Los sucesos aún en curso en el norte de África dan pie para reflexionar acerca del papel de los servicios de inteligencia en el fraguado de ciertos acontecimientos internacionales aparentemente espontáneos. El hecho ya fue puesto de relieve en esta misma sección, adelantándonos así a otros medios que se reducen a corroborar las simplezas interesadas de las grandes agencias. Toca ahora poner la vista en una cuestión que nos toca más de cerca: la colaboración entre las policías francesa y española. Para empezar, recordemos que en las labores de inteligencia está incluída la tarea de prevenir, evaluar y comprobar las sinergias o las convergencias que puedan llegar a producirse cuando varios movimientos terroristas coexisten en un mismo territorio, y las posibles acciones de las naciones vecinas.
La República Francesa que, sin dar tres cuartos al pregonero, supo reducir a la impotencia los movimientos separatistas de Bretaña y de Córcega, vive ahora bajo la amenaza del complejo y ubicuo terrorismo islamista. Tiene, además, cuentas pendientes con el plexo organizativo vasco, que ha ido avanzando poco a poco en el país vecino no sin dar lugar a intervenciones terroristas y de penetración en el territorio que rompen el equilibrio tolerado de hecho por los franceses. Un equilibrio que permitió, mientras así convino, que aquél mantuviera pisos francos, arsenales, armerías y lugares de entrenamiento en territorio galo obedeciendo al sobrentendido de que estaban destinados para actuar exclusivamente en España.
Esa tolerancia es imposible hoy. Contribuyen a esto la tajante posición de USA y el redoblado temor a un sabotaje atómico. Yo quisiera agregar una consideración de matiz en lo referente al movimiento de liberación vasco: La aparente paradoja de que una entidad político-administrativa de la España autonómica, apoye una serie de reivindicaciones sobre territorio galo y presiona sobre instituciones francesas, enarbolando una bandera, la de Euskadi que, pese a todas las habladas, es una de las enseñas representativas, y no la menos destacada, de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.
Cabe, pues, que los servicios franceses de inteligencia, mitrando al futuro en esta hora incierta, hayan sido activados para actuar sobre el supuesto de que esas reivindicaciones son las mismas que España podría asumir frente a Francia si a los tornadizos gobernantes de la piel de toro les diera por ahí. Puede ser y es, según se mire.
La República Francesa que, sin dar tres cuartos al pregonero, supo reducir a la impotencia los movimientos separatistas de Bretaña y de Córcega, vive ahora bajo la amenaza del complejo y ubicuo terrorismo islamista. Tiene, además, cuentas pendientes con el plexo organizativo vasco, que ha ido avanzando poco a poco en el país vecino no sin dar lugar a intervenciones terroristas y de penetración en el territorio que rompen el equilibrio tolerado de hecho por los franceses. Un equilibrio que permitió, mientras así convino, que aquél mantuviera pisos francos, arsenales, armerías y lugares de entrenamiento en territorio galo obedeciendo al sobrentendido de que estaban destinados para actuar exclusivamente en España.
Esa tolerancia es imposible hoy. Contribuyen a esto la tajante posición de USA y el redoblado temor a un sabotaje atómico. Yo quisiera agregar una consideración de matiz en lo referente al movimiento de liberación vasco: La aparente paradoja de que una entidad político-administrativa de la España autonómica, apoye una serie de reivindicaciones sobre territorio galo y presiona sobre instituciones francesas, enarbolando una bandera, la de Euskadi que, pese a todas las habladas, es una de las enseñas representativas, y no la menos destacada, de este Reino de las Diecisiete Repúblicas.
Cabe, pues, que los servicios franceses de inteligencia, mitrando al futuro en esta hora incierta, hayan sido activados para actuar sobre el supuesto de que esas reivindicaciones son las mismas que España podría asumir frente a Francia si a los tornadizos gobernantes de la piel de toro les diera por ahí. Puede ser y es, según se mire.
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