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lunes, 22 de marzo de 2010

24-F

La prensa saludó con júbilo aquél momento de unidad en que parecieron converger los propósitos y las ilusiones más dispares. Hombres y mujeres provenientes de todos los rincones de las ideologías; salidos de los armarios de todas las opciones y preferencias sexuales; emergidos de los baúles de doble fondo de las sociedades de honor y juramento. ¡Todos coincidieron aquél día en un instante mágico de verdadera e inesperada fraternidad !

Allí estaban los partidarios del orden, que abrigaban el temor de que los pobres llegaran a ser muy numerosos y pudiesen desafiar al poder establecido. Allí los partidarios de una humanidad saludable que sólo será posible con  la eliminación “ab orto” de los enfermos, de los deformes, de los minusválidos y de los inútiles. Allí los economistas  previsores que querían evitar a las arcas del Estado la avalancha de hijos sin padre y a cargo de los presupuestos públicos provocada por la liviandad de la juventud inexperta y chochiloca. Allí los ultraístas de la igualdad, deseosos de avanzar un paso más en la destrucción de la familia en la que identificaban la fuente arcaica y nefasta de las  desigualdades  humanas. Allí los farmarredentores, que trafican con la salud de los cuerpos y con los cuerpos sin salud.

Allí también los expartidarios de Dios y las antiguas leyes que ahora parecen andar con prisas para  independizarse de sí mismos alimentando el sueño prodigioso de una nación sin nacimientos y de una nacionalidad sin responsabilidades paternas.

Allí los partidarios de sustituir a la población de aquí con nuevos pobladores de allén acaso más ignorantes, pero con la indudable ventaja de resultar más baratos y ser menos  exigentes que los provenientes del choco o del odiado entorno ibérico. Allí los revolucionarios que esperaban beneficiarse de la presencia de los nuevos pobladores para reventar el sistema mediante la acción callejera desbordada, o a través de  la cosecha del voto de los descontentos y desinformados que son los que deciden a la hora de las tornas en todas las democracias problemáticas.

En aquél momento apoteósico, las diferencias entre todos ellos se difuminaron  Un estremecimiento de hermandad recorrió los escaños de los triunfadores. Sus ocupantes, responsables de aquella victoria se fundieron en apretado abrazo. Un aura de amistad, contento y solidaridad envolvió a todos. ¡Se había aprobado la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo! 



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