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miércoles, 14 de septiembre de 2011

La Historia como Empeño


Hay noticias que vale la pena comentar como quien come un plato frío y con los sabores ya sedimentados. Tal sucede con las pasadas visitas de Obama a Londres y de Isabel II a la República de Irlanda. El Presidente de los Estados Unidos ha sido claro: “Es un error pensar que otras naciones representan el futuro y que la hora de nuestro liderazgo ha pasado”…”La alianza de los Estados Unidos con el Reino Unido continúa siendo indispensable para conseguir un siglo más pacífico, más próspero y más justo”  Estas palabras no son un desahogo retórico ni una baladronada que se suelta para alentar a una parroquia amenazada por el desánimo. Tampoco se trata de un relleno para colmatar el hueco que queda entre parla y parla sobre Afganistán, el mundo árabe o el Oriente Medio. Ya Margaret Thatcher había adelantado hace años que Gran Bretaña y los Estados Unidos forman una misma nación. 

En el mundo de hoy los Estados Unidos no pueden atender al doble papel de rectorado y de gendarmería en el solitario y orgulloso aislamiento que imaginaron los próceres de la independencia,.siguiendo, por cierto, una tradición británica. Hoy, más que nunca, los Estados Unidos necesitan aliados. Y entre estos, los verdaderos colaboradores, los que desde las perspectivas recíprocas del Támesis y del Potomac son merecedores de toda confianza, son los del grupo de países tempranamente silueteado por autores como Alfred Thayer Mahan, Cecil Rhodes, Rudyard Kipling o Winston Churchill. Se trata del núcleo poderoso y estable de países de cultura “anglo”, hermanados no por el transcurso pasivo de la Historia en cuyo arrastre es dable encontrar de todo –tal como sucede con la invertebrada Comunidad  Hispánica- sino de la Historia como campo de atrevida previsión; la Historia como empeño intencional que hay que ir afinando de generación en generación. Estados Unidos y el Reino Unido, Cánada, Australia y Nueva Zelanda forman ese núcleo duro de la colaboración entre los países de crisol anglosajón. El hecho de acudir la reina de Inglaterra a Irlanda en un momento de apuro para el pequeño país es, por encima de las directrices del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario, la señal de que cuando cada uno asume la Historia como propia, en lo que tiene de loable o de censurable, toma cuerpo real la posibilidad de que vayan juntos los fuertes y los débiles, sin detrimento de ninguno. Irlanda no está sola. Historia y propósitos la vinculan con los poderosos de su estirpe y cultura. Sólo los necios luchan solos o buscan el enfrentamiento con los afines.

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