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miércoles, 28 de febrero de 2007

Diálogos en el Infierno

Diablo Menor (con atuendo y talante de reportero): ¿Cómo ve Vuestra Peoridad Diabólica el momento actual del mundo?

Diablo Mayor (con aire optimista, que no es poca cosa para un diablo de su categoría): Excelente. El mundo se encuentra ante un horizonte dominado por la perspectiva de una nueva y prometedora carrera armamentística.

Y lo mejor de todo es que esta vez no se parte del punto cero. Los Estados Unidos mantienen intacto su poder nuclear y Rusia, al protestar contra el establecimiento de la estación detectora de satélites en la Republica Checa y de la base de misiles en Polonia, ambas pertenecientes al “Escudo” ideado por Bush en defensa de los Estados Unidos y sus aliados, ha amenazado con ensamblar de nuevo las ojivas nucleares que habían sido separadas en sus elementos para cumplir con el acuerdo de control de armas estratégicas. Además, están la flamante Republica de Ucrania, que heredó parte del arsenal nuclear soviético; y la India y Pakistán, que lo han desarrollado por su propia cuenta. Estos tres últimos países gozan de una estabilidad política de la clase “tente mientras cobro”, lo cual de cierta forma nos garantiza un estupendo estallido sin necesidad de que se empeñen personalmente las grandes potestades infernales, pues bastará con el trabajo de un grupo de nuestros cagafuegos del montón. A todo esto hay que añadir el arsenal nuclear de Israel y el todavía en proyecto del Irán de los Ayatollahs

Diablo Menor: A la vista de todo esto, dígame Vuestra Peoridad Diabólica: ¿Con qué letrita cree que se librará la guerra que se nos tiene prometida en el Oriente Próximo?

Diablo Mayor (esbozando con mala uva una sonrisa de reprimenda): La respuesta es tan obvia que la pregunta no merecía siquiera ser formulada. Para mí no cabe duda, es la letra A. Será sin duda una guerra atómica. O será la letra N, si se prefiere el término nuclear.

Diablo Menor: ¿Y la M de mundial?

Diablo Mayor: La M no está de moda. Será, en todo caso, una guerra G, con G de global, de globo y de globalidad. También es posible que, si las potencias se animan a seguir nuestro desinteresado consejo, añadan al roción nuclear que todos esperan algún elemento de la guerra B, por lo de Biología, o de la guerra Q, por lo de Química

Diablo Menor: ¿Y después, qué?

Diablo Mayor: Lo más normal será que el globo pinche y no quede de él más que la gomita destrozada con gran cabreo del Innombrable.

Diablo Menor: Pero ¿qué pasará con los que van montaditos en el globo?

Diablo Mayor: Una buena parte de la humanidad, entrará a gozar de la paz de los sepulcros, situación que, por no tener vuelta de hoja, no precisa ninguna explicación. Espero que sea el Estado de Israel el primero en experimentar esta suerte tanto en su geografía como en su población. Se trata de quitarle el escenario al mentado Mesias esperado por ellos. O lo que es lo mismo, se trata evitar hasta la última sombra de posibilidad de la vuelta gloriosa del Galileo, deseoso de desquitarse de su sonado fracaso en lo alto del palo. No debe quedar ninguno de los que puedan entonar el Himno de Moisés o el Himno del Cordero.

Diablo Menor: ¿Y los supervivientes?

Diablo Mayor (con expresión amenazadora): No pronuncie ese palabro que alude a algo que nunca ha entrado en nuestros planes Los que queden serán mas bien supermorientes, aunque tal denominación no debía ser divulgada para que los sísifos puedan seguir considerándose dichosos y continúen con su engañoso empeño de subir la piedra a la cima de la montaña para presenciar desde allí cómo se derrumba de nuevo hasta el fondo del abismo..

Diablo Menor: ¿Qué pasará, pues, con los supermorientes?

