Una faceta negativa de la sociedad de la información es la facilidad que ofrece para instrumentalizar la verdad. Quienes se prestan a este engaño lo hacen bajo el influjo de muy variados impulsos no necesariamente innobles; aunque de hecho, cuando actúan lubricados por el favor político, gozan de una patente de corso para actuar como acusadores y jueces de los tiempos pasados y erigirse en pretendidos rectificadores del curso de la historia. Porque no se trata ya de dar a comprender las cosas en toda su grave profundidad dentro de un marco que se ajuste lo humanamente posible a la verdad de los hechos, sino de conseguir que las cosas calcen en el molde ideológico previsto. Y para ello basta meter la hurga en las consecuencias funestas del pasado mirando solamente las que pueda atribuirse al adversario. Lo que resulta de esto no deja de ser memoria histórica, pero es memoria histórica contaminada con arreglo a la cual no es dable rectificar los errores del pasado que es lo que en el fondo valdría la pena.
Para cortar el paso a malentendidos, es preciso recordar que, la tergiversación no es invento nuevo como puede comprobar quien recuerde la historia de España desde 1923, con el papel promotor de la burguesía catalana en el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera. O desde 1931, hasta 1936, período rico en sucesos con el inicio de la persecución de la Iglesia, la matanza de los desesperados campesinos de Casas Viejas y con el General Franco llamado para salvar a la República ante la insurrección de Asturias. Y conste que no me olvido de la llamada Transición Pacífica que tuvo como saldo casi un centenar de muertos que en el libro de la contabilidad política cuentan lo que pelillos en la mar. Lo aconsejable es dejar de tomar en serio la babiecada de que basta con cambiar el signo para que las palabras huecas y las simplificaciones de hoy valgan más que las del pasado en orden a travestir la mentira para hacerla pasar como verdad.
La facilidad con que desde el poder se pueden manejar, sin alarma para el ciudadano, los instrumentos de suasión psicológica destinados a paralizar la crítica, y la tendencia de los medios informativos a actuar de factores corroborantes de las tesis del poder, contribuyen a asegurar el éxito de cualquier fraude oficial y a poner barreras a la deseada purificación de la memoria. No obstante, esta purificación, que consiste en identificar los individuos, los pueblos, los grupos sociales y los partidos políticos, los errores y los horrores cometidos formando parte de la entera colectividad, sigue siendo la vía única para liberarse de antiguos odios que impiden ¡todavía hoy! aspirar a la lealtad recíproca. Difícil tarea ¿no? Mas no imposible.
Para cortar el paso a malentendidos, es preciso recordar que, la tergiversación no es invento nuevo como puede comprobar quien recuerde la historia de España desde 1923, con el papel promotor de la burguesía catalana en el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera. O desde 1931, hasta 1936, período rico en sucesos con el inicio de la persecución de la Iglesia, la matanza de los desesperados campesinos de Casas Viejas y con el General Franco llamado para salvar a la República ante la insurrección de Asturias. Y conste que no me olvido de la llamada Transición Pacífica que tuvo como saldo casi un centenar de muertos que en el libro de la contabilidad política cuentan lo que pelillos en la mar. Lo aconsejable es dejar de tomar en serio la babiecada de que basta con cambiar el signo para que las palabras huecas y las simplificaciones de hoy valgan más que las del pasado en orden a travestir la mentira para hacerla pasar como verdad.
La facilidad con que desde el poder se pueden manejar, sin alarma para el ciudadano, los instrumentos de suasión psicológica destinados a paralizar la crítica, y la tendencia de los medios informativos a actuar de factores corroborantes de las tesis del poder, contribuyen a asegurar el éxito de cualquier fraude oficial y a poner barreras a la deseada purificación de la memoria. No obstante, esta purificación, que consiste en identificar los individuos, los pueblos, los grupos sociales y los partidos políticos, los errores y los horrores cometidos formando parte de la entera colectividad, sigue siendo la vía única para liberarse de antiguos odios que impiden ¡todavía hoy! aspirar a la lealtad recíproca. Difícil tarea ¿no? Mas no imposible.
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