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sábado, 17 de julio de 2010

Money... Money

El dinero es la gran preocupación y ocupación de los banqueros, de los ingenieros financieros, de los políticos adheridos al SIDN, de las organizaciones no gubernamentales que viven de las subvenciones del gobierno;  de los amigos del prójimo desaproximado, expertos en hacer maravillas, dicen, con un euro, sólo que en tierras lejanas.

Pero no sólo de ellos, el dinero es también el gran tema de los mendigos, esas huchas humanas que ejemplifican el decir popular que recomienda cuidar el céntimo, ya que los millones se cuidan solos. Para cada uno de estos respetables estamentos, el dinero desempeña funciones enriquecedoras, consoladoras o requiescentes, según se mire. Pero aparte de todo eso, el dinero, más que nunca, aporta  seguridad. ¿Y eso cómo se come?

No se cómo se come, pero sí se que la cosa comenzó en el momento en que fueron  privatizados los servicios de seguridad. El pago, abreviando trámites, se puede hacer directamente a quienes te amenazan; o, si se opta por la tremenda, contratando guardaespaldas o entrando en contacto con la mafia de Marsella y ahorita nomás con la colombiana que hila muy fino el huevo para el cabello de ángel.  Ciertos estamentos obtienen el servicio a cuenta del Estado o de sus sucedáneos autonómicos. A las organizaciones dedicadas a captar fondos del gobierno, los protege el tabú del buenismo que se ha creado en torno a ellas.

En cuanto a los mendigos, todo va según su procedencia. Aquellos que han sido admitidos por nuestros diligentes servicios de frontera porque provienen del espacio  Schengen, están protegidos por el tratado del mismo nombre que, al parecer los hace invulnerables ante la ley. Los demás, aunque escudados tras la actitud paternal y apostólica que adopta nuestro Estado laicista, quedan totalmente desprotegidos ante los ocasionales desmanes de una población ansiosa de diversión y jaleo. Es comprensible que haya algunos chicos que encuentren divertido acercarse a los mendigos para meterles un buen susto e incluso hay quienes les han dado candela  o los han enviado a mejor vida  a patada limpia como si de un balón se tratase. Es un nuevo género de diversión que españoles y expañoles  deben aceptar de buen grado; al fin y al cabo sólo se trata de un pequeño tributo que se debe pagar a cambio de los innumerables  beneficios que nuestra sociedad obtiene de la multiculturalidad contemporánea.

Queda una pregunta en el aire que debo aclarar: las siglas SIDN, citadas al comienzo, corresponden al conocido Sistema Integrado de Despojo Nacional.

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