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martes, 18 de agosto de 2009

Claves

Una forma de interpretar ordenadamente lo que pasa en el Irak, es dejar de pensar en clave “pesadilla musulmana” y tomarlo como un fenómeno sociológico excepcional, sí, pero susceptible de manifestarse en cualquier país sujeto a las mismas circunstancias.
La difusión de noticias seleccionadas, crea una barrera tan eficaz contra la verdad como la misma censura. Este hecho, más el espejismo musulmán antedicho, hacen que el lector se considere bien informado acerca de sucesos que, en realidad, sólo percibe a través de la bruma de la desinformación. Superando la bruma, lo que ahora acontece en Iraq es sencillamente expresión de una Guerra Civil Residual Inducida.
Inducida, porque es producto de una intervención externa de destrucción de poder al cual no se ha querido, o no se ha sabido, encontrar sustituto. Residual, porque al destapar la olla, la ebullición ha hecho que se revuelvan los sobrados del poder anteriormente establecido (partido Baas) con la basura social que escapa del fondo removido (delincuencia organizada) y con las nuevas aechaduras que se cuelan por las fracturas étnicas (kurdos) y religiosas (chiitas y sunnitas).
Europa ha vivido situaciones parecidas. El ejemplo más claro lo brinda la Italia de la II post Guerra Mundial. Desde 1943 hasta 1948, hubo en aquel país una verdadera Guerra Civil Residual en la que los restos sueltos del Fascio libraron una feroz guerra irregular contra los partisanos comunistas y de otra procedencia que aspiraban a sustituir a aquellos en el poder. En Italia hubo, como en el Iraq de hoy, triunfales afloraciones de la delincuencia común: la mafia cubrió, en concierto con los aliados invasores, los puestos de la administración local y regional, y el estraperlo y la prostitución tuvieron en el Tombolo, campamento cercano a Pisa y a Livorno, su gran centro comercial alimentado por los suministros del ejército americano. El factor religioso fue decisivo, ya que para contrarrestar a los comunistas fue necesario que Roma apelara a la conciencia de los católicos. Las fracturas étnicas se manifestaron en el exterminio de italianos latinos a manos de italoeslavos izquierdistas en la Venecia Julia. Las fracturas regionales desembocaron en el independentismo siciliano puesto sobre las armas. Y es que resulta verdad aquello de que “cuando el cielo cae, se han de romper las ollas”. En este caso el cielo es el poder… las ollas las ponen las circunstancias.

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