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lunes, 31 de marzo de 2014

La magnanimidad de una coma

En la revista Glamour México del mes de Marzo, sale publicada una entrevista por Elsa López a Andrés Bustamante. La verdad es que no leí la entrevista porque me dió una pereza mortal nada más empezarla, pero llamó mi atención una nota separada en lo alto de la página en la que citando al entrevistado, decía textualmente ¨Mi papá era pacifista, estuvo en la Guerra Civil Española del lado republicano, por lo que odiaba la violencia. De Navidad me dio un disfraz de El llanero solitario...¡sin pistola!¨

Tras leerlo y releerlo, no acabé de entender si lo que quiso decir Bustamante fué semejante incoherencia, o simplemente fué un error de interpretación de la periodista. Lo que se entiende tal como está escrito es que su padre era pacifista y odiaba la violencia y que por esa razón estaba del lado republicano. Un comentario pueril. No se le ocurre decir semejante tontería ni al que asó la manteca. Les aseguro que en la Guerra Civil Española, tanto en el bando nacional como en el republicano, había gente mala y gente buena, soldados de profesión y reclutados de última hora, sobre todo mucha gente de familia que lo último que quería era agarrar un rifle y disparar. Si hablamos de pacifistas que lucharon en la guerra, puedo decir que mi abuelo José Múgica, que salió con el frente  Carlista de Pamplona (los Requetés), también era pacifista, es más, arriesgó su vida en diversas ocasiones para salvar a soldados del ¨otro bando¨. Como cuando dejó escapar a aquellos republicanos que trataban de cruzar los pirineos huyendo a Francia, o como aquella vez en Pamplona cuando, viendo como se llevaban a fusilar un camión lleno de republicanos ordenó abrirlo y dejar libres a todos asumiendo total responsabilidad por tal decisión.  Uno de esos que huyeron en aquella ocasión me paró en la calle decadas después explicándome quién era y que había sucedido.

Esta semana ha fallecido Adolfo Suarez, uno de los constructores de la democracia en España, una España en la que todos tenían cabida, en la que comunistas y socialistas tenían de nuevo su lugar en el congreso. A ver cuando nos enteramos que en ambos bandos hubo buenos y malos, que en ambos bandos  hubo seres humanos que a veces luchaban por circunstancias ajenas a ellos, y que en todos lados existen canallas asesinos que disfrutan sintiéndose superiores aterrorizando y controlando a su ¨enemigo¨. No hay nada que justifique la violencia y menos una guerra. Todo el mundo al final tiene un padre, una madre, hermanos, hijos, tíos, ilusiones, sueños. Así que por favor, pensemos en como manifestamos nuestros pensamientos, porque en este caso parece que sólo se podía ser pacifista si se era republicano. Y si se trató más bien de una interpretación de la periodista, que le puedo decir...que se acuerde del emperador Carlos V, que a punto de firmar una condena a muerte que decía: ¨Perdón imposible, que lo condenen¨ movido por un arranque de magnanimidad, cambió el destino del reo con una sola coma: ¨Perdón, imposible que lo condenen¨.

Tessa Chavarría Múgica

martes, 11 de marzo de 2014

El encuentro

Unos rayos de sol atenuados por el gris plomo del cielo entraban por el escaparate. El olor penetrante a papel, polvo y recinto cerrado me transportó en unos segundos al umbral de los recuerdos. Al fondo se oía la voz del librero, clara, sin eco, en medio de un silencio de algún modo sagrado. Con mis manos en los bolsillos, intenté moverme cautelosamente. Temía mojar los libros que se acumulaban a mi alrededor en el suelo formando columnas.
Me había refugiado en aquella librería de viejo huyendo de una de esas tormentas primaverales de Madrid. Mis lentos y calculados pasos se acercaron al fondo de la tienda, donde un cartel anunciaba la sección de filosofía y religión. Un libro pequeñito, como de un palmo de alto, con las cubiertas de piel color burdeos y con un título grabado en dorado, me llamó la atención. Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido”. Lo tomé entre mis manos y acariciándolo abrí la primera página. El corazón me dió un vuelco al ver un ex libris sellado en tinta negra.  Abracé el libro y ya en la caja mientras el librero buscaba el precio apuntado cuidadosamente a lápiz en la contraportada, leyó en voz alta la frase que contenía el ex libris: ¨ETIAMSI OMNES, EGO NON¨. Sonriendo conmovida respondí ¨ “AUNQUE TODOS SI, YO NO”  este libro era de mi padre” y me perdí bajo las nubes grises de aquella tarde en Madrid, sabiendo que una vez más mi padre me había salido al encuentro.
Tessa Mugica

La edad de los porqués

Dicen los expertos que a los cuatro años realizamos preguntas por el simple gusto de escucharnos y de divertirnos interactuando con el entorno. Para el niño es un pasatiempo, a esa edad en realidad todavía no se buscan respuestas. El niño que pregunta es un niño sano y cómo reaccione su entorno a ese juego de preguntar será clave para su vida de adulto.


