En todo devenir humano hay un momento en que se rompe la compostura secuencial de los acontecimientos y desaparece el espejismo de estar inmersos en un proceso previsible que siempre va hacia mejor. La realidad pura y desnuda dicta que todo desarreglo presente ha tenido un comienzo y un crecimiento que es necesario precisar. Así que un día de estos, que estaba releyendo unas poesías bélicas de Léopold Senghor, el poeta de la negritud y de la francofonía, que tanto gustó a los hombres de mi generación, me puse a repasar los acontecimientos en que se había inspirado y me sorprendí preguntándome ¿Cuándo una Historia grande y heroica, prometedora y atrevida como era la de los pueblos europeos comenzó a encanallarse hasta llegar a la apoteosis de la Marketplatz que es el día de hoy? Y pensé que posiblemente eso aconteció en la Primera Guerra Mundial, cuando por primera vez el odio predicado por los grandes nacionalismos se adueñó de los espíritus y consiguió anular operativamente los últimos vestigios de lazos comunes entre naciones hermanas.
Así, el socialismo vio hundirse su sueño de fraternidad obrera al no poder impedir que los proletarios de las diversas naciones se mataran entre sí. Los cristianos presenciaron cómo los mandos políticos y militares, decididos a continuar la matanza, conseguían anular los sentimientos cristianos que inducían a confraternizar con el enemigo en el tiempo de Navidad. La colonización tomó definitivo carácter criminal cuando la Troisiéme Republique reclutó en Argelia, Marruecos y Senegal a miserables indígenas para que vinieran a matar europeos y a caer como insectos en los pudrideros de Bélgica, del Somme, de los Dardanelos y Verdun. Los alemanes, que para hundir a los rusos en el caos, les enviaron al agitador Lenín en un vagón sellado, vieron cómo el estallido social se contagiaba a la propia Alemania donde tuvo que ser detenido por la reacción de los Frei Korps, preludio de lo que sería el dominio nazi. Fue también en la I Guerra cuando los Aliados de la Entente acordaron en secreto rechazar toda propuesta de paz proveniente del Papa o de los países católicos. Acabaron así con Austria- Hungría, pero en cambio dejaron inerme la Europa Oriental ante cualquier acometida desde el Este.
Todo quedó preparado para que los europeos reemprendieran, en la II Guerra Mundial, la tarea de matarse entre sí, añadiendo paradójicamente a la agenda el objetivo de exterminar a los judíos, la minoría más brillante que Europa haya tenido jamás Todavía hoy Europa está tratando de suturar aquellas heridas mientras crecen en su interior minorías islamistas realmente foráneas, pero esta vez en activa beligerancia contra el remanente de las ideas preclaras que hicieron grande a Europa.
Así, el socialismo vio hundirse su sueño de fraternidad obrera al no poder impedir que los proletarios de las diversas naciones se mataran entre sí. Los cristianos presenciaron cómo los mandos políticos y militares, decididos a continuar la matanza, conseguían anular los sentimientos cristianos que inducían a confraternizar con el enemigo en el tiempo de Navidad. La colonización tomó definitivo carácter criminal cuando la Troisiéme Republique reclutó en Argelia, Marruecos y Senegal a miserables indígenas para que vinieran a matar europeos y a caer como insectos en los pudrideros de Bélgica, del Somme, de los Dardanelos y Verdun. Los alemanes, que para hundir a los rusos en el caos, les enviaron al agitador Lenín en un vagón sellado, vieron cómo el estallido social se contagiaba a la propia Alemania donde tuvo que ser detenido por la reacción de los Frei Korps, preludio de lo que sería el dominio nazi. Fue también en la I Guerra cuando los Aliados de la Entente acordaron en secreto rechazar toda propuesta de paz proveniente del Papa o de los países católicos. Acabaron así con Austria- Hungría, pero en cambio dejaron inerme la Europa Oriental ante cualquier acometida desde el Este.
Todo quedó preparado para que los europeos reemprendieran, en la II Guerra Mundial, la tarea de matarse entre sí, añadiendo paradójicamente a la agenda el objetivo de exterminar a los judíos, la minoría más brillante que Europa haya tenido jamás Todavía hoy Europa está tratando de suturar aquellas heridas mientras crecen en su interior minorías islamistas realmente foráneas, pero esta vez en activa beligerancia contra el remanente de las ideas preclaras que hicieron grande a Europa.
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