La boca del diputado.- Cualquier cosa puede volverse un esperpento. Incluso la Diada, que fue hecha para rememorar fueros de antaño y reclamar independencias futuras. ¡Qué maldita gracia! El señor Tardà, diputado de Ezquerra Republicana de Cataluña, puesto a usar la lanzadera de los siglos para tomar carrerilla y hablar bien de la soberanía y mal de la Constitución, que es lo suyo -y no hay porque disputarle el gusto- vino, en vez de eso, a caer de espaldas en la Guerra de Sucesión proclamando a voz en cuello la muerte del Borbón. Y como Felipe de Anjou hace ya siglos que feneció, y el rey actual es el único Borbón al que un republicano de tea y navaja como es el señor diputado puede desear la muerte, la intención amenazante resulta, mas que clara, clarísima en todos sus aspectos.
Clarísima, en primera aproximación, porque la amenaza no ha sido proferida en un país del montón que sólo está en la mira del terrorismo islámico, sino en un país muy especial donde la ETA es una empresa terrorista de alto rendimiento, el GRAPO resucita periódicamente para hacer de las suyas y volver de nuevo al escondite, al estilo Guadiana, y TERRA LLIURE dicen que está dormida aunque nadie osaría responder si como ronca duerme. Clarísima, en segundo lugar, porque en el ambiente de este otoño pululan, como caracoles en red, las astutas sugerencias de consejeros, asesores y “sabios”, que mastican a dos carrillos el chicle de la IIIª República, que es mercancía que sólo se puede poner en el mostrador si se elimina la Monarquía.
Pero, como por su parte, el señor Bono ha bonificado la buena intención de Tardà diciendo que las palabras de éste no constituyen una amenaza, habrá que estar objetivamente a lo ocurrido y concluir que al señor diputado de Ezquerra Republicana la boca se le ha quedado en puro esfínter, y en esfínter incontinente, que es tanto como decir que no puede contener sus deyecciones verbales.
El amenazante exabrupto que ha encontrado salida fácil por el hoyo flojo que el señor diputado tiene en la cara, nos obliga a los ingenuos a hacernos la pregunta ¿Qué hace un señor como éste en una cámara de representantes donde no se necesitan deyecciones que se escapan, sino palabras responsables y pensadas que salen, si han de salir, cuando el que las pronuncia las ha pensado bien, y si no sabe pensar, al menos las ha rumiado como la vaca en el establo rumia su bolo alimenticio?
Por otra parte, y sin prejuzgar lo que habrá alcanzado a aprender de Historia el señor Tardà en los años de escolaridad que se le suponen, y como ha sido destacado por alguna inteligente carta a los lectores, la Guerra de Sucesión no se libró entre partidarios de la Monarquía y partidarios de la República porque en aquellos tiempos en Europa todo se dilucidaba entre testas coronadas.
Ante tanto dislate que quiere pasar -y pasa- por opinión política y expresión de libertad ciudadana, habrá que exclamar con Mario Moreno, más conocido por su mote de Cantinflas. “¡Qué falta de ignorancia!” Y tanto peor para el ciudadano si la ignorancia del ignaro de la boca incontinente es de la clase que llaman invencible. Las palabras necias son como cuescos, si en esto se quedan; pero envenenan el aire y aumentan el desafección entre españoles y expañoles.
Grecia.- Mientras en la Piel de Toro se libran esas escaramuzas verbales con palabras de plomo, que ojalá no sean anticipación de nada peor, en Grecia la juventud, armada de adoquines y de cócteles Molotoff, ha ocupado el lugar donde ya estaba desde hace tiempo: en la calle. Y ha comenzado a causar destrozos, que es lo que hace toda multitud cuando carece de programa para actuar.
Sabiendo que la ocasión la pintan calva, los partidos opositores, tan corruptos como el partido que gobierna, han pedido anticipar las elecciones. Gran idea. Pero esa petición, planteada además como exigencia, no es tanto una muestra de arraigo de los hábitos democráticos como una prueba de que los pescadores de río revuelto se dan buena maña para echar el copo antes que el cardumen se disperse. Pero, aparte de los consabidos espejismos de enganche del estilo de “Libertad”,” Democracia” y “oportunidades para todos”, no hay en sus proclamas nada que se parezca a un programa político propiamente dicho. Todo se basa en la improvisación.
Así que en Grecia, a poco que las cosas vayan por su propia deriva, los protagonistas del retablo de la farsa y los ocupantes temporales de la calle, terminarán por introducir al país, a punta de empujones, en el lugar que le corresponde como problema en el seno de los ya problemáticos Balcanes, esa bomba de racimo que la Unión Europea tiene adosada a su costado del Sureste. Y no solo a ese costado. Toda la zona que los geógrafos de los años veinte del siglo pasado llamaban “la cintura de Europa”, las tierras que están entre el Mar Negro y el saco del Mar Báltico que da frente a las costas de Könisberg, hoy Kaliningrado, es una zona conflictiva donde se amontona sin orden ni concierto abundante gravilla de pueblos derrotados, marginales y sin consciencia ni falsa ni verdadera de su papel en la Historia. Allí precisamente está el ensanche de una Europa que la obesidad territorial y la dispersión humana pueden hacer descarrilar.
