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viernes, 11 de febrero de 2011

¡ WALONES FUERA !

En Bélgica es proverbial la dificultad de formar gobierno. Es una situación comprometida si se piensa que Bruselas es la capital de la Unión Europea. ¡Como para servir de ejemplo! Si estuviésemos en lo propio podríamos exclamar aquello de ¡qué país Miquelarena!

El problema se nutre de corrientes favorables a la secesión territorial que brotan de la compleja realidad étnico-lingüística de Bélgica. Posee el país tres idiomas oficiales: el holandés, hablado por el 60 por ciento de la población; el francés por el 40 por ciento; y el alemán, por una cifra que oscila entre el 1 y el 5, bailoteo que permite rebañar unos puntos a uno u otro de los grupos principales según convenga a quien presenta las estadísticas. Por lo demás, como existe el propósito de tintar los bolos de color local, se ha convenido en llamar flamenco al holandés y al francés, valón o walon. Al alemán se le sigue llamando por su nombre. Y ¡Valones fuera! parece ser la consigna de los flamencos.

No es europeamente correcto decirlo, pero los antecedentes identificables de este conflicto se remontan a la II Guerra Mundial, cuando los jóvenes flamencos y los de habla alemana, alentados por el líder filo nazi Jonis Van Severan, se alistaron a millares para luchar en el frente del Este. En correspondencia, los ocupantes favorecieron a las minorías flamencas y alemanas, al punto que el líder valón León Degrelle -antiguo periodista, fundador del partido rexista que se inspiraba inicialmente en la Action Francaise de Charles Maurras- quiso contrarrestar los efectos de aquel agravio comparativo optando por una colaboración cada vez más estrecha de los valones con los ocupantes germanos. Y se llevó la palma, el muy listo. Del fervor que puso hablan sus hazañas al frente de la “28 SS Freiwilingen Grenadier Divition Wallonnien”.

Sería fácil comparar la situación belga con la de España. Pero en Bélgica no se trata de lenguas vernáculas en busca de la hegemonía local, pues las lenguas en pugna corresponden a tres de los países fundadores de la UE. En cambio, tiene profundo interés advertir que, así como la independencia del Kosovo al legitimar la desmembración de Servia favoreció las aspiraciones de los soberanistas españoles más radicales, la propensión de Bélgica a partirse el cuesco alumbrando un Estado Valón y otro Flamenco-Alemán, alertando con ello a Francia (que ve peligrar a la Europa Unida) y a Alemania (que no precisa de artimañas para afirmar su dominio), supone un grave obstáculo para los soberanismos extremos de la vieja Piel de Toro. Aquí, parece haber sonado la hora de tirar balones fuera.

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