Diablo Mayor (con expresión divertida): Los supermorientes, serán testigos de un delirio de niños mutantes dotados de cráneos dobles, culos cagatorios repartidos por todo el cuerpo, orejas telescópicas y falos de siete cabezas cada una con un ojo minúsculo en el agujero de la uretra. ¡Y el ojito se les mojará cada vez que orinen tan encantadores niños! ¡Ji!¡Ji! ¡Ji! Estas son solo algunas de las posibilidades de mutación que dejarán tamañito al museo que en el Vietnam han hecho con los monstruos humanos producidos por el “agente naranja”.

Diablo Menor: ¡Oh¡ ¿Y las niñas?

Diablo Mayor: ¡Todo un prodigio de la forzada y repentina mutación! Según nuestro proyecto, unas vendrán provistas en sus partes venéreas de un cierre de cremallera hecho de materia quitinosa como las uñas y, otras, ostentarán en sus vulvas unos dientecillos afilados en triple fila en un remedo de los tiburones. Como, además todas las hembras serán estériles, como las obreras de una colmena, se habrá logrado por fin lo que desde el Dr. Pinkus en adelante los investigadores buscaba con tanto ahinco: liberar a la mujer de su despreciable, repugnante, cataménica y absurda condición femenina de reproductora de hombres, al paso que se convertirá en banal la condición viril y en ridículo su machista y engreído instrumento anatómico que se empeña en levantarse ciegamente a lo alto, como si pudiera esperar que caiga algo de allí. ¡Los seres humanos no podrán reproducirse! Habremos conseguido talar el Segundo Árbol Prohibido del Paraíso. Entonces, se podrá al fin saludar con un gemido triunfal, profundo, de agonía sin término, el advenimiento de un magnífico reino de la muerte bajo las diabólicas potestades.

Diablo Menor (al parecer en un momento de descuido, pues los diablos también los tienen): Pero ¿Se puede llamar vida a eso?

Diablo Mayor (con acento indignado): No sea le ocurra la estupidez de pronunciar de nuevo ese repugnante palabro y mucho menos en un contexto favorable. La muerte es lo mío, y lo suyo también. Recuerde que mi otro nombre es el de “El Homicida”, y el suyo también. “Señor de las Moscas” es otro de mis apelativos, por las que rondan sobre los cadáveres corrompidos. Además, todo se hará en nombre de la Humanidad o por mediación de la Alta Tecnología y de la Ciencias, que son reconocidas ya como las únicas y amigables guías que tiene la Humanidad. Así que el hombre cuando caiga abatido, lo será por “fuego amigo” que es otra manera de llamar al tiro que sale por la culata, y no podrá tener tiempo de prevenirlo ni ocasión de concebir el propósito de hacerlo. Le tocará lo que le toque cuándo y dónde le tocare, y con eso basta.

Diablo Menor (con aire zalamero y obsecuente): Aunque bien sé que no es necesario que lo exprese exteriormente –tan profunda e incondicional es la adhesión de éste servidor a los propósitos del reino de los infiernos- quiero manifestar mi total acuerdo con esa sabia rectificación terminológica que Vuestra Peoridad Diabólica se ha dignado hacerme. Formulo de nuevo la pregunta. Los seguidores del infierno ¿serán contados entre los que gozarán de la paz de los sepulcros o entre los supermorientes?

Diablo Mayor: Yo no hago acepción de personas, ni de las divinas ni de las humanas. A cada uno le tocará lo que le toque. Creo en la perfecta igualdad del azar. Y en materias de palabros y otros antifaces, me da lo mismo arre que so, guau que miau. ¿Comprendé vu lo que parla mua?

Advertencia: Comprenda el lector que los Diablos dicen todas estas cosas sin reirse, de modo que puede colegirse que hablan en serio; y que son mendaces por naturaleza, lo cual hace sospechar que hablan siempre con propósito de engañar a los dormidos y confundir a los despiertos.

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