P+P+I, propaganda, publicidad e información, son, como todos sabemos, los puntales de la comunicación. Propaganda, que hoy es instrumento por excelencia de las ideologías políticas, es palabra de origen eclesiástico –primero fue la “Propaganda Fide”- y viene del latin “propago” que es tanto como mugrón, brote o sarmiento de las vides. Jesús personalizó: “yo soy la vid, vosotros los sarmientos”.Un propago o sarmiento humano necesita cuidados especiales y, tratándose de transmitirle los contenidos de la fe, debe hacerse a través de un mensaje cierto y claro, completo y verdadero. Esto lo tienen parcialmente olvidado los clérigos y pasan de ello los políticos.
Publicidad es término de uso comercial que nace a comienzos del siglo XX para designar la acción y el efecto de dar a conocer a los potenciales clientes las cualidades de un artículo. Deriva del latín “publicare”, que era tanto como que la autoridad pública confiscara un bien de propiedad privada.
Información viene del verbo informar, con el significado de dar forma a alguna cosa. En el ámbito judicial se denominó información al escrito dirigido al juez por el abogado que, precisamente por eso, era llamado “letrado informante.” La palabra abarca hoy la situación técnica y social que pone al alcance de quien quiera bajarlos de la red los datos de las más diferentes disciplinas: por eso se habla de la sociedad de la información.
La propaganda y la publicidad deben contener datos de naturaleza informativa. El que actualmente se tienda a escurrir el bulto ante esa exigencia, no quita importancia al hecho de que la piedra de contraste de la publicidad y la propaganda siga siendo la capacidad de transmitir datos ciertos y comprobables.
Viendo lo que hay, es difícil encontrar publicidades más completas que la del automóvil y la de la prostitución. La del motor destaca por su lujo y por su rigor al exponer las condiciones técnicas, consumo, mantenimiento y prestaciones según la gama, modelo y marca de los vehículos. La de la prostitución, se distingue por su cutrez y por el prolijo recuento de las características anatómicas y fisiológicas de las chicas y chicos que actúan de deshumanizados fajineros del sexo venal. En este mercado hay muchos puntos de comprometedora opacidad. Dos a destacar: el taimado disimulo de la edad de las más jóvenes entre las prostituídas, y la descarada divulgación de prácticas reñidas con las más elementales normas de higiene. Se conoce que minoría de edad y sanidad en materia venérea son “tabúes” que oficialmente se consideran superados.¡Ahí es nada!
Publicidad es término de uso comercial que nace a comienzos del siglo XX para designar la acción y el efecto de dar a conocer a los potenciales clientes las cualidades de un artículo. Deriva del latín “publicare”, que era tanto como que la autoridad pública confiscara un bien de propiedad privada.
Información viene del verbo informar, con el significado de dar forma a alguna cosa. En el ámbito judicial se denominó información al escrito dirigido al juez por el abogado que, precisamente por eso, era llamado “letrado informante.” La palabra abarca hoy la situación técnica y social que pone al alcance de quien quiera bajarlos de la red los datos de las más diferentes disciplinas: por eso se habla de la sociedad de la información.
La propaganda y la publicidad deben contener datos de naturaleza informativa. El que actualmente se tienda a escurrir el bulto ante esa exigencia, no quita importancia al hecho de que la piedra de contraste de la publicidad y la propaganda siga siendo la capacidad de transmitir datos ciertos y comprobables.
Viendo lo que hay, es difícil encontrar publicidades más completas que la del automóvil y la de la prostitución. La del motor destaca por su lujo y por su rigor al exponer las condiciones técnicas, consumo, mantenimiento y prestaciones según la gama, modelo y marca de los vehículos. La de la prostitución, se distingue por su cutrez y por el prolijo recuento de las características anatómicas y fisiológicas de las chicas y chicos que actúan de deshumanizados fajineros del sexo venal. En este mercado hay muchos puntos de comprometedora opacidad. Dos a destacar: el taimado disimulo de la edad de las más jóvenes entre las prostituídas, y la descarada divulgación de prácticas reñidas con las más elementales normas de higiene. Se conoce que minoría de edad y sanidad en materia venérea son “tabúes” que oficialmente se consideran superados.¡Ahí es nada!
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