Yo fuí una niña poco o nada preguntona, más bien era observadora, ocurrente, rebelde y contestona. Según me han dicho siempre, tenía salidas de aquí te espero marinero, lo que significa que o no percibí en mi entorno un espacio en el que mis preguntas fueran acogidas, o era rarita, rarita, rarita. Lo más probable es que sea una combinación de las dos teorías, porque en realidad la edad de los por qués me está llegando un poco tarde. Verán, desde hace unos meses observo el mundo y su gente sentada en un gran punto interrogativo. No lo hago a propósito, simplemente surgió un día y rápidamente, como una cascada, las preguntas se han ido acumulando una tras otra ante mis ojos. Lo curioso es que al formularlas, reconozco la respuesta que implícitamente se esconde en cada una de ellas. Es como si la respuesta fuera la propia pregunta, ésta se deja ver y una vez descifrada cual acertijo se desvanece para aparecer la siguiente...¿Por qué llamamos ?experiencias? a lo que sencillamente fueron errores?, ¿Por qué decimos tener su punto de vista de las cosas si luego seguimos siempre el de alguien más?, ¿Por qué nos preocupamos tanto del ecologismo y luego nos conmovemos y comprometemos más por un perro maltratado que por un feto humano?, ¿Por qué nos engañamos llamando amor a lo que ha sido un calentón?, ¿Por qué no admitimos que en realidad todo se reduce a nuestra búsqueda de ser amado y aceptado incondicionalmente?, ¿Por qué nuestras acciones más heróicas las hacemos siempre llenos de duda y miedo?, ¿Por qué nos empeñamos en querer amar lo que y a quien no conocemos y en criticar y despreciar lo que nos está próximo?, ¿Por qué idealizamos a los santos, que tienen un pasado y culpamos a los ?pecadores? que si algo tienen es un futuro lleno de posibilidades de mejorar?, ¿Por qué nos empeñamos en saber cosas inútiles, e ignorar las importantes?, ¿Por qué nacemos sinceros y morimos mentirosos?, ¿Por qué nos empeñamos en salir por una puerta diferente a la que entramos?, ¿Por qué en vez de hablar de la vida de otros los juzgamos?, ¿Por qué esperamos que llegue la felicidad como si ésta fuera un destino que nos merecemos, en vez de decidir ser felices aunque no nos lo merezcamos?, ¿Por qué a pesar de mirarnos tanto al espejo no nos vemos?,

¿Por qué si ni siquiera conocemos a la persona con la que más tiempo hemos convivido (nosotros mismos) nos empeñamos en dar por hecho que conocemos a los demás?, ¿Por qué tenemos lo que creemos ser y somos lo que creemos tener?, ¿Por qué los sabios escuchan y los ignorantes gritamos?, ¿Por qué nos pasamos el día whatsappeando a nuestro amor y cuando lo tenemos en frente whatsappeamos a los amigos?, ¿Por qué damos nuestra palabra cuando la mejor manera de mantenerla es no darla?, ¿Por qué preguntamos el por qué de las cosas cuando toda pregunta contiene ya la respuesta?,¿Por qué en vez de premiar con ?like? en facebook y castigar ignorando el post, no tenemos el valor de admitir que estamos celosos o que ese amigo nos averguenza?, ¿Por qué hay gente que nunca da ¨like¨ en facebook, pero luego está enterada de todo lo que uno postea?

¿Por qué los que más dinero tienen en proporción son los menos desprendidos?, ¿Por qué los americanos se admiran a sí mismos, los mexicanos admiran a los extranjeros y los españoles a los inútiles? y sigue y sigue el elenco de preguntas.


Y digo yo,¿No será que el problema de esta sociedad tan caprichosa, insensata y engreída que formamos todos nosotros, es que ya no nos preguntamos nada porque creemos poseer todas las respuestas, además de creer que todas las respuestas son válidas?.  No será que necesitamos simplemente hacernos más preguntas y quedarnos ahí, en la pregunta, meditándola sin tratar de obtener respuestas hasta que éstas como una visión se dejen ver tras el punto interrogativo?
Tessa Mugica

lunes, 3 de marzo de 2014

Una Zumba y tres lecciones de Humildad

Diario de Toluca. Teresa Chavarría
Lo confieso, a pesar de ser una persona tenaz, trabajadora y hasta terca cuando me propongo algo, en lo que a deporte se refiere no tengo nada que hacer.  Lo que pasa es que por defecto profesional (soy diseñadora de interiores) busco belleza y harmonía siempre en todo lo que hago y me rodea, y ésto, queridos amigos, es complicado cuando uno hace ejercicio. Qué les puedo decir; desde la ropa deportiva al sudor, el pelo espachurrado y sucio, el olor rancio a humanidad del gimnasio, sin contar con las posturas propias y ajenas que uno tiene que hacer y/o aguantar en plan exhibicionista, no hay un solo elemento del deporte que me atraiga para ejercerlo, y a pesar de ello, consciente de que una debe de superarse, he peregrinado por todo tipo de clases y deportes incluyendo aerobic, yoga, natación, boxeo y aparatos, sin persistir en ninguno.

