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miércoles, 24 de enero de 2007

El Armagedón de las Hormigas

¿Qué pueden significar en el momento actual las presencias de cuatro sedicentes “poderes latinoamericanos” frente a los Estados Unidos? Se pudiera, y sería comprensible, intentar despachar esta pregunta a punta de desplantes:

¿Qué puede hacer un anciano dictador “español” que gobierna a la fuerza un país de mulatos? Me decía, refiriéndose a Cuba, un norteamericano, pariente sin duda del que hace cincuenta años manifestaba ante el escritor José Luis Castillo Puche que a España no le beneficiaba nada tener como hijas suyas tantas naciones mestizas.

¿Qué puede hacer el “Trompudo” Ortega en su nueva fase en el poder? Me decía un nicaragüense exiliado, con frase que por sí misma revelaba hacia el comandante sandinista un desprecio que va sin duda más allá del terreno estrictamente político.

¿Qué puede hacer el ignorante de Evo Morales al frente de un país nacido de la pura egolatría de Bolivar, llamado el Libertador?

¿Qué puede hacer el contradictorio Cháves, supuesto y propuesto jefe de este grupo real pero informal, iniciando su segundo mandato al grito de “Patria, socialismo o muerte”? se preguntarán a esta hora los inversores de todo el mundo que han apostado por Venezuela.

Hace poco más de cuatro décadas, cuando el argentino Comandante Ernesto Guevara Lynch portaba la tea de la revolución destinada a incendiar todo el Sur del Rio Grande, desde la Sierra Madre a los Andes, la contestación habría sido obvia y feroz: “hay que provocar en el continente mil Vietnams para dar al traste con el imperialismo norteamericano”. La existencia de la llamada Guerra Fría entre los bloques permitía no solamente la formulación de propósitos semejantes, sino también la puesta en práctica de las acciones encaminadas a hacerlos realidad.

Pero, pensemos un poquito. De hecho, esos “mil Vietnams” que según el Ché Guevara debían incendiar el continente, significaban una guerra entre la América de habla española y la de habla inglesa. Ciertamente no se trataba de una guerra convencional y única, sino de un conflicto bélico irregular y fraccionado en esas mil guerrillas o frentes que el argentino asimilaba a “mil Vietnams” pero que, en definitiva, sumadas unas con otras iban a constituir una sola guerra, tanto si se miraba a la identidad de los que habían sido convocados a librarlas, como si se contemplaba el hecho de que con ellas se perseguía un único objetivo: la ruina de los Estados Unidos.

El camino a seguir para llegar a esa especie de Armagedón continental provocado por el nidal de hormigas guerreadoras en que ha venido a parar la hueste orgullosa que en días más preclaros permitía a Rubén Darío afirmar que había “mil cachorros sueltos del león español”, quedaba claramente trazado en la terrible y amenazadora frase del Ché: “Patria, socialismo o muerte”. Esa frase que Cháves se ha permitido repetir en Caracas el día 10 del mes de enero del año en curso, durante la ceremonia de investidura que inauguraba su segundo mandato presidencial.

Pero ¿qué significado puede tener a los comienzos del siglo XXI el viejo grito castrista? Sobre todo ¿Para quiénes está reservada la muerte que por fijación mental perfectamente explicable cierta izquierda hace siempre figurar junto a la “Patria y al “Socialismo”?

Hoy en día la situación del mundo es muy diferente de aquella en la cual se acuñó la frase La política de bloques que facilitaba el planteamiento de guerras vicarias ha dejado de existir. El mundo es regido por un poder hegemónico, que lo es no solo en el aspecto militar y el industrial, sino también en el terreno de la inventiva, del espíritu emprendedor, de las tecnologías avanzadas, y de la capacidad y energía a la hora de decidir y actuar. No es que cante una loa, es que las cosas son así; por eso los Estados Unidos son capaces todavía de encajar las consecuencias de sus propios errores.

Frente al poder norteamericano que ejerce la hegemonía, no existe hoy un poder rival que le haga sombra. La China, por ejemplo, gigantesco poder en crecimiento, no está en condiciones de combatir con éxito a los Estados Unidos que con el presidente Nixon comenzó a abrirle al gran Estado asiático un hueco en el seno de la comunidad internacional, ni mucho menos de sustituir con éxito al gigante americano en todas sus funciones o desempeños globales.

El marxismo planteó casi con el atractivo de un mito, la posibilidad de un conflicto intercapitalista. Este anunciado rival del capitalismo dentro del capitalismo ¿puede ser Europa Unida? No, desde luego; y las razones para la negativa son muchas, comenzando por la crónica dependencia energética que padece Europa y terminando por la burocracia que, como tejido adiposo, va invadiendo su organismo en la medida que se ensancha hacia el Este.

