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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Trabajos Perdidos

El trabajo está vinculado a la persona entera, si bien el lazo que más resalta a primera vista es el que lo relaciona con el sustento. No es por pura casualidad que el habla común sustituya el verbo trabajar por expresiones como “ganarse la vida” o “traer el pan a casa”, trasunto del bíblico mandato “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. El que no trabaja que no coma dijo ese fariseo laborioso que fue San Pablo, alarmado ante la perspectiva de que los cristianos de Jerusalén, propensos a pensar en la caducidad escatológica de las cosas, abandonaran en otras manos el cuidado del mundo. Siglos después, con palabras muy parecidas a las de San Pablo, instaba Nelson Mandela a sus compatriotas negros a ser laboriosos y a superar con el trabajo la tentación de creer que para ser rico o acomodado basta con habitar un país abundante en recursos materiales. 
Recalcar la relación trabajo-sustento es describir a la perfección una parte de lo que acontece, aún a costa de conceptuar el trabajo a la par de esa inclinación poderosa y primaria que es la voracidad. La necesidad de comer es el pretexto universal para justificarlo todo, incluso la explotación y el engaño ¿no nos acordamos ya de aquello de “panem et circenses? La extendida práctica del come y diviértete y del come y calla, sirve hoy  para relegar al olvido aspectos más comprometidos y comprometedores del trabajo.
En la mentalidad al uso se ha perdido ya de vista el calado profundo y total de l trabajo como actividad y como lugar donde cuaja nada menos que la identidad de la persona  en su sentido relacional. Fijémonos, por ejemplo, en lo que cada uno dice de sí mismo para darse a conocer a otros: soy tornero, maestro, abogado o médico; soy pinchadiscos, modelo de alta costura, diseñador, ayudante de cocina, mecánico, soy peluquera, taxista o camionero.  Somos lo que hacemos y es el trabajo lo que nos define.
Fuente de recursos para comer, sí, que ya es mucho; pero también crisol de la propia identidad personal; vínculo con quienes ejercen actividades afines y articulación que nos une el resto de nuestros semejantes,  eso y mucho más es el trabajo. Todo esto se pierde cuando una fábrica, un taller o una tienda se cierran. Que no lo olviden los responsables. ¿Palabras inútiles? ¡Ojo! Las palabras suelen cobrar cara su inutilidad.

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