Muchas veces se ha dicho que la electrónica crea hoy las condiciones para que el poder ejerza un óptimo control sobre la población entera. Y uno puede sentirse tentado a pensar que los proyectos totalitarios del siglo XX –siempre presentes en el horizonte ideológico- tuvieron como principal defecto, no el horror de sus seductoras utopías, sino el error de anticiparse varias décadas a los instrumentos que hubieran facilitado su realización.
Socialismo Soviético y Nacional Socialismo se valieron no sólo de la fuerza, sino de la propaganda radiofónica, de las consignas en la prensa y en la industria editorial, de la denuncia “ciudadana” y de la posibilidad de intervenir los teléfonos. Con eso les bastó para montar a lo grande sus regímenes totalitarios. ¿Qué no hubiesen podido hacer si hubieran dispuesto de los medios actuales para monitorizar la opinión, para televigilar a las personas y para inducir comportamientos y opiniones colectivas? Es esta una pregunta que nunca podrá ser respondida más que con suposiciones que, siempre resultan temibles.
¿Es del todo válido un punto de vista así? Cierto que hoy existen medios de impresionante eficacia para inducir en el ciudadano comportamientos sumisos y sobre todo, para derivar sus rebeldías hacia objetivos inocuos. Pero también es cierto que el mismo sistema paninformático proporciona los elementos que pueden servir para que las minorías críticas vigilen al poder establecido y vayan calladamente sentando, si quisieran, las bases de una nueva potestad social que subvierta los poderes vigentes.
No es un asunto de habilísimos “jackers”. Es cuestión de aprovechar la información indiciadora, de contrastarla y de saber discernir lo que está puesto allí sólo para despistar. No hay nada que con la metodología, las personas y la organización adecuadas no pueda ser rastreado, identificado y perfilado. El exceso de confianza de los gobernantes en los sistemas matemáticos deja ¡es increíble! multitud de cuestiones graves al alcance de quien pueda averiguarlas. Dentro de la sociedad de la información-desinformación flotan ya los gérmenes de la sociedad de los grupos de inteligencia crítica.. Todo parece estar al alcance de los que se esfuercen en esto. Y quizá dicha posibilidad es una garantía contra los neototalitarismos que ahora, más que nunca, estarían en condiciones de lograr la anuencia y al aplauso de todos.
Socialismo Soviético y Nacional Socialismo se valieron no sólo de la fuerza, sino de la propaganda radiofónica, de las consignas en la prensa y en la industria editorial, de la denuncia “ciudadana” y de la posibilidad de intervenir los teléfonos. Con eso les bastó para montar a lo grande sus regímenes totalitarios. ¿Qué no hubiesen podido hacer si hubieran dispuesto de los medios actuales para monitorizar la opinión, para televigilar a las personas y para inducir comportamientos y opiniones colectivas? Es esta una pregunta que nunca podrá ser respondida más que con suposiciones que, siempre resultan temibles.
¿Es del todo válido un punto de vista así? Cierto que hoy existen medios de impresionante eficacia para inducir en el ciudadano comportamientos sumisos y sobre todo, para derivar sus rebeldías hacia objetivos inocuos. Pero también es cierto que el mismo sistema paninformático proporciona los elementos que pueden servir para que las minorías críticas vigilen al poder establecido y vayan calladamente sentando, si quisieran, las bases de una nueva potestad social que subvierta los poderes vigentes.
No es un asunto de habilísimos “jackers”. Es cuestión de aprovechar la información indiciadora, de contrastarla y de saber discernir lo que está puesto allí sólo para despistar. No hay nada que con la metodología, las personas y la organización adecuadas no pueda ser rastreado, identificado y perfilado. El exceso de confianza de los gobernantes en los sistemas matemáticos deja ¡es increíble! multitud de cuestiones graves al alcance de quien pueda averiguarlas. Dentro de la sociedad de la información-desinformación flotan ya los gérmenes de la sociedad de los grupos de inteligencia crítica.. Todo parece estar al alcance de los que se esfuercen en esto. Y quizá dicha posibilidad es una garantía contra los neototalitarismos que ahora, más que nunca, estarían en condiciones de lograr la anuencia y al aplauso de todos.
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