El único ente que se yergue en el mundo de hoy combatiendo a los Estados Unidos, es el islamismo, cuyas raíces ortodoxas y tradicionales no logran diferenciarse del todo, aún ahora, de las versiones radicales que son las que han iniciado el asalto a Occidente. Las actuaciones islamistas son diversivas, sangrientas, desconcertantes y, a su modo, eficaces. Pero el islamismo no es un poder, sino un contrapoder simple y retardatario que hasta ahora no ha podido superar la prueba de organizarse constructivamente en el complejo mundo de hoy. El islamismo radical, con su inextricable mezcla de sistema político y de credo religioso omnicomprensivo, es un enemigo, pero no un poder rival. Su triunfo implicaría una verdadera involución para el mundo entero, comenzando para los propios árabes. Por grande que sea el esfuerzo de los líderes nativistas de Iberoamérica por apartar a ésta del Mundo Occidental, es difícil pensar que cometan el error de cerrar filas junto a los países y organizaciones del islamismo radical.

En este panorama ¿Qué papel desempeñarán los dispersos poderes iberoamericanos?

Deshecha por su mismo autor, Cháves, la mascarada bolivariana que no tenía salida, lo que hay que esperar en Venezuela es un creciente desarrollo hacia un tipo de socialismo dadivoso que desembocará en nuevas demagogias sin duda gratificantes para muchos individuos en aquél país y en aquél continente, pero que no añadirá nada a la pequeña estatura política de Chávez ni a la modesta posición que Venezuela ocupa a escala mundial. Con ese socialismo de dádiva Cháves no sólo habrá echado en saco roto gran parte de los dólares ganados con el auge de los precios del petróleo, sino que habrá malbaratado la oportunidad que la Historia ha puesto en sus manos para rectificar los errores, omisiones y corruptelas de la inepta democracia venezolana.

La sufrida Nicaragua, con los sandinistas que vuelven al poder ¿podrá hacer algo más que Venezuela cuando depende del petróleo subvencionado por ésta? En manos de Ortega está, paradójicamente si quereis, pero está de todas formas, el doble reto que supone llevar al país por los caminos de la reconciliación y a adoptar políticas que eviten convertir su gobierno en un nuevo despotismo marxistoide.

La Cuba castrista, con los antiguos comandantes de Sierra Maestra y sus inmediatos seguidores convertidos en perpetuos detentadores del poder ¿será capaz de sucederse pacíficamente a sí misma? La transición en paz es la única salida racional que a Cuba le queda y para ello tendría que luchar contra los fanáticos del comunismo interior y contra los maximalistas mas o menos demócratas del exilio de Miami. Pero ¿habrá alguien capaz de asumir la tarea?

¿Y Bolivia, el Antiguo Alto Perú? Votos hago porque el honrado y sencillo Evo Morales consiga establecer una política realista de reformas que extiendan a toda la población el acceso a la propiedad y para que las oligarquías, curadas de sus miedos seculares, se sumen a la gran tarea que todavía está por hacer: dar verdadera cohesión social a un Estado que existe por la egolatría de Bolivar y por el miedo de éste y de los argentinos a ver un Perú independiente, grande y poderoso.

Si fracasan en la consecución de los objetivos que son los suyos y están a su alcance, el sino de estos gobiernos es el de mantener la población de sus países congelada en un determinado nivel de pobreza y el de difundir en las clases privilegiadas por la fortuna y la educación un sentimiento de temor e incertidumbre que les impedirá sumarse a la construcción material de sus respectivos países. Lo que en mis tiempos juveniles era la excepción, hoy es la normalidad: Miami, Dallas, Foth Worth, por citar sólo puntos bien conocidos, acogen las inversiones preventivas de los ricos de esos países y de los países vecinos, así como sirven de sede para sus segundas viviendas. Es uno de los efectos de desbordamiento acerca de los cuales nos extenderemos cuando haya mejor oportunidad.

Sin embargo, los tentadores y la ocasión destructiva no han de faltar para los nuevos mandatarios, sobre todo en los países más cercanos al canal interoceánico. De tener poder efectivo, Cuba, Nicaragua y Venezuela, formarían una tenaza sobre el punto crucial de las comunicaciones marítimas que es Panamá. Pero no tienen poder, ni de lejos, para eso. Esta carencia es la mitad de su seguro de vida. La otra mitad está formada por los restos de sentido común que se supone les ha de quedar a los mandatarios para comprender, hasta sus últimas consecuencias, la situación geopolítica de sus países. Y para no secundar aventuras islamistas que comprometan el canal de Panamá y pongan en un terrible brete al comercio del mundo.

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