Un extenso y variado mensaje de mi viejo amigo Assad Baruch * me permite hilvanar, en mi convalecencia de enfermedad de etiología desconocida, las ideas que van a continuación.
Le extraña a mi amigo que los españoles expresen una posición sesgada contra Israel y los Estados Unidos, en contraste radical con la postura del actual gobierno Aznar que sigue a pie juntillas las ideas de Kissinger: a USA le basta con la Isla –se supone que Inglaterra-, y una Península en Europa para dominar los problemas de poder en esta parte del mundo.
“Este descalco, aparentemente tan nítido, entre lo que el gobierno hace y la opinión publicada expresa –opina mi amigo Assad Baruch-, no obedece a criterios claros. Mas bien es el producto de una universal confusión en la que unos pretenden decir que ¡no! donde el Partido Popular ha dicho que ¡sí!. Otros han creído encontrar una salida fácil a la necesidad comunista de seguir siendo fiel a sus fantasmas antiamericanos. Para mayor INRI, a los comunistas revenidos se juntan católicos renovados dispuestos a descargar zurriagazos con el doble látigo de la opción por los pobres y la enemistad –supongo espiritual-, contra los Estados Unidos como país que ostenta el sesenta por ciento de la riqueza del mundo. Y hay que contar además con los socialistas que quieren optimizar la expresión de su antiimperialismo residual, y con cierta derecha nostálgica y poco realista que no ha olvidado la derrota militar y política sufrida por España frente a los Estados Unidos en 1898, cuando se perdieron Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas.”
La verdad, pienso, es que hasta aquél momento aciago España se consideraba aliada de Inglaterra. Pero ni siquiera le fue concedido emplear el canal de Suez para abreviar el largo viaje al Lejano Oriente, mientras la flota americana aguardaba refugiada en la base Inglesa de Hong Kong el momento propicio para caer sobre las islas Filipinas. Fue una derrota militar en toda la regla y una humillación diplomática que varó a España durante décadas en el bajío de la inopia en todo cuanto se refiere a relaciones internacionales.
Pero volvamos a la tendencia pro-árabe que preocupa a mi amigo Assad Baruch. “De ella, sostiene, no están excluidas las instituciones públicas que como televisión española y las televisiones autonómicas son vectores principales de opinión. En esos canales, se equipara cotidianamente al terrorismo islamita con la resistencia contra los nazis que está en la raíz de la filiación democrática de países tan importantes e influyentes como Francia.. A juzgar por sus pantallas públicas, y en contra de la posición del Gobierno, los españoles de todos los calados e intensidades ya han escogido el bando de los árabes para militar en esta contienda que apenas ha comenzado.“
“Y esto no deja de ser una paradoja, mírese por donde se mire. ¿Cómo puede ser simpatizante de la causa del turbante un conjunto disparejo en todos los sentidos que en lo profundo de su ser popular siga despreciando profundamente a los “moros”? Aunque con diferentes expresiones, esto es verdad desde el Campo de Gibraltar hasta el puente de Santiago, de Irún. En Andalucía, lugar donde han ocurrido los incidentes más graves entre lugareños y neopobladores marroquíes y argelinos, y donde las autoridades no pierden comba cuando toca adular y homenajear por todo lo alto a los jeques del petróleo, sigue teniendo plena vigencia popular la expresión de “me cago en los moros”, lo cual sin duda es muy ofensivo para los aludidos de manera tan asquerosa; pero; bien mirado, tampoco es mucho para lo acostumbrado entre españoles en materia de defecaciones despectivas, porque en el Norte reservan tal lindeza nada menos que al Innombrable y se quedan tan anchos.”
“Los judíos tenemos mejor suerte –sigue diciendo Assad Baruch-. Y no es que la necesitemos. Hay muchos más españoles con cara de hebreos que españoles con cara de moros o árabes, con lo cual podemos pasar mucho más desapercibidos. Y ud. amigo Chavarría, que iba para antropólogo y se quedó en otra cosa que tampoco es manca, me es testigo de que ud. mismo se complace en llamar “pequeños sefarditas” a los españoles con facies hebraica. Sin embargo, hay también muchas personas de religión judía, algunas pertenecen al círculo amistoso de Ud., a las cuales ningún antropólogo podría clasificar como semitas. ¿Y qué decir del nivel de educación y del nivel profesional o económico de los hijos de Abraham de Isaac y de Jacob? La pequeña diáspora de judíos argentinos en España es sencillamente de alta calidad humana y cultural y, encima, emplea, con más gracia, el mismo idioma que los nativos. En conjunto se puede decir que los judíos de sangre o de religión que hay en España son lo suficientemente cultos y ricos como para que no les alcancen los codazos de nadie, y que su número es tan exiguo que resultan indetectables para la clase media que sabe leer que es el medio social en el que se suelen originar los problemas contra los judíos y, en general, los conflictos catalogados como étnicos.”
“Lamento que por motivos de salud se haya frustrado su viaje a Dallas, se lamenta mi amigo. Me consta –dice-, que Steve había organizado todo un festival tex-mex, y que John, agradecido por los pacharanes y Cardenales Mendozas que le envió Ud., había hecho acopio de los mejores tequilas para combinar las mejores “margaritas” y las especialísimas “carlotas” que muchos texanos, amigos como él de las energías limpias, han adoptado como bebida de iniciados.”
“Espero que la dolencia que le ha impedido rendir viaje a Texas no pase de ser un alifafe más entre los muchos que propina el calendario. Confío en que la naturaleza física de ud., propia de la “raza cósmica” que decía aquél, sabrá sobreponerse a todo lo sobreponible en materia de malatías sin tener que recurrir a pócimas y bebedizos, viscosidades inyectables, percolandas de naturaleza química agresiva o acabaduras de laboratorio industrial. Quédese, pues, si puede, con sus bolitas, digo las de la Homeopatía , y con la eterna receta de “agua y ajo”, que es dura, pero nunca ha producido enfermedades yatrogénicas.”
“Me hace gracia y me da tristeza lo que me cuenta de Toledo, ciudad que no visité en mi último viaje a la Península. Me da grima pensar que acaso los responsable traten de dar un aspecto Oriental a las laderas que miran al Tajo sembrando allí magueyes, yucas, chumberas y otras plantas de la altiplanicie mexicana y del desierto de Sonora ¡Qué ignorancia o qué descuido¡ Lo propio serían las rosas, los nardos; los arrayanes; las adelfas, los granados. ¿No podía hacer algo nuestra común amiga la señora de De Laurentis, que es tan experta jardinera como conocedora de la Historia ?” , concluye Baruch.
P.S. En rápida comunicación con la señora De Laurentis, ésta me contesta que de la lista de plantas orientales sugerida por Baruch habría que borrar el nardo, que fue introducido posteriormente en España y no pudo estar presente en la Toledo de las tres culturas ni en ningún lugar de la España Medioeval. Esto se llama hilar fino. Me quedo de piedra. ¿En qué queda “el alma de nardo del árabe español”del bueno de Machado? Tengo que documentarme más..
* Assad Baruch es nombre íntimo que no trasciende al terreno de la identificación social.
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