A diferencia del té, que tiene su propia ceremonia, el café prescinde de especiales miramientos. Con que haya para todos, basta. En este sueño invernal sucedió lo que decía la canción aquella de Juan Luis Guerra: llovió café. Y hubo café para todos.
Y que conste que, me doy perfecta cuenta que al decir que se trata de un sueño me estoy internando en terreno resbaladizo. Porque es bien sabido que nuestro romance distingue mal lo que es el sueño entendido como estado fisiológico de descanso en que entran en ciertos períodos los animales, de ese otro sueño formado por las imágenes y las figuraciones que encalabrinan la mente cuando se deja a la fantasía tomar el mando sin importar poco ni mucho que sea durante la dormición o en plena vigilia.
El primer suceso onírico que presencié fue la consulta popular en el País Vasco. “Mira”, me dijo mi guía, que se presentaba bajo la figura de Hipnos- : “después de siete mil años de continua lucha, evocados por el señor Ibarretxe en Txile, la elocuencia democrática del voto apuntó sin vacilaciones hacia la independencia. Inmediatamente después -una simple formalidad, ya se sabe- comenzaron las negociaciones con Europa a fin de que el Concierto, que tantos beneficios había reportado dentro del Estado Español, fuera reconocido tal cual dentro de la Unión Europea. No tardó Bruselas en responder que sí. Días después se supo que en la capital europea se habían creído que se trataba de un concierto del Orfeón Donostiarra, pero ya era tarde para rectificar. Jamás una equivocación tan pequeña ha tenido resultado tan grandioso.”
Un enorme búho que descansaba en las ramas de un nogal levantó el ala con intención de decir algo. Le autorizó mi guía y el ave expresó su admiración de que en la antigua España todo hubiera transcurrido en paz y buena compaña. Hipnos tuvo a bien aclararme a continuación cuál era secreto de esa paz no buscada: “siglos de convivencia habían forjado entre los habitantes de las tierras de Iberia un cauce de cordialidad y afecto que sabía aflorar a la superficie cuando menos se esperaba. “Al fin y al cabo –añadió- la separación se ha producido sólo después de haber acompañado los vascos a los demás españoles en todas las grandes o pequeñas, conocidas o desconocidas, provechosas o ruinosas pero nunca estériles probanzas que la Historia exigió a ese bullicioso, voceras, bronqueador y tamborrero gentío que son los descendientes de Iñigo Arista y de Mío Cid, el que en buena hora nació. Los españoles de siempre y los expañoles de ahora de sobra han demostrado su capacidad de andar por allí haciendo el Quijote con el corazón más elevado que el sursumcorda, o de comportarse como otros Sanchos, atentos sólo a los bogborigmos y flatulencias de su propia panza.”
¿Y que es ese revuelo de banderas? –pregunté- al ver muchas que se agitaban en el viento. “Son Cataluña y Galicia que adelantan su independencia. Por si fuera poco, en las Islas Afortunadas el pequeño y casi ignorado Partido “Canarias Insurgente”, ha ganado las elecciones propugnando la independencia del archipiélago –exceptuando, por insegura, la isla de San Borondón- y su inmediata integración en el Tratado de la Unidad Africana. Los canarios decidieron el grave asunto de la capitalidad recurriendo a la sabiduría de Salomón: los años pares, Santa Cruz; los años nones, Las Palmas.”
Como celajes que se acumulan viniendo desde diferentes puntos del cielo, vi cómo las jóvenes repúblicas de Euskadi, Galicia y Cataluña decidieron unirse para determinados objetivos comunes. Así surgió el ente unitario llamado Galeusca, quedando el Reino de España finalmente constituído por las Comunidades Autonómicas de Madrid, Castilla-León, Castilla- La Mancha, Aragón, Extremadura, Andalucía y Valencia que continúa con su secular propósito de “doner noves glories a Espanya”. Las Baleares buscaron acomodo también en el redil español, pero con una condición: el vínculo se disolvería el día que los reyes dejaran de veranear en les Illes. “Se espera que esta sea la remodelación definitiva, pero que conste que no nos asusta la geografía variable, entre más variable mejor” declaró con su mejor talante el Presidente vitalicio de España, señor Rodríguez Zapatero.
