La tirantez prebélica entre Venezuela y Colombia, cuya solución busca infructuosamente la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión de Naciones Suramericanas, es un asunto grave al cual debe prestarse la debida atención.
Las posibilidades reales de que la guerra se produzca son grandes por una razón muy sencilla: está en manos de Cháves el provocarla. De hecho, ya lo está haciendo con su mal disimulado apoyo a las dos principales fuerzas subversivas que actúan en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Frente de Liberación Nacional (FLN).Existe, además, otro indicio: las fuerzas norteamericanas del Comando Sur han desembarcado “para maniobras” en Panamá. Se trata, por supuesto, de una medida de precaución.
La comparación de fuerzas y de equipo favorece a Colombia: sus fuerzas armadas son más poderosas, más disciplinadas y tienen experiencia de combate. Pero su armamento –comprado en USA o proporcionado por este país- no está totalmente libre para uso guerrero, pues sólo puede ser empleado en la lucha contra la subversión interna que en Colombia está vinculada inequívocamente al narcotráfico.
Las fuerzas venezolanas carecen de experiencia bélica y parte de su armamento está sometido a las mismas restricciones que el de los colombianos; pero una cuarta parte del mismo, la más moderna, ha sido comprado en el mercado libre. No obstante Venezuela carece de la tecnología apropiada para su mantenimiento y es más que dudoso que se la pueda proporcionar Irán, que ha servido de intermediario en las adquisiciones.
En caso de guerra Cháves aprovecharía la pervivencia de un falso litigio con Colombia para encender la demagogia patriotera. Se trata de la zona marítima aneja a los islotes inhabitables de Los Monjes que Cháves, en su delirio, considera como un verdadero archipiélago. La razón de esta exagerada calificación estriba en que es una zona petrolera que Venezuela quiere arrebatar a Colombia. Hay también un litigio pendiente contra la República Cooperativa de Guayana, estado nominal que los ingleses sostienen en América del Sur. Ya en 2007, un destacamento venezolano penetró en territorio de la Guayana Esequiva, y voló dos dragas que habían recibido autorización de los ingleses para trabajar en ríos que Venezuela considera como propios.
La pelota está en el aire. Brasil puede jugar un papel decisivo para una solución pacífica. Cháves tiene el propósito de desestabilizar la zona para minar el poder de los Estados Unidos. Otra cosa es que pueda llegar a hacerlo.
Las posibilidades reales de que la guerra se produzca son grandes por una razón muy sencilla: está en manos de Cháves el provocarla. De hecho, ya lo está haciendo con su mal disimulado apoyo a las dos principales fuerzas subversivas que actúan en Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Frente de Liberación Nacional (FLN).Existe, además, otro indicio: las fuerzas norteamericanas del Comando Sur han desembarcado “para maniobras” en Panamá. Se trata, por supuesto, de una medida de precaución.
La comparación de fuerzas y de equipo favorece a Colombia: sus fuerzas armadas son más poderosas, más disciplinadas y tienen experiencia de combate. Pero su armamento –comprado en USA o proporcionado por este país- no está totalmente libre para uso guerrero, pues sólo puede ser empleado en la lucha contra la subversión interna que en Colombia está vinculada inequívocamente al narcotráfico.
Las fuerzas venezolanas carecen de experiencia bélica y parte de su armamento está sometido a las mismas restricciones que el de los colombianos; pero una cuarta parte del mismo, la más moderna, ha sido comprado en el mercado libre. No obstante Venezuela carece de la tecnología apropiada para su mantenimiento y es más que dudoso que se la pueda proporcionar Irán, que ha servido de intermediario en las adquisiciones.
En caso de guerra Cháves aprovecharía la pervivencia de un falso litigio con Colombia para encender la demagogia patriotera. Se trata de la zona marítima aneja a los islotes inhabitables de Los Monjes que Cháves, en su delirio, considera como un verdadero archipiélago. La razón de esta exagerada calificación estriba en que es una zona petrolera que Venezuela quiere arrebatar a Colombia. Hay también un litigio pendiente contra la República Cooperativa de Guayana, estado nominal que los ingleses sostienen en América del Sur. Ya en 2007, un destacamento venezolano penetró en territorio de la Guayana Esequiva, y voló dos dragas que habían recibido autorización de los ingleses para trabajar en ríos que Venezuela considera como propios.
La pelota está en el aire. Brasil puede jugar un papel decisivo para una solución pacífica. Cháves tiene el propósito de desestabilizar la zona para minar el poder de los Estados Unidos. Otra cosa es que pueda llegar a hacerlo.
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