Es uno de esos pequeños museos de presupuesto escaso que recogen los sobrados de siglos de persistente devoción popular manifestada en centenares de objetos que, en días de mayor fe y de más gusto por la iconografía, llenaron iglesias y oratorios. Me refiero al Museo Diocesano de San Sebastián.
Y no voy a detenerme en los rasgos que diferencian los museos de imágenes y objetos sacros de aquellos otros que recogen colecciones de muñecos y objetos curiosos. Solo quiero atraer los ojos de los lectores sobre unas tallas pequeñas y de rústica factura que muestran a la Vírgen María retadora y ostensiblemente en estado de buena esperanza.
Pero ¿Cómo llamar a estas imágenes tan explícitas? De entre todos los nombres posibles yo me quedaría con el de imágenes “brefodélicas”, donde el término “brefos” –feto en griego- se combina con “delo” que en esa misma lengua significa mostrar a las claras, decididamente, sin ambages.
Porque estas imágenes de la Virgen María a las que me refiero, ostentan un rasgo que las distingue de otras similares: pueden abrirse para mostrar al Niño Jesús nonato, por mejor decir, al Jesús-Feto acogido al seno materno.
¿Qué motivo impulsó al escultor desconocido a labrar estas imágenes que mostraban que Jesús, por hombre verdadero, había pasado también por la situación de feto? ¿Acaso fue una serie de abortos que alarmó al vecindario aldeano? ¿O se quiso atajar un brote de la herejía que negaba la humanidad de Cristo, como hoy las decisiones ministeriales niegan la humanidad del feto? ¿Hubo acaso algún aborto singular que impresionó particularmente a los lugareños?
Me conmueven estas imágenes donde la Virgen Madre hace ostentación del “ fruto de su vientre”, como expresa el Avemaría siguiendo en esto el uso del derecho romano que equiparaba la mujer al árbol y el “nasciturus” al fruto. El derecho romano procedía por analogías y así se fue ampliando desde el primitivo Derecho quiritario hasta el Derecho universal que llegó a ser en sus días de plenitud. Y hoy, el antiguo símil del árbol que produce dulce fruto nos interpela todavía en estas misteriosas imágenes que se han atrevido a expresar juntamente la emoción sagrada de la Encarnación del Verbo y la genesíaca y triunfal alegría femenina de haber traído un nuevo ser humano al mundo.
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