Como todo el mundo, mi propósito del nuevo año fue ponerme en forma apuntándome a alguna clase que me motivara lo suficiente como para no darme de baja a las dos semanas.

Decidida, me dirigí al gimnasio YMCA que hay cerca de mi casa en Dallas (YMCA es un gimnasio semipúblico que hay en todos los barrios en Estados Unidos y que ofrece infinidad de clases e instalaciones fantásticas a un precio irisorrio). Enseguida llamó mi atención la clase de Zumba. Me explicaron que consistía en una hora de baile latino y me entusiasmé. Con lo que me gusta bailar y lo bien que se me da, voy a ser el hit” pensé, y me apunté.

El primer día de clase me enfundé en mis spandex horripilantes, esos que no solo no favorezcen, sino que más bien desfavorecen, y me planté segura de dejar tumbadas en dos minutos con mis movimientos latinos a todas las señoras.

Imaginen la escena; ante mí un espejo enorme, la maestra (una gringuita de unos 50 años, rubia, con sonrisa Colgate y su micrófono en la cabeza a lo Madonna, enfundada en pants rosa fuerte), mis compañeras de clase (la mayoría de unos cincuenta años),  y yo en segunda fila, dispuesta a demostrar cómo se debe de bailar el merengue.

En esto, una viejita-viejita-requete viejita de unos noventa, apareció por la puerta vestida con un coordinado de terciopelo negro y con un turbante blanco cubriendo su cabeza. Con toda parsimonia se colocó a la derecha de la entrenadora.

Después de un breve saludo, empezó la música y con ella la coreografía.  Obervé totalmente desorientada que toda la clase ya se la sabía y seguían a la perfección sus movimientos. Mi orgullo empezaba a sentirse herido al tratar de seguir con gran torpeza los pasos, cuando entre tropiezo y tropiezo me percaté de que la viejita seguía tranquilamente la clase, eso sí a su ritmo. Su dignidad y humildad me impresionaron. ?Qué gran ejemplo”, me dije, ?si ella está aquí haciendo lo que puede, tú, por narices puedes”.

Media hora después y a ritmo de Chayanne,  creía que me moría. Me encontraba en uno de esos momentos clásicos del anti deportista en el que estás literalmente bañado en sudor, en el que el rojo de tu cara  se asemeja a una erupción cutánea, en el que ya te da igual como te ves, en el que lo único importante es sobrevivir y no haces más que mirar el reloj cada dos segundos y te infartas al darte cuenta de que todavía queda media hora, mientras la gente a tu alrededor sigue en movimiento como si nada.

Para cuando llegó David Bisbal con su marchosa  ?Ave María, cuando serás mía”,  mi mente ya repetía a modo de mantra ?Todo está en la mente, tú puedes Tessa, tú puedes” mientras, una gringa daba un grito a lo mariachi tejano: Yiiiiiiiiihaaaaa”.

 Tan ensímismada estaba yo en mi mantra, que no me di cuenta de que la viejita se había retirado. Entre el alborozo, la música de Shakira, el movimiento de caderas de mis compañeras, y el bunga bunga de la música que ahora oía lejano como si estuviera en otro planeta, dejé de bailar en medio de la multitud. Una vez más, imitando la sabia acción, esta vez de retirada, de la viejita me dije: ?si ella puede, yo también?.

Observé los últimos diez minutos de mi primera clase de Zumba sentada al fondo de la sala abrazada a una toalla, recuperando el poco aliento que me quedaba, y mientras observaba el ritmo vertiginoso del grupo, pensaba en las tres lecciones de humildad que  me llevaba de una sola clase de Zumba: La primera, nunca des por hecho que eres bueno en algo, siempre hay gente que te supera. La segunda, ten el valor de superar la idea de que no eres el mejor y comienza de todas formas, porque los inicios, aunque mediocres,  siempre te llevan a algo nuevo. La tercera, es de sabios y humildes saber retirarse a tiempo.

 Al día siguiente regresé a mi clase de Zumba. En lugar de la entrenadora de la sonrisa Colgate me encontré a una nueva, un híbrido entre Britney Spears y Godzilla. Empezó la música y observé que ya no tenía necesidad de probar nada, que era de las malonas de la clase a pesar de ser la única latina, que mi conquista consistía en haber ido y en persistir, y que estaba bien simplemente disfrutar del baile a mi ritmo, enfundada en mis pants nuevos rosa fuerte que eso sí, tanto me desfavorecen.