El precio de la vida humana está por los suelos, pero todos están de acuerdo en que por si misma vale una barbaridad. Lo del valor se explica porque la vida es el primer don que el hombre recibe y porque, además, hace de válvula de admisión de otros muchos que se le otorgan por el mero hecho de existir.
Dichos dones, que son numerosísimos, el sentir popular los resume en unos pocos: “beber buen vino, yantar de lo fino y folgar sin mohina”.Otro refrán, “antes morir que perder la vida”, subraya la importancia que tienen respecto a la vida los dones que la amenizan.
En cambio, el día a día subraya la realidad contraria: “en guerras, hambrunas, pestes y aborciones, gastan las vidas las naciones”, o, lo que es lo mismo, “la vida humana se cotiza a la baja y con acelerada tendencia a la rebaja.”
Las leyes y la bioquímica se dan la mano para que la vida humana en su orto, o comienzo, sea lo más fácil de suprimir, ya con píldoras, ya interrumpiendo el embarazo de acuerdo a la teoría científica española de que el feto no es un cuerpo sino una onda susceptible de interrupción como la corriente eléctrica.
Y de hecho, la vida de esos seres pequeñitos que han aterrizado en el saco ventral de sus fallidas madres, tienen en nuestros días menor protección legal que los bichitos llamados poliquetos, por mal nombre gusanas, y a los cuales los científicos denominan Spirographis Spallanzani y otras lindezas por el estilo.
Los expertos oficiales encuentran grandes ventajas en los recortes que sobran de las maternidades frustradas: abultan menos que las ratas de experimentación, su empleo no provoca las iras de los ecologistas, son una rica reserva de productos comercializables con uso en la cosmética y en la medicina Los políticos ven la ventaja electoral que supone satisfacer el anhelo de las mujeres en su lucha milenaria contra el bombo no querido. Los psicólogos, españoles por supuesto, valoran como muy positiva la corriente de equilibrio emocional que experimentan las mujeres liberadas artificialmente de su gravidez. Los pedagogos progresistas, el proceso de madurez mental y social que el aborto produce en las adolescentes. Los machistas incorregibles, aprecian el estímulo que supone para ellos el poder almidonarle los archivos a cualquier voluntaria pudiendo eliminar las consecuencias si las hubiere. Solo los nazis y los obispos protestan. Los unos porque se destina a la trituradora millares de seres eutróficos sin tener la menor consideración con los de raza blanca. Los otros, por razones ético-religiosas de las cuales nadie hace mayor caso. Cosas.
Dichos dones, que son numerosísimos, el sentir popular los resume en unos pocos: “beber buen vino, yantar de lo fino y folgar sin mohina”.Otro refrán, “antes morir que perder la vida”, subraya la importancia que tienen respecto a la vida los dones que la amenizan.
En cambio, el día a día subraya la realidad contraria: “en guerras, hambrunas, pestes y aborciones, gastan las vidas las naciones”, o, lo que es lo mismo, “la vida humana se cotiza a la baja y con acelerada tendencia a la rebaja.”
Las leyes y la bioquímica se dan la mano para que la vida humana en su orto, o comienzo, sea lo más fácil de suprimir, ya con píldoras, ya interrumpiendo el embarazo de acuerdo a la teoría científica española de que el feto no es un cuerpo sino una onda susceptible de interrupción como la corriente eléctrica.
Y de hecho, la vida de esos seres pequeñitos que han aterrizado en el saco ventral de sus fallidas madres, tienen en nuestros días menor protección legal que los bichitos llamados poliquetos, por mal nombre gusanas, y a los cuales los científicos denominan Spirographis Spallanzani y otras lindezas por el estilo.
Los expertos oficiales encuentran grandes ventajas en los recortes que sobran de las maternidades frustradas: abultan menos que las ratas de experimentación, su empleo no provoca las iras de los ecologistas, son una rica reserva de productos comercializables con uso en la cosmética y en la medicina Los políticos ven la ventaja electoral que supone satisfacer el anhelo de las mujeres en su lucha milenaria contra el bombo no querido. Los psicólogos, españoles por supuesto, valoran como muy positiva la corriente de equilibrio emocional que experimentan las mujeres liberadas artificialmente de su gravidez. Los pedagogos progresistas, el proceso de madurez mental y social que el aborto produce en las adolescentes. Los machistas incorregibles, aprecian el estímulo que supone para ellos el poder almidonarle los archivos a cualquier voluntaria pudiendo eliminar las consecuencias si las hubiere. Solo los nazis y los obispos protestan. Los unos porque se destina a la trituradora millares de seres eutróficos sin tener la menor consideración con los de raza blanca. Los otros, por razones ético-religiosas de las cuales nadie hace mayor caso. Cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario