Las últimas camisetas del verano se confunden con las primeras de este despistado otoño.“Follow me”, se lee en la pechera de una chica. Y esa leyenda, propia de vehículo-guía en las pistas de aterrizaje, se transforma visualmente, por arte de habilidoso trampantojo y traducida al español, en lo que vuestras mercedes se imaginan y yo no digo. Por todos lados hay camisetas que dicen “I love New York”, con el corazoncito en medio, Habrá que suponer que muchos de quienes las visten son viajeros en realidad viajados. Pero ¡quién sabe!
A su manera estas camisetas son pancartas que proclaman la presencia dominante de lo anglo. Algunas exhiben el escudo, el nombre y el lema de Universidades de los Estados Unidos. Otras juguetean con el doble sentido: “You can catch me”, tú puedes cogerme, indica la camiseta que cubre hasta la mitad de la barriguita de una moza. “No problem”, afirma la rotulación optimista en la pechera de un muchacho. Algunas leyendas derivan en algo parecido a la obstinación, como éstas que alcanzo a leer en la camiseta de una frondosa señora: “Smoking is not allowed anywhere else”, “Smoking is allowed in any part of this building”.Y las hay que parecen paráfrasis shakespireanas que se complacen en enlazar la realidad y los sueños: “Follow the real line to the dreams”
“In Dog we trust”, reza la leyenda en el torso de un hombretón de aire orondo y satisfecho. La frase se puede interpretar como la afirmación de alguien que ama a los perros y desconfía de los seres humanos o como una toma de postura ante la existencia de Dios. Esto último lo abona el hecho de ser la leyenda un calco del lema impreso en los dólares: “In God we trust”, en Dios confiamos. Y aquí hay más miga de lo que parece a simple vista porque, sin abandonar el filón de la lengua inglesa -que para eso es la lengua del imperio-, quiero recordar que fueron monjes ingleses de la Edad Media quienes recomendaron precaución frente al soberbio anhelo de querer desentrañar en la oración el significado de la palabra Dios. Dicho anhelo puede erigirse en obstáculo que separe de su objetivo a quienes buscan el amor de unidad con el Altísimo. Así, para dar el esquinazo a la imaginación desbocada y no fomentar la concupiscencia del saber, la palabra “God” fue transformada en “Dog” su reverso fonético, y éste acabó significando “perro” por efecto de la deriva semántica que tiende a igualar aquello que es considerado aparte por su grandeza o inconmensurabilidad, con aquello que no hay más remedio que apartar por su condición sucia o contaminante. Las personas hablan a través de sus camisetas, y no siempre se reducen a banalidades. Digo.
A su manera estas camisetas son pancartas que proclaman la presencia dominante de lo anglo. Algunas exhiben el escudo, el nombre y el lema de Universidades de los Estados Unidos. Otras juguetean con el doble sentido: “You can catch me”, tú puedes cogerme, indica la camiseta que cubre hasta la mitad de la barriguita de una moza. “No problem”, afirma la rotulación optimista en la pechera de un muchacho. Algunas leyendas derivan en algo parecido a la obstinación, como éstas que alcanzo a leer en la camiseta de una frondosa señora: “Smoking is not allowed anywhere else”, “Smoking is allowed in any part of this building”.Y las hay que parecen paráfrasis shakespireanas que se complacen en enlazar la realidad y los sueños: “Follow the real line to the dreams”
“In Dog we trust”, reza la leyenda en el torso de un hombretón de aire orondo y satisfecho. La frase se puede interpretar como la afirmación de alguien que ama a los perros y desconfía de los seres humanos o como una toma de postura ante la existencia de Dios. Esto último lo abona el hecho de ser la leyenda un calco del lema impreso en los dólares: “In God we trust”, en Dios confiamos. Y aquí hay más miga de lo que parece a simple vista porque, sin abandonar el filón de la lengua inglesa -que para eso es la lengua del imperio-, quiero recordar que fueron monjes ingleses de la Edad Media quienes recomendaron precaución frente al soberbio anhelo de querer desentrañar en la oración el significado de la palabra Dios. Dicho anhelo puede erigirse en obstáculo que separe de su objetivo a quienes buscan el amor de unidad con el Altísimo. Así, para dar el esquinazo a la imaginación desbocada y no fomentar la concupiscencia del saber, la palabra “God” fue transformada en “Dog” su reverso fonético, y éste acabó significando “perro” por efecto de la deriva semántica que tiende a igualar aquello que es considerado aparte por su grandeza o inconmensurabilidad, con aquello que no hay más remedio que apartar por su condición sucia o contaminante. Las personas hablan a través de sus camisetas, y no siempre se reducen a banalidades. Digo.
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