Recalcar la relación
trabajo-sustento es describir a la perfección una parte de lo que acontece, aún
a costa de conceptuar el trabajo a la par de esa inclinación poderosa y primaria
que es la voracidad. La necesidad de comer es el pretexto universal para
justificarlo todo, incluso la explotación y el engaño ¿no nos acordamos ya de
aquello de “panem et circenses? La extendida práctica
del come y diviértete y del come y calla, sirve hoy para relegar al olvido aspectos más
comprometidos y comprometedores del trabajo.
En la mentalidad al uso se
ha perdido ya de vista el calado profundo y total de l trabajo como actividad y
como lugar donde cuaja nada menos que la identidad de la persona en su sentido relacional. Fijémonos, por
ejemplo, en lo que cada uno dice de sí mismo para darse a conocer a otros: soy
tornero, maestro, abogado o médico; soy pinchadiscos, modelo de alta costura,
diseñador, ayudante de cocina, mecánico, soy peluquera, taxista o camionero. Somos lo que hacemos y es el trabajo lo que
nos define.
Fuente de recursos para
comer, sí, que ya es mucho; pero también crisol de la propia identidad personal;
vínculo con quienes ejercen actividades afines y articulación que nos une el
resto de nuestros semejantes, eso y
mucho más es el trabajo. Todo esto se pierde cuando una fábrica, un taller o una
tienda se cierran. Que no lo olviden los responsables. ¿Palabras inútiles? ¡Ojo!
Las palabras suelen cobrar cara su inutilidad.
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