La palabra chicha es de
impreciso significado. Su sentido más corriente en las Américas, de
donde es originaria, es la de bebida hecha de maíz fermentado, salvo
en Chile donde llaman así a la sidra de manzana o a una bebida
basta hecha con el mosto de la uva. Pero chicha tiene también el
significado genérico de carne y gordura. Así, de una persona enjuta
de cuerpo se dice que es “de pocas chichas”, lo cual, por
asociación que no alcanzo a entender, se dice también de quienes se
impacientan con facilidad.
El significado rey de la
palabra chicha es el de pecho femenino. Esta acepción se origina en
la palabra tzitzi, que en nahuatl, o nahoa, la lengua hablada por
los aztecas que poblaron México y parte del istmo centroamericano,
significa exactamente lo que hemos dicho. En algunos países de esa
zona, a la nodriza se la llama chichigua, que es la transliteración
castellana de tzitzihuatl, o lo que es lo mismo, “la mujer del
pecho.” En castellano peninsular, chichi, derivación popular e
infantil de chicha en su acepción de carne y de comida, ha pasado a
significar el pubis que las adolescentes y las jóvenes suelen
exhibir labro si la edad no les da para más, o afeitadito y tatuado
si las primera malicias las impulsan a someterse a una labor de esa
clase que disimule la incipiente hipertricia. A esta moda se la
designa por la palabra “chichifresh” -mixta de español bozal y
de pidgin english- que algunos transforman en “chichiflesh”
destacando intencionadamente la alusión carnal. Se trata de una
muestra más de la libertad de la mujer.
Con la expresión “ni
chicha ni limonada”, que contrapone una bebida sana y popular como
es la limonada, con otra desconocida, se designa a personas o cosas
que por anodinas no se pueden clasificar con facilidad en categoría
alguna.
En cambio, en la
expresión “de chicha y nabo” no se contraponen calidades sino
que suman insignificancias. En efecto, si la chicha es para muchos
una bebida despreciable o desconocida, el nabo es para todos una
vulgar hortaliza de la familia de las crucíferas, sólo que dotada
de una forma y firmeza que la hacen propensa al equívoco. Aunque una
autoridad como don Francisco de Quevedo habla de batallas nabales
asimilando al nabo con la parte más altiva de la recia anatomía
masculina, lo “de chicha y nabo” va más bien por la carencia de
prestigio culinario de ese humilde producto de la huerta. Se trata de
una expresión que goza de un amplísimo campo de aplicación: hay
ministros y ministras de chicha y nabo; famas y prestigios de chicha
y nabo, sindicatos de chicha y nabo, ongs de chicha y nabo y
revolucionarios de chicha y nabo. Etc. Etc.
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