Una gran algara agita la rivera africana del Mediterráneo. Y la alusión geográfica no es suficiente. Estamos ante una realidad que representa mucho más de lo que se puede abarcar a primera vista.Y como puede que a causa de la algara se produzca un alud humano hacia Europa, conviene darse por enterado de que ese “mucho más” incluye hábitos sociales y personales, actitudes ante la vida y ante la historia, formas de apreciar el valor de los acontecimientos y de plantearse el ejercicio del poder, la legitimación de la autoridad política y la organización de la sociedad misma. Son diferencias fundamentales que a su vez se ramifican en una inextricable red de divergencias que repercutirán en la convivencia diaria. Recurrir a la igualdad de naturaleza de la especie humana, no deja en este caso zanjada la cuestión, porque son precisamente las diferencias las que dan a cada problema, a cada incógnita y a cada esperanza su perfil propio y sus posibilidades de solución.
Pero evitemos ser cenizos y supongamos que el dinero saudí, kuwaití y dubaití cumpla su cometido igual que los esfuerzos del Mossad y los Servicios secretos franceses y americanos. Veremos entonces cómo será Egipto el que primero encuentre su camino bajo la guía de sus Fuerzas Armadas y su activa clase media ligada al turismo y al comercio. En su búsqueda de estabilidad contará el país del Nilo con el apoyo declarado de los Estados Unidos y de los Emiratos y con el favor encubierto de Israel. La oposición surgirá, seguramente, del mundo universitario, influído por el radicalismo islamista. En Egipto, sin embargo, no hay razones para descartar un magnicidio que venga a emborronar cuentas que se suponían claras.
En Libia, con el poder en la calle -expresión eufemística para referirse a la anarquía-, los Emires del Golfo y del petróleo, a los cuales molestaba la pintoresca disidencia de Gadaffi, propiciarán la vuelta de la monarquía, que representa la legitimidad islámica ostentada por ellos en la Arabia de la plutocracia petrolera.
La monarquía alauita de Marruecos saldrá de la crisis fortalecida en su posición de primer aliado de los Estados Unidos en el Estrecho de Gibraltar y guardián de la costa Atlántica hasta la frontera con Mauritania. A Argelia se le dejará hacer mientras no ensangriente demasiado las sábanas y Túnez será reconducida a las puertas del paraíso turístico que está llamado a ser de mano de empresarios franceses y alemanes. Y si todos o algunos de esos países, vomitan con más fuerzas a sus poblaciones, el problema en todo caso no será para los países que los vomitan, sino para los que los reciben en sus fronteras.
Pero evitemos ser cenizos y supongamos que el dinero saudí, kuwaití y dubaití cumpla su cometido igual que los esfuerzos del Mossad y los Servicios secretos franceses y americanos. Veremos entonces cómo será Egipto el que primero encuentre su camino bajo la guía de sus Fuerzas Armadas y su activa clase media ligada al turismo y al comercio. En su búsqueda de estabilidad contará el país del Nilo con el apoyo declarado de los Estados Unidos y de los Emiratos y con el favor encubierto de Israel. La oposición surgirá, seguramente, del mundo universitario, influído por el radicalismo islamista. En Egipto, sin embargo, no hay razones para descartar un magnicidio que venga a emborronar cuentas que se suponían claras.
En Libia, con el poder en la calle -expresión eufemística para referirse a la anarquía-, los Emires del Golfo y del petróleo, a los cuales molestaba la pintoresca disidencia de Gadaffi, propiciarán la vuelta de la monarquía, que representa la legitimidad islámica ostentada por ellos en la Arabia de la plutocracia petrolera.
La monarquía alauita de Marruecos saldrá de la crisis fortalecida en su posición de primer aliado de los Estados Unidos en el Estrecho de Gibraltar y guardián de la costa Atlántica hasta la frontera con Mauritania. A Argelia se le dejará hacer mientras no ensangriente demasiado las sábanas y Túnez será reconducida a las puertas del paraíso turístico que está llamado a ser de mano de empresarios franceses y alemanes. Y si todos o algunos de esos países, vomitan con más fuerzas a sus poblaciones, el problema en todo caso no será para los países que los vomitan, sino para los que los reciben en sus fronteras.
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