La Mojonera. Y ya metidos a hablar de dispersión humana, recordemos cómo en La Mojonera, provincia de Almería donde los vecinos se ganan el pan con los cultivos de invernadero, han estallado motines que, por llamarlos de alguna manera, vamos a decir que son de naturaleza intercultural. Negros contra marroquíes, o lo que es lo mismo al parecer, subsaharianos contra magrebíes. Dicho sea de paso, tamaña pseudodelicadeza de léxico que se inclina por los falsos eufemismos, no se corresponde con la realidad brutal que se ventila y que tiene facetas múltiples que hay que examinar de cerca.
A distancia corta se puede observar que la venganza colectiva que los negros se tomaron contra los moros, es un primitivo ajuste de cuentas a lo bruto que ni siquiera llega al nivel de la justicia que alguien se toma por su mano porque ésta, que en América llaman “justicia vaquera” sólo entra en acción cuando, a falta de autoridad pública o por incompetencia de ésta, la soberanía revierte de facto a la persona individual.
Al contrario, la venganza colectiva llevada a cabo en La Mojonera es una práctica bárbara que barre con todos los principios sobre los que se sustenta el Derecho en la civilización Occidental, comenzando por el principio de oficialidad por el cual debe ser el Estado el que a través de sus jueces asuma el ejercicio de la acción penal y siguiendo por el principio de la presunción de inocencia y el principio de individualidad y proporcionalidad de la pena. Allí se ha castigado a todos los moros con que tropezó la turba; fueron incendiados los coches estacionados en el barrio, y se dio candela a viviendas y establecimientos comerciales. Estos sucesos propios de individuos con mentes en las cuales el pensamiento abstracto no ha adquirido densidad, nos están señalando la necesidad de poner límites al sofisma por el cual la simple suma de elementos culturales exóticos enriquece la cultura anfitriona.
Por una feliz casualidad, la palabra mojonera designa al hueco profundo que sirve para encastrar el poste, piedra o señal que sirve de mojón. En lo profundo de cada mojonera se solía poner un puñado de monedas de plata en curso y un montón de carbón. Se hacía esto porque las monedas llevan una fecha de emisión y porque el carbón no se corrompe al contacto con el suelo, ni se disuelve con la humedad. De esta forma, si el mojón o señal se perdía o era arrancado, las monedas de plata y el montón de carbón permitían que la mojonera cuyo es el nombre del pueblo, pudiese ser identificada de nuevo para reponer sobre ella el mojón perdido.
Así como ningún límite o mojón es simplemente una cortapisa o un “prohibido pasar”, sino un punto de referencia que hay que tomar en cuenta, la cultura, también la nuestra, necesita de puntos de referencia para que el contacto con otras culturas simplemente étnicas o declaradamente exóticas, no redunde en empobrecimiento o miseria espiritual y material de todos.
Clarísima, en primera aproximación, porque la amenaza no ha sido proferida en un país del montón que sólo está en la mira del terrorismo islámico, sino en un país muy especial donde la ETA es una empresa terrorista de alto rendimiento, el GRAPO resucita periódicamente para hacer de las suyas y volver de nuevo al escondite, al estilo Guadiana, y TERRA LLIURE dicen que está dormida aunque nadie osaría responder si como ronca duerme. Clarísima, en segundo lugar, porque en el ambiente de este otoño pululan, como caracoles en red, las astutas sugerencias de consejeros, asesores y “sabios”, que mastican a dos carrillos el chicle de la IIIª República, que es mercancía que sólo se puede poner en el mostrador si se elimina la Monarquía.
Pero, como por su parte, el señor Bono ha bonificado la buena intención de Tardà diciendo que las palabras de éste no constituyen una amenaza, habrá que estar objetivamente a lo ocurrido y concluir que al señor diputado de Ezquerra Republicana la boca se le ha quedado en puro esfínter, y en esfínter incontinente, que es tanto como decir que no puede contener sus deyecciones verbales.
El amenazante exabrupto que ha encontrado salida fácil por el hoyo flojo que el señor diputado tiene en la cara, nos obliga a los ingenuos a hacernos la pregunta ¿Qué hace un señor como éste en una cámara de representantes donde no se necesitan deyecciones que se escapan, sino palabras responsables y pensadas que salen, si han de salir, cuando el que las pronuncia las ha pensado bien, y si no sabe pensar, al menos las ha rumiado como la vaca en el establo rumia su bolo alimenticio?
Por otra parte, y sin prejuzgar lo que habrá alcanzado a aprender de Historia el señor Tardà en los años de escolaridad que se le suponen, y como ha sido destacado por alguna inteligente carta a los lectores, la Guerra de Sucesión no se libró entre partidarios de la Monarquía y partidarios de la República porque en aquellos tiempos en Europa todo se dilucidaba entre testas coronadas.
