Se dice y se repite que no se puede vivir en democracia sin luz y taquígrafos, elementos que permiten ver las cosas y dejar constancia de lo que ha pasado. Pero como la presencia de la luz y de los taquígrafos puede inducir al ciudadano al peligroso hábito de querer comprobarlo todo, hay muchas ocasiones en que el embuste resulta rigurosamente necesario además de inevitable, para paliar los imprevisibles efectos de querer indagarlo todo.
Invito a los lectores a que se ponga las pilas y comience a hacer el recuento de las mentiras, mentirijilas, disimulos, ocultaciones y sobrentendidos que ha oído en los últimos meses y que son como los hilillos de agua que convergen hasta formar la ciénaga de lo que se puede llamar el gran embuste nacional. Y que conste que no me meto contra el gobierno como si éste fuese el único factor de todas las mentiras. Voy más bien a las actitudes generales que hacen posible que el embuste exista al por mayor y al detall.
De hecho, la abundancia del género es tal, que apenas hay que añadir algo al muestrario que nos brinda la realidad. No obstante conviene aclarar que embuste no es sencillamente “engaño o mentira grande o burda” tal como lo define nuestro diccionario, empeñado en limitar el sentido amplio que la palabra tiene. No, amigos. Embuste es el equivalente, mal pronunciado y mal escrito, de la palabra i-m-p-o-s-t-u-r-a, que significa algo mucho peor que una mentira sola.
En efecto, para elaborar una impostura, o sea un embuste en toda la regla, es preciso emitir un conjunto orquestado de mentiras.
Por su complejidad, el embuste necesita todo un tinglado mediático –tv, prensa, radio- en el que recaen las importantes funciones de repetidor incesante y de glosador interesado. La repetición es necesaria por su eficacia para suplantar a los argumentos. Y la glosa, se hace imprescindible en la construcción del mosaico de falsedades que ha de ofrecerse al ciudadano para que consienta en renunciar a sus propias ideas y se incline a aceptar como verdad lo que los muñidores y beneficiarios del embuste le presenten como versión correcta y definitiva.
Si con estos datos no puede el lector identificar un buen puñado de embustes, le prometo mi ayuda para otra ocasión. Y, si mientras tanto, el agua le llega al cuello, no piense que el país se hunde, sino está siendo víctima del cambio climático.
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