En ese momento captó mi atención una mesa redonda que estaban instalando en un reservado de los muchos edificios singulares que allí había.“Es la mesa de negociaciones de Galeusca con el Reino de España,” -me dice mi guía- “las tres repúblicas unidas tratan de conseguir que Madrid permita la construcción de una autopista elevada que comunique entre sí a los nuevos Estados independientes sin tener que descender los viajeros o las mercancías a territorio español. Dicha autopista permitiría paliar la desventaja de la discontinuidad territorial sobre la cual se asienta Galeusca. Se supone que la pista elevada, con una anchura para 13 carriles, sendas vías de servicio, bidegorri y amplísimo arcén en cada sentido, totalmente iluminada con energía fotovoltaica, una maravilla de la técnica del siglo XXI, sería en parte costeada con el “Fondo de la Unión Europea para las regiones de difícil intercomunicación.”
Madrid era un hervidero de proyectos y reuniones de todo tipo donde se hacían oír con plena claridad voces procedentes del mundo entero. En el gran Palacio de Exposiciones y Congresos, me sorprende una algarabía. “¿A qué motivo responde esa reunión tan ruidosa?” pregunté. Es la “Conferencia permanente para la Emancipación del Pueblo Rumí”, respondió mi guía. “Ahora redactan un texto para reclamar a la ONU la creación de un “hogar nacional” para los gitanos de todo el mundo. No quieren sentirse constreñidos a vagar sin rumbo, sin rey, ni roque ni perrito que les ladre. Solicitan que se les conceda Navarra, que ha quedado un tanto colgada con el nuevo retranqueo”
“¿Y ese grupo de más allá?” “Son los representantes de las distintas autonomías del Reino de España, de las repúblicas expañolas recientemente independizadas, más los delegados nacionales de Portugal y de Andorra y un observador de Gibraltar. Quieren formar una plataforma a favor de la reunificación de la Península Ibérica.”
¿Y ese hombre tan arrecho? Pregunté al ver uno que aparecía muy tieso y erguido. Resultó ser el jefe de la fracción radical que acababa de perder la votación. Se trataba del misterioso Charles-Marie Pérez Bâton de Poignenface y Malmatar. De él se dice que es de origen andorrano, o catalán, o argentino nacionalizado español, o de familia cubana proveniente de los blancos de Santo Domingo y la Martinica que poblaron la ciudad de Cienfuegos, quizá un agente de los servicios secretos franceses o norteamericanos, o israelíes, o alemanes, no se sabe bien. Malmatar se enfrentaba al ala moderada del portugués Joâo Diogo Miradoiro da Foz, que resultó triunfador adoptando inicialmente la recién formada organización el nombre de “Liga Democrática y General para la Reunificación Fraterna de los pueblos de España”, si bien por temor a que fuera interpretada como un signo de militarismo, la palabra “general” fue suprimida de la denominación final. “Con una perspectiva histórica de 700 años –los de la Reconquista- por delante” –expresó Miradoiro da Foz- “no tenemos ninguna prisa por lograr nuestro objetivo. El tiempo cursa a nuestro favor y seguimos la directriz propia de la doctrina de los escaques: quien domina el centro del tablero termina ganando la partida.”
De repente, el panorama onírico cambió. Hipnos fue sustituído por un Eros Fúnebre que se presentaba en figura de un guerrero hercúleo que se apoyaba, en posición de “descansen”, en una espada mandoble. Carecía de rostro y se cubría el vacío con un paño ritual de colores negro, rojo y Amarillo, azul y blanco que le caía sobre los hombres. “No os engañeis, siempre he estado aquí”, dijo con voz estentórea que parecía salir de todas partes y se duplicaba en prolongado eco. Hablaba Alemán y francés, francés y alemán. Del café no dijo nada, pero las tazas se rompieron al resonar su voz. Entonces desperté. Esperaba que las cumplidas campanas de Santa María anunciaran, al fin, la mañana. Pero esta vez no lo hicieron o no alcancé a oirlas.
Y que conste que, me doy perfecta cuenta que al decir que se trata de un sueño me estoy internando en terreno resbaladizo. Porque es bien sabido que nuestro romance distingue mal lo que es el sueño entendido como estado fisiológico de descanso en que entran en ciertos períodos los animales, de ese otro sueño formado por las imágenes y las figuraciones que encalabrinan la mente cuando se deja a la fantasía tomar el mando sin importar poco ni mucho que sea durante la dormición o en plena vigilia.
El primer suceso onírico que presencié fue la consulta popular en el País Vasco. “Mira”, me dijo mi guía, que se presentaba bajo la figura de Hipnos- : “después de siete mil años de continua lucha, evocados por el señor Ibarretxe en Txile, la elocuencia democrática del voto apuntó sin vacilaciones hacia la independencia. Inmediatamente después -una simple formalidad, ya se sabe- comenzaron las negociaciones con Europa a fin de que el Concierto, que tantos beneficios había reportado dentro del Estado Español, fuera reconocido tal cual dentro de la Unión Europea. No tardó Bruselas en responder que sí. Días después se supo que en la capital europea se habían creído que se trataba de un concierto del Orfeón Donostiarra, pero ya era tarde para rectificar. Jamás una equivocación tan pequeña ha tenido resultado tan grandioso.”
Un enorme búho que descansaba en las ramas de un nogal levantó el ala con intención de decir algo. Le autorizó mi guía y el ave expresó su admiración de que en la antigua España todo hubiera transcurrido en paz y buena compaña. Hipnos tuvo a bien aclararme a continuación cuál era secreto de esa paz no buscada: “siglos de convivencia habían forjado entre los habitantes de las tierras de Iberia un cauce de cordialidad y afecto que sabía aflorar a la superficie cuando menos se esperaba. “Al fin y al cabo –añadió- la separación se ha producido sólo después de haber acompañado los vascos a los demás españoles en todas las grandes o pequeñas, conocidas o desconocidas, provechosas o ruinosas pero nunca estériles probanzas que la Historia exigió a ese bullicioso, voceras, bronqueador y tamborrero gentío que son los descendientes de Iñigo Arista y de Mío Cid, el que en buena hora nació. Los españoles de siempre y los expañoles de ahora de sobra han demostrado su capacidad de andar por allí haciendo el Quijote con el corazón más elevado que el sursumcorda, o de comportarse como otros Sanchos, atentos sólo a los bogborigmos y flatulencias de su propia panza.”
¿Y que es ese revuelo de banderas? –pregunté- al ver muchas que se agitaban en el viento. “Son Cataluña y Galicia que adelantan su independencia. Por si fuera poco, en las Islas Afortunadas el pequeño y casi ignorado Partido “Canarias Insurgente”, ha ganado las elecciones propugnando la independencia del archipiélago –exceptuando, por insegura, la isla de San Borondón- y su inmediata integración en el Tratado de la Unidad Africana. Los canarios decidieron el grave asunto de la capitalidad recurriendo a la sabiduría de Salomón: los años pares, Santa Cruz; los años nones, Las Palmas.”
Como celajes que se acumulan viniendo desde diferentes puntos del cielo, vi cómo las jóvenes repúblicas de Euskadi, Galicia y Cataluña decidieron unirse para determinados objetivos comunes. Así surgió el ente unitario llamado Galeusca, quedando el Reino de España finalmente constituído por las Comunidades Autonómicas de Madrid, Castilla-León, Castilla- La Mancha, Aragón, Extremadura, Andalucía y Valencia que continúa con su secular propósito de “doner noves glories a Espanya”. Las Baleares buscaron acomodo también en el redil español, pero con una condición: el vínculo se disolvería el día que los reyes dejaran de veranear en les Illes. “Se espera que esta sea la remodelación definitiva, pero que conste que no nos asusta la geografía variable, entre más variable mejor” declaró con su mejor talante el Presidente vitalicio de España, señor Rodríguez Zapatero.
En ese momento captó mi atención una mesa redonda que estaban instalando en un reservado de los muchos edificios singulares que allí había.“Es la mesa de negociaciones de Galeusca con el Reino de España,” -me dice mi guía- “las tres repúblicas unidas tratan de conseguir que Madrid permita la construcción de una autopista elevada que comunique entre sí a los nuevos Estados independientes sin tener que descender los viajeros o las mercancías a territorio español. Dicha autopista permitiría paliar la desventaja de la discontinuidad territorial sobre la cual se asienta Galeusca. Se supone que la pista elevada, con una anchura para 13 carriles, sendas vías de servicio, bidegorri y amplísimo arcén en cada sentido, totalmente iluminada con energía fotovoltaica, una maravilla de la técnica del siglo XXI, sería en parte costeada con el “Fondo de la Unión Europea para las regiones de difícil intercomunicación.”
Madrid era un hervidero de proyectos y reuniones de todo tipo donde se hacían oír con plena claridad voces procedentes del mundo entero. En el gran Palacio de Exposiciones y Congresos, me sorprende una algarabía. “¿A qué motivo responde esa reunión tan ruidosa?” pregunté. Es la “Conferencia permanente para la Emancipación del Pueblo Rumí”, respondió mi guía. “Ahora redactan un texto para reclamar a la ONU la creación de un “hogar nacional” para los gitanos de todo el mundo. No quieren sentirse constreñidos a vagar sin rumbo, sin rey, ni roque ni perrito que les ladre. Solicitan que se les conceda Navarra, que ha quedado un tanto colgada con el nuevo retranqueo”
“¿Y ese grupo de más allá?” “Son los representantes de las distintas autonomías del Reino de España, de las repúblicas expañolas recientemente independizadas, más los delegados nacionales de Portugal y de Andorra y un observador de Gibraltar. Quieren formar una plataforma a favor de la reunificación de la Península Ibérica.”
¿Y ese hombre tan arrecho? Pregunté al ver uno que aparecía muy tieso y erguido. Resultó ser el jefe de la fracción radical que acababa de perder la votación. Se trataba del misterioso Charles-Marie Pérez Bâton de Poignenface y Malmatar. De él se dice que es de origen andorrano, o catalán, o argentino nacionalizado español, o de familia cubana proveniente de los blancos de Santo Domingo y la Martinica que poblaron la ciudad de Cienfuegos, quizá un agente de los servicios secretos franceses o norteamericanos, o israelíes, o alemanes, no se sabe bien. Malmatar se enfrentaba al ala moderada del portugués Joâo Diogo Miradoiro da Foz, que resultó triunfador adoptando inicialmente la recién formada organización el nombre de “Liga Democrática y General para la Reunificación Fraterna de los pueblos de España”, si bien por temor a que fuera interpretada como un signo de militarismo, la palabra “general” fue suprimida de la denominación final. “Con una perspectiva histórica de 700 años –los de la Reconquista- por delante” –expresó Miradoiro da Foz- “no tenemos ninguna prisa por lograr nuestro objetivo. El tiempo cursa a nuestro favor y seguimos la directriz propia de la doctrina de los escaques: quien domina el centro del tablero termina ganando la partida.”
De repente, el panorama onírico cambió. Hipnos fue sustituído por un Eros Fúnebre que se presentaba en figura de un guerrero hercúleo que se apoyaba, en posición de “descansen”, en una espada mandoble. Carecía de rostro y se cubría el vacío con un paño ritual de colores negro, rojo y Amarillo, azul y blanco que le caía sobre los hombres. “No os engañeis, siempre he estado aquí”, dijo con voz estentórea que parecía salir de todas partes y se duplicaba en prolongado eco. Hablaba Alemán y francés, francés y alemán. Del café no dijo nada, pero las tazas se rompieron al resonar su voz. Entonces desperté. Esperaba que las cumplidas campanas de Santa María anunciaran, al fin, la mañana. Pero esta vez no lo hicieron o no alcancé a oirlas.
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