Ante tanto dislate que quiere pasar -y pasa- por opinión política y expresión de libertad ciudadana, habrá que exclamar con Mario Moreno, más conocido por su mote de Cantinflas. “¡Qué falta de ignorancia!” Y tanto peor para el ciudadano si la ignorancia del ignaro de la boca incontinente es de la clase que llaman invencible. Las palabras necias son como cuescos, si en esto se quedan; pero envenenan el aire y aumentan el desafección entre españoles y expañoles.
Grecia.- Mientras en la Piel de Toro se libran esas escaramuzas verbales con palabras de plomo, que ojalá no sean anticipación de nada peor, en Grecia la juventud, armada de adoquines y de cócteles Molotoff, ha ocupado el lugar donde ya estaba desde hace tiempo: en la calle. Y ha comenzado a causar destrozos, que es lo que hace toda multitud cuando carece de programa para actuar.
Sabiendo que la ocasión la pintan calva, los partidos opositores, tan corruptos como el partido que gobierna, han pedido anticipar las elecciones. Gran idea. Pero esa petición, planteada además como exigencia, no es tanto una muestra de arraigo de los hábitos democráticos como una prueba de que los pescadores de río revuelto se dan buena maña para echar el copo antes que el cardumen se disperse. Pero, aparte de los consabidos espejismos de enganche del estilo de “Libertad”,” Democracia” y “oportunidades para todos”, no hay en sus proclamas nada que se parezca a un programa político propiamente dicho. Todo se basa en la improvisación.
Así que en Grecia, a poco que las cosas vayan por su propia deriva, los protagonistas del retablo de la farsa y los ocupantes temporales de la calle, terminarán por introducir al país, a punta de empujones, en el lugar que le corresponde como problema en el seno de los ya problemáticos Balcanes, esa bomba de racimo que la Unión Europea tiene adosada a su costado del Sureste. Y no solo a ese costado. Toda la zona que los geógrafos de los años veinte del siglo pasado llamaban “la cintura de Europa”, las tierras que están entre el Mar Negro y el saco del Mar Báltico que da frente a las costas de Könisberg, hoy Kaliningrado, es una zona conflictiva donde se amontona sin orden ni concierto abundante gravilla de pueblos derrotados, marginales y sin consciencia ni falsa ni verdadera de su papel en la Historia. Allí precisamente está el ensanche de una Europa que la obesidad territorial y la dispersión humana pueden hacer descarrilar.
La Mojonera. Y ya metidos a hablar de dispersión humana, recordemos cómo en La Mojonera, provincia de Almería donde los vecinos se ganan el pan con los cultivos de invernadero, han estallado motines que, por llamarlos de alguna manera, vamos a decir que son de naturaleza intercultural. Negros contra marroquíes, o lo que es lo mismo al parecer, subsaharianos contra magrebíes. Dicho sea de paso, tamaña pseudodelicadeza de léxico que se inclina por los falsos eufemismos, no se corresponde con la realidad brutal que se ventila y que tiene facetas múltiples que hay que examinar de cerca.
A distancia corta se puede observar que la venganza colectiva que los negros se tomaron contra los moros, es un primitivo ajuste de cuentas a lo bruto que ni siquiera llega al nivel de la justicia que alguien se toma por su mano porque ésta, que en América llaman “justicia vaquera” sólo entra en acción cuando, a falta de autoridad pública o por incompetencia de ésta, la soberanía revierte de facto a la persona individual.
Al contrario, la venganza colectiva llevada a cabo en La Mojonera es una práctica bárbara que barre con todos los principios sobre los que se sustenta el Derecho en la civilización Occidental, comenzando por el principio de oficialidad por el cual debe ser el Estado el que a través de sus jueces asuma el ejercicio de la acción penal y siguiendo por el principio de la presunción de inocencia y el principio de individualidad y proporcionalidad de la pena. Allí se ha castigado a todos los moros con que tropezó la turba; fueron incendiados los coches estacionados en el barrio, y se dio candela a viviendas y establecimientos comerciales. Estos sucesos propios de individuos con mentes en las cuales el pensamiento abstracto no ha adquirido densidad, nos están señalando la necesidad de poner límites al sofisma por el cual la simple suma de elementos culturales exóticos enriquece la cultura anfitriona.
Por una feliz casualidad, la palabra mojonera designa al hueco profundo que sirve para encastrar el poste, piedra o señal que sirve de mojón. En lo profundo de cada mojonera se solía poner un puñado de monedas de plata en curso y un montón de carbón. Se hacía esto porque las monedas llevan una fecha de emisión y porque el carbón no se corrompe al contacto con el suelo, ni se disuelve con la humedad. De esta forma, si el mojón o señal se perdía o era arrancado, las monedas de plata y el montón de carbón permitían que la mojonera cuyo es el nombre del pueblo, pudiese ser identificada de nuevo para reponer sobre ella el mojón perdido.
Así como ningún límite o mojón es simplemente una cortapisa o un “prohibido pasar”, sino un punto de referencia que hay que tomar en cuenta, la cultura, también la nuestra, necesita de puntos de referencia para que el contacto con otras culturas simplemente étnicas o declaradamente exóticas, no redunde en empobrecimiento o miseria espiritual y material de todos.
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