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sábado, 2 de mayo de 2009

Fundamentalistas

Fundamento, como dice el sentido común, es aquello que sirve de base, inicio, cimiento o sostén de una estructura material, de una construcción  ideológica, de una constelación argumental, de un sistema de conocimiento o de una visión trascendental.

Partiendo de aquí es fácil colegir el significado de otros términos derivados de  aquella  misma palabra clave.

Así,  fundamental será todo lo atinente a esa base, a esos cimientos que hemos convenido en llamar fundamentos.

Como cabría propiamente calificar de fundamentalismo a toda tendencia, movimiento o partido que se apoya principalmente, como no podría ser menos, en  los principios que sirven de base, cimiento o sostén a los contenidos que esa tendencia, movimiento o partido trata de apoyar o defender.

Continuando en esta línea, fundamentalista sería, con toda lógica, la persona que no ahorra esfuerzos en profundizar hasta dar con las bases en que se sostiene la causa que defiende, la ideología a la que se adhiere o el credo que suscribe..

O sea, que, en definitiva, fundamentalista sería el que se toma las cosas en serio.

¿Pero, es realmente así como se entiende la palabra?

Hay razones más que suficientes para hacerse esa pregunta. Porque resulta que si se examina con la debida atención el lenguaje de todos los días –y no cabe distinción entre la palabra escrita y la hablada- se podrá comprobar que se llama fundamentalistas  a aquellos movimientos, tendencias o personas a las que el oficioso calificador  considera sospechosos de confundir lo que es fundamental con lo que es puramente secundario o adventicio.

Así, se adjudica la calificación de fundamentalismo islámico por razón de la obligatoriedad del velo, y no por la implantación del califato universal que es el fundamento de la cuestión.

Como se adjudica la calificación de fundamentalismo católico escudándose en un supuesto derecho de la mujer a deshacerse del hijo y no por razón de la defensa de los vástagos humanos que es la cuestión de fondo, quiero decir de fundamento.

Pero esa actitud equívoca de los calificadores omniscientes ¿contribuye a clarificar el horizonte mental de la colectividad, o forma parte de lo que se llama la ceremonia de la confusión?

Esta impresión de desvío semántico, perceptible en el habla individual, es fácilmente confirmada  también en el uso antojadizo que del término fundamentalista hacen los medios de comunicación de masas, tanto orales, como escritos o audiovisuales, tanto en algunos medios privados como en todos los financiados con dineros públicos.

Pero si el calificativo de fundamentalistas se aplica de una forma errática y antojadiza. ¿Quien podría entonces ser tomado realmente en serio?



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