Hay disturbios sionistas en Jerusalem, Jaifa y Tel Aviv. Los árabes palestinos, con el poyo de Egipto, Arabia Saudita y el Irak, tampoco se dan por satisfechos. Britannia, que sueña con la paz, reprime las manifestaciones a tiro limpio. Corre el año de 1939 y Europa bosteza pensando que el problema no es suyo.
Mussolini declara que el pacto de amistad entre Italia y Alemania es garantía de paz para el continente y el mundo. Otros políticos hacen lo mismo. Encima de dormir, Europa miente.
Pero a quienes duermen y a los mentirosos se les escapa la realidad. Corre el año de 1939. Pronto estallará la II Guerra mundial y nadie podrá huir de la ira que lo amenaza.
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