Oiga vuestra merced, Don Diablo, dicen por ahí que el río baja revuelto y que se revolverá aún más. ¿Qué puede pasar?
- No soy ningún profeta; y como diablo manejo información privilegiada que no puedo compartir con nadie. Pero como sé más cosas por viejo que por diablo, si se me consulta en calidad de viejo, puedo dar sin el menor reparo un consejo práctico: prepare vuestra merced las redes o la caña de pescar. No eche en saco roto el viejo refrán “a río revuelto ganancia de pescadores.”
- Pero, ¿cómo ir a echar las redes al Mar Rojo que está infectado de piratas?
-Vayamos por partes. ¿Por qué ese tono despectivo al referirse al Mar Rojo? ¿O es que le quiere echar la culpa a la izquierda? Recuerde la canción aquella: “El mar y el cielo se ven igual de azules y en la distancia parece que se unen…” Así que menos indirectas. Recuérdelo de una vez y para siempre: el mar es siempre azul, como lo fue el franquismo, el falangismo, las Hijas de María y lo es el Cordon Blue. Y según Juan Ramón Jiménez, poeta de Moguer, azul es el color del Innombrable. En cuanto a los piratas, plegue a mi señor Belcebú que encuentren refugio, humanitario por supuesto, en el Reino de las Diecisiete Repúblicas, donde estarán muy a gusto con tantos ejercitantes de esa misma industria. Además, no hay por qué ir de pesca al mar de los piratas. Otros mares hay infectados, bien que de contaminantes químicos; y en el sudeste asiático abundan las piscifactorías donde se cría el panga, pescado que por barato se considera apto para llenar la andorga de los niños en las escuelas públicas. Sin contar con los riquísimos caldos radioactivos de Fukushima que, con tiempo y una caña de pescar, acaso nos sorprendan con una excelente merluza mutante de seis colas, digna rival del pollo seis pechugas de Chernobil o del fabuloso pichón de cuatro patas, que tuve la fortuna de saborear en la ciudad de Kremenschug durante el festín organizado con dinero público por una autonosuya de esas dispuestas a abrir mercados y a ensanchar estómagos valiéndose de esa poderosa ganzúa que es una buena pitanza.
- ¡Pero todos estos productos de la contranaturaleza tienen efectos teratógenos!
-¿Y que le va a vuestra merced en eso? Al cabo, de algo teneis que morir vosotros los seres humanos. Y morir comiendo no es una mala elección, habiendo por ahí tanto muerto de hambre que jamás podrá ser contado entre las ahítas víctimas de las Food Borne Diseases (FBD), que en román paladino vale tanto Enfermedades de Transmisión Alimentaria, (abreviadamente ETA), que suena a otra cosa que también es mortal.