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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Piratas

Los piratas nunca  han intentado pescar. No les vale la pena la continuidad del esfuerzo. La ingesta de “khat”, que entra en sus costumbres diarias, no sólo les excita la libido sino que les quita las ganas de comer.

Y es la pobreza la que los  empuja a la piratería, según dicen los expertos del  humanismo internacionalista. No comulgo con tamaña simpleza. Los piratas  piratean por la cuenta que les trae. Ya se sabe que  “ni en la tierra ni en el mar hay negocio mas redondo que el robar”. Y más si se dan las siguientes circunstancias. Una: que el instrumental para el delito se haya recibido de regalo, como es el caso. Dos: que las víctimas estén aisladas e indefensas, como es el caso. Tres: que los hechores den por seguro que su acción les va a salir de rositas, como es el caso.

Los piratas –los once que permanecen a bordo, mas el conjunto de los que en tierra “hacen” de autoridades y de mediadores -  dan pena al personal de las oenegés porque algunos no llevan calzoncillos debajo de sus pantalones y se atan con cuerdas las gastadas botas. Pero las armas que portan – herencia soviética de los antiguos Frentes de libración Nacional- son perfectamente adecuadas a sus tropelías. Se trata de armas sencillas, que casi no necesitan mantenimiento; los entendidos dicen que las podría manejar  un chimpancé.

En este ambiente tienen que trapichear los representantes de España para salvar a  los rehenes.¡Muy bueno lo suyo! Lo que descompone el cuadro es que hasta el momento la suerte de los secuestrados depende de los piratas, no de las habladas de la ministra Carma Chacón ni de los apuros del diplomático Sr. Moratinos, el de las dilatadas   argucias. Y ahora los piratas se aprovechan de una ventaja más: la de contar con la simpática figura del “menor” Abdu Willy  (en realidad Addulla Ualí) creada en Madrid por los medios españoles. Pero, amigo: a lo largo de la crisis provocada por el cautiverio del Alakrana han salido de bocas oficiales algunas lindezas: las fuerzas armadas no están autorizadas a defender los barcos directamente: la seguridad, para quien se la pague. Los pescadores, con sus atrevidas singladuras tras los peces, son los que han provocado esta situación. Caer en manos de piratas es un riesgo que han de asumir los pescadores y los armadores. Se conoce –pienso yo- que por encima de todo el gobierno del Reino de las Diecisiete República  se propone garantizar los derechos humanos de los piratas. Pero¿y los pescadores secuestrados?

Un ruego: periodistas, cuando los cautivos sean liberados no les pregunteis si han recibido buen trato. Sería de vuestra parte una muestra gratuita de cinismo y de artería. Un envío: a las mujeres y familiares de los cautivos, mi respeto y mi apoyo. Quiero estar en la misma ribera, en la misma espera y con la misma esperanza que vosotros.  

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