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jueves, 4 de enero de 2007

Suposiciones Calculadas para una Incógnita*

Una fracción de la población del País Vasco electoralmente significativa percibe su propia identidad como incompatible con la española. Dicha fracción se aglutina en torno al ideario nacionalista, el cual se manifiesta en un plexo que es, recordémoslo, un conjunto que tiene capacidad para dar cabida dentro de sus diferentes teselas tanto a los formatos propios de la derecha tradicional como a los de la derecha laicista; a la social democracia propiamente dicha, como a formaciones revolucionarias de inspiración originariamente maoísta.

Con toda su complejidad, el problema, si lo hubiera, no está en la existencia del plexo, reflejo local e inevitablemente idiosincrásico de la complejidad –complexidad- de las sociedades modernas, sino en esa fracción del plexo nacionalista que se puede catalogar sin ninguna dificultad como izquierda revolucionaria.

Visualizada esta desde el punto de vista del análisis marxista –único válido, a mi modesto juicio, para enfocar el problema sin recurrir a las demagógicas atribuciones de “fascismo” o a las simplificaciones que apuntan a una “degradación moral colectiva”-, se debe tener en cuenta que en esta fracción coexisten dos tensiones distintas y opuestas.

Dichas tensiones son las que sostienen en pie a esa fracción, al mismo tiempo que son señal de su eventual debilidad.

Por una parte está la tensión internacionalista, propio de la izquierda revolucionaria desconocedora de las patrias y que no puede, sin traicionarse a sí misma, dejar de hacerse eco del estribillo “proletarios - explotados, oprimidos- del mundo, uníos”;

Y, por otra, la tensión producida por los sentimientos de ufanía y de identidad colectiva étnica y cultural propia del nacionalismo, sentimientos que están más, menos o casi nada, escorados hacia lo excluyente según la mundanología personal y la educación de quienes los sustentan.

Así las cosas, no se debe perder de vista que el momento por el que pasa el mundo – y se supone que España y las Expañas habitan todavía en él- está dominado hoy por los vientos de la reacomodación y aún de la remodelación de todas las plantillas e instrumentos de asalto al poder, que tienen que adaptarse a un nuevo escenario que viene delimitado por los parámetros siguientes:

1) la mundialización extrema de la producción industrial y del comercio, o sea la globalización, en cuanto que afecta a la polarización de la riqueza y de la pobreza; a la ubicación de la población y a la composición étnica de la misma; igual que a la futura configuración cultural y al perfil que han de adoptar las ufanías que tanta fuerza política detentan en el Reino de las Diecisiete Repúblicas.

2) la existencia de un poder hegemónico axialmente anglosajón USA, UK, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, países que se consideran recíprocamente “de confianza”, núcleo activo que ha desplazado en aspectos decisivos a una Europa “aliada” que no termina de encontrar un sitio de responsabilidad más allá de su destacado puesto en el Mercado Mundial.

3) las formaciones de izquierda revolucionaria tienen, además, que aguantar el tirón de dos hechos que las afectan de manera específica. El primero de éstos es la caída del comunismo en la Unión Soviética con la consiguiente desaparición de los núcleos de poder vicario de sus más activos países satélites; y el segundo, el ascenso de la Gran China, hacia las sumidades e inflorescencias capitalistas de la expansión mercantil, abandonando de momento la raíz del apoyo directo a las organizaciones antisistema y subversivas en cuyo cultivo se especializaron los chinos.

No es probable, a mi modesto juicio, que las formaciones de la izquierda revolucionaria -sea cual fuere el espejismo de enganche utilizado para captar la fidelidad de la población congruente- se puedan sustraer totalmente al influjo de esa singular orfandad en que han caído.

Por otra parte, esos parámetros antedichos quedarían incompletos si no se mencionase otro fenómeno de incalculable importancia: la emergencia del Islam, -de momento visible sobre todo a través de las acciones más radicales del terrorismo- y cuyas fronteras humanas son imposibles de delimitar en una Europa que está inmersa en una corriente de poblamiento acelerado con elementos de esa procedencia y que aseguran a plazo medio una trasformación cultural y étnica sin precedente en los países occidentales, cosa que terminará afectando a los nacionalismos y a las ufanías locales o regionales, compañeras inseparables de éstos.

En esta coyuntura general de megafuerzas actuando por propia resolución o por simple desbordamiento, el llamado pomposamente “Proceso de Paz” fue solo un epifenómeno local que, pese a ser una enorme pifia, puede volver a repetirse.

Per¿Podrá ETA permanecer invulnerable a la marcha general del mundo hacia la remodelación de las plantillas y de los instrumentos de asalto al poder? La constestación es: no, si carece del apoyo decidido de alguna de las megafuerzas. Los poderes gigantes del mundo actual están dichos : el poderoso eje anglo liderado por Estados Unidos y el Reino Unido, la Gran China, el creciente islámico.

En este ámbito de las megafuerzas no valen los sucedáneos. Ni una diáspora vasca favorable, ni la ayuda más o menos solapada de las nuevos núcleos “antigringo” surgidos en Iberoamérica, pueden sustituir el apoyo de cualquiera de esos grandes poderes. Con esto se habrá dado cuenta el lector que parto de un planteamiento de “escala”, según el cual el País Vasco -aún suponiendo a toda su población y a todos sus recursos económicos en condiciones de congruencia con ETA, que es suponer demasiado– solo ocupa en el panorama mundial un puesto mas bien modesto que no lo posibilita para constituirse él mismo como fuente originaria de poder.

Solo el tiempo con su capacidad resolutorio podrá decir si la ETA pasará a la Historia graduada de fracción revolucionaria que se supo servir del nacionalismo vasco como de un eficaz espejismo de enganche, logrando pervivir a pleno rendimiento en el seno de una democracia formalmente homologada, para pasar con armas y bagaje a constituirse en la hipoteca occidental sobre la Europa Unida igual que los Balkanes lo son ya en la franja de Levante. O, si, por el contrario se ha tratado de una formación revolucionaria hábilmente instrumentalizada por un nacionalismo supermaquiavélico que la habría convocado para llevar a término el trabajo sucio que las teselas burguesas del plexo no estaban dispuestas a asumir directamente.

Si continuara la acción terrorista como hasta ahora, habría que dar por descontados dos hechos. Primero, que tal actividad no será posible a la larga sin el apoyo de alguna de las megafuerzas. Segundo, que la nueva versión de la beligerancia de siempre estará más escorada hacia la lucha antisistema, que es el nuevo aspecto que toma la lucha social revolucionaria.

* A Assad Beruch, en reconocimiento por